lunes, 25 de febrero de 2013

Solidaridad peruana con Costa Rica

Foto id: 1673221

PEDRO GÁLVEZ,abogado y miembro de una familia de políticos liberales, fue enviado a Costa Rica, a los 35 años, para ayudar en la Campaña Nacional.

JUNTOS CONTRA WALKER
Solidaridad EL PERÚ fue el ÚNICO PAÍS SURAMERICANO QUE AYUDÓ a Costa Rica EN LA CAMPAÑA NACIONAL

Rosa Garibaldi de Mendoza
Ministra en el Servicio Diplomático del Perú@nacion.com

El presidente peruano Ramón Castilla (1797-1867) formuló un proyecto de estrategia hemisférica: la agresión contra una nación latinoamericana debía ser vista como un ataque a la América Latina entera. En 1856, un hecho reforzó su determinación de establecer un pacto hemisférico: el reconocimiento estadounidense del gobierno que William Walker había implantado en Nicaragua.
El auspicio del gobierno norteamericano quedó al descubierto el 14 de mayo de 1856, cuando el presidente Franklin Pierce recibió a Agustín Vigil, representante del gobierno de Rivas-Walker. El ministro (embajador) peruano en Washington, Juan Ignacio de Osma, se unió a las enérgicas protestas formuladas ante el gobierno estadounidense por los representantes de Centroamérica. Frente a ello, Vigil debió regresar a Nicaragua.
El apoyo estadounidense fue más notorio a partir de marzo de 1857, cuando ascendió a la presidencia el demócrata James Buchanan, líder máximo de la corriente expansionista.
Cuando se preparaba la lucha contra los filibusteros, llegó a Lima un enviado de Costa Rica: Gregorio Escalante, con las misiones de lograr un préstamo para la guerra y de trasmitir la invitación de Costa Rica a los otros gobiernos hispanoamericanos para realizar un congreso hispanoamericano en San José en mayo de 1857. Escalante y el enviado costarricense a Chile, Nazario Toledo, fueron acogidos en el Perú con gran entusiasmo.
 
Sacrificios. Castilla apoyó a Costa Rica con la creación de una legación en Centroamérica y el nombramiento de Pedro Gálvez como ministro residente en Centroamérica, Nueva Granada (Colombia) y Venezuela. Un decreto dispuso auxilios para la América Central y negociaciones para lograr adhesiones al defensivo Tratado Continental que, a instancias de Castilla, habían suscrito el Perú, el Ecuador y Chile.
Antes de que Gálvez llegase a Costa Rica, Castilla ya había aprobado ayuda económica a Costa Rica y había decidido enviar una nave a puertos de la América Central para estimular el espíritu de resistencia contra los invasores.
En un relato que remitió a la Cancillería peruana el 21 de junio de 1862, titulado Cuenta que da el Ministro del Perú en Centro América, Nueva Granada y Venezuela de la misión que se le confió en 1856 , Pedro Gálvez relató la ayuda que proporcionó a Costa Rica y las adhesiones que logró de los gobiernos del istmo al Tratado Continental.
Gálvez llegó a San José el 22 de enero de 1857, en un momento crítico, cuando la victoria contra Walter era aún incierta. A los diez días de arribar, Gálvez obtuvo la adhesión de Costa Rica al Tratado Continental.
A su vez, el bergantín Once de Abril , confiado al marino peruano Antonio Valle Riestra, se incendió en un combate contra la Granada , nave de guerra de Walker. Terriblemente quemado, Valle Riestra se salvó de morir, pero estuvo hospitalizado durante muchos meses. Dos marinos peruanos murieron entonces en defensa de Costa Rica: Adrián Vargas y Javier Saldívar.
La solidaridad con Costa Rica llegó a ser tan estrecha que el Perú se convirtió en su socio para la construcción de un canal interoceánico. El 31 de enero de 1857, Gálvez firmó, con el gobierno de San José, un tratado de amistad y comercio, cuyo artículo 12 estipuló que, en caso de que ese gobierno llegase a construir una comunicación interoceánica, el gobierno del Perú compartiría los gastos y beneficios de la empresa sin que ello afectase la soberanía de Costa Rica sobre la parte de su territorio atravesado por el canal.
 
Préstamo generoso. El presidente Mora autorizó a Gálvez, quien estaba a punto de partir hacia Guatemala, para que, en representación de Costa Rica, coordinase y alentara allí la acción militar conjunta con las otras naciones centroamericanas. El canciller costarricense Lorenzo Montúfar fue enviado en idéntica misión a El Salvador.
El presidente guatemalteco Rafael Carrera acordó las bases de unión con Costa Rica y El Salvador para que sus ejércitos se unieran al de Nicaragua. Entonces, las fuerzas centroamericanas derrotaron a Walker y a sus secuaces y los expulsaron de Nicaragua.
Restablecida la paz, Gálvez se concentró en apoyar a Costa Rica en sus intentos de concertar de una alianza centroamericana que defendiese la independencia común. Aunque no se suscribió un tratado, se iniciaron relaciones más francas y cordiales entre Guatemala, El Salvador y Costa Rica.
En su informe, Gálvez explicó también que, en julio de 1857, estando de nuevo en San José, firmó el convenio que fijó las condiciones de un empréstito de cien mil pesos con el que el gobierno peruano auxiliaba a Costa Rica, suma que se puso a disposición del cónsul costarricense en Lima, Tomás Conroy.
Pedro Gálvez explicó al gobierno de Costa Rica que el gobierno peruano hubiese deseado que el préstamo fuese mayor, pero que los fuertes gastos extraordinarios ocurridos últimamente lo habían impedido. Agregó que el ánimo del Perú hubiera sido no cobrar interés alguno. Cobraba 4,5 % porque el Perú pagaba ese interés por los cien mil pesos que su consignatario del guano (fertilizante) en Gran Bretaña le había cobrado por adelantarle el dinero destinado a Costa Rica.
Se fijaron diez años de plazo para reembolsar el capital principal y los intereses. En Lima, mediante comunicación a su Departamento de Estado, el ministro estadounidense John Randolph Clay criticó que el gobierno peruano hiciera un préstamo tan elevado cuando sus finanzas no se lo permitían.
 
