sábado, 10 de abril de 2021

Los Tarapaqueños Peruanos Testimonios de su Historia - Cholos y rotos, el racismo, insultos y trato despectivo de los chilenos hacia el indio





HISTORICA, VoL 11, Núm L Julio de 1978

LOS "CHOLOS'' Y LOS "ROTOS": ACTITUDES
RACIALES DURANTE LA GUERRA DEL PACIFICO

Jeffrey L. Klaiber S.J.
Universidad Católica - Lima


Aunque la mayoría de historiadores latinoamericanos y extranjeros ha
reconocido la existencia de prejuicios raciales en América Latina, su tendencia
general ha sido absorber aquel tema dentro de las categorías menos odiosas de
"clase" o "status social". Así, las diferencias raciales se reducían a diferencias
sociales; sin embargo, algunos estudios recientes han puesto énfasis sobre la
importancia de los prejuicios raciales como obstáculo al cambio social en algunas
naciones latinoamericanas, sobre todo aquellas con una gran población indígena.
(Harris 1964; Morner 1967). Pero, aún en aquellas naciones popularmente
clasificadas como "blancas", tales como Chile o la Argentina, las clases populares
han sido estigmatizadas a veces como racialmente inferiores por las élites
culturales de esas naciones. Así, por ejemplo, en 1901 el escritor chileno Nicolás
Palacios se lamentó de la presencia de negros en Santiago por el daño que
podrían causar al resto de la población. (1918: 221). Y en pleno medio del siglo
XX el historiador Francisco A. Encina elaboró la teoría de que Chile debe su
grandeza histórica en gran parte al predominio de la sangre española-gótica en la
población. (1954, t. 11: 1420). Muchos otros escritores e historiadores chilenos
han expresado opiniones semejantes acerca de la importancia de la raza en la
historia chilena. (cfr. Griffen 1957; Pike 1963: 289-293).
Pero estas actitudes raciales no surgieron solamente a raíz de realidades
nacionales, sino que fueron forjadas y alentadas en gran medida durante la
Guerra del Pacífico (1879-1884); en la cual los ejércitos chilenos se enfrentaron
a ejércitos compuestos mayormente por campesinos peruanos (y bolivianos en el
comienzo), que eran de extracción netamente indígena. Este artículo pretende
hacer una pequeña contribución a la historia social andina, tomando la Guerra
del Pacífico como un marco histórico concreto para estudiar y analizar algunas
de las actitudes raciales de Chile y del Perú al final del siglo XIX y al comienzo
del siglo XX. La tesis que se quiere sugerir en estas líneas es que, aunque el
prejuicio racial existía antes de la guerra, la. Victoria de Chile sirviò para confirmar,
fortalecer y aún popularizar el mito de la superioridad racial chilena. Por otra
parte, la guerra también tuvo como consecuencia la reacción justamente inversa
en el Perú, pues sirvió para confirmar. y alentar el mito de la inferioridad del
indio peruano.

