sábado, 21 de septiembre de 2019

SOBRE PERROS Y ZORROS




Temas que no pierden vigencia, los judíos y su poder global.
http://www.israelshamir.net/Spanish/Zorros.htm

SOBRE PERROS Y ZORROS


Israel Adán Shamir, 19 de abril 2004

Cuando los hidalgos británicos corren a los zorros por la verdes lomas de Surrrey, pegan gritos de “yoicks” para estimular a sus perros; a su vez los judíos gritan “antisemitismo” para alentar a sus perros. Las voces de “yoicks” aterran al zorro; “antisemitismo” es lo que sirve para aterrar a la oposición al Nuevo Orden Mundial. Es el equivalente de una bula papal declarando la cruzada contra los herejes.
Como una enfermedad contagiosa, van regando el odio cada vez más lejos. Los iraquíes defendieron a los palestinos, y fue invadida su tierra. El último enemigo de los sionistas es Francia, porque los franceses se han atrevido a oponerse a sus planes de conquista de Irak. En la verde calle donde vivo, un gran Chevrolet parqueado lleva una pegatina que reza : “Después de Irak, Chirac”. Las últimas entregas de los diarios israelíes están llenas hasta el tope de reportajes y ensayos contra los franceses. Y cada vez que los judíos no consiguen lo que quieren, levantan el espectro del supuesto “antisemitismo” de sus adversarios.
Y resulta que ahora los cazadores han recibido el apoyo inesperado del destacado intelectual cubano Lisandro Otero. Era de esperar que un escritor de la Isla de la Libertad llamara a la solidaridad con el pueblo de Palestina, de Irak, y de Francia. Él podría entender que el tema del antisemitismo francés está orquestado por las mismas fuerzas que hace apenas unos meses atrás han desatado su campaña anticubana.
Pero Otero ha preferido ladrar con los perros, en vez de correr con los zorros. En un artículo regado por los medios cubanos, el escritor ex-disidente repite las acusaciones estandardizadas de los sionistas en contra de Francia. Después de repetir de los dientes para fuera la letanía que complace a los sionistas de izquierda en términos de  “ política de exterminio de los palestinos practicada por el sangriento Ariel Sharon”, escribe : “Los ataques contra los judíos han aumentado de manera alarmante en Francia.... Muchas de estas agresiones son protagonizadas por musulmanes, de los cuales hay en Francia entre cuatro y cinco millones” . Esto no es muy políticamente correcto que digamos, es más bien una generalización francamente racista, pero es que “el racismo antiárabe está tan difundido que ya no se nota; posiblemente sea la única forma de racismo que se ha mantenido, y se considera legítimo”, según las palabras de Noam Chomsky, ¡ tan legítimo que Otero se vale de él sin darse cuenta!

