domingo, 1 de abril de 2012

MGP a 92 años


Al Maestro Manuel González Prada, a 92 años de su muerte 


Taller Antenor Orrego 


¿Por qué a sus hijos dan una nodriza los ricos y los nobles?
Porque a chupar aprendan desde chicos la sangre de los pobres.
Manuel González Prada, Libertarias. 


El escritor rebelde Manuel González Prada [5 de enero de 1844-22 de julio de1918] castigó con
su verbo punzante el derrotismo y la corrupción imperantes después del catastrófico fracaso
peruano en la Guerra del Pacífico [1879-1883]. La presencia de González Prada señaló la
frontera entre dos épocas en la política y la cultura peruanas.
González Prada defendió la libertad de cultos y la educación pública libre y gratuita, el
descentralismo y el derecho del pueblo a la insurgencia. Fue promotor del sindicalismo obrero,
la igualdad del hombre y la mujer y la reivindicación de la raza indígena.
En el campo literario fue un innovador de la estrofa y la métrica poéticas y puso fin a la
subordinación de los literatos peruanos a la tradición y las modas hispanas.
El Maestro realizó esta obra de renovación en un medio políticamente hostil y plagado
de conservadurismo. Donde las antiguas dinastías terratenientes y los grupos oligárquicos
intentaban cubrir su fracaso histórico con oropeles aristocráticos y fanatismo religioso.
Su obra escrita y su personalidad inspiraron a la generación joven que formó en Trujillo
el «Grupo Norte» y creó en muchas ciudades del país las Universidades Populares. Haya de la
Torre lo conoció en 1917. El aprismo considera a Manuel González Prada su precursor.


Ricardo Palma(primero izquierda) M.Gonzàles Prada y otros en el campo


LAS FLECHAS DEL INCA
Tuvo tres flechas en la mano el Inca
Y, alegre, a la primera preguntó:
—«Amiga fiel, envenenada flecha,
Di, ¿qué me pides hoy?»
—«Fuerte guerrero de infalible pulso,
De bravo corazón,
Te pido sólo destrozar las alas
De cóndor volador».  2
Tuvo tres flechas en la mano el Inca
Y, alegre, a la segunda preguntó:
—«Amiga fiel, envenenada flecha,
Di, ¿qué me pides hoy?»
—«Fuerte guerrero de infalible pulso,
De bravo corazón,
Te pido sólo desgarrar el seno
De tigre acechador».
Tuvo tres flechas en la mano el Inca
Y, alegre, a la tercera preguntó:
—«Amiga fiel, envenenada flecha,
Di, ¿qué me pides hoy?»
—«Fuerte guerrero de infalible pulso,
De bravo corazón,
Te pido sólo atravesar el pecho
De vil conquistador».
Manuel González Prada, 1870.


Manuel González Prada concluyó sus estudios escolares en el Convictorio de San Carlos.
Inició estudios universitarios de Derecho pero hacia 1870 prefirió dedicarse a la agricultura en
el predio familiar del valle de Cañete.
En diciembre de 1880 se incorporó a las reservas ante la inminencia del ataque chileno
a la capital. Con los galones de capitán reservista sirvió en las filas de la Primera Compañía del
Batallón N.° 50. Tuvo a su cargo una posición de artillería en el fuerte El Pino durante la Batalla
de Miraflores el infausto 15 de enero de 1881. Agotadas las municiones y fracasada la
contención de los invasores chilenos, recibió la orden de destruir sus armas y replegarse.
Soportó la ocupación de Lima recluido voluntariamente en su hogar. Durante el período
de reconstrucción nacional, incursionó en la literatura y el periodismo. Participó en forma
destacada en el «Club Literario» al lado de Luis Benjamín Cisneros y Ricardo Palma. Luego
integró el «Círculo Literario», de perfil más iconoclasta, al lado de Luis E. Márquez, Germán
Leguía y Martínez y Abelardo Gamarra.
En este período inició González Prada su doble actividad, por una parte de renovación
estética y otra de condena de la indolencia, la corrupción y la falsa gloria de políticos y hombres
de letras. Pronto tuvo un buen número de seguidores de sus ideas que lo instaron a formar un
partido político en 1891. Este se llamó la Unión Nacional, pero González Prada rehusó ser el
caudillo o personero de dicha entidad. Optó por viajar a Europa y residir allí por varios años con
su esposa Adriana de Verneuil. En Francia nació su hijo Alfredo, quien llegó a ser periodista y
diplomático así como celoso defensor de las ideas de su padre. Apenas regresó al Perú en
1898, González Prada se apartó de la Unión Nacional debido a que gestó una alianza electoral
con el Partido Liberal. Entonces maduró simpatías hacia el anarquismo, orientándose a brindar
ideas de rebeldía a los obreros.    

PENSAMIENTOS DE REBELDÍA DEL MAESTRO
«Cierto, el camino de la sinceridad no está circundado de rosas: cada verdad salida de
nuestros labios concita un odio implacable, cada paso en línea recta significa un amigo menos.
La verdad aísla; no importa; nada más solitario que las cumbres ni más luminoso. Rompamos
el pacto infame y tácito de hablar a media voz».  
Manuel González Prada
Discurso en el Teatro Olimpo, 1888. 4
«Hablo, señores, de libertad para todos, y principalmente para los más desvalidos. No forman
el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra
situada entre el Pacífico y los Andes. La nación está formada por las muchedumbres de indios
diseminadas en la banda oriental de la cordillera».
Manuel González Prada
Discurso en el Teatro Politeama, 1888.
«Hoy el Perú es organismo enfermo: donde se aplica el dedo brota pus. [...] ¿Qué fue nuestra
política? El arte de gobernar a los hombres como se gobierna una máquina o un rebaño. ¿Qué
nuestros políticos? Sindicato de ambiciones malsanas donde por una selección invertida
predominaron como flor y nata el médico sin clientela, el banquero en liquidación, el periodista
sin suscriptores, el hacendado en ruina, el comerciante en quiebra, el ingeniero sin contratas,
el militar sin hoja de servicios y señaladamente el abogado sin pleitos. Por el rodadero de la
política bajó todo a corromperse en charco cenagoso y pútrido».
Manuel González Prada
Propaganda y ataque, 1888.
«Cuando preconizamos la unión o la alianza de la inteligencia con el trabajo no pretendemos
que a título de una jerarquía ilusoria, el intelectual se erija en tutor o lazarillo del obrero. [...]
Los intelectuales sirven de luz pero no deben hacer de lazarillos, sobre todo en las tremendas
crisis sociales donde el brazo ejecuta lo pensado por la cabeza».
Manuel González Prada
El intelectual y el obrero, 1905.
«¿Qué es un Congreso peruano? La cloaca máxima de Tarquino, el gran colector donde
vienen a reunirse los albañales de toda la república. Hombre entrado allí, hombre perdido. [...]
La techumbre de un parlamento es demasiado baja para la estatura de un hombre honrado.
Hasta el caballo de Calígula rabiaría de ser enrolado en semejante corporación».  
Manuel González Prada
Los honorables, 1914.
«A nada tienen derecho, ni siquiera al desdén piadoso, los que de tal manera traspasan el
límite de la servidumbre voluntaria. Gentes con hambre de sufrir  buenos tiranos se hallan
maduras para la conquista: merecen el yugo extranjero, ya que boyunamente claman por el
yugo nacional. Quienes toleran caporales, aguantan conquistadores».
Manuel González Prada
El caporalismo, 1914.

