El Tarapaquito

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lunes, 7 de abril de 2014

http://web.fc2.com/ Niponas disfrutando del verano

jueves, 27 de marzo de 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

Gustavo Adolfo Otero, el Perù y el Chile que ha visto



Gustavo Adolfo Otero: La ponzoña en la crítica literaria

Escritor chileno


Reflexionando sobre quien tendría suficiente mérito para ser considerado como el mejor crítico de la literatura chilena, llegué a la paradójica conclusión de que este alto honor sólo le cabe a un boliviano: Gustavo Adolfo Otero.

Conocí a Gustavo Adolfo Otero por recomendación de mi abuelo Enrique, que es un destacado coleccionista de libros antiguos. Él ya le había echado una ojeada al libro El Chile que yo he visto, y había quedado sorprendido con las ponzoñosas caricias (no carentes de certeza) con que este irrespetuoso boliviano se mofaba de los baluartes de la literatura chilena.

Más datos sobre el autor fueron difíciles de encontrar, al menos en el momento del hallazgo, hasta que algunos enlaces bolivianos a Wipipedia y breves menciones mías ofrecieron más luces sobre el susodicho.

Otero fue un destacado diplomático boliviano, periodista, crítico literario y corresponsal de la Guerra del Chaco, experiencia que le sirvió para plasmar con soberbio realismo una de las mejores novelas americanas de guerra: Horizontes incendiados (1933) Obra que no se amilana en crudeza y calidad literaria ante otra cumbre parecida como lo es La roja insignia del valor, del estadounidense Stephen Crane.

En su libro El Chile que yo he visto, Otero describe con gran soltura todo lo que le pareció digno de destacar durante su periplo por este sureño país. El autor se divierte retratando con puntillosa exactitud un conjunto de costumbres muy propias de la sociedad chilena. Surgen así las formas lingüísticas del vulgo y la aristocracia, que solapan su hipocresía con modismos dulcificados; la beatería a todo nivel (incluso entre los ateos y socialistas); el militarismo exacerbado; los prejuicios de clase; los olorosos y atestados tranvías; el patriotismo histérico y belicoso, del cual observa: "El patriotismo es un biombo, tras del cual se ocultan todas las manchas y todos los vicios de Chile. Por patriotismo se calla el robo de un ministro, por patriotismo no se expulsa del poder a un mal presidente, por patriotismo no se escriben buenos libros. El patriotismo es una especie de polvos de arroz que cubre las escoriaciones de la patria".

Respecto a las letras chilenas, no escatima recursos literarios para lanzarse como un áspid contra los grafómanos que él considera mediocres o pasados de listos como para camuflarse en un ambiente social desprovisto de toda capacidad crítica.

De Fernando Santiván, dice:

"Es redondo, como una bola de billar, y no hay por dónde sacarle punta.
No es dulce, ni agrio, ni fuerte, ni delicado.
Es algo así como la esponja o el amianto.
Pertenece a esa raza de hombres que forman un regimiento gris, que no es opaco ni luminoso, que no vuela como el águila ni se pega contra las paredes como la lagartija.
Es el hombre gris, el literato gris, talvez un poco gris perla, pero al fin y al cabo siempre es gris.
Es una ilustre medianía, a quien se le debe dar un premio a la mediocridad..."

De Daniel de la Vega, afirma:

"Su alma es una camisa húmeda puesta a secar al sol, cuya agua se evapora lentamente, pero muy lentamente, sin embriagar a nadie, sin despertar entusiasmo, sin emocionar".

Con el escritor Rafael Maluenda es particularmente duro:

"Schopenauer clasifica a los escritores en los siguientes grupos:

1° Escritores que escriben sin pensar o con pensamientos ajenos.
2° Escritores que piensan al escribir.
3° Escritores que piensan antes de escribir.

Sin duda el señor Maluenda no está encasillado en ninguna de estas gavetas, porque junto a muchos escritores forma parte de una fauna especial, en la que están comprendidos los escritores que piensan después de escribir.
Esto no quiere decir que no produzca, como el conejo, cuentos, novelas, dramas, crónicas, artículos de batalla, etc., etc., etc.
El señor Maluenda posee en su estilo propio algo así como las cuarenta cartas de la baraja, unas cuarenta fórmulas o matrices, que las hace variar convenientemente de un lado a otro, dando la sensación de lo imprevisto.
El señor Maluenda no es cursi, tampoco es admirable, atributos que pueden ser tolerables en homenaje a que es esencialmente vulgar.
¡Oh, Gorki, qué de crímenes se cometen en tu nombre!
Felizmente ahora se ha dedicado al periodismo político, lo cual le asegurará muy pronto una diputación".

