martes, 10 de agosto de 2021

El Quinto Evangelio, Clemente Palma y sus cuentos malèvolos

 

El Quinto Evangelio

Clemente Palma


Edita textos.info

A don Juan Valera

Era de noche. Jesús, enclavado en el madero, no había muerto aún; de

rato en rato los músculos de sus piernas se retorcían con los calambres de

un dolor intenso, y su hermoso rostro, hermoso aun en las convulsiones de

su prolongada agonía, hacía una mueca de agudo sufrimiento… ¿Por qué

su Padre no le enviaba, como un consuelo, la caricia paralizadora de la

muerte?… Le parecía que el horizonte iluminado por rojiza luz se dilataba

inmensamente. Poco a poco fue saliendo la luna e iluminó con sarcástica

magnificencia sus carnes enflaquecidas, las oquedades espasmódicas que

se formaban en su vientre y en sus flancos, sus llagas y sus heridas, su

rostro desencajado y angustioso…

—Padre mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué esta burla cruel de

la Naturaleza?

Los otros dos crucificados habían muerto hacía ya tiempo, y estaban

rígidos y helados, expresando en sus rostros la última sensación de la

vida; el uno tenía congelada en los labios una mueca horrorosa de

maldición; el otro una sonrisa de esperanza. ¿Por qué habían muerto ellos,

y él, el Hijo de Dios, no? ¿Se le reservaba una nueva expiación?

¿Quedaba aún un resto de amargura en el cáliz del sacrificio?…

En aquel momento oyó Jesús una carcajada espantosa que venía de

detrás del madero. ¡Oh! Esa risa, que parecía el aullido de una hiena

hambrienta, la había él oído durante cuarenta noches en el desierto. Ya

sabia quién era el que se burlaba de su dolorosa agonía: Satán, Satán que

infructuosamente le había tentado durante cuarenta días, estaba allí a sus

espaldas, encaramado a la cruz; sentía que su aliento corrosivo le

quemaba el hombro martirizando las desolladuras con la acción dolorosa

de un ácido. Oyó su voz burlona que le decía al oído:

—¡Pobre visionario! Has sacrificado tu vida a la realización de un ideal

estúpido e irrealizable. ¡Salvar a la Humanidad! ¿Cómo has podido creer,

infeliz joven, que la arrancarías de mis garras, si desde que surgió el

primer hombre, la Humanidad está muy a gusto entre ellas? Sabe, ¡oh,

desventurado mártir!, que yo soy la Carne, que yo soy el Deseo, que yo

soy la Ciencia, que yo soy la Pasión, que yo soy la Curiosidad, que yo soy

todas las energías y estímulo de la naturaleza viva, que yo soy todo lo que

invita al hombre a vivir… ¡Loco empeño y necia vanidad es el querer

aniquilar en el futuro lo que yo sabiamente he labrado en un pasado

eterno!…

La lengua de Jesús estaba ya paralizándose, y el frío de la muerte le

invadía como una marea… Hizo un poderoso esfuerzo para hablar:

—El que oyere mis palabras y creyere en el que me envió, tendrá vida

eterna y no vendrá a juicio y pasará de muerte a vida.

—Sí, pasará a la vida estéril y fría de la Nada… La vida es hermosa, y tu

doctrina es de muerte, Nazareno. Tu recuerdo perdurará entre los

hombres; los hombres te adorarán y ensalzarán tu doctrina; pero tú habrás

muerto, y yo, que siempre vivo, que soy la Vida misma, malograré tu divina

urdimbre deslizando en ella astutamente uno solo de mis cabellos… ¡Oh,

maestro!, no es eso lo que tú querías, por cierto; tú querías salvar a la

Humanidad y no la salvarás; porque la salvación que tú ofreces es la

muerte y la Humanidad quiere vivir, y la vida es mi aliento. La vida es

hermosa, iluso profeta… ¿Quieres vivir para velar tú mismo por la

integridad y pureza de tu Buena Nueva? Yo te daré la vida con todas sus

glorias, venturas y placeres: yo te la daré de mis manos…

El pecho de Jesús se convulsionaba en los últimos estertores de la agonía,

sus párpados se cerraban como si los pecados de todos los hombres

gravitaran sobre ellos con el peso de gigantescos bloques de piedra; quiso

responder con una enérgica negativa, no pudo; su garganta se había

helado.

