El Tarapaquito

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martes, 21 de octubre de 2014

Música Criolla de Aniversario

31 de octubre "Día de la Canción Criolla"

Es una jornada donde se rinde homenaje a este género musical y a todos sus intérpretes, quienes mantienen vigente la música peruana pese al transcurrir de los años.

Fue el 18 de octubre de 1944, cuando el presidente Prado promulgó el ''Día Central del Criollismo'' en la Plazuela ''Buenos Aires'' en la Plaza Francia. Pero, debido a la coincidencia con la festividad del Señor de los Milagros, la fiesta del Criollosmo se trasladó al último día del mes, el 31.

La Canción Criolla tiene una historia importante en la riqueza cultural y popular de nuestro país, siendo los años veinte su época de máximo apogeo con la aparición de ''La Guardia Vieja'', un grupo que comprende a compositores e intérpretes clásicos del criollismo como José Sabas Libornio, Juan Peña Lobatón, Julio Flores, Oscar Molina, entre otros.
Pero, quien le dio mayor matiz a este género musical fue Felipe Pinglo Alva, cuyas canciones como ''El Plebeyo'', ''El Huerto de mi amada'' y el ''Espejo de mi vida'' fueron el camino hacia la expansión popular de la Canción Criolla, más aún si fueron interpretadas por voces históricas del criollsimo como Jesús Vásquez, Lucha Reyes, Chabuca Granda y la guitarra del gran Oscar Avilés.

El Día de la Canción Criolla se celebra con múltiples presentaciones en las conocidas ''Peñas Criollas'', donde se refleja el espíritu festivo de nuestro pueblo a través de la música y buscar un contacto más profundo con la peruanidad.
He aquí algunas canciones:
















martes, 23 de septiembre de 2014

Inedia significa "ayuno absoluto"

INEDIA – VIVIR SIN COMER

todoestarelacionado.wordpress.com/2012/03/10/inedia-vivir-sin-comer-documental-voz-espanol/

Se conoce con el nombre de “Inedia” al ayuno absoluto. Léase bien: Absoluto. En la historia de la humanidad abundan los casos que son completamente “inexplicables” por sus extrañas características. “VIVIR DE LA LUZ” sigue el fenómeno del que sólo unos pocos en el mundo occidental son conscientes.
El documental nos muestra la vida de personas que son capaces de vivir sin comer ni beber, durante semanas, años e incluso décadas; una forma de vida conocida como “Breatharianism” o“Respiracionismo”. La mayoría de la gente afirma que esto no puede ser, que es imposible. “VIVIR DE LA LUZ” nos mostrara, en un viaje sorprendente, con informes científicos, experimentos y con experiencias personales de los protagonistas, que se puede vivir de la luz.
VIVIR DE LA LUZ” no pretende en absoluto motivar a la gente para que deje de comer o probar que el “respiracionismo” funciona en todas las personas. Simplemente pretende que los espectadores se cuestionen por un lado los modelos de pensamiento moderno y por otro, el fondo y los múltiples niveles del discurso científico e ideológico y que consideren nuevos puntos de vista”.

¿Vivir del sol? 
Tiende a creerse que el cuerpo humano no puede resistir sin comer y, sobre todo, sin beber durante mucho tiempo. De hecho, solo parece posible sobrevivir en esas condiciones durante escasas semanas. Sin embargo, se conocen bastantes casos de anacoretas y santos que se mantuvieron vivos durante décadas sin comer ni beber. A este fenómeno místico tan sorprendente se lo ha denominado “Inedia”, término que procede del latín y que significa abstinencia más o menos prolongada de alimentos.

Anorexia mística
Las proezas de algunos anacoretas de los primeros siglos del cristianismo palidecen ante algunos místicos cristianos que vivieron muchos años en inedia total. Curiosamente, la mayoría de los casos más impresionantes se han observado en mujeres. Sin duda, según hace notar el filósofo Aimé Michel, que ha examinado con todo rigor este fenómeno, “en todos los casos(…) siempre parece que la enferma – si hubo enfermedad – estuvo sometida a una dura prueba moral o tiene algún motivo para estar obsesionada por una idea dolorosa (…). Si recordamos que el misticismo consiste en afrontar el dolor deliberadamente, es de esperar que en las vidas de los santos se observen con frecuencia estos ayunos”.
Citaremos solo algunos de los muchos casos recogidos en las fuentes hagiográficas:
Catalina de Siena (8 años de inedia), Catalina de Raconizzio (10 años), Rosa María Andriani (28 años), Luisa Lateau (14 años), Angela de Foligno (12 años), Lidwina de Schiedham (28 años), Domenica del Paradiso (20 años), Isabel von Reute (15 años), Nicolás de Flüe (19 años).
Veamos algunos ejemplos destacados
La santa Catalina de Génova. En el texto Vita e Dottrina di Santa Caterina da Genova (1551) se habla de sus “grandes ayunos”, que duraron desde 1476 hasta 1499. Se detalla que durante tres cuaresmas y el mismo número de advientos no ingirió ningún alimento sólido. Solo bebía ocasionalmente un vaso de agua mezclado con sal y vinagre.
Catalina de Génova