Al crítico literario chileno, Omer Emeth, lo deja como para trapear pisos:

"El edificio intelectual de este cura está sostenido por un trípode formado por la religión, la erudición ratonil y su falta de independencia.
Para hablar de cualquier cosa tiene que hacer acrobacias entre estas sus tres ideas y no siempre las sortea con gracia, ni con elegancia, ni con talento.
Dogmático por ser católico, conservador y casuista.
Resulta por esto algo así como una cacoquimia de las letras, que flota como cuerpo muerto entre las ideas modernas, por mucho que él alardee de saberlas. Se puede saberlas, pero lo difícil es sentirlas.
Y después de todo eso, escribe largo.
Así ya resulta una verdadera calamidad.
Pontifica en un templo de beocios y de fenicios, porque los verdaderos intelectuales no le toman en cuenta.
Está tan "mercurializado" que ya no sabe ni decir misa.
Le da por el chiste y la ironía. Entonces es una vieja beata, pintarrajeada, que se ha puesto enemas de agua florida y que se pone a hablar del prójimo en forma de compasión.
Le falta corrosividad para ser valiente y un poco de buen sentido, ya que no de sentido común, para ser el crítico de Chile".

La sumatoria de retratos, críticas furibundas y ensañamientos de Otero es larga y con gusto las transcribiría todas, pero no es mi deseo abusar del tiempo de mis lectores.

Cabe destacar que el libro fue publicado en La Paz en 1922, y ya iba en su segunda edición. Faltan algunas páginas finales, precisamente donde se refiere a Joaquín Edwards Bello (a quien parece valorar, por citas anteriores favorables), Augusto D'Halmar (entonces apellidado Thompson) y Eduardo Barrios, con quien al menos yo sería particularmente hostil, dados los minutos que me hizo perder hace unos días.

Un signo contundente de que Otero no andaba tan perdido literariamente, es su favorable percepción de la entonces joven Gabriela Mistral, pues al momento de ser escrito El Chile que yo he visto, ella no había publicado ni siquiera la obra Desolación.

Dice de Gabriela Mistral:

"La inteligencia de las mujeres es la belleza.
El único pecado que no se puede perdonar a las mujeres es que no sean hermosas.
A la mujer sólo le queda reservado el amor, su única religión, porque las mujeres son máquinas cristianas de fabricar hijos.
Cuando una mujer no se prolonga por el hijo, para hacerse digna, tiene que prolongarse frente a las edades y al destino con la obra de arte.
Gabriela Mistral es una mujer que está más allá de su sexo. Es un acierto y un desafío a la humanidad, talvez por demasiado femenina o talvez por demasiado humana.
Seduce esta mujer recia, de músculos de niño, con su amplia cara confiada y soñolienta. Seduce por su frente, amplia bóveda de la catedral del ensueño, por sus impávidos ojos color de vida, por sus ojos de hermana de los pobres, azotados por la violencia del ideal, unos ojos con largas pestañas murmuradoras, que cuando Gabriela calla, ellas van diciendo las carbonizaciones de esta gran mujer.
Gabriela es alta, tiene la altura de un campanario, donde han formado su nido las palomas del ensueño. Levantando su mano derecha con un poco de unción roba cada día una estrella del cielo. Por eso es la antena del espíritu chileno.
Gabriela Mistral es el agua, buena, clara, dulce, suave, ondulante, cantarina, poética, y está en las alturas azules del infinito, tan pronto como rueda por las miserias de la realidad, llena de lodo y miseria.
Su poesía se mete en el corazón como un dardo. Remueve el alma, la agita y la satura de comprensión, de belleza, de amor, de naturaleza.
Su primitivismo simplicista no es fruto de la fatiga mental como en los modernos poetas, no es que el hermoso cordaje de sus nervios se haya distendido, sino que la vida le grita para que vuelva hacia ella. Es la naturaleza que pide a su alma el salmo de sus palabras cálidas y de sus emociones férvidas.
Los versos de la Mistral tienen el fulgor del rayo y la luminosidad del relámpago.
Por eso habla como hablaban los hombres primitivos con los dioses, acercándose al oído y produciendo estremecimientos en la sensibilidad con palabras opacas y verbos esmerilados".