La Guerra del Pacífico fue una de las mas importantes en la historia de
América Latina, Destruyó la balanza del poder en la costa del Pacìfico en favor
de Chile, dejó al Perú seriamente debilitado, y encerró a Bolivia herméticamente
dentro del continente. La guerra llamó la atención de las demás naciones de
América y de Europa, la mayoría de las cuales se dividieron en favor o en contra
de uno de los contrincantes. El sentimiento popular en los Estados Unidos y en
Europa tendía a favorecer a Chile, por su tradición de gobierno democrático y
porque Chile fue considerado como una nación pro "anglo-sajona", Además,
había simpatía en el comienzo a favor de Chile por ser más pequeño, en
población y en tamaño, que el Pení y Bolivia combinados, Por otro lado, la
mayoría de las náciones latinoamericanas se opusieron a Chile durante la guerra
porque se creía que Chile era peligrosamente agresivo, y el predominio del color
blanco no favorecía a Chile frente a naciones con grandes poblaciones indígenas
o mestizas. (Encina 1954, t. Il; 1476).
Este antagonismo entre Chile por un lado y el Perú y Bolivia por el otro ya
se detectaba mucho antes de la guerra. Un viajero argentino que pasó por el
puerto de Arica en 1855 declaró que bastaba con decir "soy chileno", para que
la población lo considerara un "asesino" o "ladrón" (Amunátegui 1936 t. VI:
173). En ese mismo año El Mercurio de Valparaíso (y más tarde de Santiago,
también) exigió el establecimiento de relaciones diplomáticas con Bolivia
porque, "en este lugar excepcional del globo, se odia a todo extranjero y
especialmente al chileno ... " (ibid.; 177), Un autor chileno aconsejó a sus
compatriotas que no trabajasen en el nuevo ferrocarril que Henry Meiggs estaba
construyendo desde Islay hasta Arequipa porque, "para todo arequipeño un
chileno es un enemigo" (Rodríguez 1876: 183).
Esta hostilidad hacia Chile se debía en parte a hechos históricos concretos,
como por ejemplo la intervención chilena en el Perù en 1837-39 en contra de la
Confederación Pero-boliviana, y sobre todo la creciente presencia chilena en los
campos salitreros de la costa de Bolivia y del sur del Perù. Pero además de estos
hechos había algunas actitudes de los mismos chilenos que seguramente ofendían
a otros latinoamericanos, sobre todo la pretensión de ser la nación más civilizada
y progresista de América Latina, la cual les hizo merecer la calificación, con o sin
razón, de ser "los ingleses del sur". Esta fue la actitud característica de la
mayoría de los periódicos y revistas chilenos durante la guerra. Poco después de
la victoria chilena sobre Grau en Angamos el periódico radical de Valparaíso, La
Patria, declaró que esa victoria no se debía meramente a la fuerza militar
superior, sino más profundamente a "los beneficios del progreso, el dominio de
la civilización y la ley" virtudes que, por supuesto, caracterizaban a la sociedad
chilena. (26-XI-1879: 3). El Ferrocarril de Santiago atribuyó las victorias
chilenas, entre otros factores, a la solidez de sus instituciones democráticas y a la
debilidad interna del Perú y Bolivia, que eran gobernados por dictadores
( 4-V-1883: 2),
Otro tema relacionado con esto fue la supuesta capacidad superíor para el
trabajo entre los chilenos. El Mercurio avanzó el argumento de que los Estados
Unidos deben apoyar a Chile porque- era "país de honradez, de trabajo, de
progreso, de instituciones sólidas". El periódico agregó, además, que Chile sería
un lugar más propicio para recibir la nueva industria norteamericana que el Perú,
que era un pueblo "desorganizado, corrompido, incapaz de buscar en la labor y
en la honradez un remedio a sus_males". (Ahumada 1884, t. VI: 261-262). El
Ferrocarril anunció que, después de la guerra, Chile asumiría el papel de
regenerar naciones como el Perú y Bolivia, inculcándoles "amor al trabajo"
(11-I-1880: 2). Aún Sir Clemente Markham, quien simpatizó con el Perú durante
la guerra, atribuyó la prosperidad de Chile al "carácter honrado de las clases altas
y a la persistencia laboriosa y capacidad para el trabajo de la población en
general". (Markham 1882: 80).
Además de estas alegaciones acerca de instituciones democráticas y
capacidad para trabajar, la prensa chilena frecuentemente señaló la homogeneidad
racial como uno de los factores importantes para explicar las victorias
chilenas en la guerra. El Ferrocarril atacó un editorial en The Times de Londres
que había confundido Chile con el Perú. Declaró el comentador, airadamente,
que a diferencia de esas naciones (el Perú y Bolivia), con sus "indios aborígenes,
negros o mestizos de varias castas", Chile se distinguió precisamente por su
unidad de raza y por su asimilación de las mejores razas de Europa. Gracias a esta
asimilación y unidad, Chile había producido una "nacionalidad fuerte, vigorosa,
compacta, sin diferencias sensibles de raza, de hábitos o de idioma". (16-I-1880:
2). Muchos de estos artículos se refirieron a la notable emigración europea a
Chile, de naciones predominantemente blancas, tales como Suiza, Alemania,
Inglaterra y Francia (cfr. Solberg 1969).
La estima propia de Chile, alentada con sus victorias, fue igualada sólo por
su desdén hacia el enemigo. En general, la crítica chilena hacia el Perú y Bolivia
tomó la forma de una letanía de antónimos: si Chile es ordenado y democrático,
los miembros de la alianza son desordenados y tiránicos. Los chilenos son
trabajadores y frugales, mientras que los peruanos y bolivianos son perezosos y
pródigos. El soldado chileno es valiente y confiable, pero el soldado peruano es
cobarde y no confiable" etc. La prensa chilena acusaba frecuentemente al Perú de
haber desperdiciado sus ingresos y recursos durante los primeros cincuenta años
de su independencia en empresas "descabelladas", y se gozaba de comparar el
Perú con los imperios opulentos pero decadentes de Oriente. (Ahumada 1884, t.
Il: 249"250) Un periódico calificó al Perü como "un imperio turco americano",
y El Mercurio comparó al Perü con "Babilonia" y a los peruanos con "los persas
afeminados" {21-1-1881: 2; 8-XI-1880: 2).
Un blanco frecuente de la sátira chilena fue la población asiática en el
Perü_ Alrededor de 100,000 chinos habían inmigrado al Perú en los 30 años
previos a la guerra en calidad de mano de obras contratada para trabajar en los
ferrocarriles o las haciendas azucareras de la costa .. El Boletín de la Guerra del
Pacífico, publicación oficial del Ministerio de Guerra, criticó al Perú en su
política migratoria por haber recurrido a mano de obra asiática en vez de otra
"inmigración robusta, moral, civilizada" (4-VII-1879: 230-231). Un periódic:o.
con 'evidente desdén, declaró que ni Piérola ni "un hato de coolíes arreados a
latigazos" pueden detener el avance de los ejércitos chilenos (Ahumada 1884, t.
VI: 271). Los chilenos fueron tomados por sorpresa, desde luego, cuando miles
de chinos, en la creencia de que los chilenos habían venido para liberarlos de la
servidumbre; salieron de sus haciendas para acompañar los ejércitos invasores en
su marcha hacia Lima. Naturalmente, los chinos no podían haber conocido la
actitud de la prensa chilena hacia ellos.
Pero el blanco principal de la prensa chilena fue, por supuesto, la
población indígena del Perú y Bolivia. El Ferrocarril atribuyó la "falta de
energía" y la falta de un "espíritu verdaderamente nacional" en esas naciones a
la división de castas. (18-XI-1880: 2). El Independiente (Santiago) puso en duda
la capacidad d~ la alianza de ganar la guerra porque sus ejércitos consistían
principalmente de campesinos reclutados, que faltaban la enérgía necesaria para
luchar por haber sido explotados y oprimidos durante siglos. (Ahumada 1884, t.
U: 249-250); El Comercio del Callao, que había sido chilenizado durante la
ocupación, expresó su admiración, un tanto sarcástica, de que los peruanos
apoyasen las guerrillas en los Andes, porque ellas consistían sólo de "confusas
manadas de indios ignorantes y abyectos". (Ibid., t. VII; 295). La prensa no
perdió ocasión para burlarse del título de "Protector de la Raza Indígena", que
Nicolás de Piérola se había arrogado en mayo de 1880. Al enterarse del proyecto
que tenía Piérola para crear una nueva confederación Perú-boliviana, un
comentador de El Ferrocarril anunció que el presidente peruano podía ser
protector de los indios en Bolivia, también. (10-VIII-1880: 2). Cuando los
Mapuches se sublevaron en 1881, el historiador Benjamín Vicuña Mackenna
declaró que "el famoso 'protector de los indígenas' Piérola ha encontrado al fin
su aliado ... " los indios chilenos! (El Mercurio, 4-11-1881: 2).
Los sentimientos nacionales y raciales se cristalizaron sobre todo en torno a
los dos estereotipos, "cholo" y "roto". Desde el comienzo , el término ''cholo"
tenía una connotación racial porque se usaba para designar tanto a los indios
como a los mestizos nacidos de español e india o indio y negra. En el siglo XIX
se usaba despectivamente para referirse a cualquier mezcla racial entre las clases
populares. (cfr. Varallanos 1962: 21-36). En cambio, el término "roto" no tuvo
inicialmente una connotación racial; se refería a la escasa y pobre condición de la
indumentaria de los primeros pobladores españoles, por su distancia de Lima, la
capital opulenta y refinada del Virreinato (Palacios 1918: 96-98). Más tarde se
empleaba para hablar de los arrendatarios de las haciendas o los pequeños
propietarios. En el tiempo de la Guerra del Pacífico se refería sobre todo al
soldado ordinario que venía de esas clases populares, y que simbolizaba todas las
buenas cualidades chilenas (Ahumada 1884, L VI: 257). 
Un Diccionario de Chilenismos, publicado en 1875, expresó los dos estereotipos, y 
los prejuicios que había atrás, así:

"ocupa el cholo en la sociedad· peruana, más o menos la misma
posición que el roto en la chilena. Hay no obstante, entre las
cualidades de uno y otro notables diferencias. Aquel es por lo
general débil de complexión, flaco de piernas y abultado de panza;
éste robusto, musculoso y enjuto de carnes; aquél expansivo y casi
siempre palangana; éste taciturno y reservado; aquél más artista; éste
más esforzado; y aquél en fin un andaluz injerto a indio peruano;
éste un vizcaíno injerto en araucano" (Rodríguez 1876: 180),
La pasión engendrada por la guerra produjo cantos y versos que exaltaron
la superioridad del roto sobre el cholo. Un ejemplo típico es esta porción de un
poema, de composición anónima, 

"El Roto":

"Al cholo afeminado de la peruana sierra (el roto)
Desprecia por lo tímido, castiga por lo cruel:
Tan solo en pos de glorias el roto va a la guerra,
El cholo porque a palos lleváronle al cuartel.
Los hijos de Atahualpa, lacayos de Pizarro,
Al araucano indómito quisieron humillar:
Los hércules de bronce y el ídolo de barro,
Del mundo en la balanza, ¿tendrán un peso igual?"
(Ahumada 1884, t. III: 282).

Pero más que a la sociedad peruana, la sátira chilena se dirigió a la
boliviana. Según Encina, el Presidente Domingo Santa María expresó sus
frustraciones en tratar con los bolivianos en una carta en 1884 con esta
exclamación: "¡No conozco gente parecida a la boliviana! ¡Es el indio vivo,
torpe, taimado y hecho por mal! " (Encina 1949-52, t XVIII: 119). Un tema
favorito de las novelas y obras de teatro en Chile fue la actuación en la guerra del
Presidente Hilarión Daza, quien por su vanidad, crueldad e incompetencia,
personificaba todas las malas cualidades de los demás bolivianos (Pacheco
1949:60; Allende 1917). Se afrrmaba, que la derrota y el retiro temprano de la
guerra de Bolivia se debió a la torpeza y cobardía de los soldados bolivianos
(Boletín de la Guerra, 9-XII-1879: 472)

Estas actitudes raciales eran conocidas por los peruanos y otros
latinoamericanos, y servían sin duda para alentar su hostilidad contra la
agresividad chilena. Además, los críticos de Chile se. aprovecharon del tema del
racismo para subrayar la presencia de sangre india en los mismos chilenos
menospreciando  la designación, "ingleses del Pacífico", el literato peruano
Carlos Paz Soldán atribuyó "los repetidos actos del salvajismo" del enemigo a la
sangre araucana que corría en sus venas (Revista Peruana, 12-V-1879, t. 11: 56);
La Opinión Nacional de Lima describió a Chile como un "País aventurero,
codicioso; intrigante, cualidades que venían de los "instintos de su raza, que
procede del galeote y del araucano, en deplorable consorcio .. . "(Ibid., 1879, t.
III: 470). 
La prensa peruana también ridiculizó el mito del "roto": La Patria de
Lima declaró que el roto, tan glorificado en la prensa chilena, no es nada más
que un "esclavo adscrito a la gleba" de un sistema feudal. En cuanto a su
supuesta superioridad, el roto es producto de una "raza mezclada del salvaje
araucano, con la escoria europea ... " (7-X-1880: 2); La Opinión Nacional acusó
a la prensa chilena de hipocresía en alabar al roto, señalando que los mismos
chilenos deploraban la presencia de los rotos en Santiago y Valparaíso y que los
jefes militares los colocan en la vanguardia como medida para reducir su número.
(citado en El Mercurio, 29-VII-1880: 2). Esta última afirmación fue, seguramente,
un tanto exagerada.
Un observador militar francés, presente en la campaña de Lima, informó
de que existe en Chile "un sentimiento profundo de superioridad de raza" y que
probablemente Chile atacaría a otras naciones latinoamericanas después del Perú
(Ahumada 1884, t. VI: 260). 