Junto a los citados santos de épocas pasadas, en tiempos más recientes debemos situar a la mística alemana Therese Neumann, cuyos espectaculares estigmas, dotes de clarividencia y sanación también palidecen comparados con su grado de supervivencia en inedia absoluta. Al parecer, tuvo una visión en 1927 en la cual se le comunicaba que nunca más tendría necesidad de alimentos terrenos. Desde entonces dejó de comer y de beber. Lo sorprendente es que, a pesar de ello, no solo no perdió peso, sino que siguió viviendo con relativa normalidad.
Al igual que los otros fenómenos físicos que protagonizó, su inedia fue estudiada por doctores y padres de la iglesia. El obispo de Regensburg pidió al progenitor de Therese que aceptara en su hogar una comisión para que comprobara la naturaleza de aquel ayuno tan prolongado. El señor Neuman accedió y durante dos semanas cuatro monjas permanecieron en su casa observándola constantemente. En ningún momento la dejaban a solas y hasta medían el agua que empleaba para lavarse los dientes con el fin de verificar que no se la tragaba. Therese no solo superó la prueba con éxito, sino que sobrevivió sin comer ni beber durante 35 años.
Así lo expuso en 1967 Johannes Steiner en una biografía sobre Neumann: excepto la hostia y el vino consagrados de la comunión, ningún otro alimento ni bebida rozaron sus labios. Muchos experimentos realizados por diferentes médicos lo confirmaron. Al parecer, dejó de hacer deposiciones después de 1930 y su tracto intestinal literalmente se secó. Así y todo, siguió llevando una vida relativamente activa, al menos desde un punto de vista psíquico, ya que tuvo visiones hasta su muerte en 1962.
Therese Neumann
Sobre la inedia como fenómeno sobrenatural, es decir, cuando se observa una prolongada supervivencia en una persona tras una abstinencia absoluta de muchos años, se ciernen todavía una serie de interrogantes sin resolver: ¿Se trata realmente de un prodigio? El fenómeno se ha observado también en místicos de otras religiones y no por ello se le atribuye un carácter sobrenatural.
En el hinduismo en concreto, más parece un fenómeno natural que divino. Un ejemplo notable que supera sobradamente al de Therese Neumann lo tenemos en la mística hindú Giri Bala. Según describe Paramahansa Yogananda en su Autobiografía de un yogui, tras una visita que le hizo cuando ella tenía 68 años, Bala no había probado ningún alimento sólido ni líquido durante 56 años, es decir, desde que tenía 12 años: “Madre, ¿de qué sirve que te singularices viviendo así, sin alimento?”, le preguntó en voz baja Yogananda. Bala respondió: “Para demostrar que el hombre es espíritu, para demostrar que por el camino hacia Dios el hombre puede aprender a vivir de luz divina y no de alimentos”.
Giri Bala
¿Sentía alguna aversión Giri Bala a los alimentos? 
Es probable, pero acaso no tanta como han experimentado algunas místicas occidentales. Veamos el caso de la tirolesa Domenica Lazzari. Todos los doctores que la estudiaron confirmaron que no comía. Así lo expusieron Lord Shrewsbury en sus Letters of the Earl of Shrewsbury (1847) y el Doctor Dei Cloche, del hospital de Trento, que analizó a la mística durante dos años y publicó los resultados de sus observaciones en los Annali Universali di Medicina (1837). Dei Cloche cuenta que un día consiguió convencer a Domenica de que se dejara en la lengua un terrón de azúcar; pero esta sufrió una crisis de vómitos y convulsiones que le duró veinte minutos. Al parecer, también se desvanecía cuando olía el pan tostado y su rostro de contorsionaba dolorosamente.
Antecedentes similares se encuentran en la beata María d´Oignies, que tampoco soportaba dicho olor; según cuenta el cardenal Jacques de Vitry: “Durante su enfermedad no podía tomar absolutamente nada, ni soportar el olor a pan (…). Un día, tratamos de darle un pedazo de pan sin consagrar, pero volvió la cara al instante, horrorizada por el olor del pan. Una corteza le rozó los dientes y fueron tan grandes el dolor y el malestar que se puso a gritar, a vomitar y a escupir, a jadear y a llorar como si fuera a estallarle el pecho”.
La anorexia es una grave enfermedad de los tiempos modernos fomentada por la Hermandad Babilónica.
Este tipo de aversión al alimento se observa igualmente en las jóvenes anoréxicas no religiosas de nuestro tiempo, pero aunque estas poseen muchos rasgos comunes con las citadas místicas, en las últimas parece ser más una facultad que una capacidad, pues son capaces de elevarse cuando se alimentan de Dios. El ejemplo de Catalina de Siena es magnífico, ya que se contentaba solo con tomar la comunión, según cuenta R. Fawtier en su obra Sainte Catherine de Sienne (1921): “Este alimento celestial no solo mantenía su alma, sino también su cuerpo. Por ello ya no volvió a necesitar alimentos corrientes y todas las tentativas que hacía por consumirlos eran seguidas de grandes sufrimientos”. Tales sufrimientos – si bien “dulces” – aparecen confirmados también en una carta que la santa envió a Raimundo de Capua: “Mi cuerpo subsiste sin alimento alguno, ni siquiera una gota de agua. Estos dulces sufrimientos son muy grandes, nunca sentí nada parecido”. Vivió aproximadamente 8 años sin ingerir alimento de ningún tipo.
Catalina de Siena
Probablemente estas santas alcanzaron el mismo grado de éxtasis y elevación espiritual que los místicos hindúes, pero tal vez no poseían el mismo dominio de las prácticas y procesos naturales que los permitían identificarse con la divinidad sin tantos sufrimientos.
Sadhu Beard
En el ascetismo hindú, la supervivencia del cuerpo tras períodos muy prolongados de inedia no se atribuye a factores sobrenaturales, sino que se considera normal. Lo explican por la adquisición de cierto control del quinto Chakra, el Vishuddha, situado en el hueco de la garganta y en el interior de las vértebras que le corresponden, según se explica en los Yoga Sutras, de Patanjali. Los místicos hindúes llevaban milenios practicando ayunos de estas características cuando los santos católicos los descubrieron. Para el asceta hindú – como para todo el mundo – lo importante es respirar. por eso pueden vivir sin comer ni beber por medio de prácticas y procesos naturales, pero nunca dejan de respirar, aunque sea bajo mínimos.
La mística cristiana Ángela de Foligno, muerta en el 1309, vivió durante 12 años en exactas condiciones. Santa Livinia de Schiedman (1380-1433) no probó alimento durante nada menos que28 años. La bienaventurada Rosa María Andriani (fallecida en 1845) también sobrevivió a la experiencia de la inedia durante 27 añosElizabeth de Reute, otra mística católica, vivió como si nada durante 15 años en los cuales no ingirió ningún sólido ni líquido.
 