—Todo ha concluido —murmuró Satán con rabia sorda—. ¡Ah, no! Aún

tienes un segundo de vida para que contemples tu obra a través de los

siglos. Mira, Nazareno, mira…

En el espasmo supremo del último instante, Jesús abrió

desmesuradamente los ojos y vio, y vio a ambos lados de su cabeza los

brazos extendidos de Satán evocando sobre el cielo gris una visión

desconsoladora. Vio en el cielo, hacia el Oriente, su propia persona orando

en el huerto de Gethsemaní; copioso sudor bañaba su rostro y su cuerpo;

de pronto, una aparición súbita y luminosa le llenó de congoja y de placer,

un ángel enviado por su Padre le ofreció un cáliz de oro lleno de acíbar

hasta los bordes: «¡Padre Mío, lo beberé hasta las heces!», y lo bebió,

sellando así el compromiso de redimir a la Humanidad. Y la viva luz que

despedía el enviado de su Padre le arrancaba del cuerpo una sombra

inmensa, una larga y obscura cauda que llegaba hasta el cielo de

Occidente, a través de muchos siglos, de muchas razas, de muchas

ciudades. Y lo primero que aparecía bajo esa enorme sombra que cubría

el tiempo y el espacio, fue la cumbre de un monte en donde él, Jesús,

moría crucificado entre dos ladrones. Y seguían después infinidad de

perfidias, de luchas, de cismas, persecuciones y controversias entre los

que creían entender su hermosa doctrina y los que no la entendían. Y vio

transportarse a Roma, la Eterna Ciudad, el núcleo de los adeptos a la

Buena Nueva. Y vio un larga serie de ciudades irredentas, la que, a pesar

de que ostentaban elevadas al cielo las agujas de mil catedrales, eran

hervidero de los vicios más infames y de las pasiones más bajas. Y en

todas partes veía pulular, no ya como símbolos, sino como seres reales,

reproducidos hasta el infinito, pero con rostros distintos, a esas dos

mujeres de Ezequiel: Oolla y Oolliba. Las veía en los conventos, en las

cortes, en las calles, en los templos. Y todas llevaban al cuello collares,

cintas o hilos que sostenían una cruz. Y vio abadías que parecían colonias

de Gomorra, y vio fiestas religiosas que parecían saturnales. Y guerras,

matanzas y asesinatos que se hacían en su nombre, en nombre de la paz,

del amor al prójimo, de la piedad, de esa piedad infinita que le llevó al

sacrificio. Y así como sus compatriotas se burlaban de él, cuando Anán le

condenó a ser azotado y cuando el Procónsul le envió a la muerte, así

también las nuevas ciudades se burlaban de su doctrina, sólo que lo

hacían en unos idiomas extraños, en los que las palabras tenían cuerpo de

plegaria y alma de ironía. En los confines últimos del horizonte vio

levantarse una ciudad llena de cúpulas, de chimeneas fumantes, de

alambres, de torres altas, como la de Babel, y de construcciones extrañas:

esa ciudad era Lutecia; de allí salía un murmullo de hervidero. Un sumo

sacerdote, que era el mismo Satán disfrazado, subió a una torre cristiana y

dirigiéndose a él dijo: «Nazareno, has sido un sublime visionario, creíste

redimirnos y no nos has redimido. S.M. el Pecado reina hoy tan

omnipotente como antes y más que antes. El pecado original, de cuya

mancha quisiste lavarnos, es nuestro más deleitoso y adorado pecado. Ya

no eres sino un nombre convencional, Nazareno…» Y un inmenso rumor

de risas de placer y de locura extinguió la voz del orador. Más allá había

otra ciudad: Londres; un sacerdote semejante al anterior repitió las mismas

palabras; y la Ciudad Eterna, Berlín, San Petersburgo, Madrid, Washington

y mil ciudades más le repitieron lo mismo en mil lenguas distintas. De

pronto, las ciudades se iluminaron como incendiadas; se oyó el estampido

de los cañonazos y el ruido ensordecedor de un jolgorio loco. Era que la

Humanidad despedía al siglo XX y saludaba la venida del siglo XXI. Jesús

no quiso o le faltaron las fuerzas para ver el futuro afrentoso de las razas.

Levantó la mirada al cielo, y en vez de ver allí proyectada la silueta de su

cuerpo orando en el momento en que bebía el cáliz del sacrificio, vio la

silueta extraña de un individuo escuálido, armado de lanza y escudo y

cabalgando en macilento cabalo… ¿Era el ángel de la Muerte que

describía después Juan en el Apocalipsis?…

Pronto lo supo. Satán, con burlona sonrisa e irónico acento, le dijo

inclinándose a su oído:

—He aquí, Maestro, que además de los Evangelios que escribirán Mateo,

Marcos, Lucas y Juan, se escribirá dentro de diez y seis siglos otro que

comenzará así: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero

acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en

artillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…»

Pero Jesús ya había muerto y no oyó la inicua burla del genio del mal; sus

hermosos ojos claros quedaron desmesuradamente abiertos, y en sus

pupilas se reflejaba duplicado aquel vasto panorama de la ironía de su

sacrificio a través del tiempo y del espacio. Bajó Satán del madero y todo

ello desapareció; pero en las azules pupilas del Salvador permaneció

estereotipado el cuadro cruel.

¿Fue piedad o impiedad? Satán volvió a encaramarse en el madero, y con

su oprobiosa mano cerró los párpados de la divina víctima.

Y luego huyó dejándose rodar sobre las peñas del Calvario en las que

rebotaba como una pelota de goma.