Para el caso de que el escritor cubano Otero sea un hombre sincero que se ha dejado engañar por los medios sionistas, vamos a referirnos brevemente a su alegato. Ni un judío ha sido muerto o severamente herido en Francia en los últimos diez años, mientras en el mismo período las pandillas paramilitares sionistas del Betar creadas por el fascista adorador de Mussolini y judío Jabotinski atacaba y hería a docenas de antisionistas y musulmanes en las calles de París y Marsella. En Francia, centenares de musulmanes han sido heridos y muertos en ataques racistas frecuentemente llevados a cabo por los aliados fascistas de los sionistas.
En el Estado judío, a los musulmanes palestinos se les prohíbe orar en el lugar sagrado que el la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén; el ejército judío les impidió a los palestinos cristianos llegar hasta el Santo Sepulcro en esta última Pascua de Semana Santa. Pero en Francia, no solamente se protege el culto judío; los judíos franceses incluso han celebrado los “logros” sangrientos del ejército israelí. A cada rato, la policía y los escuadrones “antiterroristas” registran y allanan las mezquitas en Francia y en otros lugares de Europa; sería de veras un milagro si las sinagogas les garantizasen inmunidad total a los sionistas. Esto podría suceder si las sinagogas se limitaran estrictamente a la práctica religiosa y se mantuvieran apartadas de los temas políticos, pero  los sionistas usan los centros de la comunidad judía y las sinagogas en Francia como viveros para reclutar; allí es donde colectan dinero para edificar el Muro, allí es donde movilizan a los judíos franceses para que peleen por el estado judío y apoyen la intervención estadounidense en Iraq.
Lisandro Otero podría leer un artículo revelador del filósofo judío canadiense, el profesor Michael Neumann, quien compara  la cobertura mediática sobre los ataques a propiedades judías y no judías. “Cuando aparecieron pintadas en las paredes de viviendas judías, el Globe y el Toronto Mail le dedicaron la tercera parte de la primera plana, con una foto que cubría la mitad del espacio superior (el 17 de marzo pasado), y el cuento seguía en página 8. Yo, en tanto que judío que me he dado cuenta de que el antisemitismo da lugar a muchas manipulaciones con fines políticos, me preguntaba por qué le daban tanta importancia a este suceso. Cuando un centro islámico de Pickering recibió pintadas y fue incendiado –prender fuego a un lugar es un crimen más grave que escribir unos graffiti- el relato apareció en lo último de la página 12, el 26 de marzo. Apenas si ocupó algo más de espacio que la continuación, página 8 del relato sobre antisemitismo”. Y concluye Neumann : los informes sobre crímenes por odio en contra de judíos y otros grupos étnicos significan que los judíos son importantes, pero los demás, en absoluto.
Dicho de otra manera, el barullo aquél sobre el “antisemitismo francés” está hecho a base de espejos, los espejos que agrandan y distorsionan, que son los de los medios harto judíos. Nada nuevo en este tema : hace cien años, en medio de los reportajes sobre la racha del “antisemitismo ruso”, un escritor ruso, Alexander Kuprin, amigo de los judíos, le escribió a uno de sus amigos escritores :
“En una tribu de diez mil personas del extremo norte los nativos se cortaron el pescuezo ellos mismos  porque el ciervo que tenían se murió.  Los campesinos de Samara comen tierra porque se mueren de hambre. Polonia ha sido devorada, la encantadora Crimea convertida en prostíbulo, la antigua agricultura del Asia central asolada sin piedad, pero en medio de este océano de maldad, injusticia, violencia y dolor, nosotros, los escritores rusos, gritamos acerca de las limitaciones que se les imponen a los dentistas judíos”.
Lisandro Otero se arriesga a sumar dos mil años de relaciones judeo-cristianas según el evangelio sionista : “Al convertirse al Cristianismo el emperador Constantino prohibió, bajo  pena de muerte, las prácticas judaicas. Justiniano prohibió la construcción de sinagogas.... El triunfo del Cristianismo en Europa condujo a institucionalizar la segregación racial de los judíos...” Sé razonable, Lisandro! La iglesia anegó en sangre las herejías albigense y arianista, destruyó a los druidas y otros cultos no-cristianos en Europa, bautizó a los eslavos y pueblos bálticos por el fuego y la espalda; ¿acaso piensas que no hubiera sido capaz de eliminar a los judíos si quisiera hacerlo? El concepto de “segregación racial” era totalmente ajeno a la cristiandad, y muchos judíos conversos llegaron a obispos y santos de la Iglesia, desde Torquemada hasta san Juan de Dios. Por otra parte, la segregación racial es un precepto de la fe judía que prohíbe a sus seguidores mezclarse con no judíos. Lo vemos aplicado en el Estado judío, donde los no judíos están emparedados detrás del Muro de Sharon; y el matrimonio mixto no está permitido.
La idea sionista de “persecución sin fin de los judíos” fue inventada para someter a los descendientes de la casta medieval judía y movilizarlos para las metas que les convenían a las elites judías. Ocasionó la aparición de tendencias paranoides entre los judíos. Si tú eres un amigo de los judíos, no alimentes esta paranoia! El antisemitismo no existe, Lisandro. Los judíos están a salvo dondequiera, tan seguros como cualquiera en este peligrosísimo planeta; tan seguros como tú en tu Cuba bloqueada, mucho más seguros que los palestinos en Palestina, los iraquíes en Iraq y los árabes en Estados Unidos o en Francia.
El destino judío no me preocupa, porque no corre peligro. El futuro de Cuba sí que me preocupa. Tu carta es una señal escalofriante de que  la intelectualidad cubana está lista para someterse al Nuevo Orden Mundial. Yo he visto esta defunción en la Unión soviética de Gorbachov, cuando el desmantelamiento del socialismo empezó por discursos sobre el “antisemitismo”. Los promotores de este paradigma habían establecido relaciones con Israel, con el establishment judío en los Estados Unidos y así fue cómo ayudaron a Yeltsin a tomar el poder. Los periodistas occidentales basados en Moscú habían llenado la cabeza a sus lectores con informes sobre “el creciente antisemitismo” y los pogromes que se venían. Los soviéticos no podían siquiera entender la acusación, porque la Unión Soviética nunca conoció racismo de ningún tipo. Pero los judíos soviéticos se asustaron con dichos informes carentes de base pero constantemente repetidos. Más de un millón de ellos hicieron cola frente a la embajada israelí; ahora está edificando el Muro para emparedar a los niños de Bethania. Este proceso migratorio facilitó el colapso de la Unión Soviética, y le dio la riqueza nacional del pueblo soviético al gang de unos pocos mafiosos mayormente judíos en íntima relación con sus parientes y socios estadounidenses.
Se observó el mismo fenómeno en otros países socialistas de Europa oriental. Un influyente agente del Mossad, el dueño de medios Robert Maxwell, apoyó a sus elites culturales. Al principio, hablaron de antisemitismo, después del holocausto, y al final de la jornada, sus haberes nacionales privatizados fueron comprados por George Soros, Marc Rich y Vladimir Gusinsky, mientras mandaban a sus soldados a matar iraquíes en Faluja.
El tema del antisemitismo no se refiere a los judíos: es la ideología dominante de la Pax americana. El cubano que habla de antisemitismo le está  asfaltando la carretera de regreso a su isla a los herederos triunfales de Meyer Lansky. Tú, Lisandro, te fuiste de Cuba por un tiempo como emigrado político, y después volviste porque entendiste los sofismas de las campañas mediáticas de Occidente, y dijiste : “De lejos, se ve mejor cómo son las cosas : las cosas pequeñas se ven pequeñas, y las grandes grandes”.
¿Acaso has vuelto a cambiar de parecer?  ¿ Es que deseas que tu patria se convierta en otra Haití o Guatemala, un burdel flotante “off shore” para Miami? Tengo una visión de  peluqueros y masajistas haciendo de mecánicos, y putas soñando con el Norte y el post-castrismo, intelectuales que venden tabacos de contrabando... Date una vuelta por las antiguas repúblicas soviéticas, y verás en qué termina la carretera que empieza con los sermones sobre antisemitismo. Si no te preocupa más de la cuenta el destino de trabajadores y campesinos, y sólo te preocupa la suerte de los intelectuales, te enterarás de que estos países empobrecidos, los escritores y directores de cine no pueden sobrevivir si no es con garantías de la Soros Corporation....   Para los intelectuales, la vida en los países socialistas es mucho más suave que para sus hermanos en el Tercer Mundo privatizado. En vez de llamarte “disidente” allí te llamarán terrorista. Una equivocada preocupación por los intereses de Meyer Lansky y Mort Zuckerman, Bernard-Henri Levy o el sionista cubano Jacobo Machover, y por los demás amigos de Ariel Sharon y Simón Peres le abrirá el camino a un nuevo Batista en tu isla, si algunos barbudos rejuvenecidos no les dan un parón. Ya llegará el momento, más temprano que tarde, en que el imperio norteamericano será derrotado y desmantelado, y con él, desaparecerá de raíz el tema paranoide del antisemitismo. 

Entonces vivirán en paz y armonía los descendientes los judíos con los descendientes de hidalgos españoles, “rednekcs” blancos del note y fellahin palestinos. Tu tarea, Lisandro, y la de los intelectuales cubanos es la de llevar el buen buque de la Cuba independiente y socialista al puerto seguro del futuro. Para esto, ¡aléjate, por Dios,  de los escollos sionistas!

Nota de la traductora : Lisandro, no te hagas ilusiones : de Francia ya los Estados Unidos están llevándose a los graduados universitarios, además de otras maniobras para tercermundizar a Francia; y eso que Francia es un bastión del sionismo, con infinidad de instituciones, publicaciones etc. ¿Acaso te imaginas que los sionistas van a proteger a tu pueblo si tú los proteges a ellos? ¿ No sabes que han destrozado a Argentina, su base principal en América latina? También con una Cuba desprotegida se ensañarán. Recuerda, Lisandro, que tu país fue el único en toda América, que se opuso a la creación del estado judío en Palestina, en 1947, y que tu actual gobierno es el único que ha mantenido un apoyo coherente a los legítimos intereses palestinos, desde 1959. ¡No te dejes engañar por el más burdo de los argumentos de la propaganda sionista mundializada! María Poumier.

