jueves, 23 de abril de 2020

Hilda Gadea Acosta y Ernesto Guevara de la Serna







Guevara con su primera mujer, Hilda Gadea Acosta


Escena cuarta: la influencia peruana

Guevara y Marx: «remake» crítico de una antigua película

19 AGOSTO 2019, 

Gracias a un evento fortuito de la historia, también la segunda influencia decisiva para la adhesión al marxismo de Ernesto Guevara fue peruana, a través de la persona de una joven economista con los inconfundibles rasgos incas, militante del bando izquierdista de la Apra (la Alianza popular revolucionaria americana fundada en 1924 en México por Víctor Raúl Haya de la Torre [1895-1979]), refugiada en Guatemala y políticamente activa en el grupo de los exiliados: Hilda Gadea Acosta (1925-1974), primera esposa del Che y madre de Hildita (1956-1995).
Su personal vicisitud como mujer que fue cortejada por un buen tiempo, luego esposa y madre, en el rol de «profesora» de marxismo para el Che, de pareja de lucha en Guatemala en 1954 y en México casi hasta la salida del Granma en 1956, se entrelazó con años fundamentales en el itinerario teórico de Ernesto: los años en que ocurrió su adhesión definitiva al marxismo, por razones primero ideológicas pero también dirigidas a tareas políticas y de lucha. Una perfecta conjunción de teoría y praxis que difícilmente puede ejemplificarse en los Manuales o en otros conocidos exponentes del «marxismo-leninismo».
Fueron «años claves» para el surgimiento de esta figura que se ha convertido en una de las más emblemáticas del marxismo revolucionario del siglo XX, como repite con razón el título del libro que Hilda decidió escribir para contar ese asunto humano y político (Años decisivos, 1972). Gracias a esa decisión (sufrida, como personalmente puedo testificar) ella nos dejó un testimonio irreemplazable, teóricamente elaborado, sincero y confiable, también enriquecido por el mérito adicional de describir desde adentro, y por lo tanto, en términos psicológicos, de una transformación ideológica tan importante de Ernesto Guevara.
Además de la tarea de relatar el episodio guatemalteco-mexicano del Che, Hilda se encargó otra misión a cumplir, puesto que su hermano Ricardo Gadea (n. 1939, directivo del Movimiento de izquierda revolucionaria [Mir]) estaba en prisión en Perú, junto con otros notables presos políticos como Hugo Blanco Galdós (n. 1934), Héctor Béjar (n.1935), Helio Portocarrero Ríos, siempre en riesgo de sus vidas. Ya que en Italia habían unas personalidades muy conocidas en el sector de la cultura (el compositor Luigi Nono [1924-1990], el pintor Ennio Calabria [n. 1937] y otros) comprometidos en participar en una campaña de denuncia, Hilda eligió a nuestro País para establecer un Comité de solidaridad con los presos políticos peruanos, permaneciendo unos largos períodos entre 1969 y 1971. Y desde el año anterior en Cuba (donde yo fui invitado por el Gobierno, de julio a diciembre de 1968) nació entre ambos una gran comprensión y una hermosa amistad, ella me pidió que la ayudara a constituir y dirigir ese Comité. Todo eso fue facilitado por el hecho de que en Roma Hilda vivió en la casa de mi hermana Rossana (n. 1940), donde por algún tiempo yo viví también, por no tener todavía un hogar permanente. Y fue allí donde ella comenzó a escribir el libro de memorias respecto al Che y fui yo, por una casual cadena de eventos, el primero o uno entre los primeros «lectores» entre los que Hilda contó en voz lo que más tarde pudo leerse en su libro.
Todo lo que ocurrió entre Guatemala y México ya es historia conocida, relatada en las principales biografías; pero esa de finales de los 60, Hilda fue la única fuente directa y confiable acerca del tema de la formación marxista del Che, puesto que la «maestra» había sido ella: eso pudo ocurrir porque tenía más preparación que Ernesto, siendo licenciada en economía, y en especial porque tenía una formación marxista anti-ortodoxa, de origen aprista (por lo tanto más genuinamente latinoamericana) y no soviética (es decir, estalinista y dogmática).
Ya he proporcionado un informe acerca de esas conversaciones «romanas» con Hilda en mi Che Guevara. Pensiero e politica dell’utopia (de 1997) y no me parece que exista la necesidad de repetirlas aquí. Sin embargo, puede ser interesante informar acerca de los títulos o los nombres de los autores que los dos leyeron, comentaron y discutieron (a veces incluso con mucho ánimo, como escribió el Che en una carta a su familia): Tolstói, Gorki, Dostoievski, Kropotkin (Memorias de un revolucionario), Engels (Anti-DühringEl origen de la familiaDel socialismo utópico al socialismo científico, etc.), Lenin (¿Qué hacer?Imperialismo) y obviamente varias obras de Marx, además del Manifiesto y El Capital. Con relación a ese último, Hilda escribió:
... y El Capital de Marx, con el que estaba yo más familiarizada por mis estudios de economía» (p. 36).
Queriendo resumir el punto de vista de Hilda Gadea con respecto a ese episodio de intenso intercambio teórico y de una nueva y entusiasta adhesión guevariana al marxismo, tengo que decir que en las conversaciones que tuvo conmigo hizo hincapié en dos aspectos que para la época fueron cruciales y que con el tiempo, en cambio, se han dispersado entre las brumas de las divergencias teóricas ya superadas y obsoletas.
En primer lugar, Hilda mantuvo viva y transmitió a Ernesto la concepción que para la revolución en los países atrasados, dependientes o en vía de desarrollo, no se puede contar en las burguesías nacionales, ni como tales - es decir en su conjunto como concreciones históricas de ciertas clases capitalistas dependientes (las que yo ya me refería con ella, con la definición de «subimperialistas») - ni en sus sectores supuestamente progresistas. Estos sectores aparecían inevitablemente marcados por intereses clasistas que en último término siempre los llevarían a chocar con los procesos de real emancipación social, tanto en el mundo rural como con el proletariado urbano. Como mérito de Hilda y honor a Guevara, debe reconocerse que nunca falló en esta intuición política fundamental obtenible de la mejor tradición teórica del marxismo revolucionario del siglo XX.