Así fue el sentimiento y miedo en el resto de
América Latina, especialmente en la Argentina, donde se creía que después de
dominar al Perú, Chile se volvería contra ella para establecer su soberanía sobre
Patagonia (El Mercurio, 12-11-1881; 1); La República de Buenos Aires avanzó la
teoría de que los mismos rotos ejercían una presión para hacer la guerra a los
vecinos de Chile, para liberarse de la servidumbre en que vivían y para
posesionarse de nuevas tierras en las naciones conquistadas (citado en El
Mercurio, 7-111-1881: 2); La Nación (Buenos Aires) declaró que Chile no estaba
contento con sus victorias en Angamos y Arica porque el mismo pueblo chileno
había convertido la guerra en un "duelo de razas", que sólo podía terminar con
la conquista total del Perú. (citado en El Ferrocarril, 30-1-1881: 1). Otro
periódico bonaerense, El Nacional, reveló algo de sus propios prejuicios con la
profecía de que probablemente ganarían la guerra los rotos chilenos por ser de
una raza superior, a menos que el Perú cambiase la sangre de sus venas(! ) (El
Ferrocarril, 8-11-1881: 1.  Este último comentario hace pensar que existía un
sentimiento racial en algunos sectores de la población argentina semejante al de
Chile; pero, en general, la Argentina sentía poca simpatía por la causa chilena,
más por miedo de la agresividad chilena que por razones raciales,
La victoria chilena causó preocupación en Colombia, también: un
periodista en Panamá, Adriano Páez, publicó un folleto en 1881 pidiendo al
gobierno colombiano que protestara por la ocupación del Perú por Chile. El
autor profetizó que Chile estaba destinado fatalmente a invadir Ecuador y
Colombia después del Perú, dominando así toda la costa pacífica del hemisferio
del Sur, Tocando el inevitable tema racial, Páez atribuyó las muertes y la
destrucción de propiedad causadas por los chilenos a la mezcla de sangre
española y araucana en sus venas (Páez 1881).

El anuncio del tratado de Ancón y el retiro de las tropas chilenas del Perú
mitigaron considerablemente estos presentimientos acerca de una posible
agresión chilena contra el resto de América Latina. Pero la guerra y la ocupación
ya habían dejado una huella profunda en el Perú, no solamente en la conciencia
popular, sino también en su historiografía y en su literatura. Sobre todo la guerra
creó un clima de pesimismo acerca del valor y la capacidad del indio.

Desgraciadamente, muy pocos estudiaron con serenidad, y mucho menos con
espíritu científico y crítico, las causas de la derrota. A manera de excepción, dos
oficiales argentinos que lucharon al lado peruano en Lima expresaron esta
opinión acerca del ejército peruano:

"Era únicamente una agrupación de hombre sin disciplina, que carecían
por completo de moral, valor e instrucción; debido todo esto a
la incompetencia en el arte del Jefe del Estado, de los hombres que
lo rodeaban y la relajación, tanto social como política que reinaba en
este país" (Ahumada 1884, t. VI: 197).

Este juicio se acercó al tipo de crítica sociológica, libre de racismo, que
sería característica en González Prada y la escuela indigenista después de la
guerra. Otro amigo del Perú, Sir Clemente Markham, echó la culpa de la falta de
moral entre las tropas peruanas al odio que los campesinos sentían hacia el
sistema de reclutamiento forzado, mediante el cual los caudillos solían llenar las
filas  de sus ejércitos improvisados (Markham 1882: 99). 
Es interesante anotar en relación con esto que el ex-ministro de Hacienda, 
José María Quimper, acusó a Piérola de haber inventado su título de "Protector de la Raza Indígena"
precisamente para ocultar su verdadero designio de reclutar más campesinos para
poder proseguir la guerra. (Quimper 1881: 73). Finalmente, el historiador Pedro
Dávalos Lissón alabó la valentía notable del soldado campesino en la guerrilla
anti-chilena en la sierra durante la guerra, a pesar de su poca preparación para
luchar y la explotación a que fue sometida (Dávalos Y Lissón, 1919, t 11: 422).
Pero otros autores peruanos vieron en la derrota. una confirmación de sus
esquemas raciales acerca del indio o negro, El profesor que inauguró el año
académico en la Universidad de Arequipa en 1881 señaló como una de las causas
de la derrota los trescientos años de mestizaje indiscriminado entre el español y
el indio en su discurso inaugural en San Marcos en 1894 cuando se refirió a "la influencia
perniciosa que las razas inferiores han ejercitado en el Perú ... " (Prado y
Ugarteche 1941: 196), El diplomático Francisco García Calderón miró con
envidia las repúblicas de Chile, Uruguay y Argentina, libres de "razas agotadas",
como las que vivían en el Perú y Bolivia (García Calderón 1912: 257). El
extremo del pesimismo fue expresado en los años '20 de este siglo por el
catedrático Alejandro. Déustua cuando descartó la posibilidad de educar al
campesino, porque "El indio no es, ni puede ser sino una máquina" (Déustua
1937: 68).
En contraste a este pesimismo en el Perú, la élite cultural en Chile expresó
optimismo acerca de las capacidades de las clases populares. En 1882 el
bibliògrafo Josè Toribio Medina afirmó que las mismas cualidades de tenacidad
que sostuvieron a los araucanos en su resistencia contra los europeos, habían
vuelto a reaparecer en el roto de su época. (Medina 1952: 318). Pero el
exponente mayor de este tipo de exaltación racial fue el historiador Francisco A.
Encina, quien sostuvo que la victoria chilena se debió en gran parte a la mezcla
de sangre gótica-española y araucana en los soldados chilenos (Encina 1954 t. 11:
1420). Según Encina; este mestizaje produjo en Chile una raza con "mayor vigor
físico que todos los demás mestizos hispanoamericanos .. !' (ibid., t. III; 48). En
cambio, Encina no vio ninguna contribución positiva de la raza negra al mestizaje
chileno (ibid., t. III; 56). Un militar chileno, impresionado por la resistencia y el
vigor de los rotos en la campaña contra el Perú, afirmó que la sangre araucana
que corre en las venas de los chilenos ha hecho de ellos "una raza militar" (Tellez
1944: 219).
Pero otros historiadores chilenos atribuyeron la victoria chilena precisamente
a la ausencia de sangre indígena en la población. En su historia política de
Chile, Ricardo Donoso sostuvo que Chile ganó la guerra gracias a su uniformidad
racial, porque. en ese entonces había poca influencia de 'las razas aborígenes
(Donoso 1942: 76). Según otro historiador, Jaime Eyzaguirre, los araucanos
habían sido o totalmente absorbidos en las olas de inmigraciones desde España o
simplemente marginados de la sociedad; así, el factor indígena ha sido mínimo
en la formación de la nacionalidad chilena. (Eyzaguirre 1961: 21, 1 05).
Las actitudes raciales estudiadas aquì no se restringieron solamente a
América Latina, sino que reflejaron toda una corriente positivista muy de moda
en esa época, asociada con hombres como Arthur de Gobineau y Gustave Le
Bon, quienes pretendieron clasificar las razas del mundo según grados de
superioridad o inferioridad, El marco más amplio para este tipo de estigmatización
racial fue todo el proceso del imperialismo occidental desde el siglo XVI, el
creciente nacionalismo con su exaltación de valores nacionales, y una profunda
pérdida del sentido de la igualdad universal de todos los hombres, influida en
parte por la Reforma Protestante y el Calvinismo en particular. La Guerra del
Pacífico no "comprobó" la inferioridad o superioridad racial de nadie. Pero, sí,
sirvió como nueva materia histórica para confirmar las actitudes racistas de los
que ya estaban convencidos de antemano de la verdad de esas teorías, Lo que
llama la atención es la facilidad con que las élites culturales tanto del Perú como
de Chile aplicaran estas teorías a sus propias clases populares, o las de otra
nación latinoamericana, revelando así la profunda distancia sicológica y social
que había entre los dos grupos. De ésto se puede concluir con más confianza en
que la tarea de forjar un auténtico espíritu de unión nacional en esas naciones
tiene que representar no solamente una lucha contra el clasismo, sino también
contra el racismo.