González Prada fue duramente atacado cuando aceptó del presidente Augusto B. Leguía la
dirección de la Biblioteca Nacional en 1912, vacante por la renuncia de Ricardo Palma. Sin
embargo, renunció a su cargo en 1914, tras el golpe militar que depuso al presidente Guillermo
E. Billinghurst, siendo restituido en dicho cargo por el gobierno constitucional de José Pardo en
1916.
En esta última etapa de su vida obtuvo el reconocimiento de la nueva juventud
intelectual, como Abraham Valdelomar y el Grupo «Colónida» con Federico More y Augusto
Aguirre Morales; Antenor Orrego y el Grupo «Norte» con César Vallejo y Victor Raúl Haya de la
Torre; al igual que José Carlos Mariátegui y César Falcón, directores de «Nuestra Época».  
Manuel González Prada publicó en vida dos compilaciones de sus artículos: Pájinas
libres (1894) y  Horas de lucha (1908). Su hijo Alfredo, con la colaboración de Luis Alberto
Sánchez, publicó en forma póstuma Bajo el oprobio (1933), Anarquía (1936); Nuevas pájinas
libres (1937); Figuras y figurones (1938), Propaganda y ataque (1939), Prosa menuda (1941) y
El tonel de Diógenes (1945).
En vida el Maestro publicó tres libros de poemas: Minúsculas (1901), Exóticas (1911) y
Presbiterianas (1909). Alfredo González Prada y Luis Alberto Sánchez publicaron después
Trozos de vida (1933), Baladas peruanas (1935), Grafitos (1937), Libertarias (1938), Baladas
(1939) y Adoración (1947). Asimismo un tratado sobre composición poética titulado Ortometría
(1977). También debemos a Sánchez los siguientes estudios biográficos: Elogio de don Manuel
González Prada (1922); Don Manuel (1930), biografía novelada traducida al francés en 1931; y
Nuestras vidas son los ríos... historia y leyenda de los González Prada (1986); también ha sido
Sánchez editor de Redes para captar la nube (1946) biografía y antología de Alfredo González
Prada; y  Mi Manuel (1947), libro de memorias de la viuda del Maestro, doña Adriana. Luis
Alberto Sánchez finalmente dirigió la publicación de las Obras completas de Manuel González
Prada en 6 volúmenes entre 1986 y 1989.
Aunque Víctor Raúl Haya de la Torre recién pudo conocer al Maestro en 1917, un año
antes de su deceso, y su futuro biógrafo Luis Alberto Sánchez era todavía muy joven para
aproximarse a él en 1916 o 1917, luego mantuvieron una cercana amistad con la familia
González Prada. Por iniciativa de Haya de la Torre los jóvenes agrupados en torno a la reforma
universitaria en 1919 se proclamaron gonzalezpradistas, como lo fueron también los obreros y
estudiantes que luego fundaron el movimiento de las Universidades Populares en 1921,
dándole el nombre «González Prada» en 1922. Fue bajo la sombra inmortal del gran apóstol de
la rebeldía social que se realizó la protesta multitudinaria del 23 de mayo de 1923 liderada por
las Universidades Populares «González Prada» y en particular por su rector, Haya de la Torre.


Alfredo, hijo único del maestro, murió en 1943. Doña Adriana falleció en 1948. Tanto Alfredo
como doña Adriana habían dispuesto en sus testamentos que en representación del Partido
Aprista, Víctor Raúl Haya de la Torre sea heredero universal de los bienes de la familia y de la
biblioteca personal del escritor. La oleada represiva antiaprista de octubre de 1948 frustró esta
voluntad de los deudos del Maestro. Al ser privado de la nacionalidad peruana por la dictadura
de Manuel Odría, el jefe del aprismo no pudo ejercer su condición de legatario.
El APRA, desde 1924, difundió la vida y obra de González Prada por todo el continente
y ha celebrado las fechas de su nacimiento y deceso con actos políticos masivos. Pero el mejor
homenaje que se le ha rendido fue la refundación, cada vez que el Partido Aprista tuvo
legalidad en vida de Haya de la Torre, de las Universidades Populares «González Prada»
como entidades autogobernadas democráticamente, al servicio de la educación popular. Esta
es una tradición característica del «partido-escuela» fundado por Haya de la Torre que no
debería desaparecer.

http://www.tallerorrego.org/doc/Hugo_vallenas/Gonzales_Prada_y_Haya_de_la_Torre.pdf





El caìn de amèrica del sur y su barbarie


Biblioteca Nacional antes de ser saqueada en 1881
Lima, 4 de marzo de 1881
Desde el 24 de febrero [de 1881] ha principiado en alta escala el [saqueo] de las oficinas y establecimientos públicos. Hasta esa fecha sólo nos habían despojado de las maquinarias de moneda, pól­vora, maestranza y factorías. Hace diez días que el saqueo se ha he­cho extensivo a los museos Raimondi y Anatómico de la Escuela de Medicina, instrumentos de la Escuela de Minas, Biblioteca de la Uni­versidad y Biblioteca Pública, sin que esos caballeros que diz que van a ser gobierno [el gobierno de García Calderón] hayan dado el menor paso para contener tamaño vandalaje. Los muebles de las oficinas de Palacio [de Gobierno] desaparecen y los ar­chivos de [los ministerios de] Relaciones Exteriores y Hacienda se encajonan para ser tras­portados a Chile. Últimamente han encontrado algunos de los docu­mentos relativos al vaporcito Charrúa. Llámame la atención que gran parte de la correspondencia particular de usted [don Nicolás de Piérola] haya caído en poder de los chilenos.
(Palma 1979, 27)
II
Lima, 5 de agosto de 1908
El humo de la batalla de San Juan y Miraflores se había ya disipado, y hacía mes y medio que el afortunado vencedor se enseñoreaba en la capital de la república. Nada hacía recelar un ataque a nuestros centros de ilustración. Desgraciadamente, al regresar a Chile los principales jefes del ejército de ocupación, quedó Lima bajo el mando del general don Pedro Lagos, el que, en los primeros días de marzo [de 1881], cometió el crimen de lesa civilización de considerar los libros como botín de guerra, destruyendo la obra del genio progresista y civilizador de San Martín. Los salones donde vagan las venerandas sombras los bibliotecarios Arce, Paredes, Dávila Condemarín, Pastor y Vigil, sirvieron durante varios meses de cuadra para uno de los batallones, y los volúmenes que no fueron enviados a Santiago se vendieron a vil precio en las bodegas.
(Palma 1908, 778-779)
III
Lima, 5 de abril de 1881
Me honró usted [don Nicolás de Piérola] con el cargo de subdirector de la Biblioteca [Nacional], y cúmpleme en darle cuenta de lo que he hecho para impedir que se llevase a cabo el saqueo de tan importante establecimiento. Desde fines de febrero [de 1881] corrió el rumor de que los chilenos pensaban tras­portar a Santiago la Biblioteca y el Archivo Nacional. Me dirigí al alcalde [Rufino] Torrico, y este caballero me contestó que no encontraba la manera de impedir el atentado. Toqué con el ministro francés, éste dio algunos pasos cerca de las autoridades chilenas y, al cabo, me dijo que sus esfuerzos habían sido estériles.
El coronel [Pedro] Lagos se constituyó un día en la Biblioteca, pidió a [su director, Manuel de] Odriozola las llaves, y desde ese día se principió a encajonar libros, tarea que hasta hoy continúa. Más de la tercera parte de las obras están ya fuera del establecimiento.
Me entendí con el ministro norteamericano y conseguí que admitiera la protesta que en copia acompaño. Odriozola no tuvo incon­veniente para firmarla.
Quise que igual protesta formulara el señor [Manuel María] Bravo, director del Archivo Nacional, pero Bravo se negó, alegando que tal conducta lo indispondría con García Calderón, a quien aceptaba él como gobierno y en cuyo conocimiento había ya puesto el saqueo del Archivo.
Don Sebastián Lorente convino conmigo en protestar también an­te el ministro americano por las expoliaciones de la universidad, y en­tiendo que ha cumplido su promesa.
Si lo creyese usted [don Nicolás de Piérola] conveniente puede hacer publicar la protesta en el Boletín de Junín.
(Palma 1979, 32-33)
IV
Lima, 5 de agosto de 1908
Mi ínclito amigo y antecesor en el cargo de bibliotecario [don Manuel de Odriozola] se vio obligado a asilarse en una legación [de Estados Unidos] por que, septuagenario ya, tuvo la energía patriótica y el valor moral de suscribir la siguiente protesta, que es como una lápida honrosa puesta sobre la Biblioteca que fundara San Martín.
Copia de la protesta se remitió al gobierno [de don Nicolás de Piérola] que residía en Ayacucho, el cual la hizo publicar en el periódico oficial. El general Lynch, que funcionaba en Lima como autoridad superior, ordenó capturar al señor de Odriozola, quien logró asilarse en la legación norteamericana, siendo yo puesto preso, por doce días, abordo de un trasporte chileno, debiendo la libertad a gestión bondadosa de mis amigos el literato, monsieur De Vorges, ministro de Francia, y señor Mello de Albin, ministro del Brasil. El historiador inglés Clemente Markham, en su libro sobre el Perú, impreso en Londres en 1891, ha reproducido este documento.
(Palma 1908, 779)
V
Carta de protesta por el saqueo chileno de la Biblioteca Nacional del Perú
(Redactada por el subdirector de la Biblioteca, Ricardo Palma, y firmada por el director, Manuel de Odriozola)
Lima, 10 de marzo de 1881
Al Excmo. Señor Christiancy, ministro de Estados Unidos en el Perú.
El infrascrito director de la Biblioteca Nacional del Perú, tiene el honor de dirigirse a V. E. pidiéndole haga llegar a conocimiento de su gobierno la noticia del crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima. Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física o anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con carácter de barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado y a los prin­cipios universalmente acatados del derecho.
La Biblioteca de Lima fue fundada en 1822, pocos meses después de proclamada la independencia del Perú, y se la consideró por los hombres de letras y viajeros ilustres que la han visitado como la primera entre las bibliotecas de la América Latina. Enriquecida por la protección de los gobiernos y por obsequios de los particulares, conta­ba a fines de 1880 muy cerca de cincuenta mil volúmenes impresos y más de ochocientos manuscritos, verdaderas joyas bibliográficas, en­tre las que no escaseaban incunables o libros impresos durante el primer medio siglo posterior al descubrimiento de la imprenta y que, como V. E. sabe, son de inestimable valor; obras rarísimas hoy, esencialmente en los ramos de la historia y literatura; las curiosísimas pro­ducciones de casi todos los cronistas de la América española; y los libros regalados por los gobiernos extranjeros, entre los que figuraba el de V. E. con no despreciable contingente. Tal era, señor ministro, la biblioteca de Lima, biblioteca de que con justicia estábamos or­gullosos los hijos del Perú.
Rendida la capital el 17 de enero [de 1881] a las fuerzas chilenas, tras­currió más de un mes respetando el invasor los establecimientos de instrucción. Nadie podía recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la Universidad, el gabinete anatómico de la Escuela de Medicina, los instrumentos de las Escuelas de Artes y de Minas, los códices del Archivo Nacional, ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramen­te científico, literario o artístico.
El 26 de febrero [de 1881] se me exigió la entrega de las llaves de la Bi­blioteca, dándose principio al más escandaloso y arbitrario despojo. Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca con destino a Santiago. La Biblioteca, para decirlo todo, ha sido en­trada a saco, como si los libros representaran material de guerra.
Al dirigirme a V. E. hágolo para que ante su ilustrado gobierno, ante América y ante la humanidad entera, conste la protesta que, en nombre de la civilización, de la moral y del derecho, formulo.
Con sentimientos de alta consideración y respeto tengo el honor de ofrecerme de V. E. muy atento seguro servidor.
Manuel de Odriozola
(Palma 1979, 30-31)
Obras citadas
Palma, Ricardo. 1908. Memoria que presenta el Director de la nueva Biblioteca Nacional en la que compendia 25 años de labor. En “Memoria presentada por el Ministro de Justicia, Instrucción y Culto, Dr. D. Carlos A. Washburn al Congreso Ordinario de 1908”. Tomo II (Instrucción). Lima: Imprenta Torres Aguirre.
Palma, Ricardo. 1979. Cartas a Piérola sobre la ocupación chilena de Lima. Introducción y Notas de Rubén Vargas Ugarte, S. J. Lima: Editorial Milla Batres.
(Fuente Blog César Vásquez)