Elizabeth de Reute
Y los casos siguen, todos ellos examinados controlados minuciosamente por las autoridades civiles y eclesiásticas de cada época. Ninguno de ellos explicado de manera alguna.
Sigamos. Los magistrados del gobierno y de la iglesia francesa de fines de siglo XV firman un documento que manifiesta de manera textual: “Hacemos saber a todos y a cada uno que Nicolás de Flue, habiendo abandonado a su padre, a su madre, a su mujer y a sus hijos, se retiró a un desiertollamado Raust, en el cual se ha conservado por la gracia de Dios sin comer ni beber durante 18 años y viviendo todavía sanamente en el momento en que esto se escribe y gozando de plena razón; de todo lo cual damos testimonio como lo hemos visto y sabiendo que es verdad”. Nicolás de Flue, luego de esta comprobación y este documento, permaneció aún 2 años más en el desierto (en el que no había de dónde sacar alimento agua) reintegrándose luego, a su vida anterior.
Nicolás de Flue
El Papa Inocencio VII hizo controlar estrictamente el ayuno total de la mística Colombe de Riettidurante, nada más ni nada menos, 20 años.
Luego hay infinidad de casos de personas –todos ellos místicos- que practicaron la inedia varios meses. Si los comparamos con los ejemplos anteriores, parece muy poco, pero razones biológicas indican, obviamente, que no lo es. Se supone que semejantes ayunos son simplemente imposibles. Y, sin embargo, todos están debidamente documentados.
El caso más reciente es el del indio Prahlad Jani, pues según dice ha pasado 70 años sin ingerir alimentos ni beber agua. Este es uno de los casos tratados en el documental “Vivir de la luz”
Prahlad Jani
Sin embargo, la “Defence Research Development Organisation” (DRDO) de la India tenía sus dudas y lo estudió durante 15 días para comprobar si sus funciones fisiológicas no se veían afectadas por este peculiar estilo de vida.
“Todavía no sabemos cómo sobrevive”, afirmó el neurólogo Sudhir Shah, miembro del equipo que trabajó en el experimento. Su organismo no se vio afectado tras estos 15 días, y los resultados de los tests de enzimas, hormonas, genes y metabolismo energético fueron normales. Janide 83 años, volvió a su pueblo en Ambaji, cerca de Gujarat, donde lleva a cabo una rutina de yoga y meditación.






martes, 16 de septiembre de 2014

Perù-Chile, temas que no pierden vigencia

¿Qué pasa con Marco Aurelio Denegri?



