Construcción de pistas y veredas en la Urbanización Tarapacá

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Avenida Colonial (hoy M.O.R.Benavides) Al fondo Iglesia de la Virgen del Carmen de La Legua

viernes, 10 de febrero de 2012

Navegantes en balsa

Odisea de la balsa de totora “La Cantuta”.



Eduard Ingriš con la balsa Kantuta

El 12 de diciembre de 1955, la balsa de totora llamada “La Cantuta” partió de Talara tratando de emular la hazaña de la balsa “Kon Tiki” de Thor Heyerdahl, es decir, llegar a la Oceanía. Se trataba de demostrar que los antiguos peruanos habían podido llegar a ese continente en sus frágiles naves, hechas de palo de balsa amarradas con cabuya y usando una vela latina como nuestros antepasados. Partieron de Talara y no del Callao como lo habían hecho otras naves similares, porque en Talara habían encontrado grandes facilidades en los astilleros de L. Kanemberg para construir la balsa. Los talareños les tributaron una calurosa y entusiasta despedida desde la playa.

Los tripulantes eran cinco y entre ellos una mujer. El jefe de la travesía era Eduardo Ingris, un checoslovaco de 48 años, fotógrafo de profesión que tenía pasión por el mar y las aventuras. Natalia Mazuelos, puneña que había ganado la participación en un concurso al cual se presentaron 20. Otro tripulante era Andy Rost, joven holandés con amplia experiencia marina realizada en 7 países. Mirko Guresky, también checoslovaco era un ingeniero mecánico y radio técnico que fue el operador del equipo de radio de la embarcación. El quinto tripulante fue el argentino Joaquín Guerrero, piloto de automóviles, al que se le conocía como el galgo criollo pues era un velocista, resultando campeón en una maratón corrida en el Perú, después de participar en 400 contiendas, además, trató varias veces de batir el record de permanencia en bicicleta, artista de circo y boxeador. A los cinco tripulantes podíamos agregar un loro.


Las radioaficionados talareños estuvieron varios días en comunicación radial permanente con los navegantes, hasta que las señales se volvieron muy tenues y terminaron por desaparecer. Luego y durante 90 días no se tuvo mayor noticia de ellos hasta que radioaficionados de Panamá captaron pedidos de auxilio de la balsa que estaba a punto de zozobrar. En marzo de 1956, el barco de guerra norteamericano “Greenville Victory” los encontró y los arrastró a Panamá en medio de las protestas de Guerrero que se empeñaba en seguir la travesía, pero la balsa estaba ya en mal estado. La Cantuta se quedó en Panamá adornando un parque de niños.














1 comentario:

Carlos Villegari dijo...

Estoy leyendo "tres mil horas entre el cielo y el mar" de Joaquin Guerrero.
No tenía referencia de esta historia ni el año del viaje.
Gracias a ustedes por su publicación y actualizar esta emocionante historia.