En segundo lugar, ella intentó conquistar a Ernesto hacia la crítica radical del marxismo soviético, tanto por las responsabilidades que tuvo en el pasado por el proceso degenerativo de la Revolución de Octubre, tanto por su política contemporánea de convergencia con el imperialismo en mantenimiento del status quo mundial. Es verdad, sin embargo, que Hilda albergaba ilusiones acerca del comunismo chino, y en la época del conflicto URSS-China fue un argumento de candente actualidad. Veremos que Guevara no siempre la escuchó con referencia a ese doble carácter de la realidad internacional nacida en Yalta y que pasará por balanceos en favor y en contra del marxismo soviético, a favor y en contra del llamado «maoísmo», desafortunadamente perdiendo su vida antes de llegar a la síntesis superior de ambos rechazos. Pero de eso hablaremos más adelante.
Acerca del compromiso asumido por Ernesto en su estudio del marxismo en los años de Guatemala y México (1954-56) también tenemos tres testimonios de sus propios amigos o futuros compañeros de la expedición en Cuba. Habla de eso Mario Dalmau de la Cruz, un cubano exiliado en Guatemala a raíz de su participación en el asalto al cuartel Moncada (Ernesto «había leído toda una biblioteca marxista», en Granma del 29 de octubre de 1967). Habla de eso Darío López que nos informa que fue el Che el que eligió las obras del marxismo para la biblioteca del campo de entrenamiento de los participantes en la expedición del Granma y que fue embargado por la policía mexicana (en Granma del 16 de octubre de 1967).
Y el argentino Ricardo Rojo (1923-1996), el compañero de viaje que escribió la primera y muy concurrida biografía de Guevara y que inventó la célebre frase erróneamente acreditada a él («hay que endurecerse, pero sin perder la ternura jamás»). Rojo nos informa que gracias a la amistad con Arnaldo Orfila Reynal (1897-1998), el argentino que dirigió la mayor editorial de México (el Fondo de Cultura Económica), Guevara pudo colocarse como vendedor de libros y, por lo tanto, tuvo a su disposición muchas obras que de otra manera no hubiera tenido la oportunidad de adquirir:
Los clásicos del marxismo, la colección de obras de Lenin, textos relativos a la estrategia militar de la Guerra Civil española, pasaban antes los ávidos ojos de Guevara por la noche, y a la mañana volvían al interior de la cartera de cuero con la que recorría oficinas y casas particulares.
(Mi amigo el Che, p. 87)
El director del FCE proporcionó a Guevara los tres volúmenes del Capital y él - si los leyó por completo o no, puesto el escaso tiempo disponible y las dificultades de estudio que implicaban - se encontró a los pocos meses dando lecciones de marxismo y Marx a los cubanos del Movimiento 26 de julio. A Marx le llamaba en broma «San Carlos», haciendo la mueca a los «héroes» de la Sagrada Familia.
Ernesto comunica su nuevo compromiso en una carta algo codificada enviada a su madre el 17 de junio de 1955. Y de manera similar le escribió a su querida tía Beatriz Guevara Lynch el 8 de enero de 1956:
...leo frecuentemente a San Carlos y sus discípulos, sueño con ir a estudiar la cortisona con una francesita de ésas que se las sepan todas.
El argumento de «San Carlos» aparece en muchas otras cartas del período enviadas a sus seres queridos: el 15 de abril de 1956 a su padre; entre agosto y septiembre a su madre; alrededor de octubre a Tita Infante («asiduo lector de Carlitos y Federiquitos y otros itos»); nuevamente en octubre a la madre («Ahora San Carlos es primordial, es el eje, y será por los años que el esferoide me admita en su capa más externa»).
Por lo tanto, no puede haber dudas de que si comenzó su adhesión al marxismo en las conversaciones con Hugo Pesce, sin embargo fue realmente construida con la avalancha de lecturas realizadas en Guatemala y México, parcialmente bajo la guía de Hilda Gadea, y en parte bajo la presión de los eventos y los nuevos compromisos políticos, incluida la formación militar dada por el general de la Guerra civil española Alberto Bayo y Giroud (1892-1967), la captura y la cárcel mexicana, la preparación final de la expedición del Granma.
Entre todo eso también ocurrió el «descubrimiento» de la lucha de clases, la verdadera por supuesto, armada y masiva, obrera por su composición social y reclamos: fue la revolución boliviana que comenzó en 1952 y que Guevara vivió como testigo directo en el verano de 1953. Y también esa experiencia tan formadora tendría que colocarse en la lista de los elementos que conquistaron Guevara al marxismo, sobre todo hacia una concepción característica y más auténtica, para la cual el compromiso en la práctica nunca debería separarse de la elaboración teórica. Pero acerca de la importancia de la primera experiencia boliviana del joven Ernesto sólo se puede hacer referencia a otras obras.
Igual cosa puede aplicarse a la experiencia de la fracasada revolución en Guatemala de Jacobo Árbenz (1913-1971): un evento en que Guevara vio frustrado su primer verdadero sueño revolucionario y en que activamente se involucró por primera vez en una lucha de masas. Desilusionado por el trato conciliatorio y sumiso del Partido comunista local (el Partido guatemalteco del trabajo) [Pgt]) dibujó un balance negativo de esa experiencia en su primer artículo político. También bloqueó su militancia en el partido al que estaba a punto de adherir, después de haber entendido que no era suficiente llamarse a sí mismo «marxista» para serlo de veras: desde ese momento comenzó su desconfianza hacia la forma partido como tal. En el transcurso de su intensa vida política como luchador por la causa de la revolución él no perteneció a ningún partido que fuese realmente tal. En cambio, fue miembro y miembro activo del M26-7 y su expresión armada (el Ejército Rebelde) hasta que este movimiento sobrevivió. De hecho, es sabido que Guevara salió de Cuba antes de que se formalizara la constitución del Partido comunista de Cuba [Pcc] y la designación en octubre de 1965 de su Comité central en el cual el Che nunca participó.