Otero acierta al olfatear el pernicioso influjo de la religión en cada arista de la convivencia chilena. Chile huele a beatería y a petulancia. Y la crítica literaria, para colmo, ha estado dominada desde el siglo XIX por una seguidilla de curas ociosos y por un diácono ideológica y emocionalmente inestable como Hernán Díaz Arrieta.
Este desbalance apreciativo ha devenido en el calamitoso estado actual de la literatura chilena, con una crítica literaria enferma de todos los males nacionales típicos, permanentemente sobornada ideológicamente, y donde conviven y se amigan y se apadrinan y se protegen entre sí, en la mayor impunidad, un sinnúmero de vagos, escritorcillos oportunistas, ricachones ociosos y quiltros filosofantes con distémper estético.
 

domingo, 9 de febrero de 2014

Los Tarapaqueños Peruanos-Testimonios de su Historia


"La existencia en Tarapacá de súbditos del Perú, especialmente en el estado actual de nuestras relaciones con el enemigo tradicional importa un grave peligro para el país, por el numero de sus elementos, por su constante acechanza y por su obra efectiva de espionaje y rebelión para el país que les da hospedaje generoso”, Declaración de la Liga Patriótica de Tarapacá. En: Sánchez, Rigoberto. “Iquique en el Siglo XX, Documentos y Noticias”, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago, 2006, pag.: 126. 19 Cfr.: Sánchez, Rigoberto. “Iquique en el Siglo XX, Documentos y Noticias”, Ed. Universidad Bolivariana, Santiago, 2006. Un papel muy importante es el que juega en este proceso la educación,representada por la escuela publica chilena durante mucho tiempo y aun de manera clandestina los tarapaqueños peruanos mantuvieron establecimientos educacionales donde enviaban a sus hijos, de modo que se les inculcaran los valores de la patria que esperaban algún día volvería a ser soberana en la zona; sin embargo el gobierno de Chile se esforzó por implantar un sistema educativo propio que sirviera para la integración y “normalización” de mentes y cuerpos, con tal de “confeccionar” la identidad de los “nuevos” chilenos.
Luego de tomados por la fuerza los territorios peruanos se inicia la expulsiòn de los tarapaqueños que deciden mantener su nacionalidad. Se ha reclamado durante muchos años con el afàn de recuperar lo sustraìdo por el ambicioso paìs del sur que està como perro hambriento detràs de las riquezas que no son pocas que tenemos en Perù. Luego del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya por reclamo del estado peruano se ha restituìdo parte de lo nuestro y aùn pendiente falta mucho por recuperar. El roto chileno como lo conocemos es traidor por naturaleza, mal vecino, sigue con su polìtica expansionista. Con esa finalidad invierte en modernizar sus fuerzas armadas para conseguir lo que quiere, " por la razòn o la fuerza ".

domingo, 26 de enero de 2014

E.Lisson Chàvez en la Causa de los Santos


Caretas, 7 de diciembre 2000

PROMOCION Y REMOCION

Lima, 28 de noviembre del 2000

Los peruanos también estamos aguardando la renuncia de monseñor Cipriani. Sólo él falta. ¿O tendremos que solicitar a El Vaticano que declare su "incapacidad religiosa"?
Eduardo Luna Cervantes
(eluna24@hotmail.com.pe)

El acercamiento de Cipriani al gobierno de Fujimori y su temperamento autoritario no son suficientes para reclamar su incapacidad moral, pero algunos recuerdan a monseñor Emilio Lisson, Arzobispo de Lima en 1931. Su incondicionalidad al gobierno de Leguía le mereció el destierro al serle aplicada por la curia romana una "promoción" que lo sacó del país. No es que CARETAS proponga semejante procedimiento. Cipriani, en todo caso, puede lavar la bandera o besar las manos de quienes lo han hecho.


