El Tarapaquito

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martes, 16 de septiembre de 2014

Perù-Chile, temas que no pierden vigencia

¿Qué pasa con Marco Aurelio Denegri?



En su programa del 9 de julio del 2006, Marco Aurelio Denegri conversaba con Ramón León sobre las relaciones entre peruanos y chilenos. Como muchos lobbistas  prochilenos, el señor León promovía un paralelo e imitación de la relación peruano-chilena a la  franco-alemana, aduciendo que ahora Francia y Alemania mantienen buenas relaciones después de la Segunda Guerra Mundial.
 
Extraña que alguien que se precia de agudo, como Denegri, se haya quedado callado ante esa comparación, no sólo por la agudeza que suele exhibir, sino porque es conocedor de la historia de los conflictos peruano-chilenos. Quien calla otorga. Es una lástima, porque eso no ayuda a formar opinión, sino a distorsionar la realidad.
 
Lo sucedido entre Francia y Alemania no tiene punto de comparación. Lo que hay de común es que en ambos casos hubo un país agresor y un país agredido. Lo demás dista mucho de ser equivalente.
 
En primer lugar, las tropas alemanas ―aunque se trató de una ocupación en parte cruenta― no cometieron los actos de saqueo, pillaje y violación con la población francesa como hicieron los chilenos en su delincuencial accionar en el Perú.
 
Segundo, Alemania había ocupado los territorios de Alsacia y Lorena durante la Segunda Guerra Mundial. Esas tierras eran objeto de la ambición alemana desde 1870, cuando el militar alemán Moltke las ocupó durante la guerra franco-prusiana, pero, al perder los alemanes, dejaron entonces esos territorios. Lo mismo sucedió durante la Primera Guerra Mundial y después durante la segunda.
En cambio, Chile no ha devuelto los territorios de Tarapacá y Arica y ahora usurpa nuestro mar territorial.
En tercer lugar, los alemanes de hoy educan a sus niños ―y a su pueblo en general― enseñándoles que Hitler y su régimen nazi cometieron atrocidades y condenando ese pasado, además, está prohibido realizar apología del nazismo o de Hitler. Por el contrario, los chilenos de hoy enseñan a su pueblo y sus niños que los jefes de la Guerra del Pacífico, tales como Lynch, Baquedano y otros, que comandaron la banda saqueadora y violadora chilena, ¡SON HÉROES! Inclusive tienen monumentos levantados en honor a esos pillos. Sus libros de historia los consideran héroes. Un pueblo así educado lleva dentro una mente delincuencial. No es de extrañar que los chilenos sigan armándose y considerando al Perú un botín, como cuando la turba chilena lo gritó en un partido de fútbol contra el Perú en Chile.
Cierto es que formalmente a esos actos se les llama actos de guerra de invasión, pero ellos correspondieron a la propagación y difusión en Chile ―durante décadas―, de una ideología que tras las crítica a Perú y Bolivia como países desorganizados y corruptos, propugnaban la “purificación” de ambas naciones “enfermas” mediante una guerra de usurpación y despojo que se inició en 1879. Por lo tanto, la Guerra del Pacífico y sus consecuencias reflejan la consumación de una criminal y premeditada conducta delincuencial del país agresor. En todo el mundo, el único militar honorable es el que lucha en defensa de su país, repeliendo una invasión; por el contrario, el militar que invade otro país es un delincuente ante la ley internacional.
 
Caso aparte es el de Pratt. Los chilenos han tenido el atrevimiento de formular al Vaticano un pedido de beatificación de Pratt, quien murió intentando asesinar a Grau. Este personaje, si de verdad hubiese sido santo, debería haberse abstenido de participar en una campaña de usurpación y pillaje. Como sustento del pedido al Vaticano muestran una carta de Grau dirigida a la viuda. Conociendo la caballerosidad de Grau, ¿creen ustedes que él hubiese sido capaz de humillarla en ese momento haciendo alusión a la participación de su esposo en la empresa delincuencial? Obviamente, tenía que haber escrito palabras de consuelo. Por lo tanto, la carta de Grau en esas circunstancias no cambia el hecho de que Pratt apoyó la usurpación y el saqueo.
 
En cuarto lugar, Chile está muy lejos de la altura del pueblo alemán, un pueblo de primer mundo y educado, que es respetuoso de las leyes, que ha ganado limpiamente el primer lugar de potencia europea, no como Chile, que tiene lobbistas que buscan corromper autoridades y penetrar en la prensa peruana para defender sus intereses en contra de los intereses de los peruanos. Y el pueblo peruano está lejos del educado pueblo francés, donde tiene acceso a la buena educación desde el más pobre al más rico, y donde el francés respeta a su patria, y entre los políticos actuales franceses no hay, como en el Perú, políticos hambrientos dispuestos a vender soberanía y riquezas al lobby que más le pague.
 