Roberto Massari nació en Roma en 1946, hizo la secundaria clásica en el «Mamiani» y un año en una High School de Denver, Colorado. Sus primeras investigaciones sociológicas fueron en Israel sobre los kibbutzim y luego en Cuba, donde fue invitado durante seis meses por el Gobierno en 1968. Él fue uno de los iniciadores del movimiento de 1968 en Roma, participó en otras experiencias revolucionarias en el mundo (desde Portugal hasta América Latina), mientras tanto se graduó en Filosofía en Roma, en Sociología en Trento y en Piano en el Conservatorio de Perugia. Trabajando con el Cnrs francés (Centro nacional de la investigació scientífica) durante dos años en París, se dio cuenta de la trampa mental representada por la carrera académica y se fue apartando. De este modo, pudo vivir su vida intelectual más auténticamente. Tiene diplomas en diversas especialidades (Ismeo [Istituto Italiano per il Medio e Estremo Oriente], pintura en la San Giacomo de Roma, buceador, someiller ...) y todavía cree en la (relativa) eternidad del libro de papel, tanto que trabaja como editor (315 libros en el catálogo) y es el autor de más de treinta libros. Desde 1998 es el presidente de la Fundación Internacional Che Guevara y animador del blog «Utopia Rossa/Utiopía Roja»



martes, 7 de abril de 2020

Historias de cine, Jayne Mansfield y el papa negro Anton LaVey



SOFIA LOREN Y JAYNE MANSFIELD

Anton LaVey, apodado el Papa Negro, sedujo a la actriz que perseguía el sueño de volverse el nuevo ícono del cine, provocándole una posible maldición que la siguió el resto de su vida.

¿Le entregarías tu vida a la Iglesia de Satán?


En el interior de Black House, ubicada en el 6114 de California Street, San Francisco, el Papa Negro Anton LaVey pronunciaba un discurso a su audiencia ataviado con una túnica negra y una capucha con cuernos. Alrededor suyo los muros negros eran iluminados por decenas de velas, unas siniestras notas emergían de un órgano antiguo y un pentagrama blanco adornaba la chimenea desde la cual crepitaba un fuego.

Decenas de personas atendían las palabras de LaVey, un tipo de tez pálida y totalmente calvo, líder de aquel culto que se reunía varias veces a la semana en torno a su figura.
Políticos, artistas, músicos, además de varios actores y actrices de cine consolidados eran los miembros de la recién bautizada Iglesia de Satán, que tenía su sede en Black House, residencia personal del Papa Negro.
Anton LaVey en una de las ceremonias en Black House
Una de estas actrices cuyo nombre ya estaba posicionado entre las estrellas de Hollywood era Jayne Mansfield, una rubia de cuerpo escultural, sonrisa seductora, ojos brillantes, largas pestañas y una presencia que no dejaba indiferente a nadie.
Sentada en una silla de terciopelo y vestida también de negro, veía desde la distancia al líder del culto, quien también era su amante desde hacía varios meses y con quien solía pasar varias noches en Black House. Además de su belleza electrizante que la llevó a ser comparada con Marilyn Monroe, Mansfield se caracterizaba por poseer un coeficiente intelectual de 163, hablar cinco idiomas, escribir poemas, tocar el violín y recitar de memoria a Shakespeare, su escritor favorito.

Jayne Mansfield

Pese a todas esas cualidades, Jayne supo desde muy joven que tenía todos los atributos artísticos y físicos para abrirse paso en la industria del cine: había ganado varios concursos de belleza y aparecido en revistas como modelo. Después de algunos papeles secundarios y minúsculos en cintas de escaso presupuesto, se fue abriendo paso de a poco, con base en constancia y paciencia, hasta obtener papeles estelares como en Una rubia en la cumbreBésalas por mí Una mujer de cuidado, en las que la actriz nacida enBryn Mawr, Pensilvania el 19 de abril de 1933, hacía gala de un humor algo artificioso combinado con una presencia que llenaba la pantalla por completo.
Jayne Mansfield y Mickey Hargitay
En uno de los diversos programas de televisión en los que participaba como invitada especial conoció a Mickey Hargitay, Mr. Universo 1955, de quien se enamoró perdidamente y con quien se casó contra los consejos de sus amigos y la opinión pública.
Con él concibió tres hijos: Miklos, Zoltan y Mariska, quienes nacieron fruto de un matrimonio amoroso en sus horas altas, pero lleno de escándalos y celos cuando ambos formaban parte de las interminables fiestas, cocteles y presentaciones a los que asistían juntos o separados. Mickey Hargitay era un tipo en extremo celoso quien le reclamaba a su esposa los constantes coqueteos de otros hombres que caían rendidos ante su presencia.
Jayne Mansfield con Miklos, Zoltan y Mariska
El matrimonio no duró demasiado, se separó y Mansfield se casó a los pocos meses con el productor y director Matt Cimber con quien tuvo a Tony, su último hijo. Entre estos momentos difíciles, la actriz tuvo éxitos en su carrera, como el Globo de Oro de 1957 por la película Will Success Spoil Rock Hunter? Esto seguramente la llenó de satisfacción y orgullo, pues pese a su fama y constante participación en películas, la rubia no se caracterizaba por ser una actriz brillante.