Mutua gratitud. La obligación de Costa Rica venció en 1868, pero solo en 1879 (a los 21 años de contraída la deuda), llegó a Costa Rica el embajador Tomás Lama y solicitó el pago del préstamo, que Costa Rica canceló.
El historiador costarricense Cleto González Víquez señala que el préstamo no fue propiamente un negocio, sino un acto de amistad y una demostración de simpatía a Costa Rica por su defensa contra el filibusterismo. A su vez, el historiador costarricense Rafael Obregón afirma que es bueno destacar esta actitud del Perú porque fue el único país de Suramérica que ayudó de manera efectiva a la causa centroamericana.
En 1879 comenzó una guerra del Perú y Bolivia contra Chile; entonces, Costa Rica quiso expresar al gobierno peruano su gratitud por el apoyo recibido durante la guerra contra Walker.
Para no comprometer a su país y crear un problema con Chile, el gobierno de San José acudió a una solución indirecta: vender armas al general Domingo Vásquez, exministro de Honduras en Lima, quien las revendió en Panamá al ministro peruano Tomás Lama para su traslado al Perú.
Esa actitud ocasionó problemas al gobierno costarricense. En una comunicación de 28 de agosto de 1879, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Miguel Amunátegui, pidió explicaciones al gobierno de Costa Rica. El ejército chileno que invadió al Perú había encontrado, en los archivos de la Cancillería peruana, pruebas de esa entrega de armas. Por ello fue a San José una misión, bajo el mando del encargado de negocios chileno Adolfo Carrasco Albano, para entablar un reclamo.
 
Hace unos años, la Municipalidad de San José dedicó al presidente Ramón Castilla un monumento cuya placa resume su solidaridad con Centroamérica: “El Perú siente como propio cualquier agravio inferido a uno de sus hermanos de América”.

domingo, 24 de febrero de 2013

Obras de José María Arguedas


FIESTA EN TINTA

José María Arguedas*

Tinta fue capital de Corregimiento durante la Colonia. Al Corregimiento de Tinta pertenecía Tungasuca. Tinta es­tá en la quebrada, a la orilla del Vilcanota, entre maizales y campos de trigo. Tungasuca es pueblo de altura; está casi a 4,000 metros, junto a un lago pequeño rodeado de chacras de cebada; laguna de agua limpia. Túpac Amaru, el primer caudillo indio, el primer quechua culto que se rebeló contra el régimen colonial, fue cacique de Tungasuca. Pero residía en Tinta, cabeza del Corregimiento.

En Tinta escribió Clorinda Matto de Turner su novela "Aves sin nido", primer intento de novela peruana, la pri­mera descripción que se hace de la vida miserable del indio peruano.

El cura que escribió el "Ollantay" fue el cura de Tinta, el primero que lo escribió. La primera vez que se representó el "Ollantay" fue para Túpac Amaru, en Tinta.

Entre los indios que mandó fusilar Areche después de la sublevación de Túpac Amaru, estuvo Illatinta, campanero de la iglesia. Pero cuentan que la virgen bajó del cielo ante el pueblo reunido y las tropas del rey; levantó suavemente el cuerpo del campanero y se lo llevó por el aire, hasta la to­rre del pueblo; lo dejó allí, repicando alegre las campanas, a todo vuelo, avisando al pueblo su propia resurrección. Vein­te años después murió Illatinta. Pero en la iglesia del pueblo queda un cuadro de la época, donde está descrito el milagro minuciosamente y el pueblo entero, con todas las casas y sus calles.

Ahora Tinta es un pueblo silencioso; en sus calles angos­tas, calles de indios, crecen hierbas, caminan indios elegan­tes; casi todas sus casas están cerradas por candado de ma­dera, de factura india. Cerca de dos siglos después de la rebe­lión de Túpac Amaru, Tinta, como todos los pueblos de estie valle del Vilcanota, es acaso más que entonces pueblo de indios

El 27 de agosto es la fiesta grande de Tinta. Desde la ma­ñana salen los waynas, los hombres solteros, a pasear en las calles, tocando flauta. Se visten con gran elegancia y con ro­pa nueva. En pandilla de tres, hasta de veinte, caminando al­tivos, entran a la plaza por las cuatro esquinas. Todos tocan flauta, como anunciando que son libres; caminan más rápi­do en la plaza, y con más orgullo; cruzan entre las vendedo­ras de chicha, mirando alto; llegan a las tiendas de las esqui­nas, y entre ellos solos, los waynas se convidan cañazo. Sa­len a ratos hasta la puerta de las tiendas, y miran la plaza, llena de pasñas, como dominadores y dueños. En sus pon­chos nuevos, en fondo negro, gris o blanco, anchos pallays, con figuras de pájaros, de venados y de las flores más her­mosas del campo, en verde, rojo y azul.