Teniendo la clase de países que tenemos, no podemos abrazarnos alegremente como lo hacen franceses y alemanes.
 
Es menester que Marco Aurelio Denegri prepare mejor sus programas, puesto que lo visto el día 9 de julio es inexcusable. De igual manera, los intelectuales y periodistas deben ser más cautos al exponer sus ideas.

http://www.connuestroperu.com/actualidad/en-los-medios/876-ique-pasa-con-marco-aurelio-denegri


MADEBEGRI. " el diablo "



"El Diablo", por Marco Aurelio Denegri

Nuestro columnista escribe sobre la apariencia y vida sexual del Diablo medieval. 


El Diablo medieval es la manifestación sincrética de varias fuentes extracristianas
El cuerpo cabruno, las pezuñas hendidas y la cola, todo esto lo heredó el Diablo del dios griego Pan y de los duendes germanos del bosque y de la cabra sagrada consagrada a Thor, que es el dios guerrero escandinavo. De Thor heredó también la barba roja y el mal olor, que a su vez, como se sabe, es atributo caprino. Además, tenía naturalmente cuernos, y, cosa curiosa, cojeaba, minusvalía que, según entiendo, se la endilgaron para rebajarlo.
El Diablo era generalmente negro y los sacrificios y ofrendas que se le tributaban debían ser también de ese color. Nicolás Remy, demonólogo importante del siglo XVI, manifiesta que la razón de la negrura diablesca es el antiquísimo parentesco del negro con el mal.
De acuerdo con el testimonio de algunas brujas, el diablo tenía dos penes. Otras aseguran que tenía tres. Cuando tenía dos, metía uno por la vagina y el otro por el ano en el recto; y cuando tenía tres, metía el tercero por la boca de la copulanda.
Los penes diabólicos eran serpentiformes, puntiagudos, sinuosos, flexibles y culebreaban. Estaban cubiertos de escamas y erizados de púas. Podían ser de naturaleza córnea y también carniférreos, esto es, semicarnosos y semiférreos a un tiempo.

Respecto al tamaño, los estimados varían. Algunas mujeres consideraban gigantesco el miembro luciferino, detallando que era ni más ni menos que como un brazo. Otras decían que el instrumento satánico era mas bien pequeño. Pero en lo que sí había concordancia era en el carácter gélido de la verga demoníaca. Los brujos decían que las vaginas de los súcubos eran también heladas.
Dicho sea de paso, súcubo es el demonio que tiene comercio carnal con un varón bajo la apariencia de mujer; y se dice íncubo del demonio que tiene comercio carnal con una mujer bajo la apariencia de varón. 
El Diablo carecía de testículos y no producía semen. Sin embargo, eyaculaba en la copulación. El semen lo conseguía de varias maneras; por ejemplo, cuando en la unión coital era súcubo, o cuando aprovechaba el semen que desaprovechaban los masturbadores y los practicantes del coitus interruptus. Recogía igualmente el semen desperdiciado en las emisiones involuntarias nocturnas, mal llamadas “poluciones nocturnas”.
El coito con el Diablo era muy doloroso y casi todas las mujeres están de acuerdo al respecto. Sin embargo, pese al dolor, a veces inmenso, los acoplamientos con el Diablo no dejaban de producirse, lo cual resulta indicativo de que el dolor, antes que disuasivo, era aliciente.

Marco A. Denegri "La Funciòn de la Palabra"

"La cacosmia", por Marco Aurelio Denegri

La cacosmia es la perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes. 