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viernes, 9 de abril de 2021

El Comercio, comunidad de intereses entre el diario y el gobierno de turno, Manuel Gonzàles Prada (Año 1902)

Glicerio Tassara y el cobarde ataque a La Idea Libre. 

La historia  que El Comercio trató de borrar de la memoria popular


Renzo Forero*

Universidad del Estado de la Florida

* Realizó estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad del Estado de la Florida. Director del documental Andes Libertarios: El anarquismo en el Perú (2014).


No somos redactores de La Idea Libre, ni venimos a defender causa propia; solo queremos protestar de hechos brutales, y manifestar nuestra simpatía hacia un combatiente valeroso y noble. Habíamos tenido gobiernos que destruyeron o cerraron imprentas; habíamos visto a «seides» y potentados que apalearon a escritores, pero nunca habíamos presenciado el espectáculo novísimo que nos ha ofrecido El Comercio, un diario que se
arma en guerra y va, no solo a destrozar prensas y deteriorar un edificio,
sino a garrotear, infamar y tal vez a suprimir un semanario radical.:
MANUEL GONZÁLEZ PRADA. «Una lección», Propaganda y ataque
Érase una vez, en la capital gris de un país despojado de riquezas
por siglos de espolio extranjero, que un grupo de hombres y mujeres,
ajenos a intereses económicos y personales, lanzaron un movimiento
sociocultural ligado al anarquismo y el libre pensamiento,
cuyas ideas fueron expuestas en periódicos independientes, realizados
con las donaciones de sus propios lectores. La historia recuerda
al más famoso de ellos, Manuel González Prada; pero en realidad
el movimiento estaba compuesto por decenas de empleados, obreros
e intelectuales, educados o autodidactas, todos ansiando el porvenir
de una sociedad sin clases ni autoritarismo.
Uno de esos periódicos fue La Idea Libre (figura 1), fundado un
domingo 5 de agosto de 1900 por Glicerio Tassara Nureña y Alfredo
Baldassari; ambos descendientes de italianos que llegaron a Lima
desde Génova debido a la represión luego de la revolución italiana de
1870, liderada por Giuseppe Garibaldi (1807-1882) (Sánchez 1977,
228). Glicerio Tassara era un hombre particular, había dejado su
carrera de derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
y su cargo como Fiscal del Tribunal de Cuentas para dedicarse enteramente a la causa del libre pensamiento.
En 1898, Tassara toma el cargo de administrador del periódico
masónico El Libre Pensamiento (1896-1904) (figura 2), dirigido por
Christian Dam (figura 3), Gran Maestre de la Gran Logia del Perú.
Este periódico tuvo dos periodos distintos: el primero, que corresponde
a su primer año, caracterizado por el patrocinio de la masonería
limeña; y un segundo periodo, en el cual la dirección se aparta de
la masonería y vira hacia un librepensamiento acompañado de otros
elementos radicales. En este segundo periodo también destaca la
subdirección de Manuel González Prada y la participación de mujeres
librepensadoras como la escritora moqueguana Mercedes Cabello o la
educadora chiclayana Sara Bullón Lamadrid (Valdivia 2010, 168-169)¹.
Hacia 1901, un conflicto emerge entre Glicerio Tassara y Christian
Dam. El segundo acusa al primero de no realizar un balance
económico desde hace 5 años y de otros problemas ligados al manejo
de ingresos (2010, 181-182). La ruptura estaba cantada, y Glicerio,
quien simpatizaba cada vez más con el anarquismo, decide aliarse
con Alfredo Baldassari para fundar un nuevo periódico, La Idea Libre.
De su padre, Juan Tassara Figallo, Glicerio recibió una importante
cantidad de dinero con la condición de que se mantuviera alejado
de su adinerada familia. Fiel a sus principios, Tassara importó desde
Italia la mejor maquinaria tipográfica para armar su propia imprenta,
la imprenta de La Idea Libre².
Luis Alberto Sánchez recuerda a Glicerio Tassara y lo describe de
la siguiente manera:
Glicerio Tassara, casado con una dama de origen francés, De Baillet, era
un combatiente nato. Físicamente alto y robusto, erguido, generalmente
empuñaba un bastón, elemento de elegancia y de defensa: su rostro era
curioso, más parecía el de un mandarín que el de un genovés. Tenía los
ojos oblicuos tras las gafas de aro dorado: un bigotito nada italiano
orlaba su labio superior. Tengo la impresión de haberlo conocido con
una ligera barbiche que le daba un aire mefistofélico. Era pálido e impasible.
La imprenta de La Idea Libre quedaba a pocos metros de El Comercio:
éste en la calle de La Rifa, aquél en la de San Antonio. (1977, 228)
El periódico La Idea Libre, de 61 cm de largo y 42 cm de ancho, se
definía a sí mismo como «Semanario liberal-Político-Independiente».
Sus páginas estuvieron divididas en secciones: La Idea Libre (Editorial),
Actualidad, Ecos de la semana, Sección Doctrinaria, Crónica
Religiosa, Literatura, Prensa, Correspondencia, entre otras. Incluía
también espacios para la poesía y avisos publicitarios (Machuca 2006,
110). Su carácter radical y polémico le trajo más de un problema.
Jorge Basadre relata como en 1901, los redactores de La Idea Libre
fueron condenados por elogiar el asesinato del presidente estadounidense
William McKinley (1843-1901), por el anarquista de origen polaco León Czolgosz (1873-1901). El artículo en cuestión se llamó
«La ejecución de Mc Kenley» y vale la pena retranscribir algunos extractos:
[…] En la frustrada muerte de Mc Kinley hai que ver una consecuencia
lógica de sus actos políticos; eso que el vulgo suele llamar el dedo de
Dios, el castigo necesario de un delito o de una serie de crímenes.
¿Quién puede negar que la política imperialista de Mc Kinley ha
arrastrado al pueblo yanquee a una senda peligrosa de violencias i de
infamias?
[…] Dejémonos, pues, de lamentaciones ficticias i convencionalismos;
deploremos el acto en sí, moralmente considerado; pero pensemos
también en que para librarse de las fieras dañinas, llámense estas
Weyler, Cánovas o Mc Kinley, no hai más que un medio: suprimirlos.
(Machuca 2006, 112)³
Pero vayamos al grano. En 1902, Alfredo Baldassari critica la actuación
del gobierno de Eduardo López de Romaña (1899-1903) y sus
maniobras para elegir un sucesor presidencial. Luis Miró Quesada y
de la Guerra, el más vehemente entre sus hermanos, respondió insultantemente a Baldassari y éste replicó con violencia. Fue así como,
por venganza, Luis Miró Quesada y un grupo de operarios y
redactores de El Comercio invaden las oficinas de La Idea Libre
buscando a Baldassari, que por suerte estaba ausente. Se topan con
Glicerio Tassara quien tuvo que defenderse a balazos, hiriendo de
muerte al joven agresor Luis Pazos Varela (1977, 230-231). Alfredo
González Prada relataría el suceso más de treinta años después: El 3 de mayo de 1902, en lo más encendido de una polémica entre dos
periódicos de Lima, La Idea Libre y El Comercio, un grupo de redactores
y timoratos de este último diario (capitaneados por Luis Miró Quesada,
hijo del director propietario de El Comercio) asaltó las oficinas de La
Idea Libre, abaleó y apaleó a los redactores y deterioró las maquinarias.
Revólver en mano, Glicerio Tassara (director de La Idea Libre) trató de
repeler el asalto. En la refriega, Luis Pazos Varela (uno de los agresores,
mozo de veinte años) cayó herido de muerte. Ileso de las balas, pero
con feroces magulladuras de garrote y manopla, Tassara fue detenido y
sometido a juicio criminal. Después de una larga detención en la cárcel
de Guadalupe fue absuelto por los tribunales de Justicia, gracias a la
brillante defensa de su abogado Alberto Químper. A raíz del ataque, los
redactores de La Idea Libre lanzaron un boletín explicando los sangrientos sucesos. En esa hoja suelta que lleva fecha del 6 de mayo de
1902, y pie de imprenta de un taller comercial de Lima, publicó
González Prada «Una lección».⁴
En efecto, en respuesta a este dramático acontecimiento que le
costó la vida a un hombre, Manuel González Prada escribe los artículos
«Una lección» y «La ley del palo», que fueron posteriormente
compilados en el libro póstumo Propaganda y Ataque (1938). El primero
parece haber sido escrito justo luego de la bifurca, ya que describe
rápidamente los hechos y demuestra un alto contenido de
emoción e ira. La citación que encabeza este ensayo forma parte de
los primeros párrafos de aquel artículo. El resto lo transcribo a continuación, la brevedad del articulo y su importancia lo permite y amerita:
¿El motivo? una cuestión de prensa, el miedo a un ataque de pluma.
¿Qué personajes, qué semidioses, qué divinidades son estos hombres
que no admiten la discusión de sus ideas ni soportan el análisis de sus
vidas? Estamos en presencia de unos cuantos individuos que presumen de infalibles y se declaran intangibles. Insultan y no quieren ser
insultados, provocan y no sufren la contradicción, perpetran un delito
y llaman delincuente a la víctima, acometen con el garrote del palurdo
y se quejan de verse rechazados con el arma del caballero. Se les debe
preguntar si se muestran audaces y descarados porque se atienen a
sus propias fuerzas o porque se hallan seguros de la impunidad,
resguardados por los excelsos encubridores de Pazul. Sesenta años
hace que El Comercio vive defendiendo todas las malas causas, escarneciendo todos los buenos propósitos y mancillando la honra de todas
las personas honradas; pero ya no le basta el lodo y pide sangre: el
escatófilo quiere transformarse en tigre.
Felizmente, el conato de homicidio se ha convertido en escarmiento
moralizador y oportuno. Tassara nos ha dado una lección de energía:
la necesitábamos. No la olvidarán todos los que manejan la pluma. La
recordarán también los pandilleros que se figuran cosa muy fácil y
muy sencilla el estampar los puños en una cara o blandir el garrote en
unas espaldas.
Al escribir estas líneas, nos hacemos el eco de la indignación pública:
no es únicamente un hombre, es todo el pueblo de Lima quien abofetea
el ensangrentado rostro de El Comercio. (González Prada
2004[1938], «Una lección»)
El artículo «La Ley del palo» es mucho más extenso, por lo que
no podremos transcribirlo en su totalidad. Su contenido resalta por
los ataques de orden moral, a diestra y siniestra, a El Comercio. Si esto
fuera una contienda, podríamos afirmar que González Prada gana
por knockout. Citemos algunos pasajes para ilustrar nuestras
afirmaciones:
Palpamos el hecho curioso de que entre un diario y un gobierno haya
comunidad de intereses o alianza ofensiva y defensiva. El que censure
la conducta de El Comercio, se atrae las iras de Romaña; y el que no ensalce a Romaña, sufre las procacidades y embestidas de El Comercio.