Relatos històricos de Huancavelia


La venganza de un indio recopilada por Víctor Mantilla, Libro

I.- El día 1ro de enero de 1882 sale de Lima con dirección a la sierra una divisiòn chilena de 4000 hombres de las 3 armas. Van a abatir al puñado de valientes que a las ordenes de Càceres siguen defendiendo impertérritos la honra nacional.
Pronto la nieve de la cordillera es despedazada por los cascos de los caballos del enemigo que lleva el exterminio por doquiera. Las miserables cabañas de los indígenas son saltadas y sus infelices moradores escarnecidos y victimados.....
A los tristes y melancólicos sones del yaravì, cantado por sencilla pastora de cabras, sucede el horroroso estruendo del comblain que vomita la muerte.
El chileno, feroz y vengativo marcha dejando tras si arroyos de sangre inocente, sin reparar que con sus crueldades despierta el odio en esos sencillos indios que pronto les cavaràn su sepulcro.
II.- Vilca es un pueblo situado al pie de cordillera rodeado por cerros, sus habitantes dedicados a criar ganado y viven extraños a cuanto no se refiere a sus queridos animales. Distante 6 leguas de Huancavelica que se agita en esos momentos con las convulsiones de la guerra, el sonido de sus flautas no ha sido turbado con el eco de las cornetas convocando la lid. Ignoran todo, su mundo y felicidad están  encerrados en sus cabras,vacas y a sus hijos que quieren mucho......
III,. Una divisiòn chilena de mas de 1500 hombres marcha a Huancavelica, las fuerzas peruanas se prestan alegres al combate, pero pronto los ánimos se entristecen al saber que los chilenos se retiran dejando a Vilca reducido a cenizas llevándose 20000 cabezas de ganado, lo que ha sucedido en Vilca es horroroso.... yacían sus miseros moradores entregados a sus tareas inocentes cuando vieron descender por los cerros falanges de hombres que cual fieras hambrientas se arrojaron sobre ellos fusilándolos miserablemente.
En el pueblo el incendio inicia su voraz obra....los indios corren medrosos a buscar salvación en cordillera, pero descargas cerradas de sus enemigos cercenan su nùmero. Multitud de ellos que no han podido salvarse se ven envueltos por las llamas y por sus asesinos que sin compasión los hacen presa de su furor.
Ancianos, niños, mujeres son víctimas de sus infames pasiones, 2 horas mas y solo se oye las carcajadas y gritos de alegría con que celebran su triunfo los chilenos, todo ha concluido, Vilca sigue ardiendo silenciosamente.
IV.- Como a 10 cuadras de Vilca se encuentra un humilde rancho de cañas, donde vive Pedro(vaquero) con su madre anciana y ciega y su hermana de 14 años de edad, desde su rancho Pedro mira con desesperaciòn como los chilenos arreaban su rancho de 500 animales....fortuna de su familia, el bien ha podido huir a la cordillera con su hermana, pero cómo iba a dejar a su madre que no puede dar un paso sin su apoyo? se queda pues enjuagando las lágrimas de las 2 mujeres que lloran por su ganado, en esos momentos aparecen en la puerta 2 soldados, Pedro se coloca instintivamente delante de su madre y hermana y les interroga qué desean??
Que nos des a esa cholita, le contesta con cinismo uno de los chilenos fijando sus impúdicos ojos en la llorosa muchacha. El rostro de Pedro se llena de indignación y tomando un garrote se encara al chileno y le dice: No he hecho nada por defender mi ganado, que te llevas ; pero primero me mataras antes de tocar a mi hermana...anda vete.
El soldado suelta una carcajada y levantando su rifle hacia Pedro le dice ¿No quieres darme a esa cholita? pues yo me la llevaré. Y al acabar de hablar aprieta el gatillo y el estruendo de un tiro suena al mismo tiempo que un "ay" de muerte.
Pedro ágilmente elude el disparo pero su madre que estaba detrás de él lo recibe en la sien quedando muerta. Una oleada de sangre baña los ojos del indio que se abalanza sobre el miserable descargándole con el garrote un fuerte golpe, que aquel logra evitar defendiéndose con el rifle, el otro chileno que hasta el momento había guardado silencio, viendo acometido a su compañero descarga su arma en Pedro, el que a merced de los 1000 movimientos que hace, no es herido, desde ese momento la lucha es titánica, la vista de su madre exánime y de su hermana que llora desconsolada le prestan fuerzas para desigual combate. Su cuerpo a recibido numerosas heridas, mas sus enemigos expertos en esgrima esquivan su ataque, cada golpe hacia Pedro enciende cada vez mas su furor, pero al fin sucumbe........un feroz culatazo en la rodilla se la hace doblar a tierra, así sigue en combate hasta que un segundo golpe en la cabeza lo priva del conocimiento, lo que sucede después es horrible, como cuervos sobre la presa los chilenos se lanzan sobre la cholita que ha perdido los sentidos al ver caer a su hermano y miserables la hacen víctima de sus feroces instintos quitándole la vida luego de terminar de saquear el rancho y abandonarlo sin percatarse de Pedro a quien creen cadáver.................
El 9 de julio es sorprendida la fuerza chilena que está guarneciendo el pueblo de Concepción, El coronel Gasto dirige el ataque al mando de las columnas Pucarà y Ayacucho y los guerrilleros de Comas, los chilenos encerrados en su cuartel se defienden tenazmente, los chilenos se baten con desesperación, saben que rendiéndose no podrán salvar la vida y prefieren morir matando, Los guerrilleros presintiendo la pronta venganza que van a tomar contra sus casas y familias ....son leones....luego de tiempo los indios se adelantan y asaltan el cuartel, al frente de una partida de ellos va un joven blandiendo un aire denodado de fiero león
ADELANTE ADELANTE les grita a sus compañeros y se arroja con ellos al cuartel entrando él,de los primeros, la matanza principia, los indios sin compasión alancean a sus enemigos tomando justa venganza, uno de los chilenos que se presenta ante ellos es un cabo que rinde su rifle y clama perdón....... se va a arrojar uno de los guerrilleros para victimarlo cuando el joven, conociéndole y dando un grito feroz de alegría lo cubre con su cuerpo gritando a sus compañeros NO LO MATEN, NO LO MATEN, obedientes a la voz del joven los indios se apartan en busca de enemigos, entonces el indio volviéndose a su prisionero le dice: ¿Te acuerdas de mi? el chileno contesta con un movimiento de cabeza negativo.....No te acuerdas no? le repite el joven, yo soy ese a quien tú, con tu otro compañero, después de robarle el ganado, asaltar su rancho, le mataron a la madre y la hermana y le hirieron dejándole casi cadáver, desde ese entonces soy montonero para matar chilenos y ver si podía matarte a ti y a tu compañero...¿donde esta él?........El chileno no contesta, al oír las palabras del indio ha palidecido y un temblor no digno de soldado le ha obligado a caer a sus pies implorando perdón ¿Dònde esta tu compañero? vuelve a preguntar el indio....ha muerto, ahí dentro esta, responde el chileno, ha muerto.....repite con pena el indio, lo siento por que quería matarlo como te voy a matar a ti y desenvainando un cuchillo se lanza sediento de sangre sobre el chileno que por instinto de conservaciòn se hace hacia atrás armándose de la bayoneta y pretende defenderse, los compañeros del indio quieren arrojarse sobre el chileno, pero él les grita, NO HAGAN NADA yo quiero matarlo¡¡¡¡¡ sigue un combate cuerpo a cuerpo en el que el chileno aterrorizado lleva la peor parte, el indio se mueve con mucha agilidad evitando que el enemigo le hiera, 5 minutos dura el combate y aprovechando en que el chileno queda descubierto, le hunde el cuchillo en el corazón haciéndole caer a sus pies, exánime....., ME HE VENGADO dice, y limpiando la sangre de su acero penetra dentro del cuartel donde yace sin vida toda la guarnición enemiga.
Pedro sigue combatiendo sin tregua a los chilenos hasta morir valientemente en la acción de Sicaya, su sed de venganza contra los asesinos de su madre y hermana lo condujo al martirio, el enemigo había encendido en su pecho con sus crímenes, el odio, solo la sangre de el podía apagarlo, por eso la busco hasta morir, Digno ejemplo para los pueblos que abusan de sus victorias.