Respuesta de Israel Shamir a un lector


Respuesta de Israel Shamir a un lector



(Aquí está la traducción de un mensaje de Israel Shamir muy interesante para los cubanos (el original inglés figura después, como el mensaje que origina la respuesta):

Respuesta de Israel Shamir a un lector que firma babscornett@peoplepc.com
Estimado "Babs", escribe "Asombra ver lo mucho que ustedes [supuestamente] en Estados Unidos por culpa nuestra, y cómo nosotros, un peso de todo, no logramos bibliotecas de ustedes".
Pues bien, te diré que nosotros los extranjeros tampoco logramos bibliotecas de ustedes los yankis. El mundo entero se alegraría de ver a Estados Unidos volver al aislacionismo. Saquen a sus tropas de nuestros países, llévense sus bases, llévense sus oficinas para la "administración civil", llévense a sus matones de Blackwater, llévense a casa a todos sus mansísimos yankis, paguen indemnizaciones a las viudas y huérfanos de todos los iraquíes y
vietnamitas asesinados por ustedes; después de eso ya nadie irá a buscar nada en la tierra de ustedes. Yo les ayudo incluso y les impondría un buen bloqueo, de modo que no les lleguen más inmigrantes ni más dinero del resto del mundo. Hay mucha ironía en la historia; así tus "anglos" que exterminaron a los americanos nativos, esclavizaron a los negros y arruinaron el continente, se encuentran ahora subyugados por los judíos. Pues sí, ustedes son los esclavos, y esclavos voluntarios además, prontos a denunciar y condenar a los que se enderezan y se alzan contra esta situación. Además, son cobardes, no se atreven incluso a inventarse un nombre, como tú “Babscornett@peoplepc.com ”, que ni mucho menos utilizarías tu nombre verdadero. Sabemos que la gente que actúa así muchas veces es
agente del FBI. ¿Son ustedes agentes del FBI? En todo caso, nos da igual, pues nosotros decimos lo que hay que decir, y estamos señalados a lo que escribimos.
Si ustedes (u otros) se preguntan por qué se les está dando una oportunidad para expresar largo y tendido en este espacio de shamireaders, aquí les contesto: porque ustedes valen en cuanto a su hijo de hacer daño, por su manera de enfrentarse al establecimiento judeo-americano, en lo que respeta a la guerra en Irak e Irán. No hay ninguna razón positiva para admitir aquí, pero sí algunas razones negativas, que pueden ser útiles. ¿Quién sabe, tal vez alguna gente como ustedes sean capaces de desatar grandes broncas, y así acelerar la descomposición de los Estados Unidos, a partir de su deseo de practicar allí la limpieza étnica? ¡Y lograrán nuestro aplauso si lo logran!
Escribes, Babs: “Deberíamos estar invadiendo a Cuba en vez de Afganistán, [para bibliotecarios de los inmigrantes cubanos]”. No hace falta: basta con que levanten el bloqueo contra Cuba, y todos los cubanos vuelvan corriendo a su tierra. Dejen de estrangular a México, y los mexicanos ya no se regarán por el norte.
Tus relaciones con los demás estadounidenses establecerán entre tú y ellos. Podemos devolverle a México las tierras que ustedes le quitarán a la fuerza, de la misma forma que Florida, Texas, Luisiana.

lunes, 9 de septiembre de 2019

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lunes, 2 de septiembre de 2019

Tarapaqueño ilustre don Ramón Castilla y Marquesado



Ramón Castilla y Marquesado (San Lorenzo de Tarapacá31 de agosto de 1797-Tiliviche, Tarapacá30 de mayo de 1867).
Fue un militarestadista y político peruanopresidente del Perú en los períodos de 1845 a 1851 (como presidente constitucional) y de 1855 a 1862 (inicialmente como presidente provisorio y luego constitucional).

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Cosas de Ramón Castilla
El primer censo en el país que rompía la tradición colonial, lo hizo Ramón Castilla en el año 1861, a seis años de haber asumido la presidencia.
Un asistente le dice: “permiso señor presidente: aquí tiene los datos del censo”, Castilla lee con atención:
POBLACIÓN: 2’487,916 HABITANTES
ANALFABETOS: 87%
Llama a su secretario y le da la orden de reunir a todos sus ministros:
En la reunión les dice : “Señores ministros, ante los primeros datos del censo voy a proclamar mi primera política de estado por un siglo:
!Escuelas, escuelas, escuelas!
En su gestión de gobierno construyó:
1- 1.117 escuelas (una cada 2 días, contando sábados y domingos),
2- La escuela naval,
3- El colegio militar,
4- Ea compra de una flota completa de mar,
5- Los rieles, que eran en longitud más que la suma de todos los rieles de América,
6- El telégrafo a países vecinos,
7- El código civil,
8- El Banco de la República, (así se llamó al principio al ahora Banco de la Nación ).
9- Importantes reformas en la política y la sociedad de su tiempo confirman estos asertos;
10- La más recordada de sus obras es la manumisión(+) de los esclavos negros, decretada oficialmente        en 1854.
11- Pero también dio la ley de la libertad de prensa;
12- abolió el tributo indígena;
13- abolió la pena de muerte;
14- fundó el servicio diplomático;
15- reformó y modernizó la administración pública;
16- Estableció el presupuesto anual de la República;
17- Pagó íntegramente la deuda externa e interna;
18- Organizó el Consejo de Ministros, creando su presidencia ( PCM );
19- Inició la reforma educativa
Más tres detalles:
PRIMERO – Cuando lo entierran en el cementerio Presbítero Maestro a su muerte el 30 de Mayo de 1867, al despedir sus restos, el Capellán dice: “Se va el cerebro más poderoso que haya producido la américa”.
SEGUNDO: En la universidad Mayor de San Marcos cuando inauguraban la Academia Nacional de Ciencias, dispuesta por Castilla en su presidencia, el Rector lo invita a hablar… Ya estaba medio sordo y lo primero que dice es:
“Señores, veo en este salón de grado repleto, que no hay una sola mujer que nos acompañe, pero yo les auguro que dentro de un siglo, el Perú en sus universidades , va a tener más mujeres que hombres”.
TERCERO: Cuando deja la presidencia en el año 1862 se da cuenta que no tiene casa propia. Se va a vivir con su hijo Juan Castilla mientras piensa como resolver su situación.
El problema era que no tenía medios para comprar una vivienda. Había estado tan ocupado en hacer la grandeza del país, que se había olvidado de sí mismo.
● Alguien sabía toda lo que Hizo Castilla?
Reenviar a todo el mundo, porque debemos refrescarnos nuestra memoria, comenzando por volver a leer sobre la vida de presidentes que, como Castilla, han dejado obras y trabajado para el país sin otro objetivo que su grandeza, olvidándose de sí mismo… Qué diferencia con las ratas que ahora tenemos en casi todos los estamentos del Estado y en especial en el Poder Judicial, Ramon Castilla es una estrella del antepasado siglo que con sus obras nos debe de iluminar nuestras conciencias y actos ciudadanos en especial a los gobernantes y altas autoridades actuales.
Recopiló: Carlos Carrillo – XI CMLP
BOLETÍN ELECTRÓNICO QUINCENAL DE LA COMUNIDAD LEONCIOPRADINA
Manumisión. En Roma, la más frecuente de las causas de extinción de la esclavitud es la manumision, es decir, el acto voluntario del Amo que contiene una declaración expresa en el sentido de conceder la libertad al esclavo.