Las mujeres solteras, las pasñas, venden chicha en el centro de la plaza, bajo los árboles de eucalipto y capulí, que hacen sombra en la tierra. Su elegancia, la hermosura de sus vestidos, es mucho más india y más noble. Paradas junto a las mak'mas de chicha, envueltas en sus llikllas ver­des, rojas o negras; con sus monillos de Castilla o de bayeta, bien ceñidos al cuerpo, y sus faldas largas de bayeta, has­ta quince polleras una sobre otras; y anillos de plata en los dedos; tupus antiguos ó prendedores de plata, en forma de paloma o de pavo, sujetando la lliklla; con sus monteras redondas, negras, ribeteadas con cinta azul y algunas flores bordadas en la copa; descalzas. Acaso no hay en el Perú un vestido más hermoso. La disposición de los colores y de los adornos guarda siempre la armonía más perfecta, armonía también con el rostro y el cuerpo de las pasñas, con el pue­blo, con el color; la hermosura y la luz del paisaje. Vistas de espaldas, el rebozo cae de la cabeza, de debajo de la monte­ra, casi hasta el borde de la falda se extiende el cuerpo. Vis­tas de lejos, de pie junto a las grandes mak'mas de chicha, o bailando en la plaza, bajo los árboles de capulí, o en el cam­po abierto, parecen la creación preferida de esta tierra, la imagen de lo que el Ande tiene de color, de alegría, de su propia, de su inconfundible e imponente belleza.

A pesar de su orgullo, de su altivez desdeñosa, los way­nas llevan en los zapatos de fútbol y en los cinturones de cuero la fea marca del vestido híbrido y desaliñado del mes­tizo. La pasña, en cambio, es todavía Ande puro, quechua intocado, a pesar de las cintas, de la castílla y de los pavos de plata que luce en el pecho.

Mientras las pasñas y los waynas se miran desde lejos, los viejos, los runas, toman chicha en grandes vasos, sentados en los bancos de la plaza. Comentan la fiesta, miran alegres los grupos de waynas que tocan quenas desde las esquinas o cruzando la plaza. Se convidan, y reposadamente vacían las mak'mas de chicha.

Atardeciendo, mientras en un extremo de la plaza, en un coso levantado con árboles de eucalipto, indios vestidos de rojo y azul torean toros matreros, en todo el campo libre bailan. Bandas de flauteros rodeados de pasñas y waynas que bailan frenéticos, dan vueltas, bailando, de esquina a esqui­na; se detienen un instante junto a los altares de las esqui­nas, y siguen; a ratos gritan, con su voz más delgada; y la quebrada, por donde resbala tranquilo el Vilcanota, repite varias veces los gritos. Los indios que están trepados en las barreras van entrando al baile, dejan el coso vacío; termina la corrida; y nadie mira, porque todos bailan.

El sol de anochecer apenas alumbra. Ni un misti, ni un hombre vestido de casimir se ve en la plaza; los pocos que han ido a ver la corrida y los vecinos de Tinta miran desde los balconcitos de sus casas. No cuentan. En la plaza hay co­mo cincuenta flauteros tocando. Las pasñas, con sus largas rebozas verdes, negras, rojas y azules, dan vueltas, bailando ligero, en el campo libre; los waynas las siguen, pero se ven pesados y torpes junto a las pasñas que danzan airosas, ha­ciendo girar sus polleras y el rebozo, al compás del wayno, en vueltas rápidas, pero siémpre con un ritmo ardiente, con una armonía de wayno que nunca se equivoca.

La música baja hasta el río, con el viento sube por la quebrada, llega hasta los caseríos próximos.

Cuando anochece, en la oscuridad del crepúsculo, el bai­le es más loco. La plaza está llena de indios que bailan y cantan, como desesperados. Ya ni se detienen junto a los al­tares; la plaza parece chica, no queda campo libre; los árbo­les se mueven cuando los bailarines pasan bajo su sombra.

En la oscuridad siguen bailando. Salen a las calles, en "pandillas"; se reparten por todo el pueblo. Prende la fies­ta en toda Tinta. Las pandillas se cruzan y se encuentran en las esquinas. Como hace cuatro siglos, cinco siglos, el wayno es la fuerza, es la voz, es la sangre eterna de todas las fiestas del Perú del Ande.

Bajo el puente de cal y canto de Tinta pasan las aguas del Vilcanota, silenciosas y transparentes.

* “La Prensa”, Buenos Aires, 20 de octubre de 1940.

sábado, 2 de febrero de 2013

Piura y la regeneración




Fue política de Chile en la guerra, la de inferir al Perú el mayor daño posible, como para que no se pudiera levantar en 100 años.

Chile siempre había visto con recelo la prosperidad del Perú, y el hecho de estar la gran riqueza salitrera próxima a su territorio, no obstante estar  Bolivia de por medio, lo estimuló a apoderarse de esos territorios

Sin tener en cuenta las leyes de guerra decía que el mejor cholo, era el cholo muerto. Por eso después de cada batalla, los chilenos recorrían el campo y mataban a los heridos. Eso se llamó el Repaso.

Cuando terminó la guerra, el Perú era un país, destruido física y moralmente.

Todas las familias peruanas vestían luto, por que no había una sola que no hubiera perdido un pariente cercano en la guerra. Eso también se podía ver en Piura no obstante estar lejos del escenario de las grandes luchas.

Al terminar el conflicto estaba de presidente de Perú el general Miguel Iglesias impuesto por los chilenos.

Como prefecto de Piura, se encontraba Augusto Seminario Váscones partidario de Iglesias, impuesto en ese cargo por el coronel chileno Carvallo. El anterior prefecto, su primo el coronel Fernando Seminario Echandía partidario de Cáceres, se encontraba en auto destierro en Ecuador con otros piuranos enemigos de la paz entreguista con Chile. Entre ellos estaba el valeroso general ayabaquino Manuel González La Cotera. En la sierra seguía manteniendo una guerrilla sin esperanza Eloy Castro. .En un exceso de audacia, Gonzáles La Cotera cruzó la frontera para unirse a la guerrilla de Castro. Cayó en una celada.

En Piura se inauguró un busto a Grau, el primero en el Perú, que hoy está en Sullana.