Emilio Lisson Chàvez

Lissón rige los destinos de la iglesia de Lima de 1918 a 1931, al tiempo que lo hace Augusto B. Leguía para toda la nación peruana. Éste, en su primer gobierno (1908-12), había tratado de arreglar las cuestiones territoriales pendientes con Brasil, Chile y Bolivia. En el segundo mandato, llamado el "oncenio" (1919-30), accede al poder mediante un golpe militar. Promulgó una nueva Constitución política, se definieron los límites con Chile y Colombia, con sacrificio territorial y humano terribles para el Perú. La preocupación del estadista era aplicar su proyecto “Patria Nueva” que se concretaba en irrigar la costa, construir caminos y urbanizar . Con el deseo de resolver los problemas encontrados, orientó su acción hacia la clase media. Con la ruptura del orden institucional político, se presenta –y en parte lo consigue- como el instaurador del orden. La expectativa creada por su decidida acción, la supo acompañar de una frenética actividad material como la construcción de grandes obras públicas. De este modo, la industria pesada como la del cemento, por ejemplo, tuvo un rápido crecimiento en 1925 con la producción de casi 12 mil toneladas y 50 mil en 1927. Lima cambió de rostro; consiguió convertirla en una ciudad moderna, a la altura de los tiempos. Así, al margen de las donaciones recibidas por las celebraciones del Centenario de la Independencia (Museo Italiano o monumento a Manco Cápac), se inauguró la Plaza San Martín, se abrieron avenidas como Leguía (hoy Arequipa), Progreso (hoy Venezuela), La Unión (hoy Argentina), Nicolás de Piérola y Brasil; se levantaron el Ministerio de Fomento, el Palacio Arzobispal y se diseñó el nuevo Palacio de Gobierno; se iniciaron los edificios del Congreso y del Palacio de Justicia. Se fundaron barrios como el de Santa Beatriz, San Isidro y San Miguel. Se construyó la Atarjea para brindar de agua potable a Lima; en otras ciudades se instalaron sistemas de alcantarillado con un total de 992.000 metros de tuberías de agua y desagüe. Se construyeron 18 mil kilómetros de carreteras por la Ley de Conscripción Vial que estipuló la obligatoriedad de 10 días de trabajo. También se inició el Terminal Marítimo del Callao, se abrió la Escuela de Aviación de Las Palmas, se compraron los primeros submarinos y se profesionalizó a la policía. Finalmente, se inició el proyecto de irrigación de Olmos y se dejaron listos otros tantos en Cañete y Piura. Su decidido desarrollo comenzó a detenerse en 1928 con la caída de las exportaciones (cobre, lanas, algodón y azúcar) y, con la crisis económica mundial de 1929. Todo ello, como es lógico, le acarreó desconfianza y descrédito en la opinión pública. Por otro lado, creció el malestar del ejército por los polémicos arreglos fronterizos con Colombia (entrega del Trapecio Amazónico) y Chile (pérdida de Arica). La corrupción al interior del régimen y el evidente desgaste abonaron el descontento. De todas maneras, ante las elecciones de 1929 Leguía se presentaba sin oposición organizada, pero con un latente malestar popular. Finalmente, el repudio al “tirano” será recogido e interpretado en la revolución desatada en Arequipa (1930) por el comandante Luis M. Sánchez Cerro.
Sábado 31 de Mayo de 2008
EL CARDENAL GARCIA-GASCO CLAUSURA EN VALENCIA LA FASE DIOCESANA DE CANONIZACION DEL OBISPO PERUANO MONSEÑOR LISSON
El prelado vivió en Valencia desde 1948 a 1961 ayudando al arzobispo

VALENCIA, 31 MAY. (AVAN) .- El cardenal arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, ha presidido esta mañana la clausura del proceso diocesano de canonización del obispo peruano monseñor Emilio Lissón Chaves, que murió en el destierro en Valencia en 1961, después de haber ayudado durante 13 años al entonces titular de la archidiócesis valentina monseñor Marcelino Olaechea.

El proceso fue abierto en septiembre de 2003 en la Catedral de Valencia, donde se inició la causa “por ser el lugar en el que el prelado peruano pasó los últimos años de su vida, murió y fue inicialmente enterrado”, según han indicado a la agencia AVAN fuentes de la comisión diocesana para las Causas de los Santos del Arzobispado, que ha logrado reunir más de 5.000 documentos en la instrucción.

Además, la apertura del proceso se realizó atendiendo la petición de numerosos obispos peruanos y españoles y de fieles que le conocieron en vida, han añadido.