martes, 20 de agosto de 2019

Flores de Galilea de Israel Shamir




ISRAEL SHAMIR               
FLORES DE GALILEA

LOS MARXISTAS Y EL LOBBY


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Por cierto, ¿debieran los marxistas, incluyendo a The Socialist Viewpoint, apoyar y proteger a 'los
judíos' desde la izquierda? El punto de vista marxista de los judíos fue formado por Karl Marx, Kautsky,
Lenin, Trotsky y Abram Leon. Se basa en el rechazo del concepto de la 'nación judía'. Lenin dijo
'esta idea sionista es absolutamente falsa y esencialmente reaccionaria'. Citó con aprobación: "el judío
moderno es el producto de la selección antinatural a la que sus antepasados fueron sometidos durante
cerca de dieciocho siglos". Abram Leon completó esa percepción con su visión de 'pueblo-clase'. Para él,
los judíos fueron los capitalistas originales de la sociedad pre-capitalista, gente que prefería cumplir con
la función antisocial del prestamista y del recaudador de impuestos. Naturalmente, ese 'pueblo-clase no
merece nuestro apoyo. Pero incluso si Weinstein considera a 'los judíos' como una nación separada, no es razón suficiente para protegerlos. Lenin llamó a una 'guerra revolucionaria contra las naciones contrarrevolucionarias y, escribió en 1919: "Si combatimos [al presidente de EE.UU.] Wilson y Wilson convierte a una pequeña nación en su instrumento, deberíamos combatir explícitamente a ese instrumento" . Igualmente, León Trotsky negó toda conexión con los judíos y rechazó llamados de los judíos. Los marxistas se oponen al antisemitismo RACISTA, pero menos mal que esa plaga ha sido
erradicada. El antisemitismo racista no debería ser confundido - no sólo con el antisionismo, como señala
correctamente Weinstein, sino tampoco con un rechazo no- racista de 'los judíos' en otros sitios. La
Cuestión Judía de Marx y de Leon suministra un ejemplo de un semejante rechazo no-racista.
Todo marxista conoce la posición negativa de Marx sobre los judíos: "Su Dios es el dinero',
escribió. Naturalmente, no era racista y consideraba que una persona de origen judío (como él) puede
romper con los judíos. Generalmente una ruptura semejante era formalizada a través del bautizo. La
ruptura de Spinoza fue formalizada por nidui, la maldición judía, después de que el filósofo rechazó la
visión judía del mundo.
¿Defendería Weinstein a los judíos contra Marx y Spinoza? Pero el lenguaje anti-judío de
Buchanan y LaRouche es igualmente no-racista. Los dos tenían numerosas personas de origen judío en su
personal y entre sus amigos. Pero estos (como Trotsky, Marx o Spinoza) no pertenecen al judaísmo.
Además, se declaran contra 'los judíos', alentando así a otras personas de origen judío a romper con este
residuo del pasado medieval.



lunes, 19 de agosto de 2019

Escritos de Israel Shamir, la Cuestión Palestina-Israelí

Angeles y Demonios


Por Israel Adán Shamir


Ya sabíamos que no está bien  endiosarnos; ahora ya es tiempo  además de aprender a no demonizar al prójimo.

La demonización del enemigo es un invento relativamente reciente. En los  buenos tiempos de antaño, la gente se peleaba pero después  se hacía amiga, y después se volvía a pelear, como los valientes héroes de la Ilíada o  como los briosos caballeros del rey Arturo. Los guerreros que combatían y se mataban los unos a los otros, beberán luego la ambrosía y se desafiarán en la misma mesa en el Valhala.
Por cierto, el Antiguo Testamento se esmera en contarnos  de Josué que fue el primer rey que inauguró un  tribunal de Nuremberg, matando a cinco reyes cautivos, siempre en nombre del Señor, porque   “odiaban a los judíos y pelaban contra ellos” (Josué 10). Pero, desde el tiempo de Josué, y hasta el siglo 20, a los reyes derrotados como enemigos no se les ajusticiaba, y una buena pelea no tenía mucho que ver con el odio. Las guerras ideológicas por la fe, -las Cruzadas- no eran excepcionales desde este punto de vista, pues ni los guerreros musulmanes ni los cristianos olvidaban que eran tan humanos como sus enemigos. Don Rodrigo de Vivar, el famoso Cid estuvo al servicio del rey de Castilla y del emir de Zaragoza; la pagana Clorinda fue la heroína de la Jerusalén liberada de Torcuato Tasso. En la famosa boda que tuvo lugar en el castillo asediado de Kerak, los cruzados habían enviado al turco Saladino, que los asediaba, una tajada del pastel de bodas, y Saladino por su parte  preguntó en qué torre iban a dormir los recién casados, para que su  ejército desviara sus catapultas hacia otra parte. El príncipe Igor, de la Rusia de Kiev, atacó a los Kipchaks, la gente de la meseta, fue derrotado y capturado, pero estando preso se casó con la hija del Kan (el Rey) Kipchak. En el siglo XIX, Goethe de Germania y Lermontov de Rusia admiraron a Napoleón, quien era enemigo de sus países, mientras Kamal y el hijo del coronel intercambiaban regalos después de intercambiar tiros en el Fort Bukloh lo que se evoca en la balada de Kipling.

Las cosas empezaron a cambiar hace unos cien años, con el advenimiento de la democracia y los medios masivos, porque surgió la necesidad de convencer a un montón de gente de que la guerra es algo necesario y justificado. La simplificación de “buenos o malvados” a lo Hollywood sustituyó la vieja división entre amigo y enemigo, y el enemigo se convirtió en el malo, intrínseca e irremediablemente malo. Esto fue una mala noticia, porque un enemigo se puede convertir en un amigo, pero un malvado no puede volverse bueno. Había que matarlo, y, efectivamente, se le solía matar a plena luz del día. La admiración por el enemigo se volvió imposible; cada guerra se convirtió en una guerra entre “hijos de la luz” versus “hijos de la oscuridad. En semejante guerra, no cabe la compasión, se exige la crueldad hacia los civiles.