Cristo pisando uvas


Clemente Palma

Clemente Palma Ramírez (Lima, 3 de diciembre de 1872 - Lima, 13 de

septiembre de 1946) fue un escritor peruano modernista y crítico literario.

Fue director de la revista Variedades por 23 años (1908-1931). Fue hijo del

intelectual Ricardo Palma y medio hermano de la escritora Angélica

Palma.

Como periodista, comenzó trabajando en El Comercio en 1892 y después

dirigió varias revistas, como El Iris (1894), Prisma (1906-1908) y

Variedades (1908-1931), y el diario La Crónica (1929). A los 20 años

mientras edita la revista Iris, aprovecha para publicar sus cuentos,

mientras paralelamente saca poemas y ensayos en Perú Artístico.

Su primer libro sale a la luz en 1895: Excursión literaria, recopilación de

artículos escritos para El Comercio. Dos cuentos publicados en 1901 le

abren las puertas de la fama: La última rubia (17 de marzo) y Los ojos de

Lina (5 de mayo), que formarían parte de su antogogía Cuentos malévolos,

aparecida en Barcelona en 1904. Con Granja blanca debuta ese mismo

año en la ciencia ficción y en 1905 lo hace en la literatura vampírica con

Vampiras.

La producción de Clemente Palma, uno de los primeros en cultivar el

modernismo en el Perú, estuvo centrada en la narrativa. Aunque fue ante

todo un creador de cuentos, también incursionó en la novela: en 1913

publicó el primer capítulo de la inconclusa La nieta del oidor y

posteriormente, la de ciencia ficción XYZ. Figura clave en el desarrollo del

cuento en su patria, introdujo temas nuevos en la literatura. Clemente

Palma rompió con la tradición literaria peruana, apegada hasta entonces al

costumbrismo, del que su padre había sido un exponente excelente. Sus

historias tratan mayormente de temas fantásticos, psicológicos, de terror y

de ciencia ficción. Sentía atracción por lo morboso y muchos de sus

personajes son anormales y perversos. Denota un fuerte influjo en sus

obras de Edgar Allan Poe y, en menor medida, de los escritores rusos del

siglo XIX y del decadentismo francés.


martes, 27 de julio de 2021

Devuèlmela

sábado, 10 de julio de 2021

Gastronomìa peruana, un difusor don Victoriano ( Desde N.Y. USA )

GASTON ACURIO EN MIRAFLORES,LIMA.RESTAURANTE LA MAR



Teniendo en cuenta que estamos en el mes Patrio, al celebrarse, el dìa central, el pròximo 28 de julio, la fecha de la independencia nacional, nada màs oportuno que el contacto con lo nuestro. 

Algo de eso, lo nuestro, es la gastronomìa y la mayor satisfacciòn de un nacional, en el lugar donde se encuentre, es el contacto contìnuo, a travès de èsta. La permanente ligazòn entre un cholo peruano o, un negro, un zambo, un chino, un ponja, un gringo, un colorado, un sacalagua, un morocho, un lacio, un crespo, un pelòn o un calvo, un charapa, un serrano quechua, un aymara, un bien hablado, un mal hablado, un personaje de la calle, de Tumbes a Tacna o, de Juliaca en Puno, fronteriza con Bolivia y un peruano del oriente en Caballococha, muy cerca de Colombia y Brasil, etc. y su peruanidad, se mantiene a travès de la gastronomìa o alimentaciòn, la cual es variada, usando sus productos originales, regionales, complementàndose con aquellos que a travès de los tiempos, se han aclimatado a la endiosada sazòn peruana. 

 Asì, en este contexto, cuenta el Perù con tantos personajes que difunden la comida nacional, cada cual a su estilo, pero siempre inquietando a su interesado espectador,  àvido  en conocer y aprender la  preparaciòn y luego su degustaciòn. 
Menciono por ejemplo al señor Gastòn Acurio, gran promotor y difusor de la comida peruana en el orbe.

 Aquì, el señor Victoriano, un cocinero de trayectoria, ha trabajado en la ciudad de Lima, en restaurante de 5 tenedores, presenta, a su estilo, que se respeta, una variedad de platos nacionales. 

Por lo que se observa de los videos, reside en USA y nos llama la atenciòn, como es usual por yanquilandia, la variedad de productos o insumos peruanos, el volumen y diversidad de las carnes, los implementos de cocina de tamaños no tan usuales como en otros lugares, por decir, ahora que estoy por Japòn, donde no tienen los equipos de cocina, la dimensiòn o tamaño de un americano. Tampoco las carnes, de la manera como las presenta el mencionado Victoriano, es decir tan voluminoso, atractivo y apetitoso. 

Como repito, tiene su estilo, lo importante es el fondo y la manera muy personal de explicar, que es muy didàctico y simple de aprender.



 




domingo, 4 de julio de 2021

El poeta y escritor peruano Alberto Hidalgo

ALBERTO HIDALGO LOBATO [iconoclasta]: (* Arequipa, Perú, 23 de mayo de 1897 – Buenos Aires, 12 de noviembre de 1967), poeta y narrador peruano cuya obra, exaltadamente individualista, se cuenta entre los introductores del vanguardismo en la literatura del Perú.