La venganza de un indio recopilada por Víctor Mantilla, Libro "la GDP, la resistencia de la Breña Tomo I, De los reductos a Julcamarca"

Huancavelica y la historia nacional

El niño mariscal de Lachocc 
(Huancavelica)

La continuación de la campaña militar emprendida por el ejército chileno, dentro de su plan general de invasión del territorio nacional, fue la toma sucesiva de las principales ciudades del centro, comenzando por Lima, que era su objetivo primordial.




Las del Sur, como Arequipa y otras hallábanse ya en poder del enemigo, después de las batallas de San Francisco, El Alto de la Alianza, Tarapacá, la de la brillante victoria peruana y de la masacre de Arica, sublimizada por Bolognesi, el héroe epónimo y del puñado de mártires que le acompañaron en el Legendario Morro.
La expedición chilena hubo de marchar subsiguientemente hacia Lima, la Gran Capital de la República, la risueña ciudad de la diáfana y rutilante luz diurna y de los áureos resplandores discipantes de las sombras de la noche, donde sus gentes viven en una inmarcecible juventud del alma, en unión fraternal con su sempiterna religiosidad. Habiendo sido tomada la Gran Señora Virreynal, la Forjadora y Nodriza de Santos, por las huestes chilenos, después de las épicas y honrosas resistencias de Chorrillos, San Juan y Miraflores, hechas en sus puertas, con denuedo y bizarría,por lo más granado, lo más selecto con que contaba la Capital, en ese momento tanto en lo intelectual, político, social, militar y aún en lo religioso, pese a las diatribas y énfasis hiperbólicas, de que hace uso el historiador del Mapocho Vicuña Mackenna, al referirse a la toma de Lima por el ejercito de su país, calificándolo al pueblo peruano, como “ un pueblo en agonía”, queriendo quitar así, el mérito imponderable del patriotismo del pueblo peruano y de su glorioso Ejercito, aureolado de heroísmos infinitos y sacrificios sin cuento: renaciendo, unas veces, de sus cenizas, como el Ave Fénix de la Mitología Griega, y otras, levantándose con nuevas fuerzas, como Anteo, en su titánica lucha con Hércules.
Y esto es lo que sucedió precisamente en la resistencia del Centro, con el ínclito Mariscal Cáceres, el Héroe de la Breña, de quien podría decirse ciertamente el Romántico Empecinado del Patriotismo y de la Esperanza; Cid Campeador, Aliado de los Andes Pétreos y del elemento Aborígen que habita en sus níveos picachos, sus sinuosas laderas y pintorescos valles.


Vamos a la Tradición del Niño Dios de Lachóc y el General Cáceres.
Tomadas las ciudades de Huancayo, Huancavelica y otras después de los combates de Marcavalle, Pucará y Concepción, el general chileno Martiniano, Urriola, ocupo Huancavelica, la antigua famosa Villa Rica de Oropeza, la Mística ciudad de los Tesoros Ocultos y de las Minas Encantadas, llamada por los Monarcas Españoles: “La Joya Más Preciada de la Corona de España” y por los Virreyes del Perú: “ La Maravilla Más Grande de la Tierra”, con referencia al Cinabrio contenido en las entrañas inagotables de la gigantesca Mina de Santa Bárbara.

“La Ilustre Ciudad de Huancavelica”, como así la denominara el Congreso de Huancayo, por Ley de 4 de Noviembre de 1839, promulgada por el Mariscal don Agustín Gamarra, fue, pues, ocupada por el nombrado general Urriola, con efectivos militares de las tres armas de aquel entonces Infantería, perfectamente equipada y dotada de armas modernas de época, una espléndida Caballería, y Artillería Krupp, producto de adelantos y perfeccionamiento de la técnica balística de aquella usina alemana.
La ciudad habíase declarado “ciudad abierta”, como se dice en el lenguaje internacional, porque no se había preparado para hacer la resistencia armada, como mayor parte de las otras ciudades de la República en aquella Guerra de la Imprevisión y de la Sorpresa.
Las tropas chilenas tomaron sus alojamientos en el local del Colegio Nacional de “ La Victoria de Ayacucho”, en los Templos de San Francisco , San Juan de Dios y Santo Domingo, en el Hospital de San Juan de Dios, que estaba clausurado por aquel tiempo, y la Oficialidad habíase hospedado en la municipalidad y casas particulares, como son: la casa Beramendi, la de Delgado y otras que figuraban de antemano en las listas del Estado Mayor Chileno, gracias a su espionaje, que actuara desde años anteriores, como se verá después,. al tratarse de la ocupación de la ciudad de Huancayo, por el Ejercito invasor.
Los chilenos practicando las búsqueda correspondiente,había encontrado un valioso “tapado”o tesoro oculto”, debajo del Púlpito de la Iglesia de San Francisco, en un zurrón envuelto en redecilla de cuero de res.
Sabedor el jefe chileno de la expedición, de que el General Cáceres, que en días anteriores estuviera en Huancavelica, habíase encaminado rumbo a Ica, por el camino de Castrovirreina, hubo de destacar un piquete de caballería al mando de algunos jefes y oficiales, para que fuera en persecución del Jefe peruano y de sus pocos leales compañeros subalternos, con instrucciones precisas para capturarlo y entregar “vivo o muerto al indómito y terrible enemigo de las huestes chilenas”.
El piquete se encaminó con rapidez vertiginosa, como un culebrón que llevaba en su lanceta el veneno para herirlo de muerte al Centauro de los Andes.
El General Cáceres, verdadero genio de la guerra, con su gran táctica de previsión, había organizado, el servicio de “Chasquis”, al uso incaico, con hombres-correo, dotados de gran resistencia y velocidad, como indígenas dominadores de los Andes, que en otros tiempos hacían comer a su Inca y Señor, en el Cuzco, el pescado fresco sacado el mismo día del mar, según se dice, en el puerto de Chala.
Los Chasquis estaban situados como vigías de observación precisar en las cúspides de los cerros dominantes del camino de Huancavelica a Castrovirreyna, en cuyo trayecto se encuentra Láchoc, que es un caserío de indios, distante unas seis leguas poco más o menos de Huancavelica. En este caserío ubicada una capilla rústica, con techo de paja, de ahí estaba aquel “Dios Chiquito”, el Niño Jesús de Láchoc, de tanto renombre en la región, por sus extraordinarios hechos milagros.
Alertas los Chasquis, como cóndores posados en los picachos, comunicaban, minuto tras minuto, al General Cáceres y a su pequeño Estado Mayor, todas las circunstancias del viaje y de las distancias recorridas por la caballería chilena, desde su salida de la ciudad de Huancavelica.
Cuenta la tradición a que nos referimos que, faltando unos pocos kilómetros para entrar a Láchoc, el piquete chileno de la persecusión, hizo un alto inesperado y pocos momentos después, volteadas bridas, emprendiendo la marcha de regreso a Huancavelica.