En el siglo XVI, en España, era tal el hedor de las calles, por el amontonamiento de basura, que la gente distinguida, la gente de viso y alcurnia iba por ellas oliendo una bota o borracha de ámbar, esto es, un odre con perfume delicado. Júzguese si no sería elegante y refinado semejante uso, que el secretario de Felipe II, Antonio Pérez, no supo regalar cosa mejor a quienes le protegieron durante su destierro. En París, durante los siglos XVIII y XIX, el enmierdamiento callejero era impresionante. Hasta tal punto que el doctor Moreau llega a decir que había tanta mierda en el suelo, que éste ya no se veía. (Cf. A. Corbin,  El Perfume o el Miasma, 130, n. 13.) Y según Eberhard Rathgeb, en la capital del Imperio Alemán, en la década de 1870, el enmierdamiento callejero y la consiguiente pestilencia era lo normal. Lo curioso, en el caso de la España quinientista, es que la hediondez callejera no disgustaba al pueblo, el cual se había acostumbrado tanto a la inmundicia, que protestó vivamente cuando se limpiaron las calles.
La razón de ello es una perversión que en jerga médica se conoce con el nombre de cacosmia. Esta voz procede del griego kakós, malo, y osmé, olor. La cacosmia es la perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes o fétidos. A un enfermo de cacosmia, a un cacósmico, le parece fragante lo pestilente y bienoliente y hasta delicioso lo excrementicio. Enrique IV de Castilla, monarca del siglo XV, padecía de cacosmia y por eso “amaba la pestilencia”, como dice su biógrafo Gregorio Marañón. Y el gran historiador Jules Michelet se deleitaba con el olor pestífero de las heces fecales. (En Francia se llegó a creer, en el siglo XIX, y no era creencia popular, sino de médicos y académicos, que el abuso de los perfumes, amén de ocasionar la histeria, la hipocondría y la melancolía, ocasionaba también la parosmia o alucinación olfatoria o percepción de olores inexistentes, y además la cacosmia, por cuya causa se percibían como buenos los malos olores. (Cf. Alain Corbin, El Perfume o el Miasma, 202.)
El hombre es el animal que defiende esforzadamente la basura y entre todos los animales que gustan de ella es el campeón, el que la consume y difunde con más ahínco y entusiasmo.
Unamuno decía que el hombre es el “animal guardamuertos”. Y es cierto. Pero yo agregaría que además es el animal embasurante y basuralizante por excelencia. Es un ser basuralicio. La basura lo atrae irresistiblemente y él se complace en ella con delectación y hasta con frenesí.
Marco Aurelio Denegri Santagadea es un intelectual, polígrafo, periodista y conductor de televisión peruano. Si bien destaca por sus trabajos en el campo de la sexología, también ha abordado la crítica literaria y la lingüística.

domingo, 3 de agosto de 2014

IDL Reporteros, Abimael Guzmán, Antes de la tormenta de SL



Antes de la Tormenta

Ayacucho, febrero de 1964, Matrimonio de Abimael Guzmán y Augusta La Torre


http://idl-reporteros.pe/2014/07/30/antes-de-la-tormenta/




Las excepcionales fotos que IDL-Reporteros publica ahora fueron tomadas hace 50 años en Ayacucho. Son las de la discreta boda civil del entonces joven catedrático Abimael Guzmán Reynoso, con Augusta La Torre Carrasco en la casa de los padres de esta, en el jirón Tres Máscaras, en Ayacucho.
De varias maneras esta reservada boda provinciana, en la casa familiar de los La Torre, marcó la historia futura de la nación. La pareja de esposos, que no tuvo hijos, se dedicó por entero a organizar la insurrección de Sendero Luminoso y a conducirla durante sus años más cruentos. En algún momento, sin embargo, hubo una confrontación ideológica en la pareja, cuyas razones y proceso no están todavía claros, al que siguió la muerte de Augusta La Torre hacia fines de 1988, 24 años después de tomarse estas fotos.
Quien las tomó era un estudiante de 17 años, hijo del gran fotógrafo ayacuchano Baldomero Alejos, y fotógrafo en ciernes él mismo: Wálter Alejos.
En el texto que sigue, fragmento de un capítulo de sus memorias, Wálter Alejos, quien luego llegó, entre otras cosas, a ser congresista por Ayacucho, cuenta cómo tomó esas fotos y cómo las volvió a encontrar muchos años después, de las manos de un cineasta sueco, Mikael Wiström, quien llegó al Perú acompañando a una joven compatriota suya, a quien de niña le habían hablado mucho de su tía Augusta y que vino a enterarse de la vida de esta sin saber la dura experiencia emocional que la aguardaba.
El documental, “Tempestad en los Andes”, dirigido por Wiström producto de ese viaje al pasado de la familia y de la más trágica historia del Perú, se estrenará el 10 de agosto en el18 Festival de Cine de Lima.
A continuación, el relato de Alejos, sus fotos.

Testigo de una boda

Eran las 11 a.m. del día 3 de febrero de 1964, una mañana muy parecida a los demás días con un sol maravilloso, un día tranquilo con poca gente en las calles, y la ciudad de Huamanga se mostraba casi desierta por cuanto los empleados  estatales no trabajaban, solo los escolares y universitarios caminaban en las calles y como en toda ciudad pequeña no había mucha actividad comercial, la gente aún permanecía en sus casas.
“Wálter, tienes que ir a tomar fotos a un matrimonio, de un profesor universitario que se casa, será una ceremonia civil muy reservada en la casa de la novia”, me dijo mi padre Baldomero. Y me comprometió de esta manera a hacer este trabajo que le habían solicitado, y luego  me indicó lo que debería hacer.
“Prepara la cámara y las bombillas de flash, toma un rollo nuevo y ve inmediatamente  porque la  boda estará por empezar”, fueron palabras dichas por el gran maestro, con autoridad y sencillamente  las acepté con alegría, porque además la fotografía me empezaba a  apasionar. “Bien papá,  me prepararé”, le respondí.
Creo que era la tercera o cuarta vez que salía a cubrir una ceremonia de casamiento. En todo el tiempo de trabajo al lado de mi padre había aprendido no solo a imprimir fotografías, revelar rollos sino también a tomar fotos  con la cámara portátil marca Voigtländer, de fabricación alemana. Cargué la cámara, verificando que disparaba correctamente y tomando un rollo más de reserva y 8 lámparas de flash, me fui muy rápido a la dirección que se indicó.