Por desgracia para el Perú, después de la guerra con Chile, se inició una lucha entre peruanos. La presencia de Iglesias en Palacio de Gobierno nos hacia recordar siempre a los chilenos. Era como un baldón.

A Cáceres no le quedó mas remedio que deponer a Iglesias. Y volvió a Piura el coronel Fernando Seminario “el gato” reasumiendo la prefectura.

Los chilenos después del Tratado de Ancón, aun quedaron en Paita y en las islas de Lobos.

El Perú arrastraba una cuantiosa deuda desde lo tiempos de Balta y a esa se unió la deuda de la guerra. No se podía hacer ninguna amortización. Cáceres mediante el llamado Contrate Grace entregó a los acreedores reunidos en una empresa llamada Peruvian Corporation, la administración de todos los ferrocarriles .En ese acuerdo no estaba el ferrocarril de Paita a Sullana por que pertenecía a Federico Blume. Mas tarde lo adquirió la Peruvian.

En 1889, Genaro Helguero, y los herederos de José Lama venden las tierras petroleras a la London.

En 1891 hizo su aparición en nuestra región, el Fenómeno de El Niño en forma muy violenta.

Un poco mas tarde Piérola volvió aparecer en el panorama político, en el departamento de Piura se desarrolló una sangrienta lucha entre el coronel Fernando Seminario Echandía partidario de Cáceres que estaba como prefecto y su primo Augusto Seminario Váscones que seguía a Piérola y era ayudado por sus sobrinos los Seminario Aramburú.

Esa sangrienta lucha, se llama la Guerra de los Seminario y no solo trajo miseria, y luto l departamento de Piura, sino a otros mas, sino que dejó profundos odios familiares.

Pero en medio de ese panorama tan duro, e Perú se iba reponiendo, mas rápido quizá de lo que hubiera deseado Chile.

Es que pueblos como el Perú, con todas sus debilidades y flaquezas, tiene fortalezas que lo hacen inmortal.

Parodiando a Vallejo: diremos: asesinarán a sus gentes, destruirán sus ciudades, demolerán sus centros industriales, desgarrarán su territorio, lo dejarán en la miseria y con mucho luto; pero no podrán matarlo.

 Reynaldo Moya Espinoza.
 

lunes, 21 de enero de 2013

Bolognesi de Querol y Ocaña


Luis Gálvez, iniciador del proyecto
El proyecto para construir un monumento a Francisco Bolognesi se escuchó con fuerza entre la juventud de Lima. La iniciativa nació de un grupo de colegiales limeños. El 30 de enero de 1898 se formó una comisión conformada por colegiales a iniciativa del joven Luis Gálvez. El 17 de junio de 1899 se cambió el nombre de la “Asamblea Escolar” por “Asamblea Patriótica Bolognesi”.
La colecta para realizar este monumento fue llevada a cabo por la Liga de Defensa Nacional. Esta asociación logró recolectar una gran cantidad de donativos.
El 3 de noviembre de 1899 el Congreso autorizó por ley la construcción del monumento encargando su ejecución a Concejo Provincial de Lima.
El 1 de marzo de 1901 el Estado cede al municipio de Lima un área de terreno para la construcción del monumento. Este sería el origen de la plaza Bolognesi, espacio que uniría las avenidas Piérola o Magdalena (hoy avenida Brasil, el paseo Colón, la avenida Alfonso Ugarte y la avenida Breña (hoy avenida Arica).
El Alcalde de Lima Dr. Federico Elguera se hizo cargo de la ejecución de la obra, donde incluyó para esta tarea a la comisión de la “Asamblea Escolar” llamada desde entonces “Asamblea Patriótica Bolognesi” que era presidida por el Dr. José Vicente Oyague i Soyer.
Agustín Querol
José Vicente Oyague i Soyer
El 22 de mayo de 1901 se convocó al concurso para diseñar el monumento. Se presentaron 153 proyectos donde participaron artistas españoles, franceses e italianos.
El 31 de marzo de 1902 fue elegido ganador, el proyecto del escultor español Agustín Querol (1860-1909) quién había realizado esculturas publicas en España, Cuba, Argentina y Filipinas.
Este monumento fue construido con un costo de 130 mil soles. Fue fundido en los talleres de Artística Marriera y Campiens de Barcelona. Querol recibió ciento cincuenta mil francos, el resto fue utilizado para levantar el monumento.
La primera piedra de este monumento fue colocada el 29 de julio de 1902 con la asistencia del Presidente de la República, los ministros de Estado, delegaciones diplomáticas y miles de ciudadanos. Para esta ocasión se acuñaron unas medallas conmemorativas que muestran el monumento que iba a ser erigido.
Medalla conmemorativa de la colocación de la primera piedra del monumento a Bolognesi.
El 20 de noviembre de 1903 se autorizó la entrega de tres mil libras para concluir los trabajos de construcción del monumento.
En 1903 la primera parte del monumento a Bolognesi llegó al Callao en el vapor Denderah de la compañía alemana Kosmos.
Construcción del pedestal de la escultura.
La construcción de la base del monumento estuvo a cargo del arquitecto Maximiliano Doig y el ingeniero Enrique E. Silgado como supervisor del proyecto.
El monumento fue inaugurado el 5 de noviembre de 1905 en medio de una multitud. Todo el Paseo Colón y sus edificios fueron adornados con banderas, luces eléctricas y guirnaldas y tuvo la asistencia del héroe argentino de Arica, el general Roque Saenz Peña.
Inauguración del monumento (1905)
El significado del monumento
El monumento representa a Francisco Bolognesi cuando es herido de muerte, aferrándose a la bandera. A un lado se acerca la victoria alada con las coronas de laurel. En la base del monumento vemos Alfonso Ugarte y su caballo luego de la caída desde el morro de Arica.
Al otro lado se observa a los defensores del morro durante la batalla de Arica.
En la base se encuentran unos frisos donde se ve a Bolognesi dar la respuesta a los chilenos y la Batalla de Arica. En la parte posterior la patria representada como mujer llora a los héroes caídos en la batalla.
En la parte frontal se encuentra la alegoría de la fama, es una dama con los ojos vendados a punto de remontar vuelo.
Agustín Querol realizó este tipo de escultura compuesta de conjuntos alegóricos alrededor de un pedestal, lo podemos ver en proyectos suyos realizados en otros países.
Su obra se caracterizó por una gran formación académica, exageradamente recargada y voluptuoso con superficies que atrapaban las luces y sombras bajo efectos ópticos.