Un brote serio de demonización del enemigo fue implementado por los medios angloamericanos  con vistas a lograr empujar  a la reticente América  a la primera guerra mundial  contra Alemania, logro que fue prometido por [el judío] Weitzman al  inglés Lord Balfour a cambio del apoyo de éste de entregar  Palestina a los judíos sionistas. En palabras de Benjamín Freedman, “después que los sionistas vieron la posibilidad de apoderarse de Palestina, todo cambió, como un semáforo que pasa de la luz roja a la verde. [En Estados Unidos,] dónde los diarios habían estado a favor de Alemania, casi unánimemente, de golpe los alemanes dejaron de ser buenos, de golpe se convirtieron en los malos. Eran los Hunos, asesinaban a las enfermeras de la Cruz Roja y le cortaban las manos a los niños de teta.” [http://www.israeliwatch.com/2007/02/01/a-jewish-defector-warns-america/]

A los alemanes se los acusó de hacer jabón con los soldados británicos (pues sí, el cuento de Nuremberg acerca del jabón humano no era más que un refrito del viejo disparate), de atravesar a los nenes de Bélgica con sus bayonetas (esto lo volvieron a escenificar en 1991 cuando a los iraquíes se les acusó de sacar a los recién nacidos de Kuwait fuera de sus incubadoras), de hundir a un buque de pasajeros (cargado con municiones, pero esto se consideró una atrocidad, treinta años antes de la destrucción de Dresden). Hay un afiche  de tiempos de guerra que muestra al alemán arquetípico con facha de horrible gorila secuestrando  a una doncella rubia, como un precursor de King Kong.
La demonización de los alemanes empezó a crecer en los años 1930, autorizando al boicot de los productos alemanes, con la Palestina sionista como salida de emergencia, y después de la guerra cristalizó en una nueva jerarquía del mal con Hitler encarnando a un nuevo Satanás de carne y hueso. Desde entonces, los malvados nazis aparecieron más a menudo que los mismísimos vaqueros en innumerables películas de Hollywood, y seguimos viviendo hoy en día en un mundo donde la más mínima referencia a Hitler equivale al colmo del mal.

Hoy en día, para demonizar a alguien, basta con dibujar una semejanza cualquiera con Hitler, y la cosa funcionará. Los árabes y musulmanes combaten a los judíos, por lo tanto son nazis y pueden ser considerados como encarnación del mal. En 1956, el general Macmillan describió a Jamal Abd el Nasser como un “nuevo Hitler” porque nacionalizó el canal de Suez. En 1982, Begin llamó a Yasser Arafat “el nuevo Hitler”, porque tenía que justificar su agresión y el bombardeo de Beirut. Stalin era “peor que Hitler”, según un discurso del presidente Bush. Ahora le toca a Irán, cuyo presidente suele ser evocado como el “nuevo Hitler” y su pueblo como “islamofascista”. Irónicamente, los que defienden a Irán comparan a Bush con Hitler, y a los bushistas con los nazis. Esto recuerda a Huey Long de Luisiana; cuando se le preguntó si el fascismo podría llegar hasta América, contestó: “por supuesto que sí, con la única diferencia de que se le llamará anti-fascismo”.

Hollywood produjo algunas películas de curas que exorcizan a los demonios; pueden hacer otra sobre un rabino demonizador, basándose en Shmuley Boteach, autor de un libro sobre La necesidad de odiar el mal, quien escribiera: “Ajmadineyad es una abominación internacional que puede aspirar a ser reconocido como el hombre en vida más desbordante de odio”. Los políticos no se quedaron atrás, así por ejemplo Netanyahu: “Hitler primero se dio a conocer por una campaña mundial, y después trató de hacerse con el armamento atómico. Irán está tratando de empezar por dotarse de las armas nucleares primero.” Y Gringrich: Estamos en 1935 y Mahmud Ajmadinejad es lo más cercano a Adolf Hitler que hayamos visto jamás”.

Los israelíes se vuelven lívidos como la cera cuando se les compara con nazis. Inmediatamente empiezan una argumentación interminable para “puntualizar la diferencia”: los nazis usaban botas, nosotros llevamos zapatos, ellos graznean en alemán mientras nosotros cantamos en melódico hebreo, los nazis se oponían a los maravillosos judíos, nosotros nos oponemos a los bestiales árabes. No cabe duda que los israelíes son distintos de los nazis; tampoco que  era preferible ser un francés en la Francia ocupada por los alemanes, en vez de ser hoy un palestino en la Palestina ocupada por los judíos. Si no ha surgido ningún Céline palestino, ni un Sartre palestino o un André Gide para sentarse junto al poder ocupante, es porque la ocupación judía es mucho más insoportable que la de los propios nazis.

A los angloamericanos les gusta considerarse a sí mismos como los buenos contra los malos de Hitler. Pero hablando objetivamente, no había mucho para escoger entre ambos lados. Los angloamericanos  fueron bestias a más no poder: hicieron cenizas a Dresde, vitrificaron a Hiroshima, hambrearon a millones de alemanes. Incluso su racismo fue bastante comparable: en USA, una unión sexual entre un ario y un negro se consideraba una ofensa criminal muchos años  antes de las leyes de Nuremberg, y siguió siendo así durante muchos años después que las leyes de Nuremberg fueron anuladas [el Estado de Alabama abolió semejantes leyes recién ¡en el año 2000!].

No quiero ni siquiera empezar a hablar del bando soviético en la guerra, pues se ha convertido en un lugar común igualar a Stalin con Hitler en lo moral, y a los comunistas con los nazis, a pesar de que esta hipótesis se basa en unas pocas estadísticas locas de la guerra fría, y en realidad, el GULAG de Stalin nunca llegó a tener tantos internados como las prisiones de George Bush.

Ahora bien, la demonización es siempre cosa de bárbaros. Esta es la lección que tenemos todos que aprender ahora con todas las cosas que están pasando. Sólo un  arrogante y desalmado puede en su hybris pretender  una superioridad moral inherente, por encima de otro mortal. Por esto es que la demonización era una barbarie que no se conocía, hasta que la iglesia fue marginalizada. No es mejor demonizar la carne y la sangre que idolatrarlas. Ya sabíamos que no debemos endiosarnos; ahora es tiempo de aprender además a no demonizarnos. Seamos criaturas bendecidas con nuestros amigos, y lo mismo con nuestros enemigos. Ni somos ángeles, ni nuestros enemigos son demonios.

Si entendemos estas cosas, aprenderemos de los judíos que se han negado sabia y obstinadamente a demonizar a los suyos. Ariel Sharon fue un asesino brutal de mujeres y niños, que se supone quiso ser “un Hitler para los palestinos”; pero el New York Times de la familia Sulzberg no hizo caso a nuestras inocentes  tentativas por demonizarlo, fue bien recibido por los de arriba y la gente poderosa, y  está quedando  en la historia como un buen veterano cualquiera. Los judíos no permitieron la demonización de los responsables judíos de la policía secreta de Stalin, ni tampoco de matones judíos despiadados, sino que los mantienen en el recuerdo a todos como “hombres que amaban a sus madres judías”.