Biografía


Monseñor Emilio Lissón, que fue arzobispo primado de Lima, colaboró 13 años con el entonces arzobispo de Valencia monseñor Marcelino Olaechea. En este tiempo, ayudó en la administración del sacramento de la confirmación, en las visitas pastorales y en las ordenaciones. Según el Boletín Oficial del Arzobispado y el Libro de Visitas de la Archidiócesis, monseñor Lissón administró un total 146.447 confirmaciones y 1.600 jóvenes recibieron de sus manos “las órdenes sagradas”, han añadido.

Nacido en Arequipa (Perú) en 1872, Emilio Lissón ingresó en la congregación de la Misión (Padres Paúles) y fue ordenado sacerdote en 1895 en París. El papa Pío X, hoy santo, le nombró obispo de la diócesis amazónica de Chachapoyas en 1909, donde desarrolló una gran labor evangélica. Tenía 37 años y recorrió todo su territorio diocesano, tanto en canoa como a pie ayudado por los nativos. En 1918, con 46 años, Benedicto XV le nombró arzobispo de Lima, donde abrió cuatro seminarios menores, fundó un periódico cristiano, y visitó parroquias a las que no había acudido un prelado desde hacía más de 400 años, según han indicado.

Sin embargo, en 1931 se vio obligado a presentar la renuncia a su sede episcopal por presiones de las autoridades peruanas que le acusaron "sin fundamento alguno de injerencias en política, mala administración y poca formación teológica". A pesar de que años después sus acusadores le pidieron perdón y reconocieron lo injusto de sus imputaciones, monseñor Lissón fue desterrado y estuvo confinado durante nueve años en la Casa Internacional que la congregación de la Misión tiene en Roma. A lo largo de ese tiempo estudió arqueología e historia eclesiástica y se dedicó a dar retiros espirituales.

En 1940 se le permitió venir a España invitado por el entonces obispo de Navarra, monseñor Marcelino Olaechea, que lo llevó con él a Valencia cuando fue nombrado arzobispo de esta diócesis. "Es un santo y de Valencia no sale ni vivo ni muerto", dijo monseñor Olaechea en cierta ocasión cuando le reclamaban de otros lugares de España la presencia del prelado peruano. Monseñor Lissón permaneció en la diócesis de Valencia desde 1948 hasta su muerte en 1961, cumpliendo los encargos pastorales que le indicaba continuamente monseñor Olaechea. Según atestiguó el propio arzobispo de Valencia, durante esos años, Lissón "practicó en grado heroico las virtudes de caridad, humildad, obediencia y pobreza".

Monseñor Lissón falleció el 24 de diciembre de 1961 en el palacio arzobispal de Valencia, donde residía por expreso deseo de monseñor Olaechea. Fue enterrado en la catedral de Valencia y en 1991 los peruanos solicitaron el traslado de sus restos mortales a la catedral de Lima donde descansan en la actualidad. En la Seo valenciana se conservan su anillo, su pectoral y el cáliz con el que celebraba la eucaristía. 

Documentación acumulada
Con la documentación conseguida, los expertos crearon un “fondo especial” con el nombre de ‘Fondo Lissón’ en el archivo de la Congregación de la Misión. Después de clasificados más de 5.000 documentos existentes, “se ha realizado la investigación y se ha hecho la selección de escritos y documentos para la causa”, han añadido. Entre la documentación figuran escritos espirituales de monseñor Lissón, su correspondencia, discursos y guiones para la predicación, nombramientos recibidos y cargos desempeñados en su misión pastoral, hechos destacados de su vida, biografías así como artículos de prensa y comentarios “sobre su vida y fama de santidad”, han añadido.