Críticas al monumento
La escultura causó polémica desde su inauguración en 1905. Las críticas más duras fueron lanzadas por Manuel González Prada, quién vio en este monumento “un artículo de exportación ultramarina.” una escultura que desmerecía al héroe y lo caricaturizaba.
“A más de recargada y oscura en el simbolismo, la obra carece de esbeltez y gracia”
“La columna achaparrada y tosca parece un gigante a medio surgir de la tierra. Con su capitel charro, denuncia la pesadez sin la fuerza, el recargo sin la suntuosidad, algo así como la obesidad anémica, en el lujo harapiento y guiñaposo”.
“El exceso de la ornamentación no prueba fecundidad en el artista, como la verbosidad y el floreo no dicen elocuencia en el escritor”.
González Prada concluye su crítica a la obra de Querol con el siguiente párrafo.
“Bolognesi aparece cogiendo un revólver y asiéndose al asta de una bandera, como pudo figurar tocando un tambor o soplando una corneta. Históricamente, es falso el asido a la bandera; simbólicamente, raya en lo vulgar y sólo cuadraría en las imágenes de Epinal o en los compendios de instrucción cívica. El escudo patrio, con su llama, su árbol de la quina y su cuerno de la abundancia, habrían simbolizado mejor al Perú; así que debemos estar agradecidos al artista por no haber puesto, en lugar de la bandera, un broquel donde figurara un espécimen de los tres reinos -animal, vegetal y mineral. La actitud de Bolognesi no expresa la resignación viril del militar que voluntariamente ofrenda su vida, sino la mansedumbre pasiva, la conformidad ovejuna. En vez del jefe herido y próximo a caer para no levantarse más, vemos al soldado que en día de francachela empuña el revólver del coronel, atrapa la bandera del batallón y va tambaleándose hasta rodar en tierra para dormir la crápula. Le vemos cómico y trágico, pues antes de ir al suelo, puede arrojar un tiro a cierta mujer que le brinda la imprescindible corona de laurel. ¡Infeliz Bolognesi! El plomo chileno le quitó la vida, el bronce queroliano le pone en irrisión.” (Horas de lucha. 1908)
En 1905, también se lamentó que el escultor no estuviera presente en la ceremonia de inauguración. Al observar el gran monumento, el más grande para su época, los limeños deseaban conocer al gran escultor.
“¿Dónde está el Hércules que levanta pensamientos de piedra, que no cumple su promesa –oficialmente formulada de asistir a la apoteosis? ¿Dónde está el héroe de la obra que no se destaca ante la admiración nuestra, -como figura de primer termino,- junto con a la obra del héroe? ¡No ha venido Agustín Querol! (Actualidades, noviembre 1905)
Francisco Bolognesi por Agustín Querol. Foto: http://lapalomacoja.blogspot.com/2008/05/de-la-plaza-bolognesi-al-real-felipe.html

La escultura de Bolognesi que coronaba el monumento permaneció en este lugar hasta que fue cambiada en 1954 por otra escultura elaborada por el gran escultor nacional Artemio Ocaña. La escultura que motiva esta nota se encuentra actualmente en el Museo del Real Felipe del Callao.
Pero esa es otra historia, del conjunto escultórico original han quedado el resto de las figuras que han sido vandalizadas en los últimos años y maltratadas por el pintado y el robo de las partes de bronce.
FUENTES
PACHECO IBARRA, Juan José. La escultura pública en Lima. (1900-1950) En: prensa.

miércoles, 16 de enero de 2013

Argentina, Perú Vs Inglaterra, Chile en Las Malvinas

Perú estuvo listo para atacar a Chile si éste agredía a Argentina durante la guerra de las Malvinas

La participación peruana en la guerra de las Malvinas no solo se concretó a entregarle 10 Mirage V con su parque de misiles Exocet, obuses, bombas de 500 kilos y el concurso eventual de pilotos peruanos en determinadas acciones de bombardeo de unidades navales ingleses, sino que fue más extensa porque el Perú montó un dispositivo bélico para involucrarse en la guerra que contemplaba la participación de la Marina de Guerra, Ejército y FAP contra Chile, en caso éste, que públicamente apoyaba a Inglaterra, decidiera atacar a traición, por la espalda, a Argentina.
Los entretelones de este acuerdo fueron discutidos y aprobados en un encuentro realizado en Lima entre el presidente Belaunde con el contralmirante Roberto Nolla y el general Héctor Iglesias, representantes de las Fuerzas Armadas Argentinas y del jefe del gobierno militar argentino, Leopoldo Galtieri, y con presencia del embajador argentino en el Perú, Luis Sánchez Moreno.
La reunión se realizó el dos de mayo de 1982, el mismo día que el crucero argentino “Belgrano” fue hundido en el mar de las Malvinas, por torpedos del submarino atómico británico HMS “Conqueror”, fuera del área de exclusión de 370 kms2 impuestos por Inglaterra, en un hecho que fue condenado mundialmente, porque no se trataba de un destructor, sino de una de transporte cargada con 1,029 conscriptos, de los cuales murieron 323 y el ataque se había producido fuera del área de exclusión.
El hundimiento del “Belgrano” marcó el comienzo del enfrentamiento bélico abierto entre los dos países. A partir del dos de mayo se produciría una feroz respuesta argentina con los Mirage y Exocet que habían sido puestos en forma inmediata a su disposición. Los mortíferos “Exocet” disparados por la aviación peruana, con los colores argentinos, hundieron sucesivamente al destructor “Sheffield”, a los portacontenedores “Atlantic Conveyor” y Glamorgan” y dañaron gravemente al portaaviones “Hermes” y destructores “Glasgow” y “Exeter”, y con otro tipo de misiles mandaron a pique al destructor “Coventry”, fragatas “Antelope” y “Ardent” y los buques de desembarco “Sir Galahad” y “Sir Tristam”.