Los judíos no caen en la trampa de la demonización porque saben que cualquiera puede ser demonizado. Esta lección la da el Talmud con el ejemplo de Job, que “era perfecto y recto y temía a Dios prescindiendo del mal”. Sin embargo los sabios lo tacharon [a modo de ejercicio intelectual] de malvado, en broma. Las sagradas escrituras dicen que Job no pecó de palabra. Los sabios contestaron: “pero sí pecó mentalmente, de corazón”. Por si fuera poco, Job había dicho que “aquél que desciende al infierno no podrá volver”, con lo cual estaba “negando la resurrección de los muertos”, dijeron los talmudistas, y así sucesivamente. Así se demuestra que cualquiera puede ser demonizado, y por lo tanto a nadie se le debería demonizar.

Más aún, los judíos sabios no demonizaban ni siquiera a Satanás. ¿Por qué empujó Satanás a Dios a ensañarse con Job?, preguntó un sabio talmudista, y contestó a continuación: es que  Dios se entusiasmó con Job, y por poco se le olvida el amor de Abraham. Satanás se entrometió entonces por la mejor razón posible, para preservar el justo lugar que le corresponde a Abraham. “Cuando Satanás hubo oído esta homilía, vino y le besó los pies al sabio”, dice el Talmud (Baba Bathra 15). Esto fue sabio, porque Satanás no es igual a Dios, y tiene su lugar en los planes de El.

La falacia teológica de la demonización la entendió bien el especialista en ciencia política Carl Schmitt, católico y alemán. Se le presenta a menudo como un hombre sin escrúpulos morales; pero es porque no se le entiende bien. Para él, la distinción entre amigo y enemigo no puede descansar en la moralidad. Es una cuestión de nosotros contra los otros, no de malos contra buenos. Los dos lados son humanos, de modo que un político que los caracteriza a “ellos” como moralmente inferiores o “malos” peca de la hybris de la arrogancia, pero además está blasfemando pues niega que Dios sea el creador de todos. El poder del Señor  reina sobre todos, incluso sobre nuestros enemigos personales. Sería blasfemia tratar a nuestros enemigos como infrahumanos. Todos somos moralmente iguales, en la óptica de Schmitt, aún cuando la política hace que sea a veces “necesario” matar a los enemigos de uno, según la introducción corta, pero acertada, del filósofo americano moderno Newton Garver.

Scout Horton se equivocó tanto en la interpretación de Schmitt que uno se puede preguntar si se trataba realmente de un yerro  [ http://balkin.blogspot.com/2005/11/return-of-carl-schmitt.html ]. Por ejemplo, escribió: “para Schmitt, la clave para la salida   exitosa de la guerra contra semejante enemigo es la demonización…. Según Schmitt, las normas de la ley internacional con respecto a los conflictos armados reflejan las ilusiones románticas de una edad caballeresca.” Es al revés: Schmitt estaba a favor de una guerra de uniformes, llevada a cabo entre dos ejércitos, donde los civiles quedan fuera de la contienda. Estaba en contra de la demonización, porque es algo inaceptable para una persona religiosa. Horton se da cuenta que su lectura de Schmitt es defectuosa, y escribe correctamente : “Schmitt expresa desde el inicio las reservas morales más severas en cuanto a su concepto de demonización. Teme que se preste a ‘altas manipulaciones políticas’ que deben evitarse a toda costa”. Utiliza a Schmitt para atacar a John Yoo, un seguidor de Bush que después se convirtió en un seguidor de  Alan Dershowitz en cuanto a autorizar la tortura, pero en vez de referirse a Dershowitz el sionista, apela a Schmitt que puede ser presentado como un “pensador nazi legal”. El objetivo (de atacar a Yoo) es válido, pero los medios (la referencia a Schmitt) son disparatados. El artículo de Horton se puede entender como una prolongación de la extrema demonización de la Alemania de los años  1930. Se refiere a Leo Strauss “admirador de toda la vida y comentarista de Carl Schmitt ante sus estudiantes” pero no logra ver la gran diferencia. Schmitt creía en Dios, mientras que Strauss carece tanto del sentido de lo divino que les resultó chocante a los sionistas en la Jerusalén de los años 1930, por su ateísmo total. De estos dos hombres, Strauss el precursor de los neo conservadores y Schmitt el pensador nazi legal, Schmitt era el que abogaba por una actitud humana hacia el enemigo, mientras que Strauss los deshumanizaba a todos sin piedad.

Horton escribe : “Carl Schmitt era un hombre racional, pero marcado por un odio a América que rayaba en lo irracional. El veía la forma en que USA trastocaba  la ley internacional como viciada por la hipocresía, y veía en la conducta Usamericana de fines del siglo XIX y principios del XX una nueva forma de imperialismo amenazante”. ¿En qué se puede calificar de irracional este planteamiento? ¿Cómo es posible que una persona del mismo lado nuestro de la barricada (como es el caso de Horton) no puede admitir que el Estado que veta cualquier resolución de condena a Israel y llama a la guerra contra Irán es el colmo de la hipocresía? ¡Si Molière se enterase, tendría que reescribir su Tartufo! La actitud de Horton, típicamente judía, según la cual “si nos critican, tiene que ser por culpa de un odio irracional” se ha convertido en la marca distintiva  del pensamiento Usamericano que germinó a partir de la demonización del enemigo.

Pues no se puede demonizar sólo a una persona y parar la cosa ahí mismo: la demonización de una persona conlleva la demonización de muchas otras más. Los ataques contra musulmanes, árabes, iraníes son la consecuencia inevitable de los ataques anteriores contra los alemanes. Por esto el columnista canadiense y judío Mordecai Richler escribió: “Los alemanes son para mí aborrecibles. Me alegro de que se bombardeara a Dresden sin ningún objetivo militar. Para mi gusto, los rusos no retuvieron y maltrataron a los prisioneros de guerra alemanes lo suficiente”.