Tras la clausura de la fase diocesana, las cajas con dos ejemplares, trasunto y copia pública del proceso informativo diocesano, que junto a otra copia que se quedará en Valencia asciende a un total de 5.364 folios, serán entregadas en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Web de Alberto Fujimori

MENSAJE POR EL V ANIVERSARIO DEL RESCATE DE LOS REHENES

Comando Chavin de Huantar


Publicado en El Otorongo 305 del diario Peru21
CIDH:  CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS


La toma de la Embajada Japonesa fue el desafío final que el terrorismo le lanzó a mi gobierno. Constituyó una prueba de fuego para que demostrara si como Presidente de la República podía garantizar la vida y la seguridad de la población, tal como lo proclamaba
Gracias a una estrategia correcta, al valor y la mística de nuestros policías y soldados, sentamos un precedente histórico: No cedimos al chantaje terrorista. El Estado y la Ley prevalecieron.
3 y 18 de la tarde. En esa hora crucial yo no estaba en los túneles ni ingresaría tras la explosión, a poner mi vida en manos del azar, como lo hicieron los valerosos Comandos de las Fuerzas Armadas. No estaba tampoco al interior de la residencia ni me encontraba amenazado por una granada en la mano terrorista, no tenía un fusil apuntando mi cabeza, no era víctima de un permanente ataque psicológico, como cada uno de los rehenes... pero un frío sudor recorría mi frente.

Sobre mis hombros sentía caer todo el peso de la responsabilidad: Las vidas de los Comandos y de los prisioneros pendían de una orden mía. En tales circunstancias, tomarme un tiempo para calcular si quince minutos después mi futuro político iba a ser truncado para siempre, o si 5 años más tarde, algunos políticos de turno me iban a perseguir por esta decisión, hubiera significado una grave irresponsabilidad. Tenía que tomar una decisión y así lo hice. -Procedan... procedan!- ordené

La tarde del 22 de Abril de 1997, merced a una operación militar sin precedentes, ejecutada por un puñado de valerosos comandos, 71 de 72 rehenes, prisioneros del MRTA en la residencia del embajador japonés, fueron liberados de las garras de la muerte.
Increíblemente han transcurrido 5 años desde la exitosa operación de rescate. Y es increíble también lo que el paso del tiempo suele ocasionar en las memorias frágiles que ya olvidaron que ese histórico día se extendió la definitiva partida de defunción del terrorismo en el Perú. "Chavin de Huantar" es pues, el punto final que consolidó la paz interna en el Perú.
La Operación Chavín de Huantar quedó inscrita en la historia y en la memoria de los peruanos como un acto de genuino heroísmo y de fiel cumplimiento del deber de soldados y policías del Perú. Los hombres que se prepararon para defender al Estado -que somos 25 millones- de la agresión de un comando terrorista dispuesto a todo, lo hicieron arriesgando su vida, con la fuerza que da la convicción de servir a la patria.
Una verdadera prueba de fuego para mi gestión, y de fuego cruzado, porque a veces me parecía que el enemigo no sólo estaba dentro de la residencia amenazando a los rehenes, sino en algunas redacciones de prensa que por ejemplo, alertaban sobre la existencia de los túneles... o exigían una negociación con los terroristas, en coordinación con los más conspicuos políticos y analistas.
Querían tal vez, que recordáramos sus secuestros, sus inhumanas cárceles del pueblo, que no eran otra cosa que oscuros sótanos de un metro cuadrado dónde sus rehenes tenían que pasar los últimos días de su vida, antes de recibir el cobarde tiro de gracia.
Querían tal vez, que volviéramos a sentir aquella incertidumbre que nos dominaba cuando un fusil nos apuntaba a mitad del camino, o cuando una voz que se escondía tras el pañuelo con el símbolo de Túpac Amaru nos decía que teníamos que pagar un cupo de guerra si queríamos seguir vivos.
Querían tal vez, instaurar nuevamente su reinado de bombas y balas... y para eso, necesitaban tener a sus principales camaradas libres. Ellos, los emerretistas que por la fuerza de las armas siempre consiguieron lo que quisieron, pensaron que yo accedería a su petición de liberar a sus compañeros presos. Se equivocaron.
Al final del túnel, vimos la luz. Mi gobierno pudo demostrar que estaba preparado para garantizar la vida, la seguridad de la población y preservar la paz interna que tantas vidas humanas ya había costado. El Estado no podía rendirse ante la agresión de un comando terrorista dispuesto a todo. Sentamos un precedente para el Perú y el mundo: No hay que ceder ante el chantaje terrorista!.

Pero tampoco voy a ceder ante el chantaje de la persecución política. Ya sé que las extrañas denuncias y acusaciones justo antes de nuestros encuentros populares fujimoristas, no son pura coincidencia. La vez pasada, antes del encuentro en Villa El salvador lanzaron a la Sra. Higuchi con sus torturas... y por cierto... ¿en qué quedó ese tema?... en nada. Esta vez, sacaron la denuncia de la empresa Tractebel que supuestamente me pagó una comisión de 10 millones de dólares. ¿Pruebas?... ninguna, es más ya se les cayó la denuncia y nadie habla al respecto.