¡Quién sabe si el origen de todas las polémicas y del asalto a La Idea Libre estuvo en que el semanario radical hacía una denodada oposición al
desgobernado gobierno de Romaña: el socio industrial se arrojó a la defensa del socio capitalista!
El Comercio ha llevado su locura o cinismo al punto de afirmar axiomáticamente que la pluma se corrige con el palo, que a las impetuosidades de un artículo se responde con las magulladuras de un garrote. Y no se le acuse de hacer una cosa y decir lo contrario: antes de enunciar el axioma, le había enseñado prácticamente, lesionando a Baldassari en el Callao, hiriendo a Tassara en la redacción de La Idea Libre. […] En el caso de Glicerio Tassara, por mucho que los culpables pretendanfalsear los hechos y no dejar oír el grito de horror que resuena en toda la República, el responsable de la muerte de Pazos Varela, el verdadero criminal, no es el hombre que defendió su vida con el revólver: son los garroteros y matones que asaltaron un domicilio, los que pudiendo evitar el crimen le dejaron realizarse o, desde un lugar muy seguro,
sirvieron de agentes provocadores. O ¿se pretende que Tassara debió
dejarse matar humilde y ovejunamente? Los primeros en reírse de él serían hoy sus matadores. Desde que el palo causa heridas mortales, hay
derecho de contestar al garrotazo con el tiro de revólver. Puede El Comercio dorarse con el oro de la Caja Fiscal; con toda el agua del Amazonas no se lavará la sangre derramada en los talleres de La Idea Libre.
El Comercio, a más de su alianza defensiva y ofensiva con el Gobierno,
disponía de valiosas influencias en la Magistratura. Con plena seguridad
y garantía, puede seguir asaltando imprentas y blandiendo su arma
favorita. Corre un solo peligro: algunos que tengan dignidad en el alma
y fuerza en el músculo, preferirán sufrir una prisión indefinida (pero no
deshonrosa) antes que dejarse ultrajar por una seudo aristocrática gavilla
de matones sin barbas y garroteros con levita. (González Prada
2004[1938], «La ley del palo»)
A raíz de la muerte del agresor Luis Pazos Varela y a pesar de
haber actuado en defensa propia, Glicerio Tassara fue arrestado. Su
casa fue asaltada y deteriorada, y ya podemos deducir por quienes:
los mismos que gozaban de plena libertad, incluyendo al jefe de los matones, Luis Miró Quesada (1977, 231). ¿Y ante tanto escándalo,
cuál fue la reacción de El Comercio? No hemos encontrado nada al
respecto, pero parece que trataron de pormenorizar los hechos y el
tiempo hizo el resto. En cambio, periódicos como El Bien Público,
Germinal e, incluso, el conservador La Opinión Nacional apoyaron a
Tassara y protestaron contra la agresión (1977, 231, nota 195).
Felizmente, Glicerio Tassara fue defendido judicialmente por el
brillante abogado Alberto Químper, quien logró su eventual liberación
(De Vernueil 1947, 370)⁵. Lamentablemente, no han llegado
hasta nosotros números de La Idea Libre que contienen información
adicional sobre el suceso, incluyendo una carta de Tassara desde prisión⁶.
Parece ser que Glicerio Tassara retó a duelo a algún miembro
de la familia Miró Quesada, probablemente a Luis, el cabecilla de la
agresión armada, práctica muy común entre la aristocracia y
burguesía latinoamericana hasta los años 1950⁷. Lo cierto es que, con
el paso de los años, el dramático suceso fue olvidado y solo se lo
menciona en algunos libros especializados que hemos utilizado para
narrar los hechos.
Así termina el breve relato sobre el asalto armado de la familia
Miró Quesada a las oficinas del periódico La Idea Libre, pero la
historia no queda allí, pues la descendencia de Glicerio Tassara
Nureña heredó el carácter crítico y rebelde de su antepasado. Por
ejemplo, su hijo Glicerio Tassara De Baillet (figura 4) se codeó con
personajes como Mariátegui y Vallejo, y también dirigió un
periódico, Trinchera Aliada en la década de 1940. Como su padre, se
adhirió al anarquismo, pero luego se inclinó por el mariateguismo⁸. 
En mayo de 1948, un artículo publicado en Trinchera Aliada causó
revuelo e indignación en toda la ciudad. El artículo afirmaba que un
obrero de origen chino había caído muerto en uno de los pozos de la
fábrica de la Coca-Cola en Lima, propiedad de la familia Barton. A pesar
de la gravedad del hecho, la fabricación de la bebida no se detuvo,
el cadáver se convirtió en un ingrediente más mientras flotaba en el
pozo ante la indiferencia de sus avaros dueños capitalistas. Según
Gianna Tassara, hija de Glicerio Tassara De Baillet, su padre arriesgó
su vida entrando a la fábrica para fotografiar el cadáver⁹.
Ante la indignación general, la familia Barton no tuvo mejor idea
que acudir a los brazos del dictador Manuel Odría para censurar Trinchera Aliada y detener a Glicerio Tassara De Baillet¹⁰. La familia Tassara tuvo que pasar a la clandestinidad para evadir la represión y
persecución de Alejandro Esparza Zañartu, Director del Gobierno y
hombre responsable de detenciones, torturas y asesinatos de opositores
apristas, comunistas y sindicalistas durante el Ochenio de Odría.
Glicerio Tassara De Baillet pasó muchos años en la cárcel y prácticamente salió para morir de cáncer. Sin embargo, la familia Tassara
contaba con varias propiedades en los distritos más acaudalados de la
ciudad, los que alguna vez tuvieron problemas económicos. Es por
ello que resulta injurioso y difamatorio el artículo del periodista Juan
