sábado, 6 de junio de 2026

En Modo Manner....(マナーモード), bastante aplicado en Japòn

 https://kirainet.com/maneras-en-el-tren/

Maneras en el tren

Desde hace unos meses el Metro de Tokyo, una de las empresas que controla la mayoría de las líneas de metro de Tokyo, esta llevando a cabo una curiosa campaña para que la gente no haga ciertas cosas mientras viaja en metro. El Metro de Tokyo siempre suele hacer campañas que llaman bastante la atención y creo que son bastante efectivas, èsta de cierra tu paraguas, funcionó conmigo que ahora siempre voy con cuidado de llevar el paraguas bien cerrado para no mojar a los demás. En Japón, y sobre todo en las grandes áreas de Osaka y Tokyo donde vive más de la mitad de la población de Japón, el tren está considerado como la «segunda casa». El japonés medio pasa una hora y media en el tren cada día, conozco casos de gente que está hasta 5 horas en trenes cada día, por eso es tan importante saber convivir con tus «compañeros» de vagón cada día.

Por favor, hàgalo en casa



Por favor hàgalo en casa..........
El dìa viernes 5 de junio, estuve en Tokyo, realizando tràmites. Mi lugar de residencia està en la ciudad de Kiryu, Gunma Ken, algo de màs de 100 kilòmetros hasta la metròpoli y usualmente viajo por la lìnea fèrrea, lo màs comùn. En el tren expreso, el trayecto se hace en menos de 1 hora y 30 minutos; en el comùn "futsu", algo màs de 2 horas. El precio del ticket en este  ùltimo es de 1000 yenes ( el cambio yen-dòlar 160 yenes por USD), desde la estaciòn de Ashikagashi, Tochigi Ken. Saliendo de Kiryu hacia Ashikaga, en auto, èste se ubica en parqueo cercano a la estaciòn, pagàndose un derecho de 300 yenes, por 24 horas. En estos parqueos no hay persona alguna, està demarcado para cada usuario, asimismo, una pequeña caja metàlica, debajo de una mesa que contiene unos sobres, tickets por el valor y lapiceros.El usuario llega, se estaciona, anota en el sobre su nùmero de vehìculo y deposita las tres monedas de 100 yenes cada una, o las que tenga y complete dicho monto, se especifica que deberà depositar la cifra exacta, porque no hay "vuelto" y listo, me voy tranquilo a la estaciòn, caminando, menos de 3 minutos. Lo habitual, es la puntualidad como se manejan las actividades, en todos los ordenes. 
Ya estamos abordando el densha o tren, es temprano, casi 6 de la mañana, menor afluencia de pùblico. Aquì viene mi primer error, no me dì cuenta que habìa subido a un vagòn en que solamente viajaban mujeres. Una pasajera me advirtiò y luego me señalò el aviso por lo que hice cambio de vagòn. El viaje normal, todo tranquilo, silencio humano, solamente ruido de las infraestructuras fèrreas.
Ya luego en Tokyo, me traslado a travès del Metro, con sus laberìnticas rutas. Se percibe mucho turista, que tienen que adecuarse, por lo menos en el tiempo que estèn en Japòn, al silencio, orden y disciplina cuando usen los servicios pùblicos.
Esto solamente para mujeres


Sí, es totalmente cierto. En los trenes de Japón, los avisos y letreros piden constantemente a los pasajeros que activen este ajuste, aunque en realidad el término es modo manner (マナーモード). 
La palabra proviene del inglés manner (modales), y se traduce básicamente como "modo de cortesía" o "modo silencio". 
Las reglas fundamentales de esta etiqueta en el transporte público incluyen:
  • Silencio total: El celular debe estar configurado en vibrador o silencio para que los timbres o los sonidos de los botones no molesten a los demás pasajeros. 
  • Prohibido hablar por teléfono: Está muy mal visto contestar o mantener llamadas telefónicas dentro de los vagones. Si recibes una llamada, se espera que la ignores y devuelvas el favor enviando un mensaje de texto más tarde. 
  • Uso de audífonos: Si vas a escuchar música o jugar en tu celular, debes usar auriculares y asegurarte de que el volumen no se escape.
  • Asientos prioritarios: En las zonas designadas, se pide que apagues el dispositivo por completo durante las horas pico, ya que las ondas pueden interferir con los marcapasos de otros pasajeros. 
Puedes encontrar más detalles sobre estas y otras normas de comportamiento en la Guía de Japón sobre modales en el tren
.