Novios, padres y testigos luego de la boda. (Foto: Wálter Alejos)
La casa de la familia de Carlos La Torre, hacendado huantino, estaba ubicada en el jirón Tres Máscaras número 312, a unas tres cuadras de la casa de mis padres. Era una casa de  adobe con estructura  colonial y de una sola planta. La entrada era un zaguán  con una puerta muy grande de madera  y de color nogal. Al llegar toqué la puerta, me abrió una dama y me preguntó que si yo era el fotógrafo. Le dije que sí, que mi padre Baldomero Alejos me había enviado a cubrir la ceremonia. La anfitriona me miró  y puso un rostro de  duda  sobre  mi capacidad y calificación y experiencia  de tomar fotos, dada mi juventud ya que no tenía más de 17 años. Probablemente esperaba tener a una persona mayor, con una gran cámara, vestido de terno y supuestamente más experimentado que yo. Mi  estructura física era  delgada  y solo estaba vestido con sencillez pero expresando  una gran disposición de tomar fotos y con  una gran sonrisa. “Pase usted,  lo están esperando porque en unos minutos ya debe empezar la boda”, me dijo con amabilidad.
Caminé  unos 10 metros y encontré a la mano izquierda un  corredor típico ayacuchano con unas columnas  decorativas de madera y con muebles  antiguos, e ingresé por  una puerta abierta a la sala de  estar de la casona, donde estaban  algunas personas  a quienes yo ya conocía de vista. El profesor universitario Abimael Guzmán, la señorita Augusta  La Torre, una mujer muy joven y agraciada, provista de una sonrisa muy dulce y amigable, quizá no tenía más de 18 años. El novio sí era una persona de mayor edad, robusto, no muy alto y con unos lentes  cuadrados y un cabello bien peinado. Además estaban los padres de la novia, el señor Carlos Rolando La Torre Córdova  y doña Delia Carrasco  Galdós; y dos personas más que eran los testigos y familiares muy cercanos a la familia La Torre: la señora Elia Cabrera Carrasco y Hugo Cabrera Carrasco.
Aún no había llegado el representante del alcalde de la ciudad y tuvimos que esperar  unos minutos hasta que finalmente llegó el señor Hildauro Amorín, que era el datario  del municipio, y a quien se le conocía por el sobrenombre de “cura sin sotana”, porque era el encargado de casar a todos los ayacuchanos.