Alberto Hidalgo, el gran liróforo arequipeño, es decir el gran poeta, liróforo quiere decir poeta, en su libro, que tiene un excelente título además, Muertos, heridos y contusos (1920), en la página 102, Hidalgo dice lo siguiente: <><

<Yo soy un iconoclasta, los ídolos me revientan, me gustaría mientras los demás se prosternan – es decir, mientras los demás se arrodillan-, me gustaría poder romper a pedradas la cabeza de Dios. Para mí -dice Hidalgo– no hay nada respetable, ni la religión ni la patria, ni siquiera la madre de uno. Si tengo alguna consideración por mí mismo. Es precisamente por esto, porque soy uno de los hombres que han sido más insultados y son más discutidos y negados. El día que yo sea un hombre de respeto, ese día me destapo la cabeza de un balazo.>>

El poeta y escritor peruano Alberto Hidalgo leyendo sus versos 

Resumen Archivo de Literatura Hispánica en Cinta (Biblioteca del Congreso, Washington USA) 

 Creado / Publicado 1958. 

Contenido 

De Actitud de los años: Ser de seis letras; - De Dimensión del hombre: Contrapunto; Multiplicación de muerte; - De Anivegral: Contrición; Conticinio; Letanía del todo destino; Próximo ya a mi edad; - Desde Espacio tiempo: Comedor; Docencia frutal; Digo a la tierra; Epitalamio (07:00); Solo en dos cuerdas (10:32); Brindis (12:21) - Carta al Perú (16:14) - De Biografía de yo mismo: Ubicuidad (00:05); Padre (02:00); Madre (04:24); Carta al Perú; 







https://www.loc.gov/item/93842841/

https://culturadisidente.wordpress.com/2012/10/19/alberto-hidalgo-lobato-iconoclasta-arequipa-peru-23-de-mayo-de-1897-buenos-aires-12-de-noviembre-de-1967-poeta-y-narrador-peruano-cuya-obra-exaltadamente-individualista-se-cuenta-entre/comment-page-1/ 


 Papá 

Tenía el padre un parecido grande con la bondad 
La misma frente iguales ademanes 
Idéntica manera de moverse hacia los lados 
Como distribuyéndose en las cosas 
Como soltando partes suyas para que las asieran las personas 
El padre y la bondad eran sosías 
Entiendo que el tórax era poco 
Año tras año ampliaba el domicilio en que alojaba el corazón 
Y de tal modo éste llegó a ocupar todo su cuerpo 
Allí a sus huéspedes brindaba atención de primera 
En costumbre de abrazos en que cabían miles 
Sin promiscuarse y sin hacinamiento 
Porque al espacio su conducta cual si fuera de goma lo estiraba 
No era una vela pero ardía 
Pasiones contenidas no exportadas quemábanlo 
Los libros que pensaba y no escribía eran su incendio 
Las lecturas el ver el ansia de escuchar lo combustían 
En la voz en las manos en los ojos se le pulsaban 39 grados 
Hizo llamar a médicos y su diagnóstico fue absurdo 
Por no dar en la tecla y no auscultarle el alma no advirtieron 
Que él quería ser cielo y se iba en fuego 
En lo que sale de la hoguera en fibra 
La profesión que ejerció fue el entregarse 
Proporcionaba una amistad de higuera que daba alimento y /sombra 
Y por eso después de atacarlo la muerte se dio cuenta 
De que había abatido no solamente a un hombre sino a un árbol 
Aún quedan sus raíces en la tierra

Alberto Hidalgo Lobato

La Historia de la Causa Rellena Peruana

En el mes de Julio 2021, conmemorando el Bicentenario de la Independencia Nacional del Perù.


La Historia del nombre Causa Rellena Peruana 

July 10, 2020

 Jorge Yeshayahu Gonzales-Lara 

La historia social del Perú tiene que ver muchas veces con los conflictos políticos, y algunas veces militares. 

Esto ocurrió que, durante la guerra con Chile, la cocina jugò un papel muy importante, para alimentar a sus combatientes. 

Los relatos de época se entrelazan con la tradición cultural de la gastronomía de la época. 

La papa era unos los alimentos que se consumía durante la época precolombina. (América precolombina es el nombre que se da a la etapa histórica del continente americano que comprende desde la llegada de los primeros seres humanos hasta el establecimiento del dominio político y cultural de los europeos sobre los pueblos indígenas americanos). 

Y había una variedad de papas que se habían domesticado para el consumo. Entre las variedades destacada la papa de color amarillo, que se conocía por el nombre de papa amarilla. Esta papa amarilla, era consumida por los pobladores de la región. 

En los escritos de Inca Garcilaso de la Vega, narra que había de 5 colores de papas, las hay blancas, coloradas, moradas y amarillas, pero que en sabor también son distintas. 