En su programa del 9 de julio del 2006, Marco Aurelio Denegri conversaba con Ramón León sobre las relaciones entre peruanos y chilenos. Como muchos lobbistas  prochilenos, el señor León promovía un paralelo e imitación de la relación peruano-chilena a la  franco-alemana, aduciendo que ahora Francia y Alemania mantienen buenas relaciones después de la Segunda Guerra Mundial.
 
Extraña que alguien que se precia de agudo, como Denegri, se haya quedado callado ante esa comparación, no sólo por la agudeza que suele exhibir, sino porque es conocedor de la historia de los conflictos peruano-chilenos. Quien calla otorga. Es una lástima, porque eso no ayuda a formar opinión, sino a distorsionar la realidad.
 
Lo sucedido entre Francia y Alemania no tiene punto de comparación. Lo que hay de común es que en ambos casos hubo un país agresor y un país agredido. Lo demás dista mucho de ser equivalente.
 
En primer lugar, las tropas alemanas ―aunque se trató de una ocupación en parte cruenta― no cometieron los actos de saqueo, pillaje y violación con la población francesa como hicieron los chilenos en su delincuencial accionar en el Perú.
 
Segundo, Alemania había ocupado los territorios de Alsacia y Lorena durante la Segunda Guerra Mundial. Esas tierras eran objeto de la ambición alemana desde 1870, cuando el militar alemán Moltke las ocupó durante la guerra franco-prusiana, pero, al perder los alemanes, dejaron entonces esos territorios. Lo mismo sucedió durante la Primera Guerra Mundial y después durante la segunda.
En cambio, Chile no ha devuelto los territorios de Tarapacá y Arica y ahora usurpa nuestro mar territorial.
En tercer lugar, los alemanes de hoy educan a sus niños ―y a su pueblo en general― enseñándoles que Hitler y su régimen nazi cometieron atrocidades y condenando ese pasado, además, está prohibido realizar apología del nazismo o de Hitler. Por el contrario, los chilenos de hoy enseñan a su pueblo y sus niños que los jefes de la Guerra del Pacífico, tales como Lynch, Baquedano y otros, que comandaron la banda saqueadora y violadora chilena, ¡SON HÉROES! Inclusive tienen monumentos levantados en honor a esos pillos. Sus libros de historia los consideran héroes. Un pueblo así educado lleva dentro una mente delincuencial. No es de extrañar que los chilenos sigan armándose y considerando al Perú un botín, como cuando la turba chilena lo gritó en un partido de fútbol contra el Perú en Chile.
Cierto es que formalmente a esos actos se les llama actos de guerra de invasión, pero ellos correspondieron a la propagación y difusión en Chile ―durante décadas―, de una ideología que tras las crítica a Perú y Bolivia como países desorganizados y corruptos, propugnaban la “purificación” de ambas naciones “enfermas” mediante una guerra de usurpación y despojo que se inició en 1879. Por lo tanto, la Guerra del Pacífico y sus consecuencias reflejan la consumación de una criminal y premeditada conducta delincuencial del país agresor. En todo el mundo, el único militar honorable es el que lucha en defensa de su país, repeliendo una invasión; por el contrario, el militar que invade otro país es un delincuente ante la ley internacional.
 
Caso aparte es el de Pratt. Los chilenos han tenido el atrevimiento de formular al Vaticano un pedido de beatificación de Pratt, quien murió intentando asesinar a Grau. Este personaje, si de verdad hubiese sido santo, debería haberse abstenido de participar en una campaña de usurpación y pillaje. Como sustento del pedido al Vaticano muestran una carta de Grau dirigida a la viuda. Conociendo la caballerosidad de Grau, ¿creen ustedes que él hubiese sido capaz de humillarla en ese momento haciendo alusión a la participación de su esposo en la empresa delincuencial? Obviamente, tenía que haber escrito palabras de consuelo. Por lo tanto, la carta de Grau en esas circunstancias no cambia el hecho de que Pratt apoyó la usurpación y el saqueo.
 
En cuarto lugar, Chile está muy lejos de la altura del pueblo alemán, un pueblo de primer mundo y educado, que es respetuoso de las leyes, que ha ganado limpiamente el primer lugar de potencia europea, no como Chile, que tiene lobbistas que buscan corromper autoridades y penetrar en la prensa peruana para defender sus intereses en contra de los intereses de los peruanos. Y el pueblo peruano está lejos del educado pueblo francés, donde tiene acceso a la buena educación desde el más pobre al más rico, y donde el francés respeta a su patria, y entre los políticos actuales franceses no hay, como en el Perú, políticos hambrientos dispuestos a vender soberanía y riquezas al lobby que más le pague.
 