Conclusión: comprender el silencio japonés para un viaje más cómodo

El transporte público en Japón es famoso por ser “sorprendentemente silencioso”. Respetar reglas sencillas —hablar bajo, manejar bien el equipaje y actuar con cortesía en las horas punta— hace que el viaje sea más cómodo y libre de estrés. Comprender este valor cultural no es solo seguir normas, sino también una oportunidad para conectar de forma más profunda con la sociedad japonesa y disfrutar al máximo la experiencia. 











lunes, 25 de mayo de 2026

Hospitalidad y omotenashi en Japòn



¿Por qué es poco común que los japoneses reciban invitados en casa, y qué revela esto sobre sus valores culturales? 

En Japón, dos personas pueden ser amigas íntimas durante décadas y nunca entrar en la casa del otro. Esto no es señal de distanciamiento ni frialdad, sino más bien un reflejo de la geografía urbana, las expectativas sociales y las profundas barreras culturales. 

Las razones de este fen ómeno generalmente se dividen en tres categorías:  

Espacio físico: Las viviendas urbanas japonesas son famosamente compactas. Un apartamento típico en ciudades como Tokio u Osaka simplemente no tiene el espacio suficiente para albergar cómodamente una reunión. Las cocinas a menudo carecen de hornos de tamaño completo o de una amplia encimera, y los comedores son pequeños. Cuando los espacios habitables se diseñan para la máxima eficiencia en lugar de para el entretenimiento, invitar a un grupo de personas se convierte en un serio obstáculo logístico. 

La estructura social japonesa pone un gran énfasis en los conceptos de uchi (interior) y soto (exterior). El hogar es el uchi por excelencia. Funciona como un santuario íntimo donde las personas pueden relajarse por completo y escapar de las intensas presiones sociales y la etiqueta formal que se exige en público. Invitar a un invitado traspasa esa barrera, introduciendo el mundo exterior en un refugio privado. 

La carga de la hospitalidad japonesa, conocida como omotenashi, impone un listón increíblemente alto a los anfitriones. Si se invita a un invitado, el anfitrión suele sentir una enorme presión, arraigada en la cultura, para asegurarse de que la casa esté impecable, la comida sea exquisita y el invitado sea atendido en todo momento. Para muchos, esto convierte lo que debería ser una velada relajante en una actuación agotadora. Debido a que entretener en casa es tan exigente física y socialmente, la socialización simplemente se traslada al exterior. 

Japón ha creado un ecosistema fenomenal de "terceros lugares" para compensar. Los izakayas (bares gastronómicos informales), las salas de karaoke, los cafés y los restaurantes de barrio asequibles funcionan como las salas de estar colectivas del país. Estos espacios públicos están diseñados específicamente para que los grupos se reúnan durante un tiempo prolongado. Permiten que los amigos estrechen lazos, compartan comidas y se relajen durante horas en un ambiente animado, sin que nadie tenga que lavar un fregadero lleno de platos ni preocuparse de si su apartamento está perfectamente preparado para recibir visitas.