Su encuentro con la oscuridad


La actriz nacida como Vera Jane Palmer vivió los años dorados del cine de los Estados Unidos, pero también la etapa en la que las cosas se torcían de repente a través del mundo de las drogas alucinógenas, el esoterismo y modelos alternativos de vida como el new age, la ola hippie y las religiones orientales. O cultos aun más extraños como el fundado por Anton LaVey en la noche de Walpurgis de 1966.

El hombre de enigmática personalidad tenía un aire seductor pese a no ser atractivo, y hechizó a Jayne cuando se conocieron en una fiesta.

Anton LaVey y Jayne Mansfield
La manera tan educada de hablar de LaVey y la propuesta de convertirla en una diosa de su propio culto en el que tendría un papel fundamental, sin duda tuvieron mucho que ver para que la actriz se fijara en él. Además hay que tomar en cuenta que para estas alturas su carrera había caído en un bache del cual ya no volvería a salir. Marilyn Monroe ya estaba muerta y la imagen de la rubia sex symbol había dejado de estar de moda, por lo tanto, los papeles para Jayne comenzaban a escasear.

Por otro lado, la inteligencia de Mansfield en combinación con su seductora presencia, sonrisa irresistible y cabello rubio hicieron que el fundador de la Iglesia de Satán la quisiera tener a su lado. Ambos se volvieron compatibles sexualmente y era frecuente verlos en Black House compartiendo tragos, drogas y risas, todo en medio del ambiente luciferino y sobrenatural que la casa despedía las 24 horas del día.
A partir de aquí una especie de oscura leyenda se cierne sobre la vida de Jayne Mansfield, llena de contradicciones y datos curiosos que han erigido su figura a la calidad de mito: divorciada de Matt Cimber, la actriz comenzó a sostener una relación amorosa con el abogado Sam Brody. Algunas fuentes aseguran que Brody amenazó a LaVey con lastimarlo si seguía seduciendo a su novia, mientras que otras afirman que el Papa Negro, enterado del romance entre la rubia y el abogado montó en cólera. Sea cual sea la verdadera versión, el caso es que se dice que LaVey lanzó una especie de maldición contra la pareja.

Jayne Mansfield y Sam Brody


A partir de ese momento, la vida de Jayne Mansfield comenzó a tomar tintes dramáticos: durante una visita a un zoológico, Zoltan, hijo de su matrimonio con Mickey Hargitay, fue atacado por un león; en una visita a Japón, le robaron sus joyas; fue acusada de evadir impuestos en Venezuela y lo peor de todo fue el momento de su muerte: entre el trayecto de Biloxi, Mississippi, y Nueva Orleans, en medio de un espeso banco de niebla, Sam Brody y Jayne Mansfield viajaban en carretera a bordo de un auto en el que también iban los hijos que la actriz tuvo con Mickey Hargitay. Al volante iba el chofer del matrimonio. Un camión surgido de pronto, provocó que el chofer no tuviera oportunidad de maniobrar e impactara de frente, provocando su muerte y la del matrimonio. Los niños salieron ilesos apenas con algunos golpes.

El carro en el que perdió la vida Jayne Mansfield
En el sector más sensacionalista de la prensa se manejó la versión que afirmaba que Jayne Mansfield había muerto decapitada. En realidad lo que ocurrió fue que la peluca que llevaba salió despedida con el choque y varias fotografías de la escena dieron a entender que se trataba de la cabeza de la actriz. Esta historia a menudo forma parte de libros o reportajes que hablan sobre los hechos siniestros, ocultos o malditos de Hollywood.

Esa madrugada del 29 de junio de 1967, la vida de Jayne Mansfield llegó a su final. Hollywood no perdió a una de sus mejores actrices, pero sí a una mujer que supo abrirse paso en la industria mediante todos los recursos a su alcance para labrarse un nombre. Hoy es más recordada por temas extraprofesionales y su extraño vínculo con la Iglesia de Satán, pero su legado es sin duda uno de los más interesantes de cuantos hay en el séptimo arte.