Abimael Guzmán, Augusta La Torre y los padres de esta: Delia de La Torre y Carlos La Torre. (Foto: Wálter Alejos)
Había una mesa de tamaño mediano con un mantel blanco al medio de la sala, en la que se oficiaría la ceremonia y los asistentes no pasábamos de 8 personas, incluyéndome a mí y al señor Amorín.
Minutos después empezó la ceremonia y puse toda mi destreza para plasmar en la celulosa en blanco y negro las mejores  fotografías, considerando que solo tenía dos rollos de 8 fotos y 8 lámparas.
(Foto: Wálter Alejos)
Mientras  tomaba las fotos me preguntaba por qué no habían más invitados, si  el profesor tenía muchos colegas catedráticos y camaradas de su línea partidaria, y además la familia era pudiente con mucho  dinero proveniente de la explotación de sus tierras en la provincia de Huanta. Tratándose de una pareja interesante pensé que  esta boda debería contar con una concurrencia mayor; ¿por qué tanto hermetismo?, acaso porque no querían que  los ayacuchanos  se enteraran de este  matrimonio, o quizá la diferen
cia de edad entre los novios no estaba muy acorde con las costumbres de una sociedad tan cerrada y tradicional como la ayacuchana. No encontraba respuestas a mis preguntas.
Wálter Alejos, el joven fotógrafo de la boda.
Pero si algo me llamó la atención era que  no todos  estaban del todo felices. El doctor Guzmán estaba siempre serio y a menudo ensayaba una sonrisa pero que no era natural sino casi forzada, sería quizás porque estaba nervioso, como sucede a muchos novios en el momento de la boda. Quien se encontraba más contenta y feliz era la novia, aunque nerviosa, y que en todo momento mantenía una sonrisa natural, que armonizaba  con su rostro de joven y su delgada figura.
Wálter Alejos fue elegido congresista por Ayacucho en 2001. (Foto: Roberto Gonzales/ Revista Velaverde).
Se dieron el sí, intercambiaron aros y firmaron los libros de matrimonio del municipio y el señor Amorín  les invitó a que se dieran un beso. Los  pocos asistentes lanzaron una voz de exclamación y les brindaron un sonoro aplauso, dando voces de alegría y parabienes a los recién casados. Logré tomar las 8 fotos y ya no tenía bombillas de flash para  más tomas, esperando quizá tomar fotos grupales a la luz del día en el pequeño jardín, pero al no mostrar una mayor interés por más fotos, consideré oportuno dar por concluido mi trabajo. Recuerdo que pasaron una copa de champán y unas galletitas semi dulces y se brindó por la felicidad de los novios. Terminado todo el acto ceremonial,  felicité a los recién casados, a los padres  y  los dos familiares, les pedí permiso para retirarme y abandoné la sala y caminando hacia la puerta, busqué  un tacho de basura para tirar las lámparas  quemadas que las tenía en el bolsillo, cerré el portón tras mis espaldas y me dirigí al Estudio de mi padre.
Revelé los rollos  e imprimí las fotos en tamaño 13 x 18 en papel hilo una de cada uno y a los dos días lleve las fotos a la familia y  me las compraron. Felizmente todas salieron bien y quedaron contentos con mi trabajo. Y como era  norma  en el Estudio, los negativos tamaño 120 y de formato 6 x 9 cm quedaron como parte del archivo fotográfico de mi padre, juntamente con las fotos  de otros matrimonios, fiestas, cumpleaños que se tomaban.

Funcionario de la Municipalidad de Ayacucho, Hildauro Amorín, en la ceremonia de casamiento civil. (Foto: Wálter Alejos)
Sin embargo, cuando se inició la violencia terrorista el año 1980 dirigida por Guzmán y Augusta como sus principales  líderes, la persecución militar y policial fue tan indiscriminada en Ayacucho, que los allanamientos a los domicilios eran casi diarios en busca de sospechosos o activistas de Sendero Luminoso. Nadie estaba seguro y vivíamos en permanente zozobra y no sabíamos en que momento cualquier ciudadano podría ser detenido o secuestrado, dado el estado de emergencia, razón por la que recordando que nuestros archivos estaban las fotos del matrimonio de Abimael Guzmán y Augusta La Torre, decidí destruir dichos negativos a fin de evitar cualquier situación que comprometa a mi familia.
[…]
Afortunadamente, 48 años después, en enero del 2012 tuve la oportunidad de reunirme con la señorita Josefin Augusta Ekermann en mi oficina con motivo de una filmación de un documental sobre las tomas de tierra en el Perú y ella personalmente me entregó 6 ejemplares de aquellas fotos del matrimonio que se habían perdido en el tiempo. Fue realmente un hecho muy emocionante, como fotógrafo, tener nuevamente en mis manos copias de aquellas fotos inéditas y que habían sido conservadas por  la familia La Torre en Suecia durante todos estos años […] Hoy las presento en este  libro como prueba evidente que fui  uno de los pocos que asistieron a esta boda.

Publicado el Miércoles 30 de julio, 2014 a las 22:38 | RSS 2.0.
Última actualización el Jueves 31 de julio, 2014 a las 17:25

miércoles, 23 de julio de 2014

Caperucita Roja, Versiòn del lobo feroz


Caperucita roja y el lobo feroz en versiòn del lobo




Caperucita Roja. Versión del Lobo.

Posted in Cuentos by Alguien on 28 diciembre 2007
El cuento de Caperucita roja es uno de los más conocidos universalmente. Existen cientos de versiones y adaptacionesdel popular cuento a lo largo de la literatura, música, cine, publicidad, historia, etc. Surgido como una narración de tradición oral fue divulgado inicialmente por Charles Perrault (1697) en su versión más primitiva y posteriormente por los Hermanos Grimm (1812), la más popular. Iré publicando en este blog algunas de esas versiones, comenzando con la interpretación que el Lobo feroz hace de la historia:

El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio. Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí unos pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi llegar a una niña vestida de una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la viesen. Caminaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté quién era, de dónde venía, a dónde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues el bosque también era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.
La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita. Le expliqué la situación y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.






Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor.
Ahora bien, la niña me agradaba y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña mostraba una apariencia tierna y agradable, pero comenzaba a caerme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.
Reconozco que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y gritándole que era así de grande para comérmela mejor. Ahora, piensen Uds: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando mientras yo corría detrás suya tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr me la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé corriendo.
Me gustaría decirles que éste es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz de que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme y a odiarme.
Desconozco que le sucedió a esa niña tan antipática y vestida de forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión. Ahora ya la conocen…”
Adaptación corregida de un texto de © Lief Fearn titulado El Lobo calumniado aparecida en el Educatio Projet de la Sección Británica de A.I. Publicado en el Boletín Informativo: “Educación en Derechos Humanos” nº 8, Septiembre 88.


https://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/03/


martes, 1 de julio de 2014

Alfredo Gonzàles Salazar un peruano con historia

ALFREDO GONZÁLEZ SALAZAR
Un hombre y una familia
Al servicio del
PERÚ
Alfredo González Salazar nació en Lima el 6 de junio de 1947, siendo hijo del que fuere Alfredo González Byrne, natural de Trujillo, y de Helena Salazar Southwell de González, nacida en Lima. Pasó su infancia en el fundo Barbacay, de propiedad de su familia (sito en el valle de Huarmey).
Sus estudios escolares los realizó en el Colegio Markham e ingresó a los 16 años a la Universidad Nacional Agraria de la Molina, donde concluyó sus estudios de agronomía en 1968, obteniendo el mejor promedio hasta esa fecha. En 1969 ingresó a ESAN donde se graduó como Magister en Administración de Empresas, obteniendo la medalla de plata por sus altas calificaciones.
En 1970 ingresa a trabajar en el Banco Continental, el cual en esa fecha era de propiedad del Chase Manhattan Bank. Ahí realiza una práctica de 6 meses en Lima y, luego, en San Juan de Puerto Rico. Cuando regresa al Banco Continental, ocupa importantes cargos en el sector de créditos de dicha institución.
En 1976 ingresa a trabajar en el Sindicato Pesquero del Perú como Director Gerente. La mencionada empresa se convirtió en la fábrica productora de harina de pescado más grande del mundo. En 1978 forma parte de un consorcio privado con el cual construye una conservera, que luego se convierte en la mayor del país. Asimismo, siembra 600 hectáreas de espárragos en el valle del río Santa, construyendo una procesadora; en asociación con Del Monte Corporation (U.S.A.).
En 1980 se independiza y se dedica a la exportación de productos de mar y agroindustriales a más de 40 países. Asimismo, fue profesor de ESAN en el área de Magister y de desarrollo ejecutivo dictando, también, cursos para ejecutivos del Banco Internacional de Desarrollo y del ALIDE. Asimismo, dictó cátedras en la Escuela de Guerra Naval sobre el tema de finanzas. Por 12 años fue director tesorero de la Sociedad Nacional de Pesquería y por dos años fue director de la CONFIEP. Participa, a su vez, en diversas conferencias especializadas en Pesca Responsable. Por dos años fue director de Electrolima participando activamente en su privatización, para luego ser por 3 años director de Edelnor. Hoy se dedica a la asesoría y consultoría.
Paralelamente, fue dirigente del Club Universitario de Deportes por 14 años, 6 de los cuales fue Presidente de la institución. Bajo su presidencia se gestionó, construyó e inauguró el Estadio Monumental, estadio el cual es uno de los más modernos del mundo. Asimismo, bajo su gestión se construyó la Villa de Menores para promover los futuros valores nacionales, y se renovó y amplió la sede social denominada Campo Mar U. Logró, además, importantes victorias nacionales para la institución.