La Llegada de los Españoles  alterò la cocina peruana de la época como tuvo sus implicancias en la cocina europea con las plantas hasta ese entonces desconocidas, como la papa, el maíz, y otras raíces comestibles era la batata o camote, los que los antiguos peruanos llamaban “apichu”. 

En crónicas de Inca Garcilaso de la Vega, como de Guamán Poma de Ayala y estudios antropológicos nos indican que durante el Virreinato, en Perú, en  la cultura Inca; la papa era uno de los alimentos de la dieta diaria y uno de los potajes era el Kausay, que en quechua significa alimento de papa. 

Con la llegada de los españoles se produjo un intercambio y fusión de la cocina y el intercambio de productos, tal es así, la presencia del limón en la cocina peruana. 

Durante la Guerra con Chile, el hambre y los estragos que traen las guerras, los soldados peruanos, las mujeres y madres se solidarizaron con sus soldados y realizaban recolección de alimentos entre los miembros de la comuna. 

Los lugareños vivían de la tierra, eran agricultores y campesinos y aportaban con lo que crecía y sembraban en la tierra, papas amarillas, blancas, limones, ají amarillo, y legumbres. 

 El limón había llegado con las migraciones. 

Como resultado de este acopio de alimentos entre los lugareños, se creó la Causa Rellena. 

Fue cuando las mujeres que recolectaban, decidieron cocinar las papas, mezclarlas con ají amarillo, limón y de ello resulto un mazacote y con los productos restantes fueron usados para preparar el relleno, con las legumbres, maíz, zanahoria y otros productos de la recolección. 

Las mujeres para recaudar dinero iban de puerta en puerta, de caserío en caserío vendiendo este plato gritando la frase “Por la Causa.”

Causa rellena peruana (una de sus tantas presentaciones)

http://peruimmigrationdocumentationproject.blogspot.com/2020/07/la-historia-del-nombre-causa-rellena.html




1934-Ezequiel Arce, su familia y sus papas (Cuzco,Perù). Archivo fotogràfico de Martìn Chambi

sábado, 3 de julio de 2021

Gohatto (Taboo), film japonès, director Nagisa Oshima (historia año 1865)

En este ambiente estricto, donde la homosexualidad es aceptada como secreto a voces, se desarrolla la historia de Gohatto. Sozaburo Kano uno de los pocos seleccionados para formar parte de la milicia cuenta con una belleza andrógina tan seductora que pronto desencadenará rumores y envidias que amenazan con destruir la disciplina unificadora que existe en el recinto. Gohatto es la historia de Kano, el hijo de un rico comerciante descendiente de samuráis, que es elegido para unirse a la fuerza de élite que vigila Kioto en los últimos días del shogunato en 1865, después de que el comodoro Perry abriera Japón a los extranjeros, pero antes de que la Revolución Meiji acabara con el shogunato y la restauración del emperador a pleno poder. Tiene dieciocho años, por lo que es lo suficientemente mayor como para afeitarse la cabeza, pero mantiene su cabello largo y en una cola de caballo, y es hermoso. También es un excelente espadachín. Su belleza perturba la armonía del puesto de entrenamiento. Uno tras otro, sus compañeros oficiales se enamoran de él, y se rumorea que él y Tashiro, quien fue aceptado en el escuadrón el mismo día que él, son amantes. Sin estropear demasiado las cosas, la película finalmente nos dice lo contrario. El capitán a cargo del entrenamiento, Toshi (interpretado por Beat Takeshi), está convencido de que son amantes, sin embargo, observa y a veces interfiere, fascinado por el tirón que Kano ejerce sobre los otros samuráis y posiblemente también sobre él. A medida que el recuento de muertos asociado con mostrar afecto a Kano comienza a aumentar, Kano podría equipararse con una 'belle dame sans merci', excepto que su objetivo parece más oscuro. Una forma de darle sentido a su caracterización fue como víctima de abuso sexual previo (afirmó que solo había tenido relaciones sexuales con hombres, no con mujeres, y rechaza la oportunidad de acostarse con una geisha durante el curso de película). También se le presenta como una presa de quienes están por encima de él en la jerarquía social; el sentido es que sus avances no son bienvenidos pero no pueden ser rechazados de inmediato. En este sentido, a pesar de su destreza en la lucha con espadas y su obvia inteligencia, está feminizado y se vuelve impotente y sin agencia. Esto, se desvía incómodamente hacia el territorio predominante en yaoi, manga y otros medios sobre hombres en relaciones entre sí pero dirigidos a mujeres, donde una pareja, la de aspecto más femenino, es tratada como lo sería una mujer, tiende a degradar las relaciones de los mentores / aprendices contemplados por las prácticas históricas de shudo y nanshoku (similar a la pederastia griega) a algo más cercano al violador / víctima. Hay un final algo sorprendente, quizás incluso impactante, que tiene lugar dentro de un paisaje inquietante y poco realista. Gran parte de las primeras partes de la película son más realistas y reproducen conjuntos similares a los de The 47 Ronin de Mizoguchi, excepto en el color. El uso excesivo de intertítulos y algunas otras formas en las que la película cuenta la historia en lugar de mostrarla evita que resulte tan agradable como las películas de Kurosawa, pero aún así vale la pena echarle un vistazo, ya que su estética es generalmente bastante diferente a la de Kurosawa.