Daniel A. Carrión y su abnegación por la ciencia médica



Revista Medica Herediana

versión impresa ISSN 1018-130Xversión On-line ISSN 1729-214X

Rev Med Hered v.14 n.4 Lima oct. 2003


COLEGIO MEDICO


DANIEL A. CARRION Y FAMILIARES
PRIMERO DE LA IZQUIERDA

Daniel Carrión: mito y realidad


Pamo Reyna, Oscar *
* Médico Internista, Departamento de Medicina, Hospital Loayza de Lima Profesor Principal, Profesor de Clínica Médica y de Historia de la Medicina, Facultad de Medicina Alberto Hurtado, Universidad Peruana Cayetano Heredia
Daniel A. Carrión G., a ciento dieciocho años de su muerte es, probablemente por siempre, el personaje más importante de la Medicina Peruana y con alcance universal. Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre su vida y la importancia de su legado.
Podemos distinguir dos corrientes entre los que han investigado y escrito sobre Carrión. La gran mayoría de los historiadores de la medicina nacional ha ensalzado a Carrión empleando adjetivos superlativos como mártir, héroe, protocientífico, positivista, entre otros. Uno de los más importantes representantes lo fue el doctor Carlos Lanfranco La Hoz y ahora lo es el doctor Gustavo Delgado Matallana que recientemente publicó una enjundiosa recopilación sobre Carrión.
En 1972, el doctor Uriel García Cáceres dio a conocer en su tesis doctoral una interpretación crítica sobre la vida y obra de Carrión considerándolo dentro del ambiente social, político, histórico y científico de su época. Su conclusión fue que Carrión obró, a la manera de un exabrupto en el mundo médico científico local, llevado por un impulso propio del mestizo, cholo o neoindio emergente frente a una sociedad de blancos subyugada culturalmente por la moda europea.
Identificarse con la corriente crítica no necesariamente significa aceptar todo lo vertido por el doctor García pero debe reconocérsele el gran mérito de haber iniciado una forma lúcida de estudiar la medicina nacional.
Pero, los autores siguen escribiendo con el corazón antes que con la razón. La corriente crítica sigue siendo excedida por los clásicos defensores de la experiencia de Carrión cual si fuera una épica de la medicina nacional.
La Enfermedad de Carrión o bartonelosis humana es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Bartonella bacilliformis, que es transmitida por artrópodos, especialmente el mosquito Lutzomya verrucarum ("titira") y que tiene como reservorios naturales a los humanos infectados. Las condiciones del habitat del mosquito, o de los artrópodos, suelen darse en determinadas áreas geográficas del país, en los valles cisandinos y transandinos, que por lo general suelen estar alrededor de los 500m y 3000 m sobre el nivel del mar.
Ocurrida la picadura del mosquito hembra e inoculadas las bacterias, estas se ubican en nichos de donde saldrán a parasitar a los hematíes. El período de incubación que dura aproximadamente dos semanas termina con la llamada fase febril anemizante o fase hemática que suele acompañarse de malestar general, fiebre, algias y el desarrollo de una anemia hemolítica debido a la destrucción de los hematíes parasitados. Superada esta fase de manera natural, sobreviene un período asintomático o intercalar de algunas semanas de duración para luego brotar las lesiones dérmicas llamadas verrugas que no son sino proliferaciones de tejido endotelial. Esta fase verrucosa suele ser benigna y las verrugas desaparecen eventualmente.
Esta secuencia nosográfica no siempre es característica por cuanto las fases hemática y verrucosa pueden ser asintomáticas o pueden manifestarse con una intensidad que va desde formas leves a muy graves. El período intercalar también puede ser muy corto o no existir. Dependiendo de la interacción de la bacteria (su grado de patogenicidad) con el hospedero (su respuesta inmunológica) se tendrá varias formas de presentación de los cuadros clínicos.
La bartonelosis humana todavía se acompaña de una alta morbimortalidad que depende de la severidad del compromiso de los tejidos afectados o por las complicaciones que suelen acompañarla como las infecciones intercurrentes.
Tratar de conocer y comprender esta enfermedad constituyó uno de los quehaceres primordiales de la investigación médica nacional desde 1890 hasta más o menos 1970 en que la enfermedad se hizo infrecuente debido a la campaña de fumigación para el control de la malaria y al desarrollo de los antibióticos. Así, disminuyó la población de mosquitos y se controló mejor los cuadros clínicos severos.
A continuación, una vez más, vamos a mostrar la sucesión verídica y desapasionada de los hechos de la experiencia carriónica, siempre desde un punto de vista crítico. Estas líneas se enmarcan dentro de aquella corriente que intenta mostrarnos a un Carrión humano, real, como él hubiera querido – probablemente - que se le recuerde así, dentro del contexto social que le tocó vivir.