Y el premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, añadió, a su vez: “Cada judío debería preservar en algún rincón de su ser íntimo, una zona de odio, odio viril y saludable, hacia lo que personifica el alemán y lo que persiste en el alma del alemán.” http://www.counterpunch.org/dasgupta07292006.html ]
A partir de ahí no había más que un paso hasta  llegar a Dan Gillerman, representante israelí en la ONU, que llamó a los combatientes de Hezbollah “animales desalmados e imposibles de diferenciar”, o al jefe del consejo israelí, Rafael Eitan, proponiendo tratar  a los palestinos como  “se trata a las cucarachas drogadas dentro de una botella”. Pero ahora, hasta los alemanes siguen alegremente este estilo de acusaciones contra su finado Führer, y se unen a la universal condena de Irán y los árabes. “El presidente Mahmud Ajmadineyad es un Adolf Hitler en pleno auge con su obstinación en un programa nuclear par Irán”, dijo la amazona anglosajonizada Angela Merkel, canciller alemana. [http://www.archive.gulfnew.com/indepth/irancrisis/more_stories/10016391.html]

Pues sí, las gentes que han padecido asaltos de hostilidad tienden a unirse al grupo y procuran ser hostiles a su vez contra otros, no es más que un rasgo humano, o tal vez simio. El encantador pintor mexicano Miguel Covarrubias menciona un caso semejante en su libro inmensamente divertido sobre Bali. En una vivienda balinesa, un mono domesticado pero iracundo se subió a un árbol y empezó a arrojar cocos por doquier. En vano los amos trataron de bajar al mono ofreciéndole caramelos. Hasta que acorralaron a un lastimoso enano, un criado, y escenificaron de manera harto convincente una paliza al pobre enano. Ahí mismo el mono bajó velozmente para unirse a los verdugos en el zafarrancho. Al poco rato el tonto bruto ya estaba enjaulado. Para mantenerse fuera de la jaula, el mono debió haber resistido la tentación de unirse a un ataque permitido sobre cualquier otro blanco. Pero por lo visto, hasta a los humanos les cuesta…

Pues bien, si queremos restaurar la paz en el mundo, debemos rechazar cualquier demonización, incluyendo al Malvado cenital, Adolf Hitler. Sinceramente me tiene sin cuidado Hitler,  tanto como malo como en tanto que bueno. Ni lo admiro ni lo demonizo, ni lo odio ni lo amo, como tampoco a Napoleón o a Genghis Khan. Están requetemuertos estos flagelos, ya está. Le tengo un cariño especial al Hitler de nuestro tiempo, Ajmadineyad; me importan tres pepinos los hítleres del pasado, llámense Saddam Hussein, Nasser o Yasser Arafat. Mi padre peleó por Stalin, y el presidente Bush nos enseñó que Stalin es peor que Hitler. Para mí “Hitler” es el  nombre genérico de los enemigos de judíos, ni más ni menos que “Amalek”.

Y, en realidad, el hombre que se apasiona tanto por Hitler es un renegado, pues niega a Dios y elige como dios personal y demonio personal a gente de carne y hueso. Por esto los judíos muy respetuosos de la ley como lo son  los del Neturei Karta pudieron ir a la conferencia de Teherán, mientras otros, ateos, se asustaron simplemente con el nombre del célebre austríaco muerto. La demonización de Hitler causó la deificación de los judíos, y así es cómo se creó la nueva teología del auténtico paganismo neojudaico.

La creación de un polo del mal a nivel de humanos es causante de una infinidad de anomalías en el discurso público. La demonización del racismo es uno de los resultados. Uno puede desaprobar a un tonto que se considera a sí mismo de mejor estirpe que otros. Pero no deja de ser un estilo muy corriente de vanidad, que comparte mucha gente de las “castas de arriba”, por ejemplo descendientes de nobles, sacerdotes y judíos en nuestra sociedad. La creencia en la superioridad de la raza blanca, o de la estirpe anglosajona, no es más que una versión democrática de la vanidad de clase dominante, que vale para que la use gente que no puede pretender ser de origen noble o judío. El día en que estas personas de una clase pretendidamente superior renuncien a su vanidad, a sus títulos y hagan una hoguera con el libro de Deborah Lipstadt, La amenaza de la asimilación, entonces sí podrán fijarse en la paja que se halla en  el ojo del vecino más humilde que ellos.

El racismo cotidiano, de menor cuantía,  no es mayor  problema en nuestra sociedad. Yo, bigotudo de piel oscura y tipo mediterráneo, nunca he tenido queja por ello en mis sesenta años de andanzas. Pero tampoco he intentado molestar a los autóctonos subiendo al máximo el volumen de una música extranjera, practicando extrañas costumbres en público o portándome de manera conspicua. En Israel hay ciertos reflejos tribales de amor y desamor, principalmente entre las diversas tribus judías, y por supuesto que es bastante asqueroso, pero no estoy seguro que tenga eso que ver con el viejo racismo infame.
El racismo es tan poco problemático, que la búsqueda de un racista sacrificial es un fracaso completo. Al diputado Georges Freche lo echaron de su partido porque dijo que el equipo nacional de fútbol de Francia no debería ser todo negro. Dijo públicamente : “nueve de once jugadores en nuestro equipo nacional de fútbol son negros. Tres o cuatro jugadores negros sería una proporción normal. Los negros son superdotados en deportes y música, como los griegos de Homero, pero tal vez a los franceses nativos les interese y tengan las aptitudes necesarias para jugar al fútbol en la selección de paìs . Claro, esta frase está fuera de lo políticamente correcto, pero no por ello deja de ser la expresión del sentido común más extendido.

Las ideas de igualdad deberían tener su lugar, pero no ocupar todo el espacio. Para los suecos está bien tener un pastor mujer  de vez en cuando, pero es que ya no hay pastores hombres, y muy pocos feligreses además. De la misma forma, si todos los jugadores de fútbol fueran negros, tal vez los franceses nativos perderían el  interés  en seguir los partidos de fútbol. El equipo nacional de fútbol no debería ser predominantemente negro y tampoco  deberían ser todos, o casi todos, judíos los periodistas y los personajes estelares en los debates de la televisión francesa. También es cierto que africanos y judíos vinieron a Francia, que agradecen la hospitalidad francesa, y no intentan desplazar a los autóctonos. Si los socialistas franceses siguen siendo tan estrictos con sus miembros, desaparecerán del mapa como dinosaurios en retirada; y Segolene Royal no será recordada sino como la figura que impidió que le Pen venciera a Sarkozy en las elecciones para presidente en 2007.

En Inglaterra, la bailarina clásica Simone Clark expresó su opinión de que el país tenía suficiente inmigración, que el proceso sin fin de importar trabajadores debería ser frenado o incluso concluir. Pues bien, es un punto de vista, y posiblemente razonable, cuadra dentro de la Carta de los derechos, el Bill of Rights, o cualquier texto que en nuestros días autorice la libertad de palabra. Algunos antirracistas locos organizaron una protesta contra el hecho de que la contratara el Ballet. La bailarina es una buena persona, no es ninguna racista en el sentido propio de la palabra; no viene al caso, pero además está casada con un bailarín chino; pero para los demonizadores de Hitler obsesivos y renegadores de Dios, ni siquiera un punto de vista moderado debe expresarse, y a la persona que lo exprese, habría que echarla a la calle, quitándole el trabajo y la vivienda. En tanto comunista, defiendo el derecho de Simone Clarke a pertenecer al British National Party y a bailar Giselle en el escenario de la Opera nacional inglesa; los furibundos que protestan deberían primero protestar contra el hecho de que Bárbara Amiel siga escribiendo en el Daily Telegraph.