De:  https://www.quora.com/?qv_src=email

Desde la AI
En Japón, la hospitalidad se rige por el concepto de Omotenashi (atención desinteresada y meticulosa), pero funciona de forma muy diferente a la cultura latina. 
La gran diferencia: El hogar es privado
A diferencia de los latinos, que abrimos las puertas de casa con facilidad para fiestas o cenas informales, los japoneses casi nunca invitan a conocidos o amigos casuales a sus hogares.
  • Espacio sagrado: La casa se considera un espacio ultrachirretón y puramente familiar.
  • Casas pequeñas: Las viviendas urbanas suelen ser muy reducidas y no están preparadas para recibir grupos.
  • Evitar molestias: Existe el temor constante de incomodar a los vecinos con el ruido.
  • Punto de encuentro: Toda la vida social con amigos se traslada a restaurantes, bares (izakayas) o cafeterías.
¿Qué pasa si te invitan a su casa?
Si un japonés te invita a su hogar, es un honor gigantesco y una señal de profunda confianza. Para no desentonar, debes seguir estas reglas estrictas de etiqueta:
  • Puntualidad extrema: Llega exactamente a la hora acordada, ni antes ni después.
  • El calzado fuera: Quítate los zapatos en la entrada (genkan) y usa las pantuflas que te den.
  • Lleva un regalo (Omiyage): Jamás vayas con las manos vacías. Lleva dulces de tu país o frutas de alta calidad, envueltas elegantemente.
  • Modales en la mesa: Espera a que el anfitrión diga "Itadakimasu" antes de comer y prueba un poco de todo lo que te sirvan. 
Para ayudarte a entender mejor las dinámicas sociales en Japón, dime:
  • ¿Estás planeando un viaje de turismo o vas a mudaros por trabajo/estudios?
  • ¿Te gustaría conocer frases clave en japonés para agradecer su hospitalidad?
  • ¿Quieres saber cómo comportarte en un restaurante con locales?




Traducida como "hospitalidad japonesa", la palabra omotenashi en realidad es mucho más que eso. 

Omotenashi es cortesía sin límites, con el firme deseo de mantener la armonía y evitar el conflicto, es decir, un auténtico estilo de vida, toda una cultura.

Uno de los grandes ejemplos de este modus vivendi queda a la vista constantemente en sus calles, donde es posible ver a conductores cederse el paso, o en el transporte, donde más de un japonés no tendrá reparo en cederte su asiento.

Entrar a un restaurante o algún comercio japonés es toda una experiencia de calidez inusitada en otras grandes urbes. Ahí no faltarán las bienvenidas efusivas, las sonrisas, los agradecimientos y las invitaciones a volver, todo sin esperar una propina o una remuneración extra.

Pero eso no es todo, los japoneses punteros en cuestiones de tecnología, han llevado estos preceptos a todos los aspectos de su vida diaria, incluidos aquellos en los que no participan los humanos. Las puertas de los taxis abriéndose automáticamente, anticipándose a tu entrada, los baños con el asiento del inodoro calentándose previamente a tu llegada o la música que comienza a sonar cuando uno va a utilizarlo, son solo algunos de los ejemplos de que Japón es sinónimo de servicio.

El espíritu de servicio de los japoneses proviene de muchos años atrás y se gestó específicamente en los rituales de la ceremonia del té del siglo XVI, donde el anfitrión se esfuerza arduamente, a veces durante años, para poder preparar el ambiente idóneo para poder complacer a sus invitados y hacerles pasar un momento placentero.

Por su parte, los invitados, conscientes del trabajo del anfitrión, responden con una gratitud que raya en lo reverencial, lo que se traduce en una ceremonia de mucho respeto y un momento de verdadera comunión.

Es entonces que esta versión japonesa de la hospitalidad conlleva una relación más igualitaria entre la parte que presta el servicio y la que lo recibe.


lunes, 4 de mayo de 2026

Porquè hay tanto viejo que se cree joven ?

 Porquè hay tanto viejo que se cree joven ?

La respuesta está en tu cerebro y es más compleja de lo que piensas. No es que haya tanto viejo creyéndose joven. Es que literalmente el cerebro humano está diseñado para verse a sí mismo como más joven de lo que es. Eso es un mecanismo de supervivencia.

Un estudio brutal que acaba de reconfirmarse en 2025 de la Universidad de Michigan analizó más de 500.000 personas y encontró esto. Los adultos mayores se sienten entre 13 y 20 años más jóvenes que su edad cronológica. A los 70, te sientes como de 55 típicamente. No es delusión, es cómo funciona tu cerebro.

Aquí viene lo fascinante. Ese mecanismo no es un bug, es una feature. Los investigadores encontraron que la gente que se siente más joven que su edad VIVE MÁS AÑOS. Literalmente. Las creencias positivas sobre envejecimiento están asociadas con 7,5 años más de vida según investigaciones de Yale. Tu cerebro diciéndote que eres más joven que tu carnet te mantiene vivo.