¿ Qué sucedió, a qué obedecía la exabrupta maniobra? Dizque jefes y soldados oyeron el eco de trompetas y clarines y redoblar de tambores, dando la impresión de que numerosas tropas hacían ejercicios o maniobras en gran escala; que el chilenos juzgaron habría de ser una imprudencia suicida, al entrar a Láchoc, para ser exterminados como carne de cañón, por un ejercito superior en efectivo y en provisiones, prefiriendo hacer tal retroceso o retirada prudente; que así se explicaron los referidos comisionados ante su jefe el General Urriola – con referencia a la bella y milagrosa ilusión acústica.
El bizarro General Cáceres, que burló a la muerte sin poder ser apresado en tantos combates, lo habría sido en aquella vez en el despoblado de Láchoc, rincón miserable de la Cordillera Andina y en circunstancia justamente insignificantes e incompatibles con su gran talla militar; intranquilo, casi desesperado ante la inminencia del peligro, dicen, que en sus andares desconcertados y nerviosos, entró a la dicha Capilla y de todo corazón y con fervor del espíritu,como un buen creyente que era hubo de implorar la protección del Niño de Láchoc, para que lo salvara de aquel trance tremendo, de la humillación y de la muerte. Y así fue porque el Niño Dios obró uno de sus notables milagros; lo había salvado efectivamente al General, de la humillación y de la muerte, valiéndose de esa ilusión acústica. Había pasado la terrible tempestad y ya libres de la persecusión, siguieron los defensores de la patria., su viaje hacia Ica, en sus cansadas y maltrechas cabalgaduras, cuyo estado les obligaría a los veteranos, a quedares en Láchoc.
Y es que también el destino providencial del General Cáceres, no fue morir de bala chilena, como el insigne Leoncio Prado, ni tener su tumba en el Oceano, como el noblemente orgulloso Alfonso Ugarte,ni le deparo el cautiverio en manos de los chilenos, como el Santo Laico, el ilustre Dr. García Calderón, ni tuvo su Santa Elena - isla de prisión -, como Napoleón y murió como San Martín en la tranquila serenidad de su lecho.
Desde aquel día inolvidable, refiere la Tradición, que el Mariscal don Andrés Avelino Cáceres, fue ascendrado devoto del Niño Jesús de Láchoc que se le denomina ahora el Niño Mariscal de Láchoc, habiéndole enviado el uniforme del Mariscalato de esta capital y que el Niño lo usa actualmente, dándole el sello y la proclamación incesante de su inmortal Señorío y de su Eterno Poderío en el Mundo Militar.
Es de advertirse que el Niño Láchoc, es de la indumentaria múltiple pues unas veces viste de Emperador del Universo, otras y más ordinariamente de Mariscal del Ejército Peruano; ya de Generalísimo del Ejército Americano continental, ya por último, de simple viajero con ponchito y bufanda tejidos de finìsimo hilo de lana de vicuña, sombreritos de paja norteño o los llamados “marcoritas”, de finura exquisita y primorosamente tejidos y sus botas fuertes.Es el Niño de la alta aristocracia y de la Realeza Cumbre, el Excelso Militar, y como amigo del pueblo y de la Raza Autóctona, es el “Niño del Llano” y de la Democracia Pura.


El Niño Mariscal cuya Tradición nos ocupa, se venera en el Templo de San Sebastián de la ciudad de Huancavelica, la segunda Iglesia de fundación española después de la Santa Ana ,que es la primera; obrando prodigioso milagros beneficioso a sus devotos o castigando la piedad vacilante o falsa, de quienes le hacen promesa y no cumple: es el Celoso Custodio y Protector Supremo de la Villa Rica de Oropeza y el Mariscal por Excelencia de todo el universo.
De Tradiciones Religiosas Militares de la Guerra Perú - Chilena


Autor Víctor S. Pacheco Beramendi 1995

Herencias raciales en Perù


Irresueltos discursos del canon cultural peruano

Álvaro Sarco
Rara vez la fragilidad de los presupuestos ideológicos de los autores estimados como soportes básicos de nuestro canon cultural son examinados. Podrían ser rastreados innúmeros casos de inconsistencias, pero es poco fructífero su mero señalamiento, mas no así el cotejo dilucidador de los más significativos casos. A continuación algunos escritores emblemáticos de nuestro aludido canon serán encausados en función de la siempre polémica –y aún no resuelta- problemática del racismo en el Perú.
Durante la guerra del Pacífico, el tradicionista Ricardo Palma garrapateó las siguientes opiniones al entonces dictador Nicolás de Piérola:

En mi concepto, la causa principal del gran desastre del 13 está en que la mayoría del Perú la forma una raza abyecta y degradada, que usted quiso dignificar y ennoblecer. El indio no tiene el sentimiento de patria; es enemigo nato del blanco y del hombre de la costa y, señor por señor, tanto le da ser chileno como turco. Así me explico que batallones enteros hubieran arrojado sus armas en San Juan, sin quemar una cápsula. Educar al indio, inspirarle patriotismo, será obra no de las instituciones sino de los tiempos. Por otra parte, los antecedentes históricos nos dicen con sobrada elocuencia que el indio es orgánicamente cobarde. Bastaron 172 aventureros españoles para aprisionar a Atahuallpa, que iba escoltado por cincuenta mil hombres, y realizar la conquista de un imperio, cuyos habitantes se contaban por millones. Aunque nos duela declararlo hay que convenir en que la raza araucana fue más viril, pues resistió con tenacidad a la conquista.
Cuando Palma recuerda que Piérola quiso "dignificar y ennoblecer" a los "indios", se refiere al decreto expedido por Piérola el 2 de mayo de 1880: "Declaro unido a mi carácter de Jefe Supremo de la República el de Protector de la raza indígena, título i funciones que llevaré i ejerceré en adelante (…) Los párrocos en sus respectivas doctrinas darán por tres veces, a lo menos, lectura solemne a este decreto, que se publicará también en lengua quechua i aimara para conocimiento de todos". Alberto Ulloa, no obstante su inclinación pierolista, no dejó de señalar en su biografía del "Califa": "El decreto era una mezcla de justicia social, de extravagante vanidad personal y de declaraciones prácticamente inocuas (…) Hay algo, al mismo tiempo, de monárquico y de infantil en esa actitud. Hace recordar a los emperadores y reyes que extendían su protección sobre comarcas y hombres de civilización inferior, y a los niños que se visten de emperadores".
En defensa de Ricardo Palma podría argüirse que la carta que le dirigió a Piérola está fechada el 8 de febrero de 1881, dicho de otro modo, fue redactada a escasos días de los desastres de San Juan y Miraflores (acaecidos el 13 y 15 de enero, respectivamente), es decir, bajo el imperio de la tribulación y la atolondrada búsqueda de una explicación a tales derrotas que significaron tantas calamidades a Chorrillos, Miraflores1 y Lima. Con relación a lo último, el entonces capitán de fragata inglés William A. Dyke Acland, quien acompañó al ejército sureño en su campaña sobre Lima y de notoria simpatía por los chilenos, dejó estas anotaciones:
Tan pronto terminó la lucha [de la batalla de San Juan], las tropas irrumpieron en las tabernas y las tiendas que vendían aguardiente, se emborracharon rápidamente y perdieron el control de sí mismos, y se dio lugar a escenas de destrucción y horror, que yo creo ha sido raramente visto en nuestros tiempos; las casas y las propiedades fueron destruidas, los hombres discutían y se disparaban entre ellos como medio de diversión, las mujeres fueron violadas, los civiles inocentes fueron asesinados. El cementerio se convirtió en un lugar en donde los soldados beodos practicaron sus orgías y hasta abrieron las tumbas para remover los cadáveres y dar paso a sus compañeros embriagados.
Según refiere Víctor Miguel Valle Riestra en su folleto, ¿Cómo fue aquéllo? (1917), cuando oficiales sureños intentaron averiguar por qué los soldados chilenos se mataban entre sí les habrían dicho: "Mi jiefe, déjenos no má, que pa eso semo tantos".
Pretender justificar semejantes opiniones de Palma apelando al contexto, es decir, recalcando que en tal época era natural y hasta inexorable pensar así en los sectores sociales en situación de poder, es apelar a una perogrullada que, no obstante, no exculparía del todo a Palma, pues supone desconocer a varias personalidades que –sobreponiéndose a los prejuicios de la época- hicieron un balance autocrítico y veraz frente a los eventos que se sucedían2. Oficial hubo, por ejemplo, como el General Pedro Silva, de "estrato social" parejo al del tradicionista, que hizo un recuento desprejuiciado de los acontecimientos:
Sabido es que los cuerpos que componían los ejércitos, eran en su mayor parte de reciente creación. En efecto, el más antiguo no contaba dos años de existencia, habiendo algunos que apenas tenían dos meses; y aun no faltaban ligeras columnas que fueron formadas solo días antes de las batallas. Procedentes los más de los individuos de tropa de las regiones más trasandinas, no estaban en aptitud de comprender, sino después de algún tiempo, los más triviales rudimentos de la táctica, desde que ignoraban el idioma en que debía instruírseles. Sin embargo, el interés y dedicación de los jefes, suplieron, en gran parte, tan graves defectos, sin que por esto pudiera decirse que nuestros soldados estaban expeditos para empeñar tan inmediatamente un combate.
Alejandro Seraylán Leiva en su recopilación sobre la Campaña de Lima, registró que el General Silva traza, en su parte de guerra, la condición de nuestras tropas sin omitir detalles. Por el General Silva sabemos que hubo batallones que tenían apenas dos meses de creados cuando fueron conducidos al frente de combate. Revela, además, que sus componentes no comprendían ni lo más elemental de nuestro idioma, y que era gente de la Sierra, traída para defender la capital y convertida en carne de cañón. Ellos pagarían los errores políticos en los que no tuvieron culpa. Es justo recordar que el General Pedro Silva combatió en las batallas de San Juan y Miraflores en calidad de Jefe del Estado Mayor. El 28 de enero de 1881 redactó el parte de guerra de ambas batallas, parte que incluye el fragmento que este artículo cita. Tras sanar de una herida contraída en Miraflores marchó a la Sierra para continuar la lucha. El 10 de julio de 1883, durante la batalla de Huamachuco, el Mariscal Cáceres refiere que el General Pedro Silva (limeño, de 63 años) recibió un balazo que "haríale pagar su coraje dejándole gravemente herido, para caer después bajo el bárbaro tajo del repase". Destrozada la pierna derecha -apuntó el historiador Manuel Zanutelli Rosas- se había hecho vendar para seguir peleando al frente de una simple compañía. Zoila Aurora Cáceres (autora de una profusa y documentada narración de la Campaña de la Breña) recordó que al leerle a su padre, ya octogenario, la descripción de la batalla de Huamachuco, "el llanto corría por su rostro al punto que no quise continuar la lectura".
Otro indicio de que las prejuiciosas opiniones de Palma habrían sido dictadas fundamentalmente por un momento de ofuscación, es que en sus posteriores cartas ya no reiteró semejantes dislates, mas por el contrario, en tibia rectificación, informó lo que sigue en misiva fechada el 26 de abril de 1882: "Parece que lo de los indios de Huancayo no es bufonada como dicen los chilenos, pues si ellos han hecho y siguen haciendo gran matanza de indios, éstos no son mancos y han despachado ya más de un centenar de enemigos. La indiada se compone de más de 12,000 hombres".
La Campaña de la Breña, donde el peruano de los Andes jugó un papel esencial, habría echado por tierra algunas presunciones de Palma con respecto al carácter del "indio". Esto recordó Antonia Moreno de Cáceres, esposa del Mariscal Andrés Avelino Cáceres, con respecto a esa "raza abyecta y degradada" a la que se refirió el celebérrimo tradicionista:
No teniendo Cáceres nada que hacer ya en aquella región, resolvió regresar a Tarma y volver a instalar allí su cuartel general para reorganizar su pequeño ejército que, después de tantos trabajos y luchas heroicas, quedaba reducido a solo 800 soldados y 600 guerrilleros, tan generosos como bravos, sin más armas que sus pobres hondas y los temibles rejones3, muy útiles en los combates de sorpresa y los encuentros cuerpo a cuerpo. ¡Lo rejoneros fueron decisivo elemento en la campaña de la Breña! (...) ¡Vieja raza noble, que tan bien sabía comprender la grandeza del deber y el honor! Siempre estuvieron listos a luchar valientemente contra el opresor, sin más defensa que sus primitivas armas. Los departamentos del centro del Perú son dignos de toda admiración. Ellos soportaron, con la más grande abnegación y coraje, todo el formidable peso de esa epopeya de La Breña, que a fuerza del heroísmo y sacrificio dejó muy limpio y alto el pendón del Perú. Como peruana y testigo de sus grandes hechos quiero dejar una palabra de cariñosa gratitud a esos queridos indios de las sierras andinas del centro.
Por añadidura, cabe recordar que la eficiente participación castrense de peruanos del interior país no sólo se limitó a la llamada Campaña de la Breña. Desde el inicio de la campaña terrestre, es decir, desde 1879, el ejército de línea peruano contó con contingentes procedentes de la Sierra. Son famosos, sólo por mencionar dos esclarecidos ejemplos, el batallón Zepita (integrado por cusqueños) o el Dos de Mayo (conformado por ayacuchanos). El batallón Zepita es digno de resaltarse. Se comportó con singular valor en todos los enfrentamientos a los que concurrió, siendo más que destacada su participación en la contundente victoria alcanzada en la batalla de Tarapacá (27 de noviembre de 1879). Quizá por eso, cuando la derrota de la alianza peruano-boliviana estaba ya sellada en la batalla de Tacna, también llamada, del Alto o Campo de la Alianza (26 de mayo de 1880), la soldadesca chilena, antes de ultimar a los heridos del batallón Zepita, habría espetado: "Toma tu Tarapacá".
Décadas después, cuando el Dr. Julio C. Tello ya era víctima -directa o solapada- de una serie de discriminaciones, cuenta Jorge Basadre que Ricardo Palma (durante un banquete en honor de Francisco García Calderón) resaltó en su discurso el nombre de Tello como uno de los jóvenes de valía que surgían. Y años antes, cuando Tello recién llegado de Huarochirí pasaba por apuros económicos, Ricardo Palma lo habría alojado en su casa, o en la Biblioteca Nacional, o al menos Tello habría almorzado algunas veces en el local de la institución dirigida en aquella época por el autoproclamado "bibliotecario mendigo". Cuando se le preguntó a Basadre qué habría impulsado a Ricardo Palma a ayudar al "indio" Tello, Basadre respondió: "Bueno, debe haber habido ahí el fenómeno de la amistad muy sincera, muy íntima entre Tello y Ricardo Palma hijo, el médico, para lo cual Tello inclusive colaboró en la actividad de orden intelectual. Bueno, Palma tampoco era un blanco, ¿no?, era una mezcla racial un poco rara con algo de negroide".
Incluso cuando Tello ya era un investigador de nombradía continuó siendo objeto de desprecio por meras características físicas. Al respecto hay una anécdota que consigna Noé Jave Calderón en su libro compilatorio en torno a Basadre:
Dicen que cuando Tello llegó a Cajamarca todos los profesores del colegio San Ramón salieron a recibirlo, se acercaba la comitiva y los profesores exclamaban: ‘¡por ahí viene el sabio Tello, por ahí viene el sabio Tello!’, pero pasó la comitiva y no vieron al sabio Tello. Mas, cuando se preguntaron dónde estaba, alguien respondió: ‘¡ya pasó por su lado!’, y contaba un profesor de Artes Plásticas, cuyo seudónimo era ‘Bagate’, que éste corrió adelante para verlo. Y en tono desencantado, decía: ‘Qué gran decepción: el sabio Tello era un cholito retaco y rechoncho ¡qué desilusión! Mejor ni lo hubiera conocido.