ACUERDO SECRETO

Paralelamente al viaje de los Mirage peruanos a Argentina, lo que ocurrió a fines de abril de 1982, a solo semanas de haberse registrado la ocupación argentina de las Malvinas y el país rioplatense soportaba una descomunal presión bélica inglesa, Perú procedió a ejecutar el acuerdo secreto para vigilar y actuar contra las fuerzas armadas chilenas, país entonces gobernado por el general Augusto Pinochet.
El presidente Fernando Belaunde Terry ordenó a la Marina movilizarse a la frontera con Chile y alistarse, en coordinación con el Ejército y la FAP, a atacar los enclaves militar chilenos en caso este país resolviera agredir militarmente a Argentina. La Marina cumplió con mover su flota al sur y emplazarse en alta mar en línea recta a Arica y Antofagasta.
¿De qué manera se movilizaron las otras armas peruanas en este dispositivo bélico? Es algo que no se conoce aún porque se mantiene en secreto.
El temor de una agresión chilena estaba determinado por la reclamación de este país de una porción de la Patagonia argentina que la reclamaba como suya. Ante la posibilidad de que se produzca, el gobierno militar de Leopoldo Galtieri, resolvió destacar gran parte de su ejército profesional a las líneas de frontera y mandar a las Malvinas un regimiento compuesto mayoritariamente por conscriptos, que no tenían formación militar de combate. A pesar de su inexperiencia, pelearon como los mejores y sucumbieron ante el mayor poder bélico inglés.

HISTORIA JAMÁS CONTADA DE LA GUERRA DE LAS MALVINAS (V PARTE)
TRIANGULACIÓN

El apoyo peruano a favor de la justa causa argentina llegó a niveles nunca antes registrados en el mundo, porque conforme lo han divulgado historiadores argentinos, uno de ellos Hernán Dobry, en su libro “Los rabinos de las Malvinas”, Perú firmó órdenes en blanco de compra de armamento para que Argentina adquiera en Israel las armas en las cantidades que necesitase. Este país, en una inteligente transacción aprobada por el primer ministro Menajem Begin e igualmente en clara adhesión a Argentina, satisfizo los pedidos entregando armamento en barcos pintados con los colores peruanos, para enviarlos al teatro de operaciones, previa escala en Perú.
Dobry revela que hubo otra operación de triangulación de compra de armas en Israel para Argentina, consistente en 23 aviones Mirage 3-C, fabricados en la década del ‘70 y que habían peleado en la “Guerra de los Seis Días”. Las naves fueron pintadas con insignias peruanas para que no se piense que iban para Argentina y los barcos argentinos que los recogieron también fueron pintados con banderas peruanas. Las naves no llegaron a usarse por falta de equipos.
“Se les dio lo que se podía. Pidieron aviones Mirage, Sukhoi, submarinos, buques, misiles, entre otras armas, y no se les envió los Sukhoi, pues el Perú era el único que los tenía en la región, e iba a quedar en evidencia que estaba ayudando a Argentina”, ha narrado en una entrevista periodística a un medio local el congresista Víctor Andrés García Belaunde, quien en 1982 se desempeñaba como secretario general del despacho del presidente Belaunde.
EN BUSCA DE EXOCET

La primera ministro británica, Margaret Thatcher, al borde de un ataque de nervios, ante la devastación que causaban a su Armada los Mirage V y Exocet peruanos, que en ese momento no se conocían sus verdaderas procedencias, presionó al primer ministro de Francia, Francois Mitterand, cuyo país era el fabricante de estas mortíferas armas, para que le entregue las claves de los Exocet, con el fin de inutilizarlos electrónicamente, bajo la amenaza de lanzar una bomba atómica sobre la ciudad argentina de Córdoba.
Mitterand no cedió porque en ese momento a Argentina solo le quedaba un Exocet y los que posteriormente usó eran peruanos y no argentinos y esto no lo sabía Francia.
La devastadora respuesta argentina al hundir siete naves británicas y dañar gravemente a otro tanto, incluido el portaaviones “Hermes”, agotó su parque de “Exocet” y otros misiles, por lo cual movilizó a su diplomacia y contrainteligencia para conseguirlos preferentemente en Francia, país que le había congelado la entrega de un lote de nueve “Exocet” en el marco de un contrato de venta de 14, de los cuales solo llegó a entregarle cuatro antes de la guerra.
La única alternativa que quedaba era obtener un lote de “Exocet” que Francia tenía pendiente de entregar al Perú y que éste al recibirlos, en una encubierta negociación de triangulación, debía enviarlos a Argentina. Pero la operación fracasó por la infidencia de un agregado militar argentino en Francia que tuvo la absurda y estúpida ocurrencia de preguntar a uno de los fabricantes franceses: “¿Cómo va lo de los Exocet para el Perú?” Los fabricantes congelaron el suministro de estos misiles al Perú.