1. Daniel A. Carrión García, nació el 15 de agosto de 1857 en lo que fue la antigua ciudad de Cerro de Pasco y fue bautizado el 2 de octubre. Sus padres fueron el médico ecuatoriano don Baltazar Carrión, quien había sido deportado de su tierra natal, y la entonces joven lugareña Dolores García.
2. Luego de culminar sus estudios primarios en su ciudad natal, Daniel Carrión vino a Lima a continuar los estudios de secundaria, los que realizó en el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe.
3. Ingresó a la Facultad de Ciencias de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima donde cursó estudios en los años de 1877 y 1878. En 1879 se presentó a la Facultad de Medicina pero no alcanzó cupo por lo que decidió continuar un año más de estudios en la Facultad de Ciencias. En el año siguiente ingresó a la Facultad de Medicina.
4. Recordemos que Chile le declaró la guerra al Perú y Bolivia el 5 de abril de 1879, iniciándose la contienda en el mar. Este hecho trastocaría todos los aspectos de la sociedad y de la economía peruana de ese entonces y, por ende, de la educación universitaria. Acabada nuestra armada el 8 de octubre 1879, en Angamos, y derrotada la defensa de Lima en el 13 y el 15 de enero de 1881 en las batallas de San Juan y de Miraflores, el ejército chileno ocupó la ciudad de Lima.
5. El doctor Manuel Odriozola, decano de la Facultad de Medicina, denunció el robo sistemático de los bienes de la facultad por las tropas invasoras y ordenó que se continuara con las clases, las que inclusive se dictaron en las casas de los profesores. Carrión se encontraba estudiando los primeros años de medicina desde 1880.
6. Retirados los chilenos, luego de firmado el Tratado de Paz el 20 de octubre de 1883 con cesión de territorios -Tacna, Arica y Tarapacá- por el general Miguel Iglesias, quien ocupó la capital como jefe de gobierno, el general Andrés A. Cáceres se rebeló desconociendo dicho tratado. Esta guerra interna, inmediata a una que se había perdido, continuó causando un malestar en todas las esferas de la vida familiar, política y económica del país.
7. El 3 de octubre de 1884, el doctor Manuel Odriozola fue depuesto como decano por resolución suprema del general Iglesias por desacato al no aceptar la imposición de un profesor en la Facultad de Medicina ya que esto sólo era posible por concurso. En su lugar fue nombrado el doctor José Jacinto Corpancho. Los profesores de la Facultad de Medicina renunciaron a sus cargos en apoyo al doctor Odriozola. En reemplazo de los renunciantes fueron nombrados nuevos profesores. Los alumnos sólo emitieron un comunicado de apoyo a sus maestros. Las clases continuaron.
8. En 1885, Carrión inició su internado en el Hospital de San Bartolomé. El venía estudiando a los pacientes con la enfermedad de verrugas, que era como se conocía en ese entonces a la fase verrucosa de la hoy bartonelosis humana. Prueba de que Carrión estuvo interesado en la enfermedad de verrugas fue las nueve historias clínicas que dejó y que tratan sobre pacientes verrucosos. Dos historias databan de 1881, cuando se encontraba en los primeros años de estudios y probablemente se las cedieron, cuatro eran de 1884 y tres de 1885. De estas siete, dos eran del Hospital de San Bartolomé, cuatro del Hospital Dos de Mayo y una no precisaba su origen. Debido a que se veía con mayor frecuencia a estos pacientes en el Hospital Dos de Mayo, él visitaba dicho hospital con cierta asiduidad. Los casos con la fase febril de la enfermedad eran raros a juzgar por las estadísticas de los hospitales de Lima.
9. Otro hecho que avala el interés de Carrión por la enfermedad de verrugas fue que publicó un trabajo en coautoría con sus compañeros de estudios Yataco, Ripalda y su profesor de Geología el doctor Sebastián Barranca, en el Monitor Médico, sobre los análisis químicos de la orina de un paciente verrucoso.
10. ¿Qué se sabía sobre la enfermedad de verrugas en 1885 cuando Carrión juntaba sus historias clínicas?
En 1870, cuando Carrión tenía 13 años y vivía en su ciudad natal, había sucedido el brote epidémico de una fiebre que mataba entre el 20% y 30% de los afectados entre los trabajadores que construían el ferrocarril de Lima a La Oroya. Esta fiebre que no cedía con quinina dio lugar a diversas especulaciones entre los médicos nacionales y, en 1872, gracias a las observaciones del médico venezolano doctor Ricardo Espinal se había llegado a la conclusión que la fiebre anemizante o, mal llamada, fiebre de La Oroya, y la enfermedad de verrugas eran una misma entidad clínica.
Así, que en 1885, Carrión venía estudiando la enfermedad de verrugas y debió de tener información, gracias a sus profesores y a lo que se había publicado en la Gaceta Médica en los años anteriores sobre lo que se tenía por aceptado con respecto a la enfermedad.
11. Los profesores renunciantes, liderados por el doctor Odriozola, muchos de los cuales eran conspicuos miembros del Partido Civil, opositor al gobierno de Iglesias, se reunían y decidieron formar una asociación médica científica. El 29 de julio de 1885, luego de varias sesiones preliminares, se constituyó la Academia Libre de Medicina teniendo como presidente al doctor Manuel Odriozola. Se habían fijado varios objetivos netamente médicos científicos. Uno de ellos fue elaborado por la Comisión de Concursos que convocó a presentar el mejor trabajo sobre la etiología y la anatomía patológica de la enfermedad de verrugas. El aviso fue publicado una semana más tarde y se fijó como plazo final el 15 de junio de 1886. En 1885, el principal problema epidemiológico era la fiebre amarilla que se había descrito en el vecino puerto pero existía una fuerte motivación para propiciar el estudio de las verrugas ya que estas habían concitado el interés de algunos investigadores extranjeros.
12. Dado el cerrado ambiente médico, es probable que Carrión se haya enterado de la convocatoria del concurso pero no podemos afirmar con seguridad que este fue el móvil que lo llevó a inocularse la enfermedad de verrugas. Dado que los trabajos deberían versar sobre la etiología y la anatomía patológica, él no estaba en condiciones de incursionar en dichos campos puesto que el concepto de un agente infeccioso transmisible sería posterior y los estudios de microscopía óptica aún no se habían llevado a cabo en el país.