En Alemania, los antirracistas y antinazis desfilan con la bandera israelí y exigen que no se use más el pañuelo palestino, como Schneider de Leipzig:
“Lo que todos compartimos es el apoyo a Israel y luchamos contra cualquier forma de antisemitismo, fascismo y sexismo”, dice el director del centro, Christian Schneider, de veitnitseis años.

Un buen ejemplo de la actividad proisraelí en Leipzig es la campaña pública contra los kaffiyehs,que fue en un tiempo un accesorio esencial en la vestimenta de los activistas de izquierda. “¿Es que tienes un problema con los judíos, o simplemente sientes frío en el pescuezo?”  Esta fue la consigna en la campaña organizada por el centro en años recientes. La campaña apuntaba a impedir que los jóvenes usaran lo que el centro percibía como un símbolo de la identificación con los palestinos y el antisemitismo, informó Haaretz.

Estas cosas de locos son el resultado de la demonización extrema, obsesiva de Hitler. Una vez más, debemos aprender de los judíos, que expulsan a los inmigrantes por lotes en los aviones, combaten el mestizaje y la asimilación sin dejar de añadir que “esto no es racismo”. ¿Por qué no es racismo? En un chiste judío, un rabino se encuentra retrasado, se da cuenta que ya va empezar el shabbat, y se pone a rezar, hasta que sucede el milagro: fue shabbat dondequiera, pero siguió siendo viernes  en el Cadillac del rabino. De la misma forma, oponerse a la palabra mestizaje (o musitar el término antiguo de miscegenación) es algo racista salvo, milagrosamente, ¡cuando lo hace un judío! [http://www.haaretz.com/hasen/spages/806069.html ]


“Racismo”, es decir la preferencia dada por el autóctono  a otro nativo a costas de un extranjero es una conducta normal y normativa. Esta actitud es un mandamiento de la Biblia, es una actitud que protege la relación íntima entre el hombre y el suelo. En la oración judía, se le pide a Dios que haga llover y no atienda a las oraciones del extranjero que pide un tiempo seco. Un mal llamado racismo es la mejor forma de proteger la tierra, y  no hay motivo para preocuparse por ello; cosi fan tutti: todos hacen lo mismo.

Fíjaos que “racismo” no figura entre las virtudes del libro cristiano. Pero tampoco figuran  como virtudes la codicia, la gula, el orgullo, la envidia ni la lujuria. Y no vemos el caso de políticos expulsados del partido socialista, por ejemplo, por escribir una columna gastronómica, dar una advertencia en la bolsa de valores, por marchar en una gay pride, o por comprarse un carro mejor que el del vecino. Hay leyes “contra el odio”, pero no “contra la vanidad”.

Piense uno lo que quiera de los racistas de antaño, hoy en día este mote se le pone a cualquiera que no reniegue de las raíces y del afecto de una persona por su tierra y su comunidad. El racista arquetípico  de nuestros días, digamos, la santidad “racista”, sería Simone Weil, quien consideraba el arraigarse como una virtud, y el desarraigo como un pecado (y se opuso con fuerza a la demonización de Alemania por Francia en 1939). Así, cualquiera que respalde la inmigración peca, porque está impulsando al desarraigo. De modo que cabe preguntarse si es mejor ser bueno con el vecino autorizándolo a venir y acomodarse, o prohibiéndole que deje su país natal. No hay respuesta a prueba de fuego para esta pregunta, y lo digo en tanto soy un perpetuo inmigrante. Y si te dicen que eres racista porque te opones a la inmigración masiva contesta : “y tú eres el propagador del veneno del desarraigo”, como hizo Simone Weil. [  http://www.hermenaut.com/a47.shtml ].

Por ser incapaces de devolver la demonización a judíos y angloamericanos , es que los nacionalistas y gente de la extrema derecha demonizan a los rusos, los soviéticos y los comunistas. No tienen mucho éxito que digamos, así que no es necesario gastar pólvora en ello. Basta con decir que los números fantásticos de “millones de muertos” por culpa de Stalin, Mao o Pol Pot no son más que producto de la imaginación. Ninguno de ellos mató a tantos como el imperio americano antes y ahora. Ninguno arrojó a tantos al exilio como hicieron los israelíes.

No hay imperios del mal, sólo están los imperios que nos mantienen a raya. La Rusia soviética no fue un imperio del mal, ni tampoco el comunismo personificado por Stalin y el GULAG. Sholojov, Antón Blok, Boris Pasternak, Eisenin, Mayakovsky y Deineka abrazaron la revolución y expresaron sus ideas en formas artísticas. Fue la tierra del magno experimento, exitoso en parte, de la igualdad y la fraternidad entre los hombres, de la tentativa bravía para derrocar al espíritu de la codicia. Los comunistas y los que los apoyaban trataron de liberar el trabajo, llevar el reino celestial a la tierra, erradicar la pobreza y liberar el espíritu humano.
Y el comunismo hizo avanzar la democracia social europea.

Alemania no era el imperio del mal, ni tampoco Hitler y Auschwitz encarnaron en exclusividad el espíritu del tradicionalismo orgánico. Los tradicionalistas trataron de establecer un paradigma alternativo basado en Wagner, Nietzsche y Hegel, de ir a las raíces y a las tradiciones del pueblo. No en vano, los mejores pensadores y escritores de Europa, desde Knut Hamsun hasta Louis Ferdinand Celine, desde Ezra Pound hasta William Butler Yeats y Heidegger vieron el elemento positivo en el punto de vista orgánico y tradicionalista. Si a Rusia y Alemania no se las hubiese demonizado, posiblemente no habrían llegado a los extremos que vimos.

Tenemos que restaurar el equilibrio del pensamiento y el discurso que fueron barridos a raíz de la Segunda guerra mundial, debido a la victoria demasiado completa del pensamiento burgués “judeoamericano”. Mientras condenamos los excesos y crímenes de guerra, deberíamos volver a apoderarnos del reino del espíritu, que abarca desde Mayakovsky hasta Ezra Pound. No hay hombres malvados, somos criaturas hechas a la imagen y semejanza de Dios, y se necesitan todas las ideas para producir pensamientos nuevos.