Luego de estos fracasos, tratando de continuar deteriorando mi imagen se fueron a algo ya conocido: la venta que realicé de mi inmueble en Monterrico. Esta venta real ha sido investigada hasta los más mínimos detalles con los publicitados 4 cheques del Banco Continental. Y como si esto no fuera suficiente, ahora pretenden involucrarme en una coima, nada menos que por 112 millones de dólares del Banco Bilbao Vizcaya, supuestamente por la venta que se hizo durante mi gobierno del Banco Continental.
La venta de este banco, se realizó contando con varios postores, y los precios se ofertaban al momento de presentar los sobres. El estado obtuvo varias decenas de millones de dólares muy por encima del precio base. Pero, claro, ya no se necesitan pruebas como éstas e incluso se podría decir que son un estorbo.
La trayectoria sangrienta del MRTA, no puede esconderse ni maquillarse. Quienes secuestraron y torturaron a inocentes ciudadanos, quienes asesinaron a mansalva y a plena luz del día, a autoridades civiles y militares, no podrán dejar ser lo que son: terroristas convictos y confesos.
Resultaría injusto e insensato pretender liberar, a quienes sembraron terror, muerte y destrucción, enlutando miles de hogares peruanos y echando sombra sobre el futuro del Perú... porque lo único que el terrorismo homicida había logrado desde 1980, fue generar más pobreza. Destruir la infraestructura que tanto sacrificio costó al pueblo, y hacer huir a los inversionistas nacionales y extranjeros, ha tenido un costo inmenso.
Los políticos que le ponían trabas a la lucha antiterrorista antes del 5 de Abril de 1992, los mismos que hace un par de semanas, al conmemorarse el décimo aniversario de esta medida histórica, fueron desagraviados públicamente por el actual Gobierno, hoy critican y condenan esta operación militar que rescató con vida a 71 rehenes.
Pero algo aberrante hicieron esos políticos que hoy gobiernan el Perú: Cegados por el odio y con el único objeto de encontrar una excusa para condenarme a cadena perpetua exhumaron los restos de los emerretistas abatidos durante el rescate. Les dieron el rango de mártires para convertirlos en víctimas de una feroz matanza... ¿Y los valerosos Comandos que rescataron con vida a 71 personas inocentes?... para el raciocinio obnubilado de la resucitada clase política, son tan culpables como Fujimori.

Para mí, y creo que para la mayoría de peruanos, las cosas están claras. Los Comandos hicieron lo correcto. No tenían otra opción. Un segundo más con vida, y cada terrorista habría tenido tiempo de poner el dedo en el gatillo y soltar una ráfaga mortal sobre la mayoría de los rehenes. Hoy no estaríamos celebrando el éxito de la operación "Chavín de Huàntar", estaríamos recordando un duelo nacional.

El terrorismo está siempre al acecho. Por eso no se debe permitir ningún resquicio que pueda serle útil. Se le debe combatir con las armas de la Ley, pero implacablemente. En ese sentido, la Operación Chavín de Huàntar es un referente y un símbolo en el Perú y en el mundo.

Por eso, mi homenaje a todos y cada uno de los Comandos que participaron en aquella arriesgada operación. Soy testigo de excepción de su entrega y esfuerzo en los entrenamientos que se realizaban en la réplica de la residencia. Sé que tuvieron que alejarse de sus familias por varios meses, sin decirles dónde estaban. Sé que desde el minuto mismo en que fueron seleccionados para esta operación, asumieron con convicción su deber patriótico, dispuestos a sacrificar su vida por los rehenes.

El 22 de abril debemos recordar en los comandos de Chavín de Huàntar a todos los combatientes contra el terrorismo, algunos de ellos desaparecidos, algunos mutilados; todos supieron, en las condiciones más adversas, detener a estas hordas que avanzaban para dejar el país convertido en cenizas y cadáveres. Gracias a estos valerosos peruanos y a los ronderos, el Perú disfruta de la paz. Nada más justo que tributarles un vibrante homenaje.

Alberto Fujimori F.Tokio, 22 de Abril del 2002