13. El hecho concreto es que Carrión acudió el día 27 de agosto de 1885 a la Sala de Nuestra Señora de las Mercedes del Hospital Dos de Mayo decidido a inocularse. Carrión fue recibido por su compañero, el interno Julián Arce, y el jefe de la sala, el Dr. Leonardo Villar. La inoculación debió ser anunciada previamente y aceptada pues no hubo ninguna objeción. En su afán de inocularse el suero extraído al rasgar unas verrugas de un joven paciente fue ayudado a hacerlo por el Dr. Evaristo Chávez, asistente libre de dicha sala. Al parecer, salvo una escueta nota en el Monitor Médico dando cuenta del hecho, no hubo ningún otro pronunciamiento por los médicos locales.
14. ¿Era correcto el procedimiento de Carrión?
Sí. Era una época de la medicina en que las inoculaciones se hacían para conocer in corpore las manifestaciones de las enfermedades. Antes y después de Carrión muchos investigadores médicos recurrieron a las inoculaciones como medio supremo de hacer algún descubrimiento notable. El doctor Villar citó una larga lista de inoculaciones famosas en su carta explicativa de la experiencia de Carrión a la muerte de éste. De estos, mencionaré el del médico Caré que, seis meses antes, se había inyectado sangre de un paciente con osteomielitis y fue aclamado en el Congreso Francés de Cirugía. El caso más notable posterior a Carrión fue el de Jesse Williams Lazear, médico de Baltimore y miembro del equipo del doctor Walter Reed, que se dejó inocular por los mosquitos en su afán de conocer la transmisión de la fiebre amarilla y murió por esta enfermedad a la edad de 34 años en La Habana en 1900. Lazear es considerado mártir de la medicina norteamericana.
15. ¿Se conocía la experimentación en animales en la época de Carrión?
Sí. Veinte años antes, en 1865, Claude Bernard había publicado su libro Introducción al Estudio de la Medicina Experimental donde había sentado los principios de la experimentación y la investigación científica médica en animales. Además, en la Crónica Médica y en el Monitor Médico se reproducían los trabajos de los médicos europeos, especialmente franceses, muchos de cuales versaban sobre experimentación en animales. Así que, debemos asumir que Carrión tenía conocimiento del método experimental aunque no lo había practicado.
16. Por otro lado, la corriente filosófica de moda, y que prevaleció en la segunda mitad del siglo XIX, era el Positivismo que rechazaba todo concepto a priori y aceptaba como verdaderos o válidos sólo los conocimientos adquiridos a través de la experiencia. Entonces, en sentido estricto, tanto las inoculaciones como la experimentación animal estaban validados.
17. Debemos mencionar la experiencia del doctor Juan Cancio Castillo quien inoculó con fluidos corporales de un supuesto enfermo de fiebre amarilla, que había fallecido, a tres cobayos y un perrito. La autopsia de uno de los cobayos que murió algunos días después y de otro cobayo control sólo mostró cambios inespecíficos. La carta relatando esta experiencia y fechada el 23 de junio de 1884 fue publicada en la Crónica Médica y constituye la primera experimentación médica en animales en el país.
18. El móvil que llevó a Carrión a realizar su experiencia fue el deseo de conocer el pródromo de la enfermedad de verrugas para oponerle tratamiento adecuado y evitar el error diagnóstico. Este concepto es esencial para entender su proceder pero ha sido tergiversado en el tiempo. Este móvil fue confirmado por los testigos presenciales Julián Arce y Leonardo Villar, así lo dijo el mismo Carrión y así fue transcrito por Casimiro Medina y los otros cinco compañeros que lo asistieron en la obra que publicaron en el año siguiente, y así fue publicado por El Comercio cuando ocurrió el fatal desenlace.
19. Se desconoce qué hizo Carrión en los días siguientes. Veintiún días, el 17 de setiembre, después de la inoculación, Carrión presentó malestar general y artralgia en el tobillo izquierdo. Siguió con fiebre y escalofríos, cefalea, hiporexia, polidipsia e insomnio. Sólo presentó fiebre durante cinco días. Se tornó pálido, con algias generalizadas y taquicardia. Le notaron un ligero tinte ictérico. El pensaba que eran los síntomas de la invasión de las verrugas y que una vez brotadas estas sus molestias desaparecerían. Presentó diarrea. Aceptó ser visitado por su profesor el doctor José María Romero, quien prescribió por si se tratara de malaria. Evolucionó peor con calambres, dolor abdominal, náuseas y vómitos. El 2 de octubre se encontraba en mal estado general, adelgazado y deshidratado. Creyó reconocer en él la fase febril de la famosa fiebre de La Oroya. En ningún momento se mencionó la palabra germen, microbio o noxa. A pesar de que las revistas nacionales reproducían los trabajos europeos dando cuenta del descubrimiento de los gérmenes causantes de enfermedades, este concepto del carácter infeccioso de la enfermedad no se mencionó durante la experiencia.
20. Carrión fue atendido por una junta médica compuesta por los doctores Leonardo Villar, José Mariano Macedo y Evaristo Chávez quienes prescribieron clorato de potasa, hierro y ácido clorhídrico más oxigenoterapia y pulverizaciones de ácido fénico en la habitación. Por sus frecuentes deseos de miccionar, se le pasó una sonda vesical y se obtuvo sólo 4 a 5 cc de orina. Empezó a presentar amnesias parciales y agitación psicomotriz. El 3 de octubre continuaba con diarrea y fue visitado por el doctor Ricardo Flores quien le hizo un conteo de hematíes de un millón ochenta y cinco mil por mm3 de sangre y recomendó que fuera trasladado a otro sitio más higiénico. El 4 de octubre fue trasladado al Hospital Francés o Clínica Maison de Santé para que se realizara la transfusión sanguínea recomendada. Nuevamente fue visitado por los médicos de la junta médica y la transfusión fue pospuesta, prescribiéndosele inyecciones endovenosas de ácido fénico. Continuó con la agitación psicomotriz, la diarrea, el pulso se le tornó débil y la respiración difícil. Así continuó al día siguiente, 5 de octubre, para entrar en coma y fallecer en la noche.
21. Al día siguiente, los diarios cubrieron profusamente la noticia y los profesores de la nueva administración de la facultad de medicina acusaron a los profesores de Carrión por haber permitido semejante acto y hubo acusaciones de homicidio. Esto hizo que el subprefecto en Intendencia de Policía de Lima abriera un proceso para que se determine si hubo suicidio u homicidio calificado.
22. la comisión ad hoc asistió a la necropsia realizada el 7 de octubre donde sólo se constató marcada palidez, disminución de la grasa corporal, hepatomegalia, adenomegalia mesénterica y un bazo de pequeño volumen. Se concluyó que Carrión falleció por la fiebre de la enfermedad de verrugas y que el doctor Evaristo Chávez procedió por error y no por malicia punible. Carrión fue enterrado esa tarde en el Cementerio General Presbítero Maestro. El doctor Chávez siguió un juicio y quedó absuelto dos meses más tarde.