Alfredo es padre de tres hijos: Alfredo, Alexia y Roxana.
La familia de Alfredo tiene una antigua tradición y gran arraigo en el Perú y nunca antepuso sus intereses personales a los de la patria, pues lleva amor al Perú en su sangre.
El padre de Alfredo trabajó toda su vida como agricultor y fundó la Asociación Nacional de Gallos de Pelea del Perú, así como fue uno de los 13 fundadores de la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Paso del Perú. Uno de sus caballos llamado "Festejo" obtuvo el premio de Campeón de Campeones de su raza. Fue dirigente por 20 años del Club Universitario de Deportes y durante su gestión el equipo ganó el Sub-Campeonato de América y se compró el terreno donde hoy está construido Campo Mar U.
El abuelo de Alfredo, Enrique González Larrañaga, a los 14 años fue uno de "los cabitos" los cuales se dedicaban a abastecer las municiones a los patriotas durante las batallas mediante las cuales los chilenos ocuparon Lima. Enrique fue herido por una granada de guerra, accidente por el cual casi pierde la vida. Un hermano de Enrique, Carlos Fernán González Larrañaga, falleció heroicamente en la Batalla de Chorrillos, su nombre está inscrito en la Cripta de los Héroes, a pesar de que su cadáver nunca fue encontrado. Nicanor González del Real (bisabuelo de Alfredo) defendió los intereses patrios peleando en Pisagua y fue Jefe de la Casa de Municiones de Lima. Nicanor fue también Prefecto de Trujillo y Diputado por el Departamento de Ancash.
El Capitán de Navío Juan Fanning García, esposo de Teresa González del Real (tía bisabuela de Alfredo) comandó el Batallón de Guarniciones de Marina y fue llamado a defender Miraflores, Batalla en la cual fue herido y, agonizando, fue llevado a la casa de su esposa Teresa por su ordenanza Hilario Montero. Ahí falleció en brazos de su esposa Teresa González de Fanning, quien escuchaba el retumbar de los cañones. A raíz de este acto Juan Fanning es héroe de la Marina de Guerra del Perú. Desde ese momento, Teresa, se convirtió en la gran e ilustre educadora y feminista que hoy conocemos, ella fundó el Colegio Juan Fanning. Hoy existe una gran unidad escolar denominada "Teresa González de Fanning" en su honor.
Alfredo desciende de dos próceres de la patria, los cuales proclamaron nuestra independencia en Ica. Ellos fueron Juan José y Justo de Salas.
El abuelo materno de Alfredo fue Ricardo Salazar y Salcedo, natural de Lambayeque, y es considerado el padre de la odontología en el Perú. Un hermano de la madre de Alfredo fue el Alférez FAP Alfredo Salazar Southwell, quien a los 24 años se inmoló en los cielos de Miraflores al preferir enrumbar su avión hacia el mar, para evitar el holocausto que hubiera causado su avión en llamas al estrellarse contra la ciudad. Hoy es héroe de la Fuerza Aérea del Perú y Miraflores le erigió un monumento y un parque en su honor. Carlos Salazar Southwell fue Ministro de Fomento bajo la Presidencia del General Manuel Odría, refrenando una famosa ley de petróleos que hasta hoy es de aplicación.
Ricardo Salazar Southwell fue un famoso odontólogo que ganó el premio Hipólito Unanue, otorgado por primera vez a dicha especialidad.
El bisabuelo materno de Alfredo fue un súbdito inglés llamado Charles Southwell, quien vino contratado por el gobierno peruano para dirigir y modernizar la Casa de Moneda. Cuando la ocupación chilena Southwell ocultó el oro y las cuñas pertenecientes al Perú en la casa que tenía en el Malecón de los Ingleses (Barranco). El ejército chileno se presentó a las puertas de su casa para exigirle que le entregara esos valores, él valientemente contestó que su casa gozaba de extraterritorialidad Británica y que sólo obedecía órdenes de su Majestad la Reina Victoria, negándose a entregar dichos bienes. Una vez libres de la ocupación Charles Southwell devolvió los valores.
El gobierno peruano en agradecimiento a su noble gesto acuñó monedas con la imagen de su hija Bertha (abuela de Alfredo) como el Símbolo de la Patria.