Por aquellos años José Carlos Mariátegui (lúcido intelectual "progresista"), redactó a su vez pasajes en sus 7 ensayos de desconcertante tenor: "El aporte del negro, venido como esclavo, casi como mercader, aparece más nulo y negativo aún [que el del chino]. El negro trajo su sensualidad, su superstición, su primitivismo. No estaba en condiciones de contribuir a la creación de una cultura, sino más bien de estorbarla con el crudo y viviente influjo de su barbarie". El razonamiento de Mariátegui es similar al del historiador italiano Tomás Caivano, quien casi medio siglo antes había escrito:
La feracidad del suelo, que daba con creces cuanto se le pedía, hizo nacer en el conquistador [español] el deseo de aumentar su producto con el aumento de brazos; y descontento de la pereza que se había apoderado del indio, trajo al Perú el esclavo negro de las costas africanas: de aquí una tercera raza; principio evidente del verdadero mal. Las dos primeras razas, la española y la indígena, que con el tiempo se hubieran fundido y amalgamado entre sí, se dividieron todavía más a la vista de una tercera, tan inferior moralmente y físicamente tan diversa. La diferencia de razas que en el primer caso hubiera pasado casi desapercibida (…), se acentuó inmediatamente cuando, interponiéndose entre ellas una tercera raza con la cual toda fusión, además de ser degradante, dejaba grandes huellas por varias generaciones.
A propósito de la referencia que Mariátegui hizo de los "chinos", cabe recordar algunas opiniones que en 1925 registró el universalmente reconocido poeta César Vallejo:
Cuando los chinos vuelven a su patria para siempre, no llevan sus hijos con ellos. Después de haber edificado una fortuna, entran en China y dejan en el Perú una familia numerosa que constituye una molestia para la nación, ya que encierra una causa de perturbación para el desarrollo homogéneo de la raza […] Si el Perú, como la Argentina y el Brasil, en lugar de inmigrantes de Asia, recibe corrientes de inmigración europea, su raza ganará inmensamente, pues cada día se convertirá más homogénea y acentuará esta filiación étnica europea que posee desde hace varios siglos.
Tales asertos del autor de Poemas Humanos (tributarios en gran medida de los idearios positivistas de transformación de la sociedad), aun cuando muestran nexos con el contexto ideológico general de la época, que veía como beneficiosa no sólo la introducción de programas políticos y sociales de Europa, sino también la importación misma de individuos de tal continente, no deja de ser contradictoria con los presupuestos que el poeta plantearía en 1933:
El blanco demuestra un desprecio que linda con la repugnancia por el indígena, y se jacta ante el mestizo, de no tener en sus venas ni una gota de sangre autóctona; el mestizo siente un rencor sordo y disimulado por el blanco, y cierto desprecio, él también, mezcla de indiferencia y de crueldad, por el indígena; éste, por último, abriga el odio que se comprende hacia los otros dos, atenuado respecto del mestizo. La estructura social así reseñada basta, sin la menor duda, para hacer del Perú un país semicolonial (…) ¿En qué consiste esta sustancia social colonial? Principalmente en esto: que la clase o las clases dominantes están compuestas por razas diferentes a las razas indígenas que integran, en su mayor parte, las masas sometidas a servidumbre.
En efecto, Vallejo afirmó -no sin razón- la primacía violenta y excluyente de los estamentos vinculados con los sectores detentados mayormente por los "blancos". Esa situación secular del poder poco o nada había cambiado a principios del siglo XX, y sin embargo, Vallejo se suma al proponer algunos años antes, como muchos otros, la inmigración europea.
La notable historiadora Celia Wu Brading ha escrito contrariando los ligeros apuntes de Vallejo sobre los "chinos": "A diferencia de inmigraciones chinas en otras partes del mundo occidental, los chinos residentes en el Perú optaron que sus hijos nacidos en el país abrazasen la fe católica. Creemos que este fenómeno sociológico y religioso contribuyó, en alguna forma, a su integración gradual en la vida peruana". Parte, también, de que en las primeras décadas del siglo XX hubiera una contumaz animadversión hacia los "chinos" –incluso entre personalidades como Mariátegui o Vallejo que se supone introducían un discurso ideológico moderno- pueda hallarse en la activa participación que los llamados "culíes" tuvieron al lado de la tropa sureña que marchó contra Lima durante la guerra del Pacífico. Sobre tal "colaboracionismo" –ampliamente documentado- escribió por ejemplo Humberto Rodríguez P.:
Los culíes suponían que los chilenos los liberarían de su situación de semi-esclavitud y el ejército chileno a su paso por los distintos valles -Chincha, Cañete, Asia, Mala, Chilca y finalmente Turín- fue incorporando a sus filas a los chinos que fugaban de las haciendas (…) A pesar que es bastante difícil precisar cifras para estos instantes, hay quien supone que los chilenos llegaron a reunir a cerca de dos mil chinos voluntarios de los que habían fugado de las haciendas (…) Las tropas extranjeras en su objetivo de tomar Lima acantonaron en Turín y en Pachacamac con el afán de recuperar bríos y coordinar con otras divisiones. Los chinos fugados iban con ellos. La oficialidad chilena organizó a los orientales en el batallón ‘Vulcano’. Espontáneamente surgió un dirigente chino que adoptó el nombre de Quintín de la Quintana –curiosamente el dueño de la hacienda Huamaní de Ica llevaba similar nombre-, este dirigente reunió a los chinos fugados y en la hacienda San Pedro de Turín los hizo jurar lealtad (…) Cuando se dieron las batallas sucesivas de San y Miraflores; los voluntarios orientales jugaron importante papel haciendo de guías, actuando de zapadores, como enfermeros, empuñando las armas abandonadas, destruyendo las tapias, etc. Y pusieron en todo ello el cariño y la lealtad del voluntario (…) Por ello, los soldados peruanos guardaron profundo odio a los chinos (…) Durante el mismo verano de 1881, poco después de las batallas de San Juan y Miraflores, en el valle de Cañete se produjeron desórdenes ocasionados por pobladores pobres de este valle que tuvieron apoyo de montoneros patriotas dirigidos por el Coronel Noriega. El detonante fue un hecho circunstancial que generó una pelea entre un chino y varios negros. A partir de ese instante la persecución a chinos fue masiva y descontrolada. La turba, compuesta por negros y cholos, persiguió a los chinos y llegó a matar a mil de ellos e incendió los cañaverales de las haciendas una por una.
Si se han traído a colación algunas controvertibles opiniones del pasado, es porque los prejuicios que acarreaban no han desaparecido ni menguado sino que han adoptado otras fórmulas. Puntualmente en nuestro medio, fuera de insólitas excepciones que aún apelan a la "superioridad biológica" de una "raza" sobre otra, persiste en el complejo fenómeno del racismo un dinámico proceso apuntalado en un determinismo cultural y de "clase". Si el avance del "mestizaje racial" no ha detenido el racismo en el Perú, todo indicaría que su principal causa radicaría en la "estructura" de la sociedad peruana. En ese sentido, Nelson Manrique propone esta elucidación:
La situación no cambió sustantivamente con la ruptura de los vínculos coloniales que nos unían con España. Al no cambiar en lo esencial el carácter colonial de las formas internas de dominación, el racismo antiindígena [y contra las minorías consideradas inferiores, y de todos contra todos, en una barahúnda por emular a los detentadores del poder] pasó a cumplir el rol de soporte de la dominación de la elite criolla (…). En el orden oligárquico que se implantó, el discurso racista sirvió para legitimar [y perpetuar] la dominación social, de la misma manera como antes sirvió a los colonos españoles cuyos privilegios heredaron de éstos sus descendientes criollos.
Referencias:
1 - Cuando considerable número de peruanos lo que habían perdido era la vida, un quejumbroso Palma le escribía a Piérola: "En el incendio de Miraflores perdí mi modesto rancho, mi curiosa biblioteca americana de más de tres mil volúmenes, formada con no poco gasto en veinticinco años de constante afán, mis muebles y cuanto poseía, salvando mi esposa y niños con lo encapillado".
2 - Ahí están Víctor Mantilla, Ernesto A. Rivas y Nicolás Augusto González (contemporáneos y escritores como Palma), que si bien aún destilan en sus historias sobre la guerra del 79 un tono paternalista, proyectaron, en palabras de Basadre, "elocuentes defensas de los indios y hallamos también votos [en sus relatos] para que se transformen, lo más pronto posible, en ciudadanos útiles para la nación".
3 - Era el "rejón" una especie de rústica lanza con la que los guerrilleros o milicianos breñeros se enfrentaron innumerables veces, y a pecho descubierto, a los bien adiestrados, armados, y avituallados invasores chilenos.
Álvaro Sarco
Lima, febrero de 2006
Bibliografía consultada:
1- Arias Schreiber, Jorge y Zanutelli Rosas, Manuel. Médicos y farmacéuticos en la Guerra del Pacífico. Comisión Nacional del Centenario de la Guerra del Pacífico. Editorial e imprenta DESA. Lima, 1984.
2- Cáceres, Andrés A. Memorias de la guerra del 79. Biblioteca Militar del Oficial, N° 40. Editorial Milla Batres S.A. Lima, 1976.
3- Caivano, Tomás. Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia. Editorial Espartaco. Lima, 1979.
4- Comisión permanente de la historia del Ejército del Perú. La Gesta de Lima. 1881-13/15 Enero-1981. Imprenta del Ministerio de Guerra. Lima, 1981.
5- Congrains Martín, Eduardo. Primeros enfrentamientos. Pisagua, San Francisco, Tarapacá. Serie "Reivindicación". Tomo II. Editorial ECOMA. Lima, 1975.
6- …………………………….. Batalla de Tacna. Serie "Reivindicación". Tomo IV. Editorial ECOMA. Lima, 1975.
7- Dellepiane, Carlos. Historia militar del Perú. Tomo II. Biblioteca Militar del Oficial, N° 33. Ministerio de Guerra. Lima, 1977.
8- Jave Calderón, Noé (compilador). Jorge Basadre. La Historia y la Política. Textos de Jorge Basadre, Wilfredo Kapsoli, Waldemar Espinoza, Nelson Manrique. Seminario de Investigaciones y Publicaciones (S.I.P.). Auspicio: Federación Universitaria de San Marcos. Lima, 1981.
9- Leguía, Jorge Guillermo. El Centenario del Mariscal Andrés A. Cáceres. Noviembre de 1836. Imp. y Lito. "Leblanc". Santiago, 1939.
10- Manrique, Nelson (introducción al libro, La piel y la pluma): Algunas reflexiones sobre el colonialismo, el racismo y la cuestión nacional.
11- Mantilla, Víctor, Rivas, Ernesto A., González, Nicolás A. Nuestros Héroes: Episodios Nacionales de la Guerra del Pacífico 1879-1883. Tomo I. Imprenta del Ministerio de Guerra. Lima, 1979.
12- Mariátegui, José Carlos. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Vigésima novena edición. Biblioteca Amauta. Lima, 1974.
13- Moreno de Cáceres, Antonia. Recuerdos de la Campaña de la Breña. Biblioteca Militar del Oficial, N° 41. Editorial Milla Batres S.A. Lima, 1974.
14- Palma, Ricardo. Cartas a Piérola (sobre la ocupación chilena de Lima). Editorial Milla Batres. Lima, 1979.
15- Rodríguez P., Humberto. "El Perú hace cien años: Los chinos en la guerra". Diario La Prensa. Lima, 18 de marzo de 1879.
16- Ulloa, Alberto. Don Nicolás de Piérola. Segunda y definitiva edición. Editorial Minerva. Lima, 1981.
17- Vallejo, César. La cultura peruana (crónicas). Prólogo, recopilación, selección, traducciones y notas de Enrique Ballón Aguirre. Mosca Azul Editores. Lima, 1987.
18- Wu Brading, Celia. Testimonios británicos de la ocupación chilena de Lima. Editorial Milla Batres. Lima, 1986