Teniendo la clase de países que tenemos, no podemos abrazarnos alegremente como lo hacen franceses y alemanes.
 
Es menester que Marco Aurelio Denegri prepare mejor sus programas, puesto que lo visto el día 9 de julio es inexcusable. De igual manera, los intelectuales y periodistas deben ser más cautos al exponer sus ideas.

http://www.connuestroperu.com/actualidad/en-los-medios/876-ique-pasa-con-marco-aurelio-denegri


MADEBEGRI. " el diablo "



"El Diablo", por Marco Aurelio Denegri

Nuestro columnista escribe sobre la apariencia y vida sexual del Diablo medieval. 


El Diablo medieval es la manifestación sincrética de varias fuentes extracristianas
El cuerpo cabruno, las pezuñas hendidas y la cola, todo esto lo heredó el Diablo del dios griego Pan y de los duendes germanos del bosque y de la cabra sagrada consagrada a Thor, que es el dios guerrero escandinavo. De Thor heredó también la barba roja y el mal olor, que a su vez, como se sabe, es atributo caprino. Además, tenía naturalmente cuernos, y, cosa curiosa, cojeaba, minusvalía que, según entiendo, se la endilgaron para rebajarlo.
El Diablo era generalmente negro y los sacrificios y ofrendas que se le tributaban debían ser también de ese color. Nicolás Remy, demonólogo importante del siglo XVI, manifiesta que la razón de la negrura diablesca es el antiquísimo parentesco del negro con el mal.
De acuerdo con el testimonio de algunas brujas, el diablo tenía dos penes. Otras aseguran que tenía tres. Cuando tenía dos, metía uno por la vagina y el otro por el ano en el recto; y cuando tenía tres, metía el tercero por la boca de la copulanda.
Los penes diabólicos eran serpentiformes, puntiagudos, sinuosos, flexibles y culebreaban. Estaban cubiertos de escamas y erizados de púas. Podían ser de naturaleza córnea y también carniférreos, esto es, semicarnosos y semiférreos a un tiempo.

Respecto al tamaño, los estimados varían. Algunas mujeres consideraban gigantesco el miembro luciferino, detallando que era ni más ni menos que como un brazo. Otras decían que el instrumento satánico era mas bien pequeño. Pero en lo que sí había concordancia era en el carácter gélido de la verga demoníaca. Los brujos decían que las vaginas de los súcubos eran también heladas.
Dicho sea de paso, súcubo es el demonio que tiene comercio carnal con un varón bajo la apariencia de mujer; y se dice íncubo del demonio que tiene comercio carnal con una mujer bajo la apariencia de varón. 
El Diablo carecía de testículos y no producía semen. Sin embargo, eyaculaba en la copulación. El semen lo conseguía de varias maneras; por ejemplo, cuando en la unión coital era súcubo, o cuando aprovechaba el semen que desaprovechaban los masturbadores y los practicantes del coitus interruptus. Recogía igualmente el semen desperdiciado en las emisiones involuntarias nocturnas, mal llamadas “poluciones nocturnas”.
El coito con el Diablo era muy doloroso y casi todas las mujeres están de acuerdo al respecto. Sin embargo, pese al dolor, a veces inmenso, los acoplamientos con el Diablo no dejaban de producirse, lo cual resulta indicativo de que el dolor, antes que disuasivo, era aliciente.

Marco A. Denegri "La Funciòn de la Palabra"

"La cacosmia", por Marco Aurelio Denegri

La cacosmia es la perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes. 