23. El editorial de El Monitor Médico censuró la experiencia de Carrión por no haber realizado experimentaciones fisiológicas previas y por no haber pedido (corregido después como seguido) el consejo de sus maestros. Sin embargo se le reconoció: 1- haber demostrado la transmisión por inoculación, que no se conocía: y 2- haber demostrado la unidad etiológica de la enfermedad de verrugas y la fiebre de La Oroya.
24. Mientras que por un lado continuaron las puyas entre los profesores de ambos bandos, la prensa le dio una nueva connotación a la experiencia de Carrión y este fue considerado como mártir y fue comparado con otros investigadores médicos de la talla de Jenner, Pasteur y Koch, entre otros. Rápidamente sus profesores rescataron la experiencia de Carrión como la de un mártir de la incipiente investigación médica nacional.
25. Desocupada Lima por los chilenos hacia fines de 1883, con una guerra intestina y con un gobierno dictatorial, el país empezó una lenta y dolorosa reconstrucción. Era el Perú Yacente, a decir del historiador Jorge Basadre. Fue en estas circunstancias en que ocurrió la experiencia de Carrión. Es perfectamente comprensible que a Carrión se le confiriera y adquiriera la dimensión de ser universal como una forma de compensar la desgracia social, económica y moral en que se encontraba sumido el país.
26. La imagen de Carrión fue cambiada rápidamente en las publicaciones y se empezó a mostrársele con rasgos caucásicos, lo "afrancesaron" como muy bien lo destacó el doctor Uriel García. Más que de encubrir deliberadamente los rasgos mestizos del personaje, esto probablemente fue debido al natural afán de idealizarlo dentro de los cánones de perfil físico de la época en una sociedad sometida culturalmente al mundo europeo. Aún ahora podemos ver los bustos que se han colocado con una figura apolínea muy distante de la del joven y frágil mestizo.
27. Carrión nunca pensó en morir y hacía planes a corto plazo según las cartas que dejó. Es decir, sin quererlo se encontró con la muerte. A los pocos días de su muerte se decía erróneamente que se había inoculado para demostrar la unidad etiológica de la enfermedad de verrugas y la fiebre de La Oroya, lo cual se viene repitiendo hasta la actualidad. Como se mencionó antes, este concepto ya era aceptado, teóricamente, desde 1872.
28. La gran pregunta es ¿De qué murió Carrión?
Carrión presentó fiebre sólo por cinco días y en los días siguientes presentó todo el cortejo de síntomas antes descritos. Se ha dicho que pudo ser otra enfermedad como fiebre tifoidea, malaria, hepatitis viral, entre otras. Recordemos que recibió tintura de quina sin beneficio alguno. Y, el cuadro clínico no se asemeja a las entidades mencionadas. El hecho es que desarrolló anemia rápidamente y estaba ictérico. ¿Hizo un cuadro de anemia hemolítica? ¿Era esta la fase febril de la enfermedad de verrugas o fiebre de La Oroya?
Veamos. La experiencia de Carrión fue repetida muchas veces posteriormente en animales y por diferentes investigadores. El resultado es que siempre que se inocula a partir de una verruga o verrucoma sale otra verruga o verrucoma en el sitio de inoculación. Incluso Richard Strong, que vino a Lima dirigiendo la primera expedición científica del Departamento de Medicina Tropical de la Universidad de Harvard a Sudamérica, en 1918, inoculó a seres humanos y siempre obtuvo verrugas por lo que concluyó que la enfermedad de verrugas y la fiebre de la Oroya eran dos enfermedades diferentes. Esto llevaría nuevamente a los investigadores nacionales a experimentar para demostrar fehacientemente la unidad etiológica. En conclusión, siempre que se inocula a partir de una verruga se obtiene otra verruga. Sólo en los monos esplenectomizados se ha conseguido reproducir la fase febril a partir de la inoculación de una verruga.
Entonces, ¿Qué enfermedad presento Carrión que lo anemizó? ¿Alguna otra forma de anemia hemolítica? ¿Desarrolló una anemia hemolítica autoinmune que nada tenía que ver con su experimento? Como se le halló en la necropsia un bazo pequeño, ¿Podemos asumir que tenía una asplenia funcional o alguna forma de inmunodeficiencia?
Es muy probable que no sepamos lo que realmente sucedió inicialmente. Como eventos finales, Carrión mostraba signos de desequilibrios hidroelectrolíticos y desnutrición y, a juzgar por los hechos, desarrolló sepsis y falla multiorgánica. La medicina de su tiempo le ofreció poco o nada. Recordemos que no había antibióticos, no se conocía el manejo de los trastornos hidroelectrolíticos y la tan mentada transfusión iba a ser una suerte ya que los grupos sanguíneos recién fueron descubiertos en 1900.
Carrión eligió el camino más corto al igual que muchos otros exponentes de la medicina heroica o romántica de fines del siglo XIX que fenecía en Europa. Las inoculaciones eran el camino más corto que definía rápidamente muchas dudas en el conocimiento de los morbos. Carrión tuvo el coraje de apostar y, sin quererlo, perdió la vida y ganó la gloria.
Lo importante es que rescatemos las nobles intenciones del joven estudiante. Quiso conocer. Debemos recordar y resaltar la figura de Carrión y su gesto como la de un joven estudiante de medicina preocupado por conocer un aspecto de una enfermedad regional muy nuestra -el pródromo de la enfermedad de verrugas- y en ese afán perdió la vida accidentalmente. Por ello, definitivamente es el Mártir de la Medicina Peruana y, al igual que otros, de la Medicina Universal.
En los últimos años se han hecho notables descubrimientos con las especies del género Bartonella que ya suman 21 especies, de las cuales siete producen enfermedades en los humanos. Son las causantes, además de la bartonelosis humana o enfermedad de Carrión, de la antiguamente llamada fiebre de trincheras, de bacteriemias y endocarditis, de angiomatosis bacilar y peliosis hepatis y de la enfermedad por arañazo de gato. Especialmente, con el desarrollo del SIDA han aparecido las infecciones causadas por B. quintana y B. henselae.
El legado de Carrión sigue vigente. Hay mucho que investigar en el modelo de enfermedad muy interesante que lleva su nombre y en las otras bartonelosis, especialmente en los aspectos inmunológicos.
Los estudios actuales son a nivel de biología molecular por lo que hemos sido desplazados del privilegio de liderar los estudios sobre la bartonelosis humana. Los más recientes avances han sido hechos en laboratorios norteamericanos y europeos, donde se está estudiando a las diversas especies del género que se caracterizan por presentar una gran variación genética.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Correspondencia:
Dr. Oscar Pamo Reyna