Miyuki Ishikawa

Miyuki Ishikawa - La Matrona Asesina




Miyuki Ishikawa era un matrona que dejó morir aproximadamente  entre 85 y 169 recién nacidos. Convirtiéndose en la mayor asesina en serie de toda la historia de Japón
En la década de los 40, Miyuki Ishikawa trabajaba como directora de la Maternidad del hospital Kotobuki en Tokyo, Japón. El número de bebés aumentaba en el hospital, y la ausencia de servicios sociales y la escasez de ingresos de los padres de los bebes, forzó a la partera a hacer lo inimaginable. La demencial presión que Miyuki sentía la llevó a dejar morir centenares de infantes recién nacidos, creyendo que así les evitaría una vida de angustia.
Nace una asesina
Miyuki nació en 1897, en el pueblo de Kunitmi, dentro del distrito de Miyazaki. Realizó sus estudios superiores en la Universidad de Tokyo y tras graduarse entabló una relación con Takeshi Ishikawa, posteriormente contrajeron nupcias, pero su matrimonio no produjo hijos.
Para ayudar en su hogar, Miyuki consiguió un empleo como directora en el ala de maternidad del hospital Kotobuki, lugar donde trabajaba asistiendo partos. En aquel tiempo Japón no reconocía licenciatura sobre esta práctica.
Durante su trabajo Miyuki también revisaba los reportes hechos sobre los padres y sus antecedentes, así descubrió que muchos de ellos eran pobres y no tenían los ingresos suficientes para mantener una familia sin sufrir necesidades económicas. Ante esta situación la partera Ishikawa, buscó la ayuda de organizaciones de caridad y servicios sociales, pero al no recibir respuesta positiva, Miyuki se encontraba en un serio dilema moral, su desesperación aumentaba en la medida que la lista de futuras madres crecía. Frente a este percance la comadrona Ishikawa halló una solución escalofriante, y pronto los bebés comenzaron a nacer muertos.


La Matrona infanticida
El número exacto de víctimas es desconocido, pero los casos confirmados indican que Miyuki asesinó por lo menos 103 recién nacidos. Su modus operandi era negar el cuidado a los recién nacidos hasta que estos morían de hambre y sed o agotados por los continuos llantos que les debilitaban y acababan muriendo sofocados.
Esta repugnante práctica hizo que todas las matronas de la maternidad del hospital Kotobuki presentaran su renuncia de inmediato. Mientras Ishikawa comenzó con su ola de infanticidios; una vez que el bebé nacía ella los abandonaba y por ende perecían ante la falta de cuidados.
Sin embargo Miyuki no se detuvo y pronto comenzó un negocio de muerte con su esposo Takeshi, convenciendo a los padres de pagar alrededor de 4000 yenes, cantidad que no se comparaba a los gastos que representaría mantener a estos niños “no deseados”. A cambio ella les libraría de la carga de forma permanente.
Para el correcto funcionamiento de su macabro plan tenían de cómplice al doctor Shiro Nakayama, cuya labor era falsificar los certificados de defunción con ayuda de su asistente Kishi Masako de 25 años. Para cubrir sus acciones los criminales dieron sobornos en las oficinas del barrio de Shinjuku.

Otros casos de Infanticidas
Casos similares a este azotaron la región de Japón desde 1930, cuando se acusó a los pobladores de Itabashi por asesinar a 41 niños. Mientras que en 1933 Hatsutaro Kawamata fue arrestado bajo cargos de homicidio de 25 niños.
El gobierno japonés tenía conocimiento de esta crisis, pero no hacía nada al respecto debido a que los recién nacidos no tenían derechos. Es así que los casos de infanticidio sólo eran vistos como una situación donde el bebé recibió una herida que lo mataba, esto es de acuerdo al código criminal de Japón desde 1907.

Detención y encarcelamiento
La carrera criminal de la matrona asesina terminó el 12 de enero de 1948, cuando 2 oficiales del departamento de policía de Waseda investigaron la casa de Nagasaki Ryutaro, persona que trabajaba para una funeraria. Cerca de la vivienda de Ryutaro se encontraron 5 sospechosas cajas de madera, tras interrogar al hombre de 54 años sobre las cajas, este reveló que provenían de la maternidad del hospital Kotobuki y su trabajo era llevarlas al crematorio. Los oficiales arrestaron Ryutaro, una vez en la estación de policía el hombre confesó que había hecho lo mismo con 30 cajas y por cada bebé recibía la suma de 500 yenes.
Tras realizar las autopsias en los infantes descubrieron que no habían fallecido por causas naturales. Los bebés no tenían comida en sus estómagos, también sus pulmones mostraban síntomas de neumonía y sus cuerpos estaban desnutridos. Los investigadores concluyeron que la muerte de los infantes había sido intencional.
La imposibilidad de abortar hicieron aflorar casos similares en Japón durante los años 40.
Los oficiales arrestaron a la pareja el 15 de enero de 1948. Durante el interrogatorio se descubrió que Miyuki no les daba de beber leche, lo cual irritaba a los infantes y por su llanto constante morían sofocados o por hambruna.
En el juicio Miyuki defendió sus acciones diciendo que los culpables eran los padres por irresponsables. Sorprendentemente la opinión pública estaba de acuerdo con la declaración de la matrona asesina, aunque fue criticada duramente por la novelista Yuriko Miyamoto, quien sostenía que tales actos son un tipo de discriminación.
Yuriko Miyamoto fue una de las novelistas que más duramente criticaron los asesinatos de Miyuki. Por desgracia el vacío legal que existía en Japón no permitió que la asesina fuera enjuiciada por asesinato. Por la omisión de ayuda se la sentenció a tan sólo 8 años, de los cuales cumplió 4.

Cuna de muertos
Después de que Miyuki y sus cómplices fueron ajusticiados, la policía continuó investigando y pronto descubrieron 40 cuerpos esparcidos en el barrio de Shinjuku. También encontraron 30 cuerpos más en un templo, el estado de descomposición y la cantidad de restos que había, dificultaron la determinación del total de víctimas. Hasta el día de hoy se desconoce el número de muertos a manos de la partera infanticida. Las autoridades clasificaron sus actos como crímenes de omisión, ley que justificaba las acciones de Miyuki.
Por esta razón ella fue sentenciada a sólo 8 años de prisión, mientras que Takeshi, el doctor Nakayama y su asistente Kishi Masako recibieron 4 años de encarcelamiento por ayudar en los asesinatos. En 1952 la pareja apeló a sus sentencias y la corte superior de Tokyo revocó su tiempo en prisión por la mitad de la sentencia oficial.
Este incidente permitió que el gobierno japonés considere legalizar el aborto, debido al número de infantes no deseados que nacían en Japón. El 13 de julio de 1948 se creó la “Ley de protección contra del cuerpo de la madre”, norma que estableció en primera instancia el “Sistema Nacional de exámenes para matronas”.
Un año más tarde, el 24 de junio de 1949, la ley de abortos por razones económicas fue legalizada bajo la supervisión de la “Ley de protección contra el cuerpo de la madre”. Queda claro que las atrocidades cometidas por la matrona asesina trajeron un balance en el sistema de leyes y regulaciones japonesas.

 
La imposibilidad de abortar hicieron aflorar casos similares en Japón durante los años 40.
La sentencia de ocho años de cárcel reducida a cuatro fue ridícula, se estima que Miyuki dejó morir a entre 85 y 169 recién nacidos, aunque la cifra oficial es de 103, esto la convierte en la asesina en serie con mayor número de víctimas de Japón. Miyuki prácticamente quedó sin castigo gracias al vacío legal que existía en Japón, que no consideraba el abandono de un recien nacido como asesinato, únicamente la muerte directa estaba penada.
Autor: Arturo Varas