En el siglo XVI, en España, era tal el hedor de las calles, por el amontonamiento de basura, que la gente distinguida, la gente de viso y alcurnia iba por ellas oliendo una bota o borracha de ámbar, esto es, un odre con perfume delicado. Júzguese si no sería elegante y refinado semejante uso, que el secretario de Felipe II, Antonio Pérez, no supo regalar cosa mejor a quienes le protegieron durante su destierro. En París, durante los siglos XVIII y XIX, el enmierdamiento callejero era impresionante. Hasta tal punto que el doctor Moreau llega a decir que había tanta mierda en el suelo, que éste ya no se veía. (Cf. A. Corbin,  El Perfume o el Miasma, 130, n. 13.) Y según Eberhard Rathgeb, en la capital del Imperio Alemán, en la década de 1870, el enmierdamiento callejero y la consiguiente pestilencia era lo normal. Lo curioso, en el caso de la España quinientista, es que la hediondez callejera no disgustaba al pueblo, el cual se había acostumbrado tanto a la inmundicia, que protestó vivamente cuando se limpiaron las calles.
La razón de ello es una perversión que en jerga médica se conoce con el nombre de cacosmia. Esta voz procede del griego kakós, malo, y osmé, olor. La cacosmia es la perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes o fétidos. A un enfermo de cacosmia, a un cacósmico, le parece fragante lo pestilente y bienoliente y hasta delicioso lo excrementicio. Enrique IV de Castilla, monarca del siglo XV, padecía de cacosmia y por eso “amaba la pestilencia”, como dice su biógrafo Gregorio Marañón. Y el gran historiador Jules Michelet se deleitaba con el olor pestífero de las heces fecales. (En Francia se llegó a creer, en el siglo XIX, y no era creencia popular, sino de médicos y académicos, que el abuso de los perfumes, amén de ocasionar la histeria, la hipocondría y la melancolía, ocasionaba también la parosmia o alucinación olfatoria o percepción de olores inexistentes, y además la cacosmia, por cuya causa se percibían como buenos los malos olores. (Cf. Alain Corbin, El Perfume o el Miasma, 202.)
El hombre es el animal que defiende esforzadamente la basura y entre todos los animales que gustan de ella es el campeón, el que la consume y difunde con más ahínco y entusiasmo.
Unamuno decía que el hombre es el “animal guardamuertos”. Y es cierto. Pero yo agregaría que además es el animal embasurante y basuralizante por excelencia. Es un ser basuralicio. La basura lo atrae irresistiblemente y él se complace en ella con delectación y hasta con frenesí.
Marco Aurelio Denegri Santagadea es un intelectual, polígrafo, periodista y conductor de televisión peruano. Si bien destaca por sus trabajos en el campo de la sexología, también ha abordado la crítica literaria y la lingüística.

domingo, 3 de agosto de 2014

IDL Reporteros, Abimael Guzmán, Antes de la tormenta de SL



Antes de la Tormenta

Ayacucho, febrero de 1964, Matrimonio de Abimael Guzmán y Augusta La Torre


http://idl-reporteros.pe/2014/07/30/antes-de-la-tormenta/




Las excepcionales fotos que IDL-Reporteros publica ahora fueron tomadas hace 50 años en Ayacucho. Son las de la discreta boda civil del entonces joven catedrático Abimael Guzmán Reynoso, con Augusta La Torre Carrasco en la casa de los padres de esta, en el jirón Tres Máscaras, en Ayacucho.
De varias maneras esta reservada boda provinciana, en la casa familiar de los La Torre, marcó la historia futura de la nación. La pareja de esposos, que no tuvo hijos, se dedicó por entero a organizar la insurrección de Sendero Luminoso y a conducirla durante sus años más cruentos. En algún momento, sin embargo, hubo una confrontación ideológica en la pareja, cuyas razones y proceso no están todavía claros, al que siguió la muerte de Augusta La Torre hacia fines de 1988, 24 años después de tomarse estas fotos.
Quien las tomó era un estudiante de 17 años, hijo del gran fotógrafo ayacuchano Baldomero Alejos, y fotógrafo en ciernes él mismo: Wálter Alejos.
En el texto que sigue, fragmento de un capítulo de sus memorias, Wálter Alejos, quien luego llegó, entre otras cosas, a ser congresista por Ayacucho, cuenta cómo tomó esas fotos y cómo las volvió a encontrar muchos años después, de las manos de un cineasta sueco, Mikael Wiström, quien llegó al Perú acompañando a una joven compatriota suya, a quien de niña le habían hablado mucho de su tía Augusta y que vino a enterarse de la vida de esta sin saber la dura experiencia emocional que la aguardaba.
El documental, “Tempestad en los Andes”, dirigido por Wiström producto de ese viaje al pasado de la familia y de la más trágica historia del Perú, se estrenará el 10 de agosto en el18 Festival de Cine de Lima.
A continuación, el relato de Alejos, sus fotos.

Testigo de una boda

Eran las 11 a.m. del día 3 de febrero de 1964, una mañana muy parecida a los demás días con un sol maravilloso, un día tranquilo con poca gente en las calles, y la ciudad de Huamanga se mostraba casi desierta por cuanto los empleados  estatales no trabajaban, solo los escolares y universitarios caminaban en las calles y como en toda ciudad pequeña no había mucha actividad comercial, la gente aún permanecía en sus casas.
“Wálter, tienes que ir a tomar fotos a un matrimonio, de un profesor universitario que se casa, será una ceremonia civil muy reservada en la casa de la novia”, me dijo mi padre Baldomero. Y me comprometió de esta manera a hacer este trabajo que le habían solicitado, y luego  me indicó lo que debería hacer.
“Prepara la cámara y las bombillas de flash, toma un rollo nuevo y ve inmediatamente  porque la  boda estará por empezar”, fueron palabras dichas por el gran maestro, con autoridad y sencillamente  las acepté con alegría, porque además la fotografía me empezaba a  apasionar. “Bien papá,  me prepararé”, le respondí.
Creo que era la tercera o cuarta vez que salía a cubrir una ceremonia de casamiento. En todo el tiempo de trabajo al lado de mi padre había aprendido no solo a imprimir fotografías, revelar rollos sino también a tomar fotos  con la cámara portátil marca Voigtländer, de fabricación alemana. Cargué la cámara, verificando que disparaba correctamente y tomando un rollo más de reserva y 8 lámparas de flash, me fui muy rápido a la dirección que se indicó.