Lo que sucede es esto. Tu cerebro compara tu edad interna, la que sientes, con tu edad externa, la que marca el calendario. La brecha entre ambas es donde ocurre la magia. Cuando esa brecha es positiva, tu sistema nervioso se relaja, tu cuerpo produce menos cortisol, estrés, inflamación. Cuando eres consciente de que eres viejo, tu cuerpo se cierra.

El dato brutal es que esto va aumentando con la edad. A los 50 años, muchos se sienten 10 años más jóvenes. A los 60, 13 años más jóvenes. A los 70, 20 años más jóvenes. Es como si tu mente dijera, mira, tu cuerpo envejece, pero YO sigo siendo el mismo de siempre.

Ahora, hay un truco psicológico. Tu percepción de lo que es viejo sigue siendo la que tenías cuando eras joven. Cuando tenías 25 años pensabas que 65 era viejo. Ahora tienes 70 y sigues pensando que viejo es 85. Es un objetivo que siempre se mueve. Nunca alcanzas la vejez porque constantemente redefinís cuándo comienza.

Lo interesante que salió en un estudio de Michigan State en 2018 es que la gente piensa que la vejez comienza a los 50. CINCUENTA. Cuando tú mismo tienes 50 años, sigues sin sentirte viejo porque redefiniste que viejo es 60 o 70. Es brillante. Es inconsciencia cognitiva pura pero te mantiene joven mentalmente.

El factor que nadie cuenta es el nivel de actividad. Los viejos que se sienten jóvenes típicamente están haciendo algo. Ejercicio, trabajo, relaciones sociales, aprender cosas nuevas. Los viejos que se sienten viejos están pasivos, solos, sin propósito. Es decir, que tu comportamiento refuerza o debilita la percepción de juventud.

Lo que pasó en 2024 y 2025 según Infobae es interesante. La pandemia hizo que incluso gente joven se sienta vieja. Gente de 30 años reportaba sentirse como de 45. Por qué? Porque estuvieron solos, sedentarios, sin actividad social, sin propósito. Cuando la actividad regresó, la percepción de juventud regresó.

Siendo honesto, creo que el fenómeno que ves de gente vieja creyéndose joven no es delusion*. Es un mecanismo de defensa psicológica que probablemente te salva la vida. Tu cerebro necesita mantener la ficción de juventud para poder funcionar. Porque el momento que aceptas que eres viejo, tu cuerpo empieza a actuar como viejo, tus células envejecen más rápido, tu salud se va.

Así que sí, hay mucha gente mayor que se cree joven. Y probablemente eso es lo que los mantiene vivos.



* delusiòn....creencia falsa, fija e irracional que una persona mantiene firmemente, incluso ante pruebas objetivas que la contra.



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jueves, 9 de abril de 2026

Claudio Eliano

 Eliano, Claudio Ποικίλη Ιστορία ( Varia Historia) ♦ Historias Curiosas

Mitologìa, tradiciones, historias populares


Diógenes de Sínope, al contraer una enfermedad mortal, se arrastró a duras penas y se arrojó desde un puente que estaba situado junto al gimnasio. Había ordenado al director de la palestra que lo tiraran al Iliso una vez que hubiesen comprobado que estaba muerto. Tan poca atención prestó Diógenes a su muerte y sepultura

Jantipa afirmaba que, a pesar de los innumerables trastornos que habían afectado tanto a la ciudad (como a sus habitantes), en todas aquellas circunstancias siempre vio la misma expresión en el rostro de Sócrates, tanto al salir de casa como a su regreso.

Él se adaptaba bien a todas las circunstancias y fue siempre de una inteligencia benévola, porque estuvo por encima de todas las desgracias y supo vencer todos los miedos.