Por la razones expuestas no es aventurado sostener que Argentina estuvo a punto de hacerse de la victoria, que le fue negada por la falta de parque aéreo y misilístico.

http://luizcore.wordpress.com/2012/04/07/peru-estuvo-listo-para-atacar-a-chile-si-este-agredia-a-argentina-durante-la-guerra-de-las-malvinas/

Palma y los soldados indios


Ricardo Palma y los soldados indios



            Don Ricardo Palma fue un acérrimo pierolista.  Cuando el caudillo dictador tuvo que huir de Lima y retirarse a la sierra, el célebre tradicionalista le escribió en forma continua, dándole informe de cómo se desarrollaban los acontecimientos políticos en la capital y emitiendo su opinión con relación a muchos  asuntos.

            Estas cartas han sido editadas en una interesante obra denominada “Cartas a Piérola”.   La primera enviada cuando el fugitivo se encontraba en Jauja, tiene fecha 8 de febrero y en ella busca de encontrar los motivos de las derrotas de San Juan y Miraflores, en la forma que sigue:

            “En mi concepto, la causa principal del gran desastre del 13, está en que la mayoría en el Perú la forma una raza  abyecta y degradada, que Ud. quiso dignificar y ennoblecer.  El indio no tiene el sentido de la Patria; es enemigo nato del blanco y del hombre de la costa; y señor por señor, tanto le da ser chileno como turco.  Así me explico que batallones enteros hubieran arrojado sus armas en San Juan sin quemar una cápsula.  Educar al indio, inspirarle patriotismo, será obra no de las instituciones sino de los tiempos”.

            “Por otra parte, los antecedentes históricos nos dicen con sobrada elocuencia  que el indio es orgánicamente cobarde.  Bastaron 172 aventureros españoles para capturar a Atahualpa que iba  escoltado  por cincuenta mil hombres y realizar la conquista de un imperio, cuyos habitantes se contaban por millones.  Aunque nos duela declararlo hay que convenir en que la raza araucana fue más viril, pues resistió con tenacidad a la conquista”.

            Estas duras palabras del escritor tienen gran similitud con las vertidas por el oficial del Estado Mayor de Chile, capitán  Augusto Orrego Cortés que el  10 de julio de 1880 publicaba en “El Eco” de Tacna un artículo, defendiendo el comportamiento del comandante More (de la “Independencia”), del teniente coronel Ladislao Espinar y del ingeniero Elmore el capturado antes de la batalla de Arica.

            Dice Orrego: “Enseguida le toca el turno a Montero.   La derrota de Tacna necesitaba una víctima y los peruanos la eligen en este jefe valeroso, que todo podrá ser menos  cobarde.  No se quiere comprender aquí, que el secreto de nuestros triunfos está en la superioridad física y moral de nuestros soldados, sobre el tímido indio abyecto, y por más que los oficiales peruanos se batan en primera  línea, no podrán compensar jamás la ventaja a que me refiero.  Mientras tanto queda sentado que somos los enemigos los que nos tomamos la tarea de hacer justicia a nuestros propios adversarios, lo que confieso me será siempre grato, cuando se trate de defender, junto con la verdad, el honor de caballeros y de hombres buenos”.

            Piérola se había declarado protector de la raza indígena por Decreto del 22 de mayo de 1880, y tal título lo había hecho imprimir en todos los documentos que expedía en forma oficial.

            Bien pronto las expresiones de Ricardo Palma iban a quedar desmentidas, cuando el general Cáceres iniciara con soldados indios la  gloriosa Campaña de la Breña.



domingo, 30 de diciembre de 2012

La fotografía en la Guerra del Pacífico


La fotografía en la Guerra del Pacífico




Entrevista a Renzo Babilonia por José Bustamante Flores.

El tema de la guerra con Chile ha sido abordado desde diferentes puntos de vista, faltaba verlo desde el punto de vista fotográfico, tema que aborda el recientemente publicado "La Guerra de nuestra Memoria", investigación de Renzo Babilonia profesor del curso de Historia de la Fotografía en el Instituto Peruano de Arte y Diseño IPAD. Luego de la presentación del libro en la feria del libro de Trujillo conversamos con Renzo, fotógrafo y periodista que también enseña Taller de Fotografía General y Fotografía Digital en la UPC y la UNIFE
Nota.- Esta entrevista ha sido tomada, con autorización del autor, de la página del Instituto de Arte y Diseño, IPAD, en Agosto del 2009.

¿Cuánto tiempo te llevó la investigación del material a publicar?


RB: Empecé el año 2003 como parte de la investigación para mi tesis. Un tiempo en que he viajado y conocido a muchas personas y distintos lugares.

¿Viajaste a Bolivia y a Chile para investigar los archivos a fin de ampliar el material fotográfico a publicar?


RB: He viajado e investigado en Chile y en Argentina. En ambos países fui invitado a conferencias sobre fotografía y expuse mi investigación. 
A Bolivia no he viajado pero he conseguido fuentes de Inglaterra, EEUU y Bolivia que me ayudaron a buscar información sobre las imágenes en sus respectivos países.

¿Existe alguna publicación en Chile u otro país que enfoque el material, fotográfico en la Guerra del Pacífico?


RB: En Chile se han publicado libros con imágenes de la Guerra del Pacífico pero siempre desde el punto de vista militar o temas específicos como uniformes del tiempo de la guerra. Pero específicamente fotos, no. Las fotografías han sido siempre un acompañamiento del tema a tratar. 