Novios, padres y testigos luego de la boda. (Foto: Wálter Alejos)
La casa de la familia de Carlos La Torre, hacendado huantino, estaba ubicada en el jirón Tres Máscaras número 312, a unas tres cuadras de la casa de mis padres. Era una casa de  adobe con estructura  colonial y de una sola planta. La entrada era un zaguán  con una puerta muy grande de madera  y de color nogal. Al llegar toqué la puerta, me abrió una dama y me preguntó que si yo era el fotógrafo. Le dije que sí, que mi padre Baldomero Alejos me había enviado a cubrir la ceremonia. La anfitriona me miró  y puso un rostro de  duda  sobre  mi capacidad y calificación y experiencia  de tomar fotos, dada mi juventud ya que no tenía más de 17 años. Probablemente esperaba tener a una persona mayor, con una gran cámara, vestido de terno y supuestamente más experimentado que yo. Mi  estructura física era  delgada  y solo estaba vestido con sencillez pero expresando  una gran disposición de tomar fotos y con  una gran sonrisa. “Pase usted,  lo están esperando porque en unos minutos ya debe empezar la boda”, me dijo con amabilidad.
Caminé  unos 10 metros y encontré a la mano izquierda un  corredor típico ayacuchano con unas columnas  decorativas de madera y con muebles  antiguos, e ingresé por  una puerta abierta a la sala de  estar de la casona, donde estaban  algunas personas  a quienes yo ya conocía de vista. El profesor universitario Abimael Guzmán, la señorita Augusta  La Torre, una mujer muy joven y agraciada, provista de una sonrisa muy dulce y amigable, quizá no tenía más de 18 años. El novio sí era una persona de mayor edad, robusto, no muy alto y con unos lentes  cuadrados y un cabello bien peinado. Además estaban los padres de la novia, el señor Carlos Rolando La Torre Córdova  y doña Delia Carrasco  Galdós; y dos personas más que eran los testigos y familiares muy cercanos a la familia La Torre: la señora Elia Cabrera Carrasco y Hugo Cabrera Carrasco.
Aún no había llegado el representante del alcalde de la ciudad y tuvimos que esperar  unos minutos hasta que finalmente llegó el señor Hildauro Amorín, que era el datario  del municipio, y a quien se le conocía por el sobrenombre de “cura sin sotana”, porque era el encargado de casar a todos los ayacuchanos.



Abimael Guzmán, Augusta La Torre y los padres de esta: Delia de La Torre y Carlos La Torre. (Foto: Wálter Alejos)
Había una mesa de tamaño mediano con un mantel blanco al medio de la sala, en la que se oficiaría la ceremonia y los asistentes no pasábamos de 8 personas, incluyéndome a mí y al señor Amorín.
Minutos después empezó la ceremonia y puse toda mi destreza para plasmar en la celulosa en blanco y negro las mejores  fotografías, considerando que solo tenía dos rollos de 8 fotos y 8 lámparas.
(Foto: Wálter Alejos)
Mientras  tomaba las fotos me preguntaba por qué no habían más invitados, si  el profesor tenía muchos colegas catedráticos y camaradas de su línea partidaria, y además la familia era pudiente con mucho  dinero proveniente de la explotación de sus tierras en la provincia de Huanta. Tratándose de una pareja interesante pensé que  esta boda debería contar con una concurrencia mayor; ¿por qué tanto hermetismo?, acaso porque no querían que  los ayacuchanos  se enteraran de este  matrimonio, o quizá la diferen
cia de edad entre los novios no estaba muy acorde con las costumbres de una sociedad tan cerrada y tradicional como la ayacuchana. No encontraba respuestas a mis preguntas.
Wálter Alejos, el joven fotógrafo de la boda.
Pero si algo me llamó la atención era que  no todos  estaban del todo felices. El doctor Guzmán estaba siempre serio y a menudo ensayaba una sonrisa pero que no era natural sino casi forzada, sería quizás porque estaba nervioso, como sucede a muchos novios en el momento de la boda. Quien se encontraba más contenta y feliz era la novia, aunque nerviosa, y que en todo momento mantenía una sonrisa natural, que armonizaba  con su rostro de joven y su delgada figura.
Wálter Alejos fue elegido congresista por Ayacucho en 2001. (Foto: Roberto Gonzales/ Revista Velaverde).
Se dieron el sí, intercambiaron aros y firmaron los libros de matrimonio del municipio y el señor Amorín  les invitó a que se dieran un beso. Los  pocos asistentes lanzaron una voz de exclamación y les brindaron un sonoro aplauso, dando voces de alegría y parabienes a los recién casados. Logré tomar las 8 fotos y ya no tenía bombillas de flash para  más tomas, esperando quizá tomar fotos grupales a la luz del día en el pequeño jardín, pero al no mostrar una mayor interés por más fotos, consideré oportuno dar por concluido mi trabajo. Recuerdo que pasaron una copa de champán y unas galletitas semi dulces y se brindó por la felicidad de los novios. Terminado todo el acto ceremonial,  felicité a los recién casados, a los padres  y  los dos familiares, les pedí permiso para retirarme y abandoné la sala y caminando hacia la puerta, busqué  un tacho de basura para tirar las lámparas  quemadas que las tenía en el bolsillo, cerré el portón tras mis espaldas y me dirigí al Estudio de mi padre.
Revelé los rollos  e imprimí las fotos en tamaño 13 x 18 en papel hilo una de cada uno y a los dos días lleve las fotos a la familia y  me las compraron. Felizmente todas salieron bien y quedaron contentos con mi trabajo. Y como era  norma  en el Estudio, los negativos tamaño 120 y de formato 6 x 9 cm quedaron como parte del archivo fotográfico de mi padre, juntamente con las fotos  de otros matrimonios, fiestas, cumpleaños que se tomaban.