Cuando Dionisio el Joven llegó a la ciudad de los locros (Dóride, su madre, era locra), se adueñó de las casas de los hombres más importantes de la ciudad y, tras cubrir los suelos con rosas, tomillo y otras flores, mandó buscar a las hijas de los locros y abusó de ellas en la mayor de las locuras. Pero por este crimen fue castigado. Cuando Dion derribó su tiranía, entonces los locros prostituyeron a la mujer y a las hijas de Dionisio. Todos las ultrajaron libremente, en especial los parientes de aquellas virgenes violadas por Dionisio.Y cuando se hartaron de violarlas, las mataron después de clavarles agujas debajo de las uñas de las manos. Machacaron sus huesos en morteros y, tras separar la carne de los huesos, maldijeron a quienes no la comieran. Si algún resto suyo quedó, lo arrojaron al mar. Dionisio, en Corinto, sufrió toda clase de vicisitudes a causa de su extrema pobreza”. Terminó su vida como sacerdote de Cibeles, tocando el tambor y la flauta".

Almorzaba en cierta ocasión Diógenes en una taberna y, al ver pasar a Demóstenes, lo invitó. Como éste no aceptó la invitación, Diógenes le dijo: «Demóstenes, ¿acaso te avergúenzas de entrar en una taberna? A buen seguro que tu señor entra aquí todos los días». Se refería a las gentes del pueblo y a los ciudadanos particulares, queriendo dejar claro que los políticos y los oradores son siervos de las masa.

Durante una travesía, al desatarse un temporal, Aristipo se asustó muchísimo. Uno de los pasajeros le dijo: «Aristipo, ¿tú también tienes miedo como los demás?». Y éste contestó: «Si, inquietud y el peligro a que nos enfrentamos evidentemente. En vuestro caso, la afectan a una vida desdichada, pero en mi caso se trata de una vida feliz».

 Un día cayó enfermo Aristóteles y el médico le prescribió cierto remedio. Aristóteles le dijo: «No cuides de mí como de un boyero o un labrador; explícame primero la causa; sólo así me encontrarás dispuesto a obedecerte». Le aconsejaba con estas palabras que no administrara nada sin conocer la causa.

Anaxarco, que estaba en campaña con Alejandro, tras la llegada del invierno, supo de antemano que Alejandro iba a establecer su campamento en un lugar donde no había leña. Tiró todo el bagaje que llevaba y cargó madera en las acémilas. Cuando llegaron al vivac y necesitaron leña, se vieron obligados a quemar las camas de Alejandro para poder calentarse. Alguien anunció que había fuego en la tienda de Anaxarco y entonces Alejandro se fue con éste y se instaló en su tienda. Conocida su previsión, la elogió extraordinariamente y le regaló el doble de lo que había tirado, tanto en equipamiento como en ropas, como agradecimiento por haberle dejado usar su fuego.

Cuando Diógenes llegó a Olimpia y vio en el festival a algunos jóvenes rodios vestidos suntuosamente, entre risas dijo: «Esto es vanidad». Y después, al encontrarse con unos espartanos vestidos con túnicas vulgares y sucias, dijo: «Esta es otra forma de vanidad».

Diógenes sufría de un hombro, ya fuese porque había sido herido —como yo creo—, ya por alguna otra causa. En cierta ocasión en que parecía que le dolía mucho, uno de aquellos que lo odiaban se burlaba atrozmente de él diciendo: «¿Por qué no te mueres ya, Diógenes, y te liberas de tus males?».

Y éste le contestó:«Conviene que vivan quienes saben lo que se debe hacer en la vida y lo que se debe decir», para continuar confesando que él mismo era uno de ésos.

«Para ti, en cambio, que no sabes lo que se debe decir o hacer, este es el momento oportuno de que te mueras. En cambio yo, que sí conozco todo eso, debo vivir.


Cìnicos

Aunque Antístenes había animado a muchos a que se consagraran a la filosofía, y puesto que nadie le había prestado atención, terminó, irritado, por no permitir que nadie se le acercara. E incluso expulsó a Diógenes de su compañía. Pero como Diógenes era muy persistente e insistía, llegó a amenazarlo con golpearlo con un bastón. Y en cierta ocasión incluso lo golpeó en la cabeza. Pero Diógenes no desistió, sino que lo perseguía con todavía más empeño, pues deseaba con fervor escuchar sus lecciones. Y decía: «Golpéame si quieres, que yo pondré la cabeza; pero no podrás encontrar un bastón tan duro que me aparte de tus lecciones». Y Antístenes acabó por aceptarlo con entusiasmo.

