sábado, 24 de diciembre de 2011

Las movidas de don Francisco Pizarro

“¿Francisco Pizarro conquistó el Perú? Todo el Perú no, parece que le faltó una plaza”, esta frase, de un reconocido caricaturista peruano, describe muy bien todas las veces que ha sido “descabalgada” la estatua del fundador de Lima: desde su inauguración en el IV centenario del aniversario de Lima en 1935 hasta su traslado en el 2004 a su actual recinto en el Parque de la Muralla. ¿Será ésta su última parada? Solo el tiempo lo dirá.

Era el 18 de enero de 1935, cuando Lima vivía una fiesta por el cuarto centenario de su fundación española. Precisamente como parte de las celebraciones, el entonces presidente del Perú, general Óscar R. Benavides, inauguraba el monumento del fundador Francisco Pizarro. Eran las 12:15 p.m., cuando descorrió el velo de la estatua ecuestre de bronce ubicado en el atrio de la Catedral, su primera morada por 17 años.

La oportunidad no podía ser desaprovechada para que los funcionarios de la época exclamaran sus más retóricos discursos, exaltando la imagen del conquistador. Las palabras de Luis Gallo Porras, entonces alcalde de Lima, fueron de homenaje "a la figura preclara del héroe y del civilizador”.
1935. El monumento de Pizarro resguardó la Catedral de Lima por más de una década.
Por su parte Fred Morris, embajador de Estados Unidos, país de donde provenía el monumento, dio un largo discurso: “Este íbero, heroico, recio y bravo, como se muestra en la estatua que donó mi compatriota, seguirá velando más allá de la memoria de su enorme aventura, por la prosperidad y la eterna búsqueda de gloria que fue en España y por la grandeza que será del Perú”.
La estatua del escultor neoyorquino Charles Cary Rumsey fue donada ese año por su esposa María Harriman de Rumsey. Desde 1910 se habían exhibido varias versiones de la figura de Pizarro en otras localidades, una de ellas Trujillo de Extremadura, España, lugar de nacimiento del conquistador.
Solo unos años después, las primeras discrepancias se hicieron notar, aduciendo que el sagrado lugar del atrio de la Catedral no era el mejor lugar para un conquistador que se mostraba en actitud bélica.
1952. Gran revuelo causó el traslado de la escultura al costado de Palacio de Gobierno.
Pero fue el 26 de julio de 1952, poco antes de la medianoche, y después de la protesta de la iglesia y de algunos ciudadanos, que el español por fin abandonó la Catedral y fue trasladado a una nueva plaza que llevó por algunos años su nombre, Plaza Pizarro, para la cual se derribó un antiguo solar que habría pertenecido a don Martín de Alcántara. Dicha casona cerraba el cuadrado que circundaba la Plaza de Armas con la Casa del Oidor, que está en la esquina opuesta.
Aquella noche los periodistas seguían cada detalle de la ardua faena que realizaron los obreros para el traslado de la estatua. La nota pintoresca la puso el numeroso público que seguía cada paso que daba la grúa que llevaba al conquistador, desfilando en procesión desde Palacio de Gobierno, luego doblando por los Portales de la Municipalidad, siguiendo por el pasaje Santa Rosa hasta el pozuelo de Santo Domingo para luego tomar la calle Correo hasta llegar a la plazuela donde fue finalmente izada.
El 28 de julio, paradójicamente, el alcalde Luis Dibós Dammert rendía homenaje al español en su segunda morada. Su esquina le duró más de medio siglo, y se dice que durante ese período hubo dos intentos de traslado, uno al Palacio de Gobierno y otro al distrito del Rimac.
1985. En la Plaza Pizarro se realizaron ceremonias por el aniversario de Lima.
Ninguna de las dos se concretó, así que siguió allí luciéndose altivo hasta que la gestión de un alcalde de pocas palabras, Luis Castañeda Lossio, lo desalojó al filo de la medianoche. El 26 de abril del 2003 pasó de su Plaza al polvoriento pampón del Setame cerca de Acho.
Otra vez el español hacía noticia. Al día siguiente los diarios de la capital lo tenían dentro de sus páginas, pues había vuelto a ser tema de discusión entre periodistas, historiadores e intelectuales.
El Concejo Provincial de Lima aprobó sustituir el monumento actual de Francisco Pizarro, por otro del mismo personaje, pero que no refleje al Conquistador, sino al “fundador y primer gobernante de Lima”.
2003. La estatua viaja hacia el Setame para esperar su nueva ubicación.
El acto fue calificado por algunos como un disparate y por otros como la mejor decisión. Sin embargo, el burgomaestre no dio marcha atrás y aduciendo mayor identificación con nuestros pueblos le “bajó el dedo” a Pizarro.
Removido don Francisco, se inauguró la Plaza Perú, donde vemos ahora una iluminada pileta de agua y el estandarte de nuestra bicolor, atractivo lugar para los limeños, y para el lente de los fotógrafos callejeros que no pierden tiempo y animan a quien pase por allí a tomarse “una fotito para el recuerdo”.
2004. El Parque de la Muralla es resguardado por el histórico monumento.
Tras 19 meses de permanecer en un depósito municipal, la estatua fue instalada el 19 de octubre de 2004 en un extremo del nuevo Parque de la Muralla, a orillas de río Rímac. Desde ese lugar, lejos de la céntrica Plaza de Armas, ya no luce altivo como antes; fácilmente pasa desapercibido por los otros atractivos del parque. Al parecer este sería la parada final de su larga cabalgata.

(María Fernández Arribasplata)

Fotos: Archivo Histórico El Comercio













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