Funcionario de la Municipalidad de Ayacucho, Hildauro Amorín, en la ceremonia de casamiento civil. (Foto: Wálter Alejos)
Sin embargo, cuando se inició la violencia terrorista el año 1980 dirigida por Guzmán y Augusta como sus principales  líderes, la persecución militar y policial fue tan indiscriminada en Ayacucho, que los allanamientos a los domicilios eran casi diarios en busca de sospechosos o activistas de Sendero Luminoso. Nadie estaba seguro y vivíamos en permanente zozobra y no sabíamos en que momento cualquier ciudadano podría ser detenido o secuestrado, dado el estado de emergencia, razón por la que recordando que nuestros archivos estaban las fotos del matrimonio de Abimael Guzmán y Augusta La Torre, decidí destruir dichos negativos a fin de evitar cualquier situación que comprometa a mi familia.
[…]
Afortunadamente, 48 años después, en enero del 2012 tuve la oportunidad de reunirme con la señorita Josefin Augusta Ekermann en mi oficina con motivo de una filmación de un documental sobre las tomas de tierra en el Perú y ella personalmente me entregó 6 ejemplares de aquellas fotos del matrimonio que se habían perdido en el tiempo. Fue realmente un hecho muy emocionante, como fotógrafo, tener nuevamente en mis manos copias de aquellas fotos inéditas y que habían sido conservadas por  la familia La Torre en Suecia durante todos estos años […] Hoy las presento en este  libro como prueba evidente que fui  uno de los pocos que asistieron a esta boda.

Publicado el Miércoles 30 de julio, 2014 a las 22:38 | RSS 2.0.
Última actualización el Jueves 31 de julio, 2014 a las 17:25

miércoles, 23 de julio de 2014

Caperucita Roja, Versiòn del lobo feroz


Caperucita roja y el lobo feroz en versiòn del lobo




Caperucita Roja. Versión del Lobo.

Posted in Cuentos by Alguien on 28 diciembre 2007
El cuento de Caperucita roja es uno de los más conocidos universalmente. Existen cientos de versiones y adaptacionesdel popular cuento a lo largo de la literatura, música, cine, publicidad, historia, etc. Surgido como una narración de tradición oral fue divulgado inicialmente por Charles Perrault (1697) en su versión más primitiva y posteriormente por los Hermanos Grimm (1812), la más popular. Iré publicando en este blog algunas de esas versiones, comenzando con la interpretación que el Lobo feroz hace de la historia:

El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio. Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí unos pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi llegar a una niña vestida de una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la viesen. Caminaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté quién era, de dónde venía, a dónde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues el bosque también era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.
La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita. Le expliqué la situación y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.






Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor.
Ahora bien, la niña me agradaba y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña mostraba una apariencia tierna y agradable, pero comenzaba a caerme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.
Reconozco que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y gritándole que era así de grande para comérmela mejor. Ahora, piensen Uds: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando mientras yo corría detrás suya tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr me la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé corriendo.
Me gustaría decirles que éste es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz de que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme y a odiarme.
Desconozco que le sucedió a esa niña tan antipática y vestida de forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión. Ahora ya la conocen…”
Adaptación corregida de un texto de © Lief Fearn titulado El Lobo calumniado aparecida en el Educatio Projet de la Sección Británica de A.I. Publicado en el Boletín Informativo: “Educación en Derechos Humanos” nº 8, Septiembre 88.


https://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/03/