Los polìticos....

Critias afirma que Temístocles, el hijo de Neocles, antes de empezar su actividad política, poseía como patrimonio tres talentos. Pero cuando, tras haber estado al frente de los asuntos públicos, marchó al exilio y sus propiedades fueron confiscadas, se descubrió que tenía un patrimonio superior a los cien talentos. De la misma manera Cleón, antes de dedicarse a la política, no tenía ninguna propiedad libre de hipoteca, pero después dejó un patrimonio de cincuenta talentos.

Aspasia

La focea Aspasia, hija de Hermotimo, se crió huérfana, pues su madre murió durante el parto. Por esta razón Aspasia se crió en la pobreza pero, no obstante, con castidad y moderación. Continuamente tenía el mismo sueño propiciatorio que, aludiendo a su futura fortuna, le anunciaba que viviría con un noble hombre. Todavía siendo niña, le nació una verruga en el rostro, bajo el mentón, que resultaba desagradable a la vista y tenía afligidos tanto al padre como a la hija. El padre llevó a la hija al médico, quien prometió curarla si le pagaba tres estateras. El padre le contestó que no las tenía y el médico replicó que él tampoco tenía una cantidad suficiente del medicamento necesario. Aquellas palabras, como es natural, causaron gran tristeza en Aspasia; cuando salió de la consulta empezó a llorar. Solía mirarse en un espejo que apoyaba en sus rodillas, sintiendo una enorme pena de sí misma. Aunque a causa del disgusto no había conseguido probar bocado, tuvo un sueño muy favorable. Durante el sueño se le presentó una paloma que, tras convertirse en mujer, le dijo: «Ten confianza y despídete tanto de los médicos como de los fármacos. Tritura las rosas de las coronas consagradas a Afrodita, aquellas que ya estuvieran secas, y aplica ese polvo sobre la verruga». La niña hizo lo que en el sueño se le había dicho y la verruga desapareció.

Así Aspasia se convirtió en la más bella de las doncellas, porque había recibido la belleza de manos de la más hermosa de las diosas.

Poseía muchas gracias, como ninguna otra muchacha de su tiempo. Su cabello era rubio y ligeramente ondulado, tenía unos grandes ojos, su nariz trazaba una graciosa curva y sus orejas eran pequeñas. De piel delicada, el color de su rostro semejaba el de las rosas. Por esta razón, los foceos, siendo todavía niña, la llamaban Milto!.

Sus labios eran rojos y sus dientes, más blancos que la nieve. Sus tobillos eran hermosos como los de aquellas hermosísimas mujeres a las que Homero describe llamándolas, con sus propias palabras, «de hermosos tobillos»?. Su voz era dulce y delicada. Se podría decir que cuando ella hablaba se escuchaba una Sirena. Y estaba libre de toda esa indiscreción y frivolidad femeninas. Pues es la riqueza la que suele generar tales vicios pero, como Aspasia era pobre y había sido criada por un padre que era igualmente pobre, no gustaba de añadir nada superfluo ni desmesurado a su figura.

Un día Aspasia se presentó ante Ciro, el hijo de Darío y Parisátide, el hermano de Artajerjes, no por propia voluntad, ni tampoco enviada libremente por su padre, sino por la fuerza, como tantas otras veces sucede cuando se capturan ciudades o cuando los tiranos o sátrapas utilizan la violencia. Así pues, uno de los sátrapas de Ciro la llevó a su presencia junto con otras doncellas; e inmediatamente se convirtió en la favorita de entre todas las concubinas gracias a su carácter reservado, a la modestia de sus maneras y a su belleza libre de afectación. Su inteligencia contribuyó también a que fuera extraordinariamente amada. Y así, Ciro, con frecuencia, se sirvió de ella como consejera para asuntos importantes; y nunca se tuvo que arrepentir de haberla escuchado. Cuando Aspasia se presentó por primera vez ante Ciro, éste estaba celebrando un banquete y se disponía a beber siguiendo las costumbres persas. Los persas, después de haber saciado su apetito, desnudos, se consagran por entero al vino y los brindis, dispuestos a enfrentarse con la bebida como si se tratara de un contrincante. En medio del brindis, cuatro muchachas griegas, entre las que se encontraba la focea Aspasia, fueron presentadas a Ciro. Se habían arreglado con esmero.