En Perú, Guillermo Thorndike publicó en 1979 "Autorretratos" en el que aparecen fotografías de la guerra. Pero, son apenas una sección ya que el libro trata sobre la fotografía del Perú en el siglo XIX. Se publican fotografías chilenas de la Guerra del Pacífico pero las leyendas tienen inexactitudes. También la editorial Milla Batres publicó fotos y grabados en sus libros de la Guerra del Pacífico pero, de la misma manera, hay poco cuidado con la información que acompaña a las imágenes. 
El libro que presentamos en la Feria del Libro de Trujillo el 28 de enero pasado. Es el primer trabajo que aborda el tema de la Guerra del Pacífico exclusivamente desde el punto de vista de los fotógrafos presentes en 1879. Hay más de 120 fotografías y 100 páginas de investigación escrita sobre Courret, Castillo, Spencer, Rodrigo y de todos los fotógrafos protagonistas de la guerra de nuestra memoria. 

¿En la entrevista al diario La Primera hablas de un fotógrafo Castillo que acompaño a la campaña peruana e incluso combatió?


RB: Rafael Castillo fue un fotógrafo peruano que, al tiempo de las batallas de San Juan y Miraflores, estuvo presente en la defensa de Lima como oficial de la Reserva. No llegué a conseguir el dato puntual si peleó o no pero si hay artículos en el periódico La Opinión Nacional que resaltan su apoyo a la causa peruana, por ejemplo, fotografiar y copiar los mapas que servirían el Ejército Peruano durante la campaña del sur en 1879.
¿Se podría considerar que el ejercito chileno uso la fotografía como propaganda de su victoria? 
RB: Entre las celebraciones chilenas por la captura de Lima, el 17 de enero de 1881 hay una exposición en Santiago con las fotografías que tomó Eduardo Spencer, fotógrafo norteamericano que acompaño al Ejército Chileno en su campaña militar en Bolivia y Perú los años 1879 y 1880 así como durante la campaña de Lima en Enero de 1881. La exposición es parte de los festejos oficiales por la toma de la capital peruana. Después de la Guerra el fotógrafo fue condecorado por el gobierno de Chile y llegó a ser, por varios años, fotógrafo oficial de los presidentes chilenos. 
No existe un documento que nos afirme directamente que Spencer fue contratado por el Ejército de Chile para realizar imágenes de propaganda.
Sin embargo hay que tener en cuenta que para 1879 se conocía el trabajo de Fenton durante la guerra de Crimea y de Mathew Brady en la guerra de Secesión norteamericana.
Los fotógrafos del siglo XIX son comerciantes, la primera función de la fotografía es comercial, no actúan como hombres de prensa (la imparcialidad, la busca de la "verdad" no existe aún) y trabajan para quien los contrate y toman las fotografías que sus clientes prefieran. 
El trabajo de Spencer documentó la Guerra del Pacífico desde el punto de vista chileno: No mostrar las bajas propias y si se hacía siempre manteniendo la dignidad de los muertos o heridos propios y mostrando la derrota de los enemigos, la derrota se representa mostrando la tecnología capturada, las ciudades cautivas y los muertos o fallecidos del vencido.

¿Tuvieron las fuerzas peruanas fotógrafos a su servicio?


RB: A diferencia de 1866 en que Courret, por cuenta propia, documentó las defensas de El Callao durante la guerra con España. En 1879, no hubo un fotógrafo que registrara las diversas campañas militares. Algo muy difícil si se entiende que los campos de batalla eran alejados entre si y sobre todo porque estábamos perdiendo la guerra. Sin embargo, en aquella época los diversos estudios fotográficos y particulares tomaron fotografías de tan terrible momento. 
No existe la cantidad de imágenes que tomó Spencer para el registro chileno. Sin embargo, cada fotografía, documento peruano vale su peso en oro. Al descubrirse imágenes de Cáceres, o de los campos de batalla o tropas peruanas en Lima, Arica o Tacna.

¿La prensa peruana de ese entonces publicó fotografías de la Guerra del Pacífico?
RB: En 1879 no se pueden publicar fotografías en los periódicos. Se publican grabados realizados en muchos casos a partir de fotografías. Resulta fabuloso cuando tu encuentras un grabado y después la fotografía en que se basó. 

¿Hubo corresponsales que vinieron a cubrir el conflicto?


RB: Hay menciones de la Guerra del Pacífico en periódicos de América Latina, EEUU y Europa. Se sigue la Guerra del Pacífico con interés no hay que olvidar que la guerra tiene un motivo económico: El Salitre. 
¿En ese tiempo que cámaras fotográficas se usaban, eran placas de vidrio? 
RB: Se usaban negativos de vidrio que utilizaban el proceso de colodión húmedo y se imprimían en papel albúmina que tenía como característica el color sepia que nos recuerda, nos da la imagen, la "apariencia" de la época. 
¿Luego de la publicación del libro, estas trabajando en un nuevo proyecto?
RB: Quisiera publicar una segunda edición con más imágenes y grabados e información que en los meses de edición y publicación he encontrado. Me gustaría que el libro terminara con el regreso de Tacna al Perú. El heroísmo de los tacneños y su fidelidad al Perú, más allá que éste es un libro de fotografía y no de la Guerra del Pacífico en sí, merece ser resaltado. Hace poco un amigo me mostró imágenes de la ocupación de Tacna. Son imágenes que deben ser conocidas. Hay un pueblo que merece ser respetado y ese es el tacneño.
Por otro lado, sí. Quisiera empezar un proyecto fotográfico de las Guerras del Perú y Ecuador desde 1942 hasta 1995. En el siglo XX y en un lapso de 50 años nos enfrentamos tres veces a nuestro vecino del norte y es un tema, siempre en lo que es fotografía de guerra, que me gustaría investigar.
Pero, por sobretodo, voy a seguir tomando fotos. Finalmente, la fotografía es mi forma de vivir. Por algo estoy metido en este oficio ya casi 15 años. Es mi vida y este libro es mi aporte a mi país. 
José Bustamante Flores.


http://blog.pucp.edu.pe/item/67521/la-fotografia-en-la-guerra-del-pacifico