 

Yoshiwara, cultura de Edo, Japòn, siglo XVII

 Yoshiwara, barrio rojo y cuna de la cultura de Edo (nippon.com)

Yoshiwara, barrio rojo y cuna de la cultura de Edo

¿Qué imagen albergan nuestros lectores de Yoshiwara? Seguramente les evoque la idea de un lugar con una animada cultura amorosa que inspiró las pinturas de ukiyo-e de Torii Kiyonaga y Kitagawa Utamaro, donde la música de Edo se desarrolló junto al kabuki, una cuna de la moda, un barrio al que los proxenetas se llevaban a las hijas de las familias pobres, un hervidero de explotación sexual… Ninguna de esas imágenes es equivocada, pero todas son impresiones parciales que se centran en una sola de las facetas del barrio. Comprender bien la esencia de Yoshiwara requiere captar el lugar en su totalidad como un “sistema de sistemas” en que múltiples elementos se entretejen intricadamente.

Las oiran, ‘idols’ para los hombres y líderes de la moda femenina

Yoshiwara fue oficialmente designado como barrio rojo por el Bakufu —al igual que Shimabara, en Kioto, o Shinmachi, en Osaka— en 1618. Inicialmente se ubicó cerca de Nihonbashi, pero en 1657 se trasladó a Asakusa. Aunque el barrio original se llamaba Motoyoshiwara y el nuevo se bautizó como Shin’yoshiwara, ambos suelen designarse conjuntamente como Yoshiwara. El barrio solía acoger burdeles corrientes (girō o yūjoya), casas de té (chaya o hikitejaya) que publicitaban dichos establecimientos entre los clientes y prostíbulos de lujo (ageya) a los que la clientela acomodada llevaba a las mujeres para disfrutar de un rato de ocio. Estos últimos locales desaparecieron a mediados del periodo Edo (1751-1764).

Vistas de Shin’yoshiwara, en Edo (1860; colección privada), de Utagawa Hiroshige II. El barrio medía 266 metros de largo y 355 de ancho, se hallaba cercado por un foso y, excepto en festividades especiales, su único acceso era la gran puerta central. En la avenida con cerezos, llamada Nakanochō, estaban las casas de té que publicitaban los prostíbulos.
Vistas de Shin’yoshiwara, en Edo (1860; colección privada), de Utagawa Hiroshige II. El barrio medía 266 metros de largo y 355 de ancho, se hallaba cercado por un foso y, excepto en festividades especiales, su único acceso era la gran puerta central. En la avenida con cerezos, llamada Nakanochō, estaban las casas de té que publicitaban los prostíbulos.

La mayoría de las prostitutas eran chicas de familia pobre que trabajaban para devolver un dinero que sus proxenetas habían pagado a los padres por adelantado. Se asignaba a las jóvenes a los clientes de forma aleatoria, ignorando absurdamente su carácter. Aunque todo esto era cierto, centrarnos exclusivamente en esa realidad solo nos permitiría ver una faceta de Yoshiwara. Dado que los valores y la moral cambian con los tiempos, debemos andar con pies de plomo para no incurrir en terribles errores de juicio cuando intentamos comprender el Yoshiwara del periodo Edo desde el prisma de la actualidad.

Una de las medidas que Tokugawa Ieyasu adoptó al hacerse con el Gobierno de Edo fue la inauguración de Motoyoshiwara (actual zona de Nihonbashiningyōchō, en el distrito de Chūō), una iniciativa en la misma línea que la Asociación de Recreo y Ocio creada por el comandante supremo de las Potencias Aliadas tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial(*1). En Edo la población masculina era muchísimo más numerosa que la femenina debido a la cantidad de vasallos de daimyō destinados allí por la política del sankin kōtai (que obligaba a los señores feudales a alternar de residencia anualmente entre el territorio que dominaban y Edo) y la intensa afluencia de hombres que se trasladaban a la capital sin sus familias para trabajar.

Eran pocas las profesiones que las mujeres podían practicar en el periodo Edo, y una de las formas que tenían de ganarse la vida era ejercer de “amantes de pago” o de prostitutas (mekakebōkō o yoshiwarabōkō). Los burdeles grandes disponían de un sistema jerárquico en que las trabajadoras se clasificaban en tres categorías: las kamuro, recién llegadas, las shinzō, aprendices, y las oiran, prostitutas de alto nivel. Las trabajadoras sexuales debían retirarse del sector a los 27 años como norma, tras lo cual podían ser acogidas por familias pudientes de señores feudales o comerciantes.

Cuesta de imaginar qué sentimientos inspiraban las mujeres de compañía de Yoshiwara a los ciudadanos de Edo. Se dice que los cuadros japoneses de prostitutas son las obras del mundo que las representan de una forma más estética. Las pinturas de las oiran despertaban en los hombres el mismo entusiasmo que las idols en las revistas gráficas actuales, mientras que las mujeres se afanaban por imitar sus peinados y atuendos.

Senju, de Izumiya, Edochō-Itchōme, obra de Keisai Eisen (1821; colección privada). El complicado peinado lleno de ornamentos y el kimono glamuroso que viste la protagonista del cuadro embelesaba incluso a las mujeres. Las letras pequeñas bajo el título rezan “Shikano Kanoko”, nombre de la kamuro que acompaña a la oiran.
Senju, de Izumiya, Edochō-Itchōme, obra de Keisai Eisen (1821; colección privada). El complicado peinado lleno de ornamentos y el kimono glamuroso que viste la protagonista del cuadro embelesaba incluso a las mujeres. Las letras pequeñas bajo el título rezan “Shikano Kanoko”, nombre de la kamuro que acompaña a la oiran.

Tendencias culturales refinadas que se difundieron desde Yoshiwara

Yoshiwara fue el más emblemático de los barrios rojos japoneses, cuya principal característica es el papel crucial como cunas de la cultura del periodo Edo. La ilustración de abajo representa la influencia cultural de Yoshiwara en distintas disciplinas: kabuki, música cantada, arreglo floral, poesía kyōka, ceremonia del té, moda, pintura ukiyo-e, publicación editorial, festividades, incienso, caligrafía, sumo, etc.

Hasta la Restauración Meiji, los regentes de los grandes burdeles fueron protectores de manifestaciones culturales como la poesía haikai y kyōka, la música cantada o el teatro de marionetas noroma, así como patrocinadores de los actores de kabuki. También ofrecían formación a las prostitutas. Las oiran que atendían a samuráis de altos rangos y comerciantes ricos debían adquirir un nivel elevado en varias disciplinas culturales. Estas profesionales formaban una élite de solo el 2 % de las entre 3.000 y 5.000 prostitutas que se calcula que había en Yoshiwara.

Quisiera exponer un ejemplo de las refinadas interacciones entre las oiran y sus clientes. Sakai Hōitsu (1761-1829), hermano menor del señor del feudo de Himeji, fue un pintor que acogió a la oiran Kagawa de Ōmojiya, en Yoshiwara, y que se dedicaba en cuerpo y alma a la creación artística en la residencia y taller Ugean de Negishi (actual distrito de Taitō). Hōitsu ofrecía el mecenazgo al actor de kabuki Ichikawa Danjūrō ​​VII y, aparte de pintar, también tenía un don para componer haikai y kyōka. El gerente del restaurante Chūshuntei, cerca de Yoshiwara, recopiló en Kandan sūkoku(*2) las ingeniosas conversaciones entre Hōitsu y las prostitutas de lujo. A continuación pueden leer uno de estos intercambios con Ōyodo, oiran del burdel Tsuruya.

Un cliente que frecuentaba la compañía de Ōyodo se enteró de que Hōitsu también visitaba a la joven de vez en cuando y sintió celos de que el pintor pudiera estar manteniendo una relación estrecha con ella. El rumor llegó a oídos de Ōyodo, que escribió “Las lluvias de principios de verano que caen últimamente me traen mala reputación”. La oiran mostró el escrito a Hōitsu, que respondió “Cuando las lluvias de principios de verano enturbian el agua, no dejan ver las carpas aunque las haya”, sugiriendo que entre Ōyodo y él no existía ninguna relación estrecha y que la joven todavía no conocía los secretos del amor. La muchacha añadió “Es duro que esas lluvias me mojen el kimono”, refiriéndose a las falsas acusaciones recibidas (la expresión nureginu, ‘ropa mojada’, significaba ‘sospechas infundadas’). El pintor y la oiran se rieron de la situación brindando con sake en el restaurante de anguila Masuya.

Hōitsu también compuso las letras de las danzas (katōbushi) que se bailaban desde Sakumachō (actual Kanda-Sakumachō) y Uogashi (actual Nihonbashi) en el festival Tenka Matsuri de los santuarios Kanda Myōjin y Sannō Gongen (actual santuario Hie). La música la creó un artista, músico de kabuki y compositor de alto nivel que vivía en Yoshiwara. Este tipo de personajes fueron también los que convirtieron en refinadas nagauta las canciones de trabajo y las canciones cómicas que habían llegado a Edo con los trabajadores trasladados a la capital.

Como hemos visto arriba, Yoshiwara era un lugar de intercambio social y una cuna de la cultura de Edo.

Izuki de Kakusenrō, en Shin’yoshiwara (1869; colección privada), de la serie Ocho escenas del barrio rojo de Utagawa Kunisada II. Se trata de un raro ejemplo de retrato de una mujer de compañía en formato horizontal. La luna brilla sobre la calle Nakanochō, vista desde la gran puerta de acceso a Yoshiwara.
Izuki de Kakusenrō, en Shin’yoshiwara (1869; colección privada), de la serie Ocho escenas del barrio rojo de Utagawa Kunisada II. Se trata de un raro ejemplo de retrato de una mujer de compañía en formato horizontal. La luna brilla sobre la calle Nakanochō, vista desde la gran puerta de acceso a Yoshiwara.