A las otras tres las habían vestido las amas de sus propias casas, que habían venido con ellas. Les habían hecho trenzas con sus cabellos y maquillado sus rostros con coloretes y afeites. Sus preceptores las habían instruido en cómo debían insinuarse a Ciro y en qué manera adularlo. Les habían enseñado a no volverse cuando se les acercara, a no enojarse cuando las tocara y a soportarlo cuando las besara, saberes y enseñanzas todos muy propios de concubinas; actitudes propias de aquellas mujeres que comercian con su belleza. Y las tres jóvenes se esforzaron por superarse unas a otras en belleza.

Pero Aspasia no quiso vestir un manto lujoso, ni pidió envolverse en paños bordados, ni soportó el baño. A gritos invocó a todos los dioses protectores de los griegos y de la libertad, que son los mismos. Gritó el nombre de su padre y se maldijo a ella misma y a su padre. Creía que vestir su cuerpo con aquellas ropas desusadas y con todo aquel adorno superfluo significaba aceptar una esclavitud evidente e indiscutible. Pero a fuerza de golpes se vistió y acabó por ceder a las órdenes, entristecida porque, a pesar de todo, se la forzaba a obrar no como una doncella sino como una prostituta.

Nada más entrar, las otras muchachas empezaron a mirar a los ojos de Ciro, se esforzaron por sonreír y fingieron alegría. Pero Aspasia mantenía los ojos clavados en el suelo y su rostro estaba encendido como el fuego; sus ojos se llenaron de lágrimas. En todas sus maneras se evidenciaba que estaba avergonzada. Cuando Ciro ordenó a aquellas mujeres que se le sentaran cerca, las otras cumplieron encantadas. La focea, en cambio, no obedeció hasta que el sátrapa que la había traído la sentó a la fuerza. Cuando Ciro las empezó a tocar observando con atención sus ojos, mejillas y dedos, las otras lo aceptaron, pero Aspasia no lo soportó. Nada más tocarla con la punta de los dedos, ella chilló y le dijo que lamentaría lo que estaba haciendo.

A Ciro le agradaron sus palabras. Cuando le tocó los pechos, Aspasia se levantó e intentó huir. Entonces, el hijo de Darío no sólo admiró extraordinariamente su nobleza, tan contraria a la persa, sino que, dirigiéndose al esclavo que la había traído, le dijo: «Libre y casta sólo me has traído a esta. Las otras no sólo tienen aspecto sino, sobre todo, maneras de prostitutas puestas a la venta»! A partir de aquel momento Ciro le cogió más cariño que a ninguna otra de las mujeres con las que había mantenido relaciones. Con el paso del tiempo Ciro quedò perdidamente enamorado de ella; y fue correspondido. El amor de ambos tanto creció que casi llegó a convertirse en una unión entre iguales, sin ninguna diferencia con la concordia y castidad de un matrimonio griego.

El eco de su amor por Aspasia alcanzó Jonia y toda Grecia. Las historias de Ciro y aquella muchacha poblaban el Peloponeso. Y su fama incluso alcanzó al Gran Rey, pues se afirmaba que Ciro no había considerado digno conocer otra mujer después de Aspasia. Fue tras aquello que los recuerdos de sus antiguos sueños volvieron a Aspasia: aquella paloma, sus palabras, todo cuanto la diosa profetizó. Estuvo segura de que la diosa, desde el principio, había sido su protectora y ofreció a Afrodita un sacrificio perfecto como acción de gracias. En primer lugar mandó construir una estatua de oro de gran tamaño. Consideró que esta estatua debía ser de Afrodita y le colocó una paloma guarnecida de piedras preciosas. Todos los días ganaba su favor con sacrificios y alabanzas. Envió también a Hermotimo, su padre, muchos y buenos regalos con los que lo convirtió en un hombre rico. Vivía con castidad, como así lo aseguran tanto las mujeres griegas como las persas.


Continuarà....