Gargurevich, «Siempre hubo ese otro periodismo», donde afirma que
Tassara había inventado la historia del obrero chino en el pozo porque
la Coca-Cola no quiso poner publicidad en Trinchera Aliada. Citaremos
el pasaje entero para luego demostrar lo absurdo de la acusación:‐Podemos imaginar la sorpresa y horror de los ejecutivos de la empresa de los Barton en aquel mayo de 1948 cuando el mensajero les dejó una copia del periódico Trinchera Aliada. Era un auténtico pasquín que salía cuando podía, con pocas páginas y artículos irrelevantes… pero esta vez extendía un
título en primera página que gritaba «Chino se ahoga en tanque de Coca
Cola». Quizá alguno no le concedió importancia como lo había hecho antes
el jefe de publicidad al negarse a conceder un avisito al periódico. Dicen que el director, Glicerio Tassara, molestaba tanto que dieron órdenes de no dejarlo siquiera entrar a la fábrica y que entonces le dijo al guardián: «Dígale a ese Ulloa que se va a acordar de mí». Y resultó inolvidable pues ese título colgado en kioskos, voceado por algunos canillitas, reunió aquella mezcla de racismo, novelería, ignorancia, rumor mal intencionado que nos caracteriza y provocó el cese automático de la venta de la famosa soda. La empresa gastó una pequeña fortuna en demostrar que no había ni un solo chino en la fábrica, que no existían tanques donde caerse y mucho menos ahogarse, que la vigilancia de la pureza y calidad eran extremas, etc. Pero por mucho tiempo y me consta, se dejó de vender pues apenas alguien la compraba no faltaba un amigo que le decía: «Oye, cuidado, que sabe a chino…
¿Enjuició la poderosa Coca-Cola a Tassara? No. Sus abogados,
acertadamente, lo consideraron inútil porque no hubieran podido lograr
que la justicia lo castigara y simplemente porque Trinchera Aliada pertenecía a esa oscura zona que siempre ha existido en todos los
periodismos de siempre y que la sociedad consiente en la creencia de
que no hacen daño alguno y que son, sencillamente, periódicos de
chantaje, «mermelada» (en el argot del oficio). (Gargurevich 2005)
Desde el inicio, se nota el desprecio por el investigador hacia Trinchera
Aliada, lo trata de «pasquín […] con pocas páginas y artículos
irrelevantes». Luego relata los hechos describiendo a Tassara casi como
un matón capaz de dar órdenes a una poderosa multinacional, y a
ésta como una pobre compañía que tuvo que gastar una fortuna para
demostrar la supuesta verdad. ¿Nos debería dar pena el dinero gastado
por una millonaria multinacional ante las acusaciones de un pequeño
diario de bajos fondos y poco tiraje? Más adelante, argumenta que la
Justicia le hubiera dado razón a Tassara. ¿Es creíble que nuestro corrupto
sistema judicial, al servicio de quien más plata tiene, hubiera favorecido
a alguien contestatario como lo fue Glicerio Tassara de Baillet durante
una de las peores dictaduras que atravesó el país? Alguien por favor,
regálele un pañuelo a Gargurevich para que seque sus lágrimas por las
pérdidas financieras que sufrió la Coca-Cola.
Podríamos continuar infinitamente con una serie de preguntas que
demuestran lo absurdo de la acusación. Tassara no tenía nada que ganar
con exponer tal hecho, ni tenía problemas económico para exigir que
una multinacional le pague por publicidad. El hecho de que haya sufrido
represión y de que su periódico haya sido censurado es prueba de que el
Estado y la Coca-cola se aliaron para tapar la verdad. Queda
compañeras y compañeros, mucho por investigar. Terminaremos este
ensayo con una frase que, según Gianna Tassara, reduce el pensamiento
de su familia y al cual adherimos: «Peruano, el patrón no se enriquecerá
más de tu dolor».
Notas:
1. La figura de Sara Bullón merece ser rescatada; ella fue una de las más destacadas corresponsales de El Libre Pensamiento, fundadora y directora de el Instituto Ferreñafe, y miembro de la Junta Patriótica de Ferreñafe y de la Liga de Librepensadores de Chiclayo (ibid.).
2. Entrevista con Gianna Tassara Navarrete, nieta de Glicerio Tassara Nureña. Mayo de 2015.
3. Es curioso que el artículo esté escrito según las reglas de la ortografía de Bello, reforma ortográfica latinoamericana adoptada oficialmente en Chile en 1844 y utilizada en Latinoamérica hasta que fuese reemplazada por las normas de la Real Academia Española. Sería interesante contrastar y comparar las innovaciones ortográficas de Manuel González Prada con la ortografía de Bello, pero aquello necesitaría de un trabajo aparte.
4. Relato de Alfredo González Prada publicado en Propaganda y ataque, extraído de Luis Alberto Sánchez (1977, 205)
5. Alberto ímper era, al igual que González Prada, miembro fundador del partido Unión Nacional.
6. Gianna Tasara nos ha indicado que existe información adicional sobre el juicio a Glicerio Tassara en el libro de José Santos Chocano, El libro de mi proceso. Lima: Imprenta Americana, 1927.
7. Entrevista con Gianna Tassara Navarrete. Mayo de 2015.
8. Ibid.
9. No contamos con el periódico para ver si la fotografía figura dentro del artículo. Es su asunto que merece ser investigado al igual que el asalto a La Idea Libre.
10. Entrevista con Gianna Tassara Navarrete. Mayo de 2015.


Fig 1. La Idea Libre (Machuca 2006)

Fig. 4. Glicerio Tassara de Baillet
Cortesìa Gianna Tassara

Fig. 2. El Libre Pensamiento
(Machuca 2006)

Fig. 3. Christian Dam