La ordenanza de liberación de todas las geisha y prostitutas, una revolución cultural

La obra Kandan sūkoku habla de Wakamatsuya Tōemon, un regente de burdel que trataba con consideración a las prostitutas en la era Bunka (1804-1818) y Bunsei (1818-1830).

Cada vez que una prostituta salía a Nakanochō (calle principal de Yoshiwara), Tōemon la saludaba y hacía sonar una campanilla. El ritual se repetía incluso cuando la mujer regresaba sin haber captado a ningún cliente. Cuando el administrador de caja informaba de que las ventas habían ascendido a los 3 ryō, el establecimiento cerraba la jornada aunque quedasen trabajadoras disponibles para prestar sus servicios en el harimise (estancia con rejas donde se presentaba a las chicas). Tōemon consideraba que 3 ryō eran suficientes para mantener el negocio a flote y tomaba esta medida para no extenuar a las trabajadoras. La hora límite de cierre eran las 10 de la noche, se alcanzasen o no los mencionados 3 ryō. El vestuario se encargaba a la tienda Okadaya, al precio más bajo posible para que las chicas no tuvieran que endeudarse para costearlos.

Cuando se producían incendios y las prostitutas tenían que refugiarse en el templo Daion-ji, Uemon, el padre de Tōemon, las dejaba entrar en casa y les ofrecía té y agua.

No se aplicaba el castigo físico para someter a las prostitutas rebeldes; si no seguían las órdenes, bastaba con amenazarlas con trasladarlas a otro establecimiento para que enmendasen su conducta. Si sus padres necesitaban dinero, se les prestaba y ellas lo devolvían poco a poco. A veces parte de la deuda contraída de este modo quedaba sin saldarse, ya que el contrato de servicio de las mujeres no se alargaba más allá de lo convenido inicialmente.

Está claro que el trato a las prostitutas dependía del tamaño y la clasificación del establecimiento, y que había donde se las explotaba y se las castigaba a latigazos, pero es igualmente cierto que existían locales como Wakamatsuya, donde los regentes de dos generaciones les brindaban un trato más amable.

Kakusenrō (1863; colección privada), de Ochiai Yoshiiku. El cuadro representa a las prostitutas del establecimiento Kakusenrō con sus vistosos atuendos.
Kakusenrō (1863; colección privada), de Ochiai Yoshiiku. El cuadro representa a las prostitutas del establecimiento Kakusenrō con sus vistosos atuendos.

La puesta en vigor de la ordenanza de liberación de todas las geishas y prostitutas en 1872 supuso una revolución cultural para Yoshiwara. Ante la abolición de la prostitución pública, la prohibición del tráfico de personas, la limitación de los contratos de servicio y la condonación de las deudas, una veintena de grandes establecimientos tuvieron que cerrar sus puertas para siempre. Se cree que los proxenetas que contrataban a las prostitutas mediante un préstamo inicial iban escasos de capital. Aunque la versión oficial sostiene que Yoshiwara siguió funcionando por la libre voluntad de las prostitutas, se perdieron las severas costumbres q del periodo Edo ya que entraron muchos negocios pequeños y resultó imposible mantener el nivel cultural de antaño. Esto marcó el inicio de la explotación en Yoshiwara, tanto para los clientes como para las trabajadoras.

En el apogeo de la era Meiji, la música que versaba sobre Yoshiwara se abandonó por considerarse inadecuada para la modernización. La Ley Antiprostitución aprobada en 1957 asestó la estocada final a la cultura Edo de Yoshiwara, que fue desapareciendo paulatinamente. Por eso la versión del barrio que permanece en la actualidad es la de un lugar desconocido del que nadie nos ha contado nada, olvidado y repudiado.

El Yoshiwara del periodo Edo ha experimentado una transformación total en estos dos siglos y medio. A partir de la era Meiji, además de las políticas y las condiciones sociales, cambiaron radicalmente el modo de gestión de la prostitución, la posición y el trato de las prostitutas y la vertiente cultural del barrio. Hoy en día solo nos quedan referencias como la película Yoshiwara enjō, que refleja la imagen libertina del lugar a finales del periodo Meiji, mientras que corrientes culturales refinadas como las que disfrutó el pintor Hōitsu o prostíbulos de talante más benévolo como el Wakamatsuya han caído en el olvido. La cultura de Edo, propia de Japón, no puede comprenderse en toda su profundidad sin Yoshiwara. Urge reevaluar globalmente el barrio para poder legar su verdadera esencia a las siguientes generaciones y al resto del mundo.

(*1) ^ Gayn, Mark. Nippon nikki (Diario de Japón). Chikuma Shobō, 1951.

(*2) ^ Incluido en Kandan sūkoku, de la colección Zuihitsu Hyakkaen de Tagawaya Chūshuntei. Chūō Kōronsha, 1984.