Alfredo Gonzàles el polèmico dirigente deportivo




domingo, 1 de junio de 2014

Peruanos en Japòn, vivencias

En una ciudad de la Regiòn Kanto


Martes, feriado japonés.Aquí, por lo general, las empresas tienen el suyo propio, independiente del oficial. Se trabajó desde 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, una hora de sobretiempo, igual que ayer lunes. Todavía no quedan totalmente limpias de nieve las pistas chicas, las grandes si, porque tienen mayor trànsito. Las chicas vienen a ser las vìas locales.Ayer lunes, recibí a las nueve de la mañana, llamada de teléfono de parte de la señora Taka (contratista), me dejó mensaje sobre el amigo Josè, tambièn peruano. Luego devolvì la llamada, explicàndome  el problema que había tenido Josè al golpear involuntariamente a un motociclista japonès, repartidor de periódicos, como consecuencia al  patinar su auto y no funcionar correctamente los frenos, todo ello por la nieve que cayò. Fue llevado a la Comisaría local de Ota y con cargo a regresar el domingo próximo, porque debìan realizar las investigaciones. Su brevete internacional ya se le venció en octubre. No he podido tramitar el brevete japonés. Este asunto es serio y a veces causal de deportaciòn, asì tenga visa. Despuès de un tiempo me enterè que el juzgado de trànsito determinò que como consecuencia del accidente ocasionado y no tener vigente el brevete internacional ni el japonès, a pesar de contar con estatus legal, su salida del japòn. Me recordaba de un compañero peruano, Pedro Pèrez, con quien trabajé en Sanwa, empresa fabricante de piezas de autopartes o partes de autos, abastecedora al mercado nacional nipòn y de exportaciòn, siendo su principal destino Francia. Sobre su comportamiento que a muchos nos llamaba la atenciòn. Trabajàbamos en la empresa alrededor de 11 nacionales y èl era un caso especial. Nuestro horario de 5 de la tarde s hasta las 2 de la mañana. Pedro  llevaba su pasta y escobilla de dientes y antes de salir se lavaba, de tal forma que llegaba a su casa, y de frente a la cama, a dormir, por lo que se deduce que no ingresaba al ofuro o shawa, no se bañaba. El trabajo nuestro es bàsicamente fìsico, generando sudor, transpiraciones y con gran desgaste de energìas, 8 horas de piè, cuando hubo danyo(sobretiempo), una o dos horas màs. Lo curioso es que el amigo no llevaba su vento o comída, que almorzaba bastante bien y sentíase satisfecho. Casi sin dinero efectivo, por ejemplo, tenía deseos de tomarse un café, había máquina expendedora y el precio 50 yenes, pero él sólo tenía 40, de tal forma que le pedía prestado 10 yenes a un compañero Carlos. Cuando èste comía, Pedro se antojaba y   pedìa que le invitara una cuchara para probar. O si alguna vez Carlos tomaba un café, le pedía un sorbito.  Veía el cenicero con varios puchos o mitades de cigarros, porque los japoneses por lo general, fuman solamente la mitad y luego lo tiran, gran banquete de puchos para Pedro, pedía encendedor prestado para disfrutar de los humos perentorios gracias a los retazos de cigarrillos o los puchos. Después de algún tiempo la empresa optó por proporcionar al personal que hacía horas extras, pan o sandwich japonés, esto es, pan con soba o fideos, pan con chocolate, algo que no solemos comer en nuestro paìs, pero que si le gustaba mucho a Pedro. Lo que se abastecìa al personal como es entendible estaba debidamente contabilizado, cogiendo nuestro amigo su parte y algo màs de quien no lo hacìa, observaciòn hecha por los nipones ya que para ellos, cada uno coge lo que le toca. Pero sì, era permisible de nuestra parte entregarle voluntariamente. De esta manera el amigo compensaba su alimentaciòn durante la jornada laboral. Nos comentaba que se dedicaba conjuntamente con su esposa, a la pintura, o sea pintor y se publicitaba a travès del periòdico bilingüe Internacional Press. En pocas ocasiones vimos a esposa llevarle a la fàbrica o su comida, nuestro horario era de 5 de la tarde a 2 o 4 am.Habìan los intervalos de dos horas en que se descansaba y alrededor de las 7.30 pm., se comìa. En su casa había un único auto, muy pocas veces lo usaba él. Se traslada de casa al trabajo, en bicicleta, 15 minutos, otro tiempo se iba a pié, por la línea del tren, lo cual està prohibido en cualquier localidad japonesa. Su domicilio estaba ubicado en Omata, relativamente cerca a la fábrica, a pié, más de media hora y en época de invierno, más duro al regreso, por el frio y la nieve. Al poco tiempo, aumenta la carga de trabajo de tal manera que laboràbamos  dos horas de danyo o sobretiempo. Pero nuestro amigo que  no reparaba su cuerpo a travès de los alimentos, no comía, no compensaba el desgaste energètico, se venía caminando de casa, sufría las consecuencias y se quedaba dormido, de piè. Esto sucedió varias veces, se delataba porque  se le caían las piezas de aluminio con las que se trabajaba.El japonés encargado varias veces lo vió, de allí que le comunicó al kacho (jefe) que le llamó la atención a Pedro. También se le achacaba que hacía poca producción.El jefe le dio varias oportunidades, pero en realidad, nadie lo quería, se encontraba aburrido por lo que después de un tiempo se retiró de la compañía.El lugar o zona de descanso, estaba adecuado convenientemente con microondas para comidas, calentadoras de agua para tè o cafè, refrigeradora para conservar los alimentos, bebidas, etc. Lo señalaban como autor de coger alimentos y bebidas  de otros trabajadores, tal como chocolates, bebidas, todo se le achacaba al buen Pedro. La cultura predominante es de no coger lo ajeno, tal como se les inculca a los naturales desde niños. Respeto a la persona y propiedad ajena.

Es una historia real, como es natural a los personajes se ha variado nombres y/o apellidos.
En la actualidad, luego de varios años de recesiòn hay màs trabajo en todas las àreas, requiriendo para ello mano de obra, tambièn la calificada, teniendo en cuenta que Japòn serà sede de los juegos olìmpicos, pròximamente.



Empresa contratista que solicita personal para trabajar en Japòn

C